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Recuadros:

El caballo de Troya transgénico

Gracias a la sostenida demanda internacional y a los altos precios, el cultivo de la soja transgénica es la vedette de la producción agrícola en Argentina, país elegido en forma deliberada como laboratorio experimental y difusor por la transnacional de origen estadounidense Monsanto. La empresa no intentó patentar sus productos en el país con el deliberado propósito de que éstos se expandiesen rápidamente.

Los habitantes de Puerto San Martín, 40 kilómetros al norte de Rosario, viven al ritmo de la cosecha de soja. Como últimamente ocurre cada año, de marzo a junio no les resulta fácil circular en algunos sectores de su ciudad: camiones cargados con la preciada oleaginosa invaden las arterias principales de ese puerto sobre el río Paraná, desde donde parte un 70% de las exportaciones de soja. Pero nadie se queja: esa actividad garantiza el progreso de la región y el empleo. Así, la poderosa Cooperativa de Trabajadores Portuarios está permanentemente pensando en las inversiones necesarias para su desarrollo. Su presidente, Hermes Juárez, vislumbra un futuro prometedor: "Hay mucho trabajo, cada vez más trabajo. ¡Es impresionante!".

La soja es la historia del éxito en todo el país. O más bien habría que decir, la soja transgénica. Pues hoy en día, la casi totalidad de la producción argentina de soja pertenece a esa variedad.

 El "oro verde"

 La historia comienza en 1996, cuando la firma estadounidense Monsanto introdujo la famosa soja "Roundup Ready (RR)" en Argentina. Su particularidad es poseer un gen que le permite resistir a un poderoso herbicida, también producido por Monsanto, el Roundup. El argumento de venta es simple: se necesitan menos pulverizaciones -por lo tanto menos gastos- y se obtiene un mayor rendimiento.

En unos pocos años, la soja RR tuvo un crecimiento exponencial, planificado por la firma estadounidense. "Desde un principio Argentina fue elegida por Monsanto para experimentar masivamente la producción de sus semillas transgénicas. La multinacional no patentó sus semillas en nuestro país. De esa forma, la gente se pasaba los granos con facilidad y el cultivo de la soja transgénica se extendió rápidamente", explica Jorge Rulli, fundador del Grupo de Reflexión Rural. Eso convenía de todas maneras a los negocios del gigante estadounidense, pues los agricultores debían comprarle su herbicida. Pero la firma no se detuvo allí para garantizar el éxito de sus nuevas semillas. "Aquí vendió su herbicida a un tercio del precio aplicado en otros países. Las asociaciones de agricultores estadounidenses dijeron entonces que Monsanto subvencionaba a los argentinos. Lo cual era cierto", prosigue Rulli.

Varios factores externos contribuyeron al rápido desarrollo de la soja OGM. En primer lugar, la preocupante erosión de los suelos registrada en la Pampa, la región más fértil del país. La soja de Monsanto puede ser cultivada sin necesidad de labrar la tierra, lo que aporta una solución a corto plazo al problema de la erosión. Luego, la crisis de la "vaca loca" en Europa llevó a remplazar las harinas animales por tortas de soja, haciendo subir la cotización de esa oleaginosa y despertando así el interés de los agricultores argentinos. Por último, a partir de enero de 2002, la devaluación del peso argentino en un 70%, sumada a un aumento de la cotización mundial en dólares del producto -debido sobre todo a la creciente demanda china- transformó a la soja en la gallina de los huevos de oro.

En pocos años la agricultura argentina cambió completamente de perfil. El repentino entusiasmo por el "oro verde" hizo de la soja el primer cultivo del país: cuando llegaron las primeras semillas OGM, en 1996, esa planta ocupaba unos seis millones de hectáreas, mientras que hoy en día llega a 15,2 millones de hectáreas, es decir, más de la mitad de las tierras cultivables de Argentina 1. A diez años de la introducción de la variedad transgénica en el país, es posible realizar un primer balance. Y no es tan positivo como Argentina quisiera creerlo. Primer problema de fondo, la deforestación. "La soja transgénica es sólo un nuevo capítulo de la expansión de la agricultura industrial, pero es el más fuerte y el más salvaje. La deforestación actual es mucho más rápida que la causada por la "fiebre del algodón" o la "fiebre de la caña de azúcar". Las topadoras están arrasando literalmente los bosques", estima Emiliano Ezcurra, director de la campaña de Greenpeace en Argentina.

 Efectos secundarios

 Sin embargo, esa no es la consecuencia más grave de la introducción de la soja OGM. Para cultivarla, los agricultores deben limitarse a usar un solo herbicida: el glifosato, comercializado principalmente por Monsanto con el nombre de "Roundup". En la ficha que dedicó a ese producto, la muy oficial Agencia estadounidense de Protección del Medio Ambiente (EPA), detalla los efectos nocivos para la salud que podría provocar la exposición a fuertes dosis de ese producto: a corto plazo, "congestión pulmonar, aceleración del ritmo respiratorio", y a largo plazo "daños renales, efectos sobre la reproducción" 2.

