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Balance abrumador del berlusconismo

Uno de los principales méritos del berlusconismo en el poder es haber batido la marca de longevidad en la historia de la República. Cerca de 1.800 días para hacer realidad el famoso “contrato con los italianos” presentado en un estudio de televisión durante la campaña electoral de 2001. Silvio Berlusconi se comprometió en ese momento al logro de cinco objetivos: bajar la carga fiscal, disminuir la delincuencia para dar mayor seguridad a los ciudadanos, elevar las pensiones jubilatorias con un ingreso mínimo de 1 millón de liras (520 euros), reducir el desempleo a la mitad gracias a la creación de un millón y medio de empleos y ejecutar el 40% de un plan decenal de obras públicas. Si no se cumplían al menos cuatro de esas promesas, el Cavaliere se comprometía a no buscar un nuevo mandato. Ha llegado la hora del balance.

Según Francesco Rutelli, líder de la coalición de centroizquierda en 2001, “el contrato fue traicionado y las promesas no se cumplieron” 1. Luca Ricolfi, sociólogo de la Universidad de Turín, estima por su parte que el jefe de Forza Italia cumplió más del 60% de sus promesas 2. La de rebajar los impuestos se habría cumplido en más de un 50%, la de aumentar las pensiones en un 100%, la de incrementar el empleo en un 81%, y en un 68% la vinculada a la realización de obras públicas. A pesar de que se reforzó la policía de proximidad, no se logró reducir el delito. El presidente del consejo declara, por supuesto, haber cumplido todas sus promesas. Califica al suyo como “el gobierno más reformador de la historia” y reivindica unas treinta reformas importantes. Sólo “Napoleón hizo más que yo”, llegó a espetar por televisión 3

Obsesión antiestatal

 Más allá de las polémicas, cabe hacer un balance de la política económica y social de la Legislatura. Según el Instituto Nacional de Estadística (ISTAT), el desempleo bajó, pasando del 9,2% de la población activa en julio de 2001 al 7,1% en el tercer trimestre de 2005. Esta disminución se debería fundamentalmente a la regularización, desde fines de 2002, de 640.000 inmigrantes que trabajaban pero no eran tomados en cuenta en las estadísticas, a la retirada del mercado laboral de personas desalentadas y a la extensión del período de actividad de los mayores de 50 años 4.

En cuanto al Producto Bruto Interno (PBI), sigue siendo muy débil 5, y desde la llegada al poder de Berlusconi, la producción industrial está en fuerte retroceso, al tiempo que disminuye la productividad del trabajo 6. Hasta Luca Cordero di Montezemolo, presidente de la Confindustria, organización patronal que apoyó al líder de la derecha en 2001, declaró que “hay que reconstruir Italia”, dada la “dramática”7 situación de la economía. La península carga con la tercera deuda pública del planeta, superior al billón y medio de euros 8: se trata de un nivel de endeudamiento alarmante, dado que representa más del 106% del PBI y en 2006 podría llegar al 109%. En cuanto al déficit público, debía superar el 3,5% del PBI en 2005 y podría alcanzar este año el 4%. Por esta razón, la Península sufrió una pérdida de credibilidad económica y financiera, agravada a raíz del escándalo del grupo agro-alimentario Parmalat, de contabilidad fraudulenta 9, y de la renuncia obligada del gobernador del Banco de Italia Antonio Fazio, sospechado de haber apoyado una contra-OPA (Oferta Pública de Adquisición) en beneficio de un banco de la península.

La degradación de las cuentas públicas es en parte resultado del respeto a los compromisos del presidente del consejo: por un lado, la rebaja de los impuestos a las ganancias y a las empresas, el mayor número de grupos familiares exonerados, y por el otro, el incremento de algunos gastos sociales, como el aumento de las pensiones o una asignación de 1.000 euros para los recién nacidos, todo esto acompañado de una importante evasión fiscal 10. Los déficits públicos son los daños colaterales de una política social llevada a cabo por una coalición de derecha, y de una política económica dirigida por un empresario. Pero esta degradación de las cuentas públicas acompaña a la crítica recurrente de Berlusconi contra el gasto público y las instituciones del Estado, en particular la justicia y los magistrados. En relación a estos últimos, por ejemplo, no dudó en afirmar que “para hacer ese trabajo, hay que ser mentalmente perturbado y... antropológicamente distinto al resto de la raza humana”.

