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Recuadros:

Limitada conciencia sobre el clima

En el reciente debate sobre cambio climático, la delegación estadounidense se encontró aislada en medio de una comunidad internacional decidida a seguir el lineamiento del Protocolo de Kyoto, cuyos grandes objetivos obligan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Bajo la mirada vigilante de representantes de ONG y unos 30.000 manifestantes, esta conferencia salvó los acuerdos de Kyoto.

Amarrado en el puerto de Montreal, no lejos del Palacio del Congreso donde el 10 de diciembre pasado culminó la XI Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático, el NGCC Amundsen está listo para zarpar hacia el Ártico en misión exploratoria. Este rompehielos de la flota nacional canadiense transporta a una veintena de científicos ocupados en sondear el movimiento de las corrientes y el espesor del casquete glaciar en los confines del Mar de Beaufort y de la Bahía de Hudson. Recientes observaciones confirman el inexorable adelgazamiento de los hielos del Polo Norte, que disminuyeron un tercio en el curso de los últimos treinta años.

En un hipotético escenario de elevadas emisiones de gases de efecto invernadero, de aquí a 2100 la temperatura en el Ártico aumentará al menos 5 grados. Este calentamiento hará que a fines de los años 2080 el casquete glaciar se derrita casi por completo durante los meses de verano 1, ya que en el Ártico las temperaturas aumentan dos veces más rápido que en el resto del planeta. Además de las implicancias globales de este gigantesco desastre, ¿qué sucederá con los habitantes del banco de hielo, los inuit, para no hablar de la fauna, de los caribús, las focas y los osos polares?

También constituyen un grave motivo de inquietud las alteraciones de la Corriente del Golfo, un importante flujo submarino. Esta "cinta transportadora" oceánica actúa como el calefactor de una parte del planeta, al transportar las aguas cálidas de América del Sur y del Golfo de México hacia el litoral del noroeste europeo, antes de girar a la altura de Groenlandia en dirección a Labrador. Europa debe su clima templado a la corriente del Golfo. Ahora bien, a la altura de Labrador su caudal disminuye debido a que el acelerado derretimiento de los hielos del Ártico provoca un flujo de agua dulce en la región. Según un estudio del Centro Nacional de Oceanografía de la Universidad de Southampton 2, en medio siglo el caudal de estas "aguas profundas del Atlántico Norte" se redujo a la mitad. La desaceleración de la circulación oceánica en el Atlántico podría hacer descender en 4º C las temperaturas medias europeas; una de las paradojas del recalentamiento global.

En vísperas de la Conferencia de Montreal, las academias de ciencias de los países más grandes del planeta emitieron una declaración conjunta que exhortaba a los dirigentes políticos a tomar en serio la amenaza de recalentamiento global 3. Los informes elaborados por unos 2.000 científicos pertenecientes al Grupo Intergubernamental sobre la Evolución del Clima (GIEC) 4 constituyen un corpus indiscutible y proyectan distintos escenarios para los siglos venideros. Según si en el curso de los cien próximos años la temperatura global aumentara 2º C; 4º C o 6º C, el mapa del mundo no sería el mismo. La comunidad internacional acuerda en un umbral de precaución climática: un alza de más de 2º C será muy peligrosa para el planeta. La mayoría de los modelos llegan a las mismas conclusiones: de aquí a 2050 los países industrializados tienen que disminuir a un cuarto sus actuales emisiones. Y los grandes países del sur, India, China y Brasil, deberán limitarse a ese tope.

Cada año la utilización de combustibles fósiles arroja globalmente al espacio unos 6.000 millones de toneladas de gas carbónico. Al ritmo actual, en los próximos treinta años estas emisiones aumentarán un 60%. Los captores naturales de CO2, que son los océanos, el suelo y la vegetación, están en vías de verse saturados por esos excedentes.

Clima y finanzas

Frente a esta sideral cuenta regresiva, la lentitud y retórica de la diplomacia climática pueden sorprender e incluso exasperar. Aunque el Protocolo de Kyoto entró en vigor el 16 de febrero de 2005, tras ocho años de negociaciones, la Conferencia de Montreal encontró elementos como para crear un nuevo suspenso: prorrogar o no el proceso más allá de 2012, fecha en que finaliza su primer período. La decisión fue prorrogarlo.