Jorge Kaczewer, un médico de Buenos Aires, señala los peligros de esa sustancia. Luego de haber compilado durante años las investigaciones científicas que analizaron los efectos negativos del glifosato sobre la salud, confeccionó una lista que pone a disposición del público. Entre los síntomas de intoxicación con ese herbicida, señala: "irritaciones de la piel y de los ojos, náuseas y aturdimiento, edema pulmonar, baja de presión, reacciones alérgicas, dolores abdominales, pérdida importante de líquido gastro-intestinal, vómitos, desmayos, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales, daños o disfuncionamiento renal" 3.

Detalle importante: el glifosato que se vende a los agricultores no es puro. "En las fórmulas comerciales se agregan ingredientes inertes para que el producto penetre mejor en la planta", precisa el doctor Kaczewer. Esas substancias también pueden tener consecuencias para la salud. Pero lo que preocupa al médico es su combinación con el glifosato. "Se crea una sinergia que produce nuevos síntomas, no explicables por la sintomatología de cada producto".

Al principio, el herbicida era esparcido por medio de aviones, por lo cual sobrepasaba el límite de las parcelas y afectaba una zona aledaña de varias decenas o centenares de metros. Eso mataba las plantas de las cercanías no resistentes al glifosato y afectaba a la población cuyas viviendas se hallaban a poca distancia de los campos tratados. Hoy en día, la aplicación ya no se hace con aviones sino con maquinaria terrestre, pero los obreros agrícolas siguen trabajando descalzos y sin guantes, por falta de medios. "Uno de mis pacientes, que está en tratamiento desde hace un mes, aún no logró recuperar la piel de sus pies. Nadie se protege, la gente no se da cuenta", afirmó el doctor Darío Gianfelici, médico de la pequeña localidad de Cerrito, provincia de Entre Ríos, en el centro de una zona de cultivo de soja.

No es fácil explicar el problema a la población. Quizá sea su condición de ex- director de un hospital lo que permite testimoniar al doctor Gianfelici. En todo caso, sus colegas no quieren tener problemas y prefieren no pronunciarse sobre el tema. "Hace algunos años -dice Gianfelici- la Secretaría de Salud de la provincia me llamó en varias ocasiones para amenazarme: si continuaba hablando, iba a tener problemas." Sin embargo, el médico sigue dando conferencias, pero sabe que algunas veces atrás suyo viene Monsanto. "Dos o tres meses después de haber dado una charla en una ciudad del sur de la provincia, supe que Monsanto organizó otra conferencia: el mensaje, opuesto al mío, había sido elaborado por un profesional de la comunicación y por un diseñador gráfico. Trajeron ingenieros desde Europa, regalaron lápices, camisetas y banderitas con los colores de la marca... Es contra eso que tenemos que luchar."

 Concentración y erosión

 Los agricultores, por su parte, tienen otros problemas: la concentración de la propiedad de la tierra, que se aceleró aun más con la aparición de los OGM. "Mientras que el volumen de producción de soja aumenta, tenemos cada vez menos unidades productivas. La soja excluye a los pequeños y medianos productores", afirma Alfredo Bel, ingeniero agrónomo de la Federación Agraria Argentina (FAA). En 1988 existían en el país 422.000 productores, mientras que en 2002 había sólo 318.000, lo que representa una reducción del 25%.

Por otra parte, la erosión del suelo se convirtió en una verdadera preocupación. Walter Pengue, ingeniero agrónomo de la Universidad de Buenos Aires, y Miguel Altieri, de la Universidad de Berkeley, expusieron en un artículo el desastre causado en América Latina por el cultivo de la soja transgénica. "En Argentina su cultivo intensivo causó el agotamiento masivo de los elementos nutritivos del suelo. Se estima que la producción continua de soja extrajo de la tierra cerca de un millón de toneladas de nitrógeno y 227.000 toneladas de fósforo en 2003. Compensar semejante pérdida con abonos costaría, según las estimaciones, 910 millones de dólares" 4.

Ambos investigadores demuelen el argumento de Monsanto según el cual la soja OGM requiere pocas pulverizaciones de su herbicida. "Los promotores de las biotecnologías afirman que una sola aplicación de Roundup basta para controlar las malas hierbas durante toda una temporada, pero varios estudios demuestran que en las regiones de soja transgénica el volumen total y la cantidad de aplicaciones del herbicida aumentaron" 5.

La falta de rotación de los cultivos -que obliga a usar el mismo herbicida año tras año- sumada a un aumento regular del volumen aplicado, tiene una consecuencia inevitable: las malas hierbas se tornan resistentes al herbicida. "En la Pampa, ocho especies de malas hierbas [...] ya muestran signos de resistencia al glifosato", según las investigaciones de Pengue. Y allí comienza el círculo vicioso. Pues, para combatir la capacidad de adaptación de la naturaleza, hay que seguir aumentando las dosis de herbicida... hasta que Monsanto u otra compañía lancen otro producto más potente y probablemente más peligroso.