Esta obsesión anti-estatal es la prosecución, en el campo político, de la guerra que entabló hace treinta años contra la televisión estatal. Desde su regreso al poder, el Cavaliere lanzó su famoso “anatema búlgaro” contra dos periodistas de la RAI, Enzo Biagi y Michele Santoro, y contra el presentador Daniele Luttazzi, donde sostenía que éstos hacían “un uso criminal de la televisión estatal que se pagaba con el dinero de todos”. Por esta razón, una de las principales reformas de la legislatura, la ley Gasparri del 3 de mayo de 2004, autoriza la privatización y el desmembramiento de la RAI. De todas maneras, al igual que la mayoría de las privatizaciones previstas por el Cavaliere, la de la televisión estatal no pudo efectuarse. Y encima, el presidente de su consejo administrativo, elegido por la Comisión parlamentaria de vigilancia, fue Claudio Petruccioli, ex-dirigente del Partido Comunista Italiano, luego de los Demócratas de Izquierda. Paralelamente, al evitar la transferencia al satélite de su canal Rete 4, lo que habría reducido su audiencia y facturación publicitaria, la ley Gasparri fortalece a la sociedad Mediaset, cuyo accionista mayoritario es Berlusconi. Este fortalecimiento del poder mediático del Cavaliere, que provee a Mediaset “una fuente de crecimiento potencial de entre 1.000 y 2.000 millones” –como admitió su presidente, fiel mano derecha del príncipe de los medios–, suscitó por lo demás múltiples críticas. El Parlamento Europeo, por ejemplo, aprobó un informe donde se afirma, entre otras cosas, que “el sistema italiano presenta una anomalía consistente en la reunión de un poder económico, político y mediático en manos de un solo hombre”11.

 Triple poder

Si el balance del berlusconismo político es objeto de polémicas, el del berlusconismo empresario no presenta, por su parte, ambigüedad alguna. Desde su ingreso en la política en 1993, el valor de su patrimonio familiar se triplicó, pasando de 3.100 a 9.600 millones de euros. El valor bursátil de la filial televisiva Mediaset se duplicó prácticamente desde 1996 y la venta de tan sólo el 16,6% de su capital, en 2005, produjo 2.100 millones de euros de liquidez. En once años, los dividendos del grupo Fininvest, propiedad de la familia Berlusconi, alcanzaron –según La Repubblica del 9 de mayo de 2005– los casi 700 millones de euros, o sea, un ingreso mensual promedio de 5,3 millones de euros. En 2005 ese ingreso se duplicó para llegar a los 11.400 millones de euros.

Según The Financial Times, el Cavaliere, catalogado por la revista Forbes como la vigesimoquinta fortuna del mundo, ocuparía el cuarto lugar entre los hombres más poderosos del planeta. Porque combina un triple poder que ningún otro dirigente de Occidente posee: político, mediático y económico. ¿Pero podrá el “berlusconismo”, encarnación de esta santa trinidad, seguir alimentando las ilusiones de la mayoría de los italianos después de haberse puesto a prueba durante cinco años?

  1. La Repubblica, Roma, 20-1-06.
  2. Luca Ricolfi, Tempo scaduto. Il "Contratto con gli italiani" alla prova dei fatti, Il Mulino, Bolonia, 2006.
  3. En el programa Matrix, el 9-2-06. Al día siguiente, se comparaba con Churchill. Y al otro día, se identificaba con Jesucristo.
  4. Banco de Italia, Bollettino economico, N° 45, noviembre de 2005, página 50.
  5. Según el Banco de Italia, la tasa de crecimiento fue del 0,3% en 2002-2003, del 1,2% en 2004, pero bajó en un 0,8% en el primer semestre de 2005.
  6. La productividad aumentó en un 0,1% en 2002-2003 y en un 0,7% en 2004, pero bajó en un 0,7% en el primer semestre de 2005, contra un crecimiento promedio del 1,7% bajo la legislatura precedente del centroizquierda (1996-2001).
  7. Véase Luca Cordero di Montezemolo en foro de discusión del diario Il Sole 24 Ore, 27-12-05.
  8. Según subrayó el mismo Silvio Berlusconi frente al Senado italiano el 14 -7-04.
  9. Véase Ignacio Ramonet, “El escándalo Parmalat”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2004.
  10. Según el CENSIS, las sumas sustraídas al fisco se estimaban, en 2004, en 200.000 millones de euros, es decir, unos 46 euros clandestinos por cada 100 declarados.
  11. Informe de la Comisión sobre las libertades y los derechos de los ciudadanos, justicia y asuntos internos “sobre los riesgos de violación de la libertad de expresión e información en la Unión Europea y en particular en Italia”. Informe Nº 2003/2237 (INI).
    Parlamento Europeo.
Autor/es Pierre Musso
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 82 - Abril 2006
Páginas:20
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Ciencias Políticas
Países Italia