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Sed de petróleo y gas en el futuro inmediatoPocas veces en la historia mundial la energía, y principalmente los hidrocarburos, tuvieron tanta influencia en la problemática presente y futura de todos los países. Desde la invasión a Irak por Estados Unidos, los precios se han disparado y puede que sigan subiendo. En este contexto, Argentina no da señales de alterar su política en el sector, que la ha llevado a afrontar el agotamiento de sus reservas en plazos muy breves.Aunque su extracción había comenzado en Estados Unidos en 1859, puede decirse que la era del petróleo empezó en 1916, a mediados de la Primera Guerra Mundial, cuando los buques del Reino Unido fueron transformados para ser impulsados a petróleo en lugar de carbón. Entonces nació la empresa estatal British Petroleum, una de las cinco grandes petroleras del mundo y privatizada por Margaret Thatcher en 1987. Menos de un siglo después es posible afirmar que la era del petróleo está a punto de finalizar, debido al agotamiento de las reservas mundiales, sin que haya aparecido un sustituto indiscutido. Esto explica la extrema actualidad del tema y el espacio que ocupa en los medios de comunicación mundiales, superior incluso al de las crisis petroleras de los años 1973 y 1979-80, cuando el precio real del crudo superó a los registrados desde el inicio de la historia petrolera, incluso a los actuales. El tema del agotamiento no se discute: sólo en qué década se producirá y de qué forma, ya que la incidencia será distinta según las regiones y naciones que deban afrontar primero el problema. Se acepta en general que la época del petróleo caro ha comenzado, aunque algunos analistas expanden la idea de una oferta a corto plazo 1, que permita una caída en los precios internacionales. En esto se centra la disputa actual entre los países con reservas petroleras, nucleados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y aquellos importadores sin reservas suficientes, agrupados en la Agencia Internacional de Energía (AIE). Estos acusan a los primeros de monopolizar el comercio de la riqueza petrogasífera, pero los grandes países del grupo de consumidores, donde están localizadas las transnacionales del petróleo, practican sin reparos el monopolio de los compradores. Hasta no hace mucho, la disputa entre las naciones era por los precios, como manifestación de la apropiación de la renta petrolera y de los beneficios de las compañías. Pero debido a la certeza del agotamiento, la estrategia de las grandes potencias consiste ahora en adueñarse de las reservas existentes fuera de sus países. Hasta que nuevas fuentes de energía reemplacen al petróleo y el gas -lo que supone además una reconversión productiva de enormes proporciones- las naciones que tengan petróleo tendrán futuro; las que no, dejarán de ser soberanas. Esto explica en lo esencial las guerras y conflictos en Irak, Afganistán, Irán, Kuwait, Somalia, Angola, el delta del Níger... En este contexto se entiende que, en los años '90, uno de los ejes del Consenso de Washington fuese la privatización de las empresas energéticas y que los países pagasen sus deudas externas con recursos naturales, especialmente petroleros. La lucha por las reservas también se expresa en el fenómeno de fusiones y adquisiciones, mediante compras accionarias o de activos petroleros, que tiene lugar en Estados Unidos y Europa 2. Explica asimismo, por ejemplo, la prohibición que sufrió la petrolera china Cnnoc cuando intentó comprar Unocal, una importante petrolera estadounidense con grandes concesiones en numerosas partes del mundo; o los actos de corrupción vinculados a la manipulación de reservas: los ajustes hacia abajo (25% escalonado en tres veces) de las reservas de Shell, hace exactamente dos años, y la más reciente de Repsol-YPF SA -también de 25%- en febrero de 2006, conocida por una denuncia del gobierno boliviano 3. Oscuro panorama argentinoEn Sudamérica hay países que tienen reservas importantes, como Venezuela y Bolivia; otros están autoabastecidos, como Brasil, que este año 2006 logró su autosuficiencia, y otros como Argentina, cuyas reservas, en cambio, están disminuyendo (Mansilla, pág. 11 y "Artículos publicados", pág. 12). El problema de los países que comenzaron a importar dentro de la región, como Chile 4, es que quedan atados a la crisis de reservas de sus proveedores. Las dificultades