Si no se adoptan medidas radicales, el cultivo de soja transgénica seguirá extendiéndose en el país. Según las últimas cifras disponibles, la superficie sembrada con esa variedad aumentó en 2006 un 5,6% respecto de 2005. Los promotores mundiales de los OGM se alegran por la noticia. Así, Clive James, presidente del International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications (ISAAA), organización favorable a los cultivos transgénicos, se entusiasma en su último informe anual: "el impacto colectivo creciente de los cinco principales países en vías de desarrollo (China, India, Argentina, Brasil y Sudáfrica) constituye una importante tendencia continua que influirá en la futura adopción y aceptación de los cultivos biotecnológicos en todo el mundo". El mensaje es claro: el desarrollo de los cultivos transgénicos en los países donde están autorizados debe ser masivo, para aumentar la presión sobre los países que aún se oponen a los OGM.

El desarrollo de las nuevas tecnologías agrícolas basadas en la genética responde a un imperativo de rentabilidad. La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cuyo objetivo es combatir el hambre en el mundo, lo subraya así en sus informes. Reconoce que los OGM podrían ser una herramienta para luchar contra el hambre, pero lamenta profundamente que luego de diez años de existir aún no sean utilizados con ese fin. En su informe anual 2003-2004, cuyo tema central fueron las biotecnologías agrícolas, la FAO criticó el exclusivo desarrollo de los OGM con fines comerciales: "Las investigaciones sobre los cultivos transgénicos son en su mayoría obra de firmas transnacionales privadas. Esto tiene graves consecuencias sobre el tipo de investigaciones efectivamente realizadas y sobre los productos elaborados. (...) Las plantas y los aspectos de interés para los pobres son desdeñados" 6.

Los agricultores argentinos, que actualmente sufren presiones de parte de Monsanto (Correa, pág. 4), comienzan a percibir esa lógica comercial. Ahora que los cultivos transgénicos ya invadieron en país, el gigante estadounidense reclama a los argentinos el pago de regalías sobre sus semillas e inicia juicios ante tribunales extranjeros. La trampa se cierra.

  1. Cifras oficiales de la campaña agrícola 2005/2006, Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la República Argentina, 16-1-06.
  2. www.epa.gov/safewater/dwh/c-soc/glyphosa.html
  3. Los campesinos colombianos víctimas de la pulverización de glifosato sobre los cultivos de coca experimentan los mismos síntomas.
  4. Miguel A. Altieri y Walter A. Pengue, "La soja transgénica en América Látina: una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica". Enero de 2006.
  5. Sobre este tema, ver las investigaciones realizadas en Estados Unidos por Charles Benbrook, en particular el siguiente documento precursor: Charles M. Benbrook, Troubled Times Amid Commercial Success for Roundup Ready Soybeans. Glyphosate Efficacy is Slipping and Unstable Transgene Expression Erodes Plant Defenses and Yields, Northwest Science and Environmental Policy Center, Sandpoint, Idaho, 3-5-01.
  6. Situación mundial de la alimentación y la agricultura. Las biotecnologías agrícolas, ¿respuesta a las necesidades de los más pobres?, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, 2004.

Artículos publicados

“Los aprendices de brujo de la agroalimentación”, por François Dufour, septiembre de 1999.
“Sustentables, ¿hasta cuándo?”, por Walter Alberto Pengue, mayo de 2000.
“OGM: no provocar a la naturaleza”, por Jacques Testart, septiembre de 2000.
“¿Agricultores sin semillas? Peligra la soberanía alimentaria argentina”, por Walter Alberto Pengue, septiembre de 2000.
“Productivismo versus racionalidad agrícola”, por Walter Alberto Pengue, mayo de 2001.
“La nueva estrategia mundial de
Monsanto”, por Agnès Sinai, julio de 2001.
“Ofensiva estadounidense sobre los OGM”, por Susan George, mayo de 2002.
“Autoproducción de alimentos en Argentina”, por Walter Alberto Pengue, agosto de 2002.
“Nadie quiere los OGM, salvo los industriales”, por Susan George, abril de 2003.
“La penetrante estrategia de Monsanto”, por Jean-Jacques Sevilla, diciembre de 2003.
“Disyuntivas de la producción agropecuaria”, por Walter Alberto Pengue, mayo de 2003.
“OGM contra el campesinado”, por Renaud Lambert, enero de 2006.
“El vaciamiento de las ‘pampas'”, por Walter Alberto Pengue, mayo de 2003.
“Radiografía del capitalismo agrario”, por Norma Giarracca, mayo de 2003.
“Al servicio de la industria”, por Bernard Cassen, febrero de 2003.


Autor/es Pierre-Ludovic Viollat
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 82 - Abril 2006
Páginas:6,7
TraducciónCarlos Alberto Zito
Temas Transgénicos, Economía
Países Argentina