En la actualidad la comunidad de negociadores y los think tanks económicos parecen convencidos de lo real de las amenazas. Al mismo tiempo que continúa subvencionando diez veces más las energías fósiles que las renovables, el Banco Mundial comenzó a evaluar los perjuicios climáticos en términos de puntos del PIB. El hecho de no hacer nada para reducir el riesgo climático, ¿no terminará por ser más costoso que descarbonizar la economía? Según las empresas aseguradoras, la factura de los ciclones de 2004 y 2005 que asolaron las zonas más turísticas del sur de Estados Unidos supera los 90.000 millones de dólares. De donde surge una inesperada convergencia de intereses entre los medioambientalistas y parte del mundo de los negocios, favorable a reclamar un sistema de regulación global y permanente. Helen Sahi, miembro de la iniciativa financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, señala: "Nuestras propias instituciones financieras están en peligro. No habrá crecimiento si se destruyen los ecosistemas".

Sin embargo, el fin de la negación de la crisis climática no desemboca en las drásticas medidas que deberían imponerse. La diplomacia de Kyoto se dedica más bien a forjar mecanismos de flexibilidad que apuntan a conciliar los imperativos del crecimiento económico con los modestos objetivos de reducción de gases de efecto invernadero, a los cuales los países industrializados terminaron por someterse: de aquí a 2012, reducir un promedio de menos del 5% con respecto a 1990 5. Durante un período teóricamente transitorio, la mayor parte de la disminución debería realizarse en proporción aritmética a partir de 2008, a través de los permisos de emisión intercambiables entre países industrializados: aquellos que logren descontaminar más allá de sus cuotas de emisión podrán vender ese "excedente" a países con igual status. Ese excedente, contabilizado en "créditos de reducción de emisión" será "transferible" de un país a otro; aquellos que compren esos créditos podrán contaminar más allá de las cuotas inicialmente asignadas, siempre que respeten el volumen de sus compromisos.

Este sistema se inspiró en el mercado del azufre (SO2) y del óxido de hidrógeno (NOx) inaugurado en Estados Unidos en la década de 1970. En Kyoto, en 1997, la administración Clinton había conseguido que un mercado de ese tipo se aplicara al intercambio de cuotas de gas carbónico, esta vez a escala de los países industrializados, en tanto que la Unión Europea (UE) reclamaba medidas reglamentarias. Desde ese entonces las cartas se dieron vuelta: mientras que Estados Unidos se excluyó de Kyoto (sigue sin ratificar el protocolo), el 1 de enero de 2005 la UE inauguró el primer mercado continental de intercambio de permisos de emisión, en aplicación en los 25 países miembros, lo que prefiguraba el gran mercado mundial previsto por los acuerdos de 1997.

La Comisión Europea estima que en 2012 esos 25 países podrán alcanzar una reducción del 11,3% de sus emisiones con relación a 1990, gracias a la combinación de medidas reglamentarias y voluntarias con el sistema de intercambio de cuotas 6. Las industrias pesadas sometidas a dichas cuotas ya mejoraron notablemente su eficacia energética. Falta pues apuntar a otros yacimientos de gases de efecto invernadero, en especial en el sector del transporte aéreo, que por ahora no está sujeto a los acuerdos de Kyoto. Por el momento la Comisión Europea es la única en anunciar medidas en ese sentido.

El mercado del carbono

Las premisas del mercado europeo de cuotas de CO2 preanuncian las dificultades que podrían sobrevenir. La pertinencia de este mercado sólo se verificará si los Estados respetan estrictamente la cantidad de toneladas de CO2 intercambiables fijadas como tope. En efecto, para que el proceso sea eficaz en el plano climático, los agentes económicos tienen que pagar por sus innovaciones tecnológicas menos que por su contingente de toneladas compradas en el mercado del carbono. Lo que supone que la tonelada de CO2 alcanzará un precio disuasivo. Pierre Radanne, asesor y ex presidente de la Agencia Francesa del Medioambiente y del Control de la Energía, ADEME, estima: "La cotización del carbono sólo se fijará de manera progresiva. Por el momento, los valores son bajos y no estimulan inversiones suplementarias significativas".

Las futuras negociaciones son fáciles de imaginar... Debido a la presión de los lobbies industriales, en las próximas conferencias climáticas los Estados reclamarán la asignación de importantes cuotas. "Un ejemplo: en Gran Bretaña la industria pesada obtuvo el derecho de producir, entre 2005 y 2007, tantas emisiones anuales como las permitidas entre 1998 y 2003", señala Larry Lohman, militante británico de la "justicia climática". Mientras tanto, es cuestión de almacenar una parte de los excedentes de carbono en las capas geológicas de donde se extrae el petróleo. El GIEC publicó un informe sobre la instalación de captores destructores de carbono, tecnología considerada capaz de reducir la dispersión del CO2 en los campos de extracción petrolera 7. Si se generalizase, cosa que no excluyen las delegaciones presentes en Montreal, permitiría a las industrias disponer de más certificados de reducción de emisiones en el mercado internacional.

