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El eje militar Japón-Estados Unidos

No hay tregua en la carrera armamentista en Asia. China tiene previsto aumentar su gasto militar en un 14,7%, llevándolo a 35 mil millones de dólares en el año 2006. El primer ministro japonés Junichiro Koizumi muestra su preocupación, aunque se olvida de mencionar que su propio presupuesto de Defensa alcanza ya los 40 mil millones de dólares. Un nuevo acuerdo estratégico y tecnológico con Estados Unidos reforzará la alianza política y militar entre Tokio y Washington. Inquietud regional.

La isla de Okinawa, llamada Keystone of the Pacific (Piedra angular del Pacífico) a causa de su posición central en la geopolítica asiática, sufre desde la Segunda Guerra Mundial las consecuencias de las decisiones de los estrategas de Tokio y Washington. Después de haber sido en 1945 el teatro de uno de los enfrentamientos más sangrientos de la guerra del Pacífico 1, Okinawa se convirtió en una colonia militar estadounidense. Ocupada por Estados Unidos hasta 1972 -veinte años más que el resto de Japón-, ahora hay allí 37 bases estadounidenses, o sea 26.000 militares y sus familias, sobre una población local de 1,35 millón de habitantes 2. Semejante concentración militar en un territorio restringido -de 100 kilómetros de largo por unos 15 de ancho- y en zonas con fuerte densidad de población, plantea innumerables problemas cotidianos: molestias sonoras muy superiores a los límites autorizados, delincuencia, accidentes en ocasión de maniobras y peligrosidad de algunos entrenamientos, en particular los ejercicios con proyectiles reales.

"Odio estas bases", comienza a decir Tomohiro Yara, que reside cerca de Kadena, la más vasta y activa de las instalaciones aéreas estadounidenses en el Extremo Oriente. "Sucede, incluso a las 2 ó 3 de la mañana, que me despierte el ruido de los aviones. Puedo ver como los jets pasan encima de mi cabeza y a veces caen en mi jardín partes metálicas u otros objetos." El tema de las bases se convirtió en un problema nacional en 1995, cuando tres marines violaron a una niña. "Eso fue un verdadero shock para la opinión pública. La situación de Okinawa no había sido reflejada en los medios después del retorno a la administración japonesa en 1972", recuerda un periodista, miembro del comité editorial del diario local Okinawa Times.

El símbolo de estos problemas es la base aérea de Futenma, que ocupa 4.800 hectáreas en pleno centro de una ciudad de más de 80.000 habitantes en cuyas proximidades todavía puede verse el emplazamiento de un edificio de la universidad local, destruido por la caída de un helicóptero estadounidense el 13 de agosto de 2004.

 El huésped más generoso

 A pesar de las playas paradisíacas y los complejos hoteleros, en la atmósfera de Okinawa se percibe el hartazgo de la población local ante el statu quo, aunque la Guerra Fría terminó hace ya mucho tiempo. Situada a 1.500 kilómetros de Tokio, bordeada por el Océano Pacífico de un lado y el Mar de China Oriental del otro, la prefectura más meridional de Japón da la extraña impresión de permanecer en otra época.

"La situación va a cambiar. Tanto la población japonesa como sus dirigentes no tienen el hábito de reflexionar sobre las cuestiones vinculadas a la defensa, porque durante la Guerra Fría el país estaba bajo la protección del paraguas nuclear estadounidense. Pero no se puede contar siempre con Estados Unidos, y hoy resulta imposible evitar esta discusión", asegura Yara. Éste es el objeto del nuevo acuerdo estratégico entre Tokio y Washington, del cual el informe preliminar del 29 de octubre de 2005 3 ha esbozado las principales disposiciones. El acuerdo definitivo debería firmarse próximamente. Prevé una reorganización de las tropas estadounidenses, en función de la cual 7.000 marines serían transferidos desde Okinawa a la isla de Guam, territorio estadounidense situado en el archipiélago de las islas Marianas. Más extensa y mucho menos poblada que Okinawa, Guam estaría también mejor situada, según los estrategas del Pentágono, para responder a la actividad de los grupos islamitas radicales que operan en el Sudeste Asiático.

Esta decisión -cuyo cronograma de implementación no ha sido precisado- no es tan espectacular como parece, si se la compara con el total de tropas estadounidenses estacionadas en Japón, o con el esquema elegido en Corea del Sur. Japón, que alberga 89 bases estadounidenses, seguirá teniendo 40.000 soldados en su territorio después de la transferencia hacia Guam, financiada por el Estado japonés con alrededor de 9.000 millones de dólares, según las informaciones publicadas por el diario nacional Japan Times 4. El archipiélago mantiene así su papel de aliado más cercano y de pilar de la estrategia estadounidense en Asia.

Por otra parte, de aquí a 2008 deberían abandonar Corea del Sur 12.500 de los 37.500 soldados estadounidenses 5. En este otro bastión militar estadounidense en la región, la protesta popular y los esfuerzos de reconciliación con Corea del Norte aconsejan tomar distancia del aliado estadounidense, en beneficio de una política más multilateral, sin por ello cuestionar el tratado de 1954 6.