de Argentina generaron cortes de suministro de gas natural en Chile durante 2005 y 2006. La caída de las reservas argentinas es extremadamente preocupante, porque la política que transfirió la decisión de invertir a las compañías privadas extranjeras hizo posible que disminuyera la perforación de pozos de exploración, la actividad de riesgo. La primera causa de esta caída es la falta de inversiones en exploración de las empresas concesionarias, que prefirieron aumentar su rentabilidad a corto plazo. Aunque la inversión de riesgo corresponde al sector privado concesionado, la tasa o índice de reposición (en términos de reservas) de Repsol-YPF en Argentina es del 17%; es decir que de cada cinco barriles que extrae no alcanza a reponer uno. En el Cuadro 1 se puede ver que la cantidad de pozos de exploración tuvo una tendencia negativa, alcanzando en el año 2001 un mínimo histórico de 7 pozos de petróleo, mientras que en 2002 no se perforó ninguno de gas. Los grandes países que no cuentan con petróleo en su territorio o en su mar continental para aprovisionarse de insumos energéticos se sirven de sus empresas, que obtienen concesiones de explotación en el extranjero, como MobilExxon, Chevron, Shell, BP, Repsol, etc. En Argentina, casi todas las empresas transnacionales han obtenido concesiones aprovechando la política neoliberal de los '90. Pero más empresas operando no garantizan la competencia: por definición, el petróleo es de naturaleza estratégica; por lo tanto en este sector el mercado competitivo sólo existe en la cabeza de quienes lo invocan. Respecto a las reservas, en un país como Argentina no puede disgregarse la función de propietario de los recursos naturales de la de gestor de la empresa pública que actúa sobre esos recursos. Bolivia, para recuperar sus yacimientos de gas y petróleo está refundando la empresa YPFB, que había sido vaciada por los gobiernos neoliberales. La renta petrolera¿Cómo se presenta el conflicto de la renta petrolera, es decir de las ganancias extraordinarias -al margen de un razonable e incluso alto beneficio empresario- que genera el petróleo? Cuando crece en forma importante el precio del crudo (lo que no tiene necesariamente incidencia sobre los costos de extracción), la renta tiende a crecer fuertemente. La suba actual del precio beneficia a los países dueños de las reservas y perjudica a los países sin petróleo y sin empresas multinacionales dueñas de concesiones. Basta ver los altos beneficios de las empresas de Estados Unidos por el hecho de tener concesiones, aunque sea fuera de su país, o de Europa, donde los beneficios de la española Repsol, por ejemplo, son impresionantes a pesar de no disponer de petróleo en España. En general, las empresas públicas siguen existiendo en los países extractores y exportadores. En América Latina existe una larga tradición de empresas estatales, iniciada por la argentina Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en 1923. En este sentido, Argentina vive una paradoja que muchos latinoamericanos no pueden explicarse: habiendo llevado el modelo YPF a otros países de la región, hoy no cuenta con una empresa estatal, ya que la reciente Energía Argentina SA (Enarsa) no tiene el carácter de empresa petrolera integrada. Con Enarsa se ha adoptado un modelo similar al de la empresa pública Sonangol de Angola, que después de recibir la concesión de todo el territorio y mar angoleños, creó Uniones Transitorias de Empresas (UTE) con las multinacionales extranjeras, sin que mediara licitación pública. Se habla entonces de renta petrolera alta porque los precios de venta del crudo extraído son altos y los costos de extracción bajos, aunque las empresas intentan guardar la mayor discreción sobre esos valores. Argentina, un país que desde la privatización de YPF no explota, sino que concesiona, carece de información fehaciente sobre los costos e incluso sobre los niveles de producción, calculados en base a declaraciones juradas... de la propia empresa. Repsol calculó su costo promedio en todos los países donde extrae crudos en alrededor de 6 dólares por barril. Sin embargo, un interesante trabajo de CEPAL 5, calculó el costo de producción en Argentina en 2,6 dólares el barril; en Ecuador 2,5; en México 2,0 y en Venezuela 1,5 dólares. Por su parte la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) muestra en un estudio de caso que la renta petrolera estatal de