De ahora en más, en el mercado del carbono se posicionan cientos de agentes de certificados de reducción de emisiones. Dicho mercado comienza a existir a través de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL): a cambio de créditos de emisión acordados a los países industrializados, los países del Sur que firmaron el Protocolo de Kyoto pueden beneficiarse de transferencias de las tecnologías llamadas limpias, es decir, que emiten una escasa cantidad de gases de efecto invernadero: introducción de energías renovables, mejora de la eficacia energética de los procesos industriales, pero también recuperación y enterramiento de desechos gasíferos (metano y otros potentes gases de efecto invernadero como los HCFC 23, gases de síntesis, clorofluorocarburos) y pozos de carbono (extensas plantaciones forestales de rápido crecimiento).

El debate se refiere al "plus" medioambiental de estos proyectos, cuya traducción en "unidades de reducción certificada de emisiones" prevé cuantificar la diferencia positiva entre un escenario "business as usual" y la "adicionalidad" ecológica que aporta el proyecto. Es de temer que los lugares de destrucción de gases de efecto invernadero del tipo HCFC 23 8, incluso producidos en los países del Sur y dentro de poco prohibidos en los países industrializados, no constituyan el corazón de los MDL. "Esto significaría que el mecanismo de desarrollo limpio ya no tendría nada que ver con un ‘desarrollo sustentable'", estima Ben Pearson, de Greenpeace.

Pero este efecto perverso nada tiene de fatalidad. La Conferencia de Montreal tomó disposiciones para acordar la elegibilidad de los proyectos en función de los más estrictos criterios ecológicos. Sin embargo, subsiste una seria ambigüedad. La comunidad de Kyoto va a dedicarse a definir compromisos "adecuados" para su continuación, confiando al mismo tiempo la realización de esta adecuación a... la mano invisible del mercado del carbono.

  1. Hadley Center for Climate Prediction and Research, "Climate change and the greenhouse effect", 2005, p. 44. www.metoffice.gov.uk
  2. Harry Bryden, "Atlantic currents show signs of weakening", Nature, Londres, 1-12-05.
  3. www.academie-sciences.fr/actualites/textes/G8_fr.pdf
  4. Intergovernmental Panel on Climate Change, www.ipcc.ch
  5. En Montreal fue validado el sistema de sanciones a los países que no respeten sus compromisos al finalizar el primer período del Protocolo (en 2012).
  6. Comunicación de la Comisión Europea, "Informe sobre los procesos verificables en la aplicación del protocolo de Kyoto", Bruselas, 1-12-05.
  7. Intergovernmental Panel on Climate Change, "Carbon dioxide capture and storage", noviembre de 2005.
  8. Molécula implicada en la fabricación de los gases refrigerantes, cuyo poder de calentamiento global es 11.700 veces superior al de una molécula de carbono.

Informe secreto del Pentágono

Sinaí, Agnès

El siguiente es un extracto de un informe sobre el cambio climático encargado en 2004 por Andrew Marshall, un importante asesor de Defensa del Pentágono. Fue redactado por Peter Schwartz, consultor en la CIA y Doug Randall, de la red californiana Global Business Network.
“Hay un debate académico de larga data acerca de la cuestión de los conflictos entre Estados generados por la necesidad apremiante de recursos y los rigores del medio. Algunos piensan que pueden ser la única causa de un ataque dirigido por un país contra otro, en tanto hay quienes estiman que su acción primordial es desempeñar la función de disparador de un conflicto entre países que ya están confrontados a tensiones políticas, sociales y económicas. Sin embargo, parece innegable que los graves problemas medioambientales son susceptibles de llevar a una escalada de conflictos en el mundo.
Peter Gleick, cofundador y presidente del Instituto del Pacífico de Estudios sobre el Desarrollo, el Medio Ambiente y la Seguridad, resume los tres problemas de seguridad nacional más fundamentales que plantea un brutal cambio climático:
–Escasez de alimentos provocada por la disminución de la producción agrícola.
–Descenso de la calidad y cantidad de agua dulce debido a inundaciones y sequías.
–Acceso limitado a los minerales estratégicos debido al hielo y las tempestades.
En el caso de un brusco cambio climático, es probable que las presiones que se ejercen sobre la alimentación, el agua y la energía sean administradas en principio por medios diplomáticos, políticos y económicos, tales como los tratados y embargos sobre su comercio. No obstante, con el tiempo los conflictos originados por la utilización de las tierras y el agua son susceptibles de tornarse más agudos... y más violentos. Conforme aumente la desesperación de los Estados, el pasaje a la acción se hará más perentorio.”


Autor/es Agnès Sinaí
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:26, 27
Traducción Teresa Garufi
Temas Política, Medioambiente
Países Estados Unidos, Japón