Argentina, estimada en 36%, es muy inferior a la de Ecuador y Venezuela 6. Los Estados se apropian de la renta petrolera bien mediante la gestión de las empresas públicas, como en Brasil, Venezuela y México o, en el caso de los países que no tienen empresas estatales, a través de la política fiscal: así se hace en Europa y en Estados Unidos y así lo están haciendo países como Bolivia, que subió las regalías al 50% de los ingresos generados por las ventas. Argentina es actualmente uno de los países sin compañía estatal que aplica menor carga impositiva sobre la actividad, ya sea en regalías u otros tributos. A pesar de lo cual el Poder Ejecutivo ha enviado al Congreso un proyecto de Ley de Promoción de los Hidrocarburos mediante exenciones impositivas (Lozada, pág. 14). La fuente de apropiación de la renta por parte de Argentina es las retenciones a la exportación: 45% en el petróleo; 5% en los combustibles y 20% en el gas natural. Se trata de una apropiación parcial, ya que se limita a la parte exportada y no al conjunto de la explotación. Pero incluso la exportación reconoce excepciones. Por ejemplo, el hidrocarburo que se extrae del mar a la altura de Tierra del Fuego no paga retención alguna, ya que se aplica la Ley 19.640 7 de la dictadura militar en tiempos de Martínez de Hoz... Castigar el consumo localOtro aspecto importante es el precio que en cada país pagan los ciudadanos y las empresas por el combustible que consumen. El costo de extracción del petróleo tiene por supuesto incidencia en el de producción (refinación) de combustibles, pero en muchos países la política tributaria hace que la relación del precio de las gasolinas y los costos de producción no sea directa. Como es natural, los países con petróleo venden la gasolina a precios más bajos en su mercado interno que los no productores; o sea que aplican precios relacionados a los costos en el mercado interno y precios internacionales en la exportación. Pero en Argentina, como puede verse en el Cuadro 2, los precios son similares a los de países con autoabastecimiento parcial, como Estados Unidos, que actualmente importa del 60% de sus necesidades de crudo. Aunque Estados Unidos tiende a tomar los precios internacionales, su política tributaria hace que el crudo local sea más barato que el importado, lo que le permite mantener precios internos razonables. De este modo, y a pesar de que el país no sólo se autoabastece, sino que exporta, en Argentina se castiga a la producción local, ya se trate de bienes agropecuarios, industriales o servicios, y a los ciudadanos en general. El crudo se vende a las destilerías al precio internacional, con el descuento del porcentaje que se aplica para la retención a la exportación. Esta política de precios, que toma como referencia el precio internacional del petróleo de densidad media de Estados Unidos (WTI) y no los costos reales, obedece al Decreto Nº 1212/89 del gobierno de Carlos Menem, que aún se mantiene vigente. Hace muy poco tiempo se estrenó en Argentina una película, Syriana, en la que se narra una historia de asesinato político, corrupción y amenazas militares para que un país árabe otorgue una concesión petrolera. En la grafía inglesa, Syriana alude a la pax siriana, impuesta por Siria a El Líbano durante 15 años (desde 1990 a 2005), período en el cual el ejército sirio dominó el país. De seguir así las cosas en Argentina, puede que sean las petroleras internacionales las que impongan las normas y el derecho globalizado, como ocurre cuando se intenta aplicar el derecho anglosajón en vez del romano, que forma parte de la tradición jurídica de Argentina y América Latina. En esta pax argentea no habría ejércitos de ocupación, pero se perderían los recursos naturales como el gas y el petróleo a manos de empresas que remiten al exterior todas sus utilidades 8, establecen precios altos para el mercado interno y no están sujetas a controles y regulaciones reales . En cualquier caso, la perspectiva de que en una década Argentina se vea obligada a importar crudo es aterradora, considerando los precios que podría tener entonces el barril y las consecuencias económicas y sociales que acarrearía. Esto sucede, hay que insistir, en el país que supo crear y administrar su propia empresa estatal y estableció la propiedad pública de los recursos naturales, modelo que adoptó casi toda América Latina.
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