La diferencia entre esos dos países aparece también en el plano financiero. Japón, "el huésped más generoso" de las tropas estadounidenses en el extranjero, les dedica más de 4.000 millones de dólares por año, o sea el 75% de los costos de su permanencia, mientras Corea del Sur sólo se hace cargo del 40% de esos mismos costos, cuyo monto total es de un poco más de 840 millones de dólares 7.

Más allá de la configuración pos- Guerra Fría de la presencia militar estadounidense en Asia, el nuevo acuerdo bilateral consagrará una evolución de la política exterior y de defensa de Japón hacia un refuerzo sin precedentes de su alianza política y militar con Estados Unidos. En efecto, transformará una "cooperación que tenía como único objeto la defensa de Japón o, potencialmente, la estabilidad en la región" en una "alianza global", indicó la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice durante la presentación del informe preliminar del 29 de octubre de 2005 8.

Calificado como "histórico", este acuerdo constituye la tercera gran etapa en las relaciones entre ambos países desde la firma de la capitulación de Japón, el 2 de septiembre de 1945. El tratado de seguridad firmado en septiembre de 1951, en paralelo con el tratado de paz de San Francisco, preveía el mantenimiento de bases y tropas estadounidenses en el archipiélago, vasto territorio desmilitarizado, ante las puertas del cual se desarrollaba la guerra de Corea. Este pacto, que reflejaba una relación de fuerzas ya perimida, fue revisado y transformado en un tratado de seguridad mutua y de cooperación en enero de 1960. Este tratado, que se firmó por un plazo de diez años, al cabo de los cuales cada parte podía retirarse con un simple preaviso de un año, introdujo la noción de reciprocidad e impuso a Estados Unidos la obligación de consultar a Tokio antes de utilizar sus bases japonesas o de introducir armas nucleares en el archipiélago. Cuarenta y seis años más tarde, la nueva alianza amplifica esa asociación estratégica para hacerla más operativa en cualquier circunstancia.

 Emerge la China potencia

 Esta evolución se inscribe en una tendencia que apareció después de las críticas de la "comunidad internacional" contra Japón por su práctica de una "diplomacia de la chequera" durante la guerra del Golfo de 1991. La "guerra contra el terrorismo" que lleva a cabo Washington desde el 11 de septiembre de 2001 y la voluntad de Tokio de reafirmar su compromiso con su aliado aceleraron el movimiento. Lo mismo que la llegada a la cabeza del gobierno nipón de Junichiro Koizumi, muy cercano al presidente George W. Bush, en abril de 2001.

Las bases de la nueva alianza se plantearon en la legislación especial posterior a 2001, que autorizó la participación de las Fuerzas de Autodefensa Japonesas (FAD) 9, en misiones globales fuera de Naciones Unidas -contrariamente a las anteriores intervenciones, desde la de Camboya, en 1992- que, ni legal ni formalmente tienen que ver con el Tratado bilateral de 1960, como analiza Régine Serra, especialista de política exterior y defensa de Japón 10. Después de la "ley especial sobre lucha contra el terrorismo", que en octubre de 2001 permitió el envío de las FAD al Océano Índico como apoyo a la retaguardia de la coalición internacional contra el régimen talibán de Afganistán, la "ley especial para apoyar la reconstrucción de Irak" autorizaba en 2003 la intervención nipona en Samawah, en el sur de ese país.

Más allá del refuerzo del "liderazgo" nipo-estadounidense en la "lucha contra el terror" (según la expresión del secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld, durante la presentación a la prensa del informe preliminar, el 29 de octubre de 2005, en Washington), la extensión de la asociación entre Tokio y Washington está motivada principalmente por la emergencia de la potencia china. Menos de un año después de haber firmado, el 28 de junio de 2005, un acuerdo de defensa entre Estados Unidos e India, la nueva alianza con Japón se inscribe en la estrategia estadounidense de containment (contención) de Pekín. Señalada por Washington por su falta de transparencia en las inversiones militares, China también fue designada por Tokio en las costas de Corea del Norte como una "preocupación de seguridad" en su programa de defensa nacional de 2005.

La lucha entre los dos gigantes asiáticos por su influencia se lleva a cabo sobre un fondo de diferendos territoriales, relativos especialmente a las islas Senkaku (Diaoyu en chino), y de querellas históricas que alimentan el nacionalismo popular de cada lado 11. El texto preliminar de la alianza global hace referencia a las nuevas amenazas consideradas "invasión de islas lejanas".

Las inquietudes estratégicas de Japón en relación con el régimen de Pekín se refuerzan por la perspectiva de una posible reunificación de Corea. Esto significaría la emergencia de una potencia mediana, eventualmente poseedora de armas nucleares y cuya diplomacia se inclina hacia China, en Pyonyang, pero también hacia Seúl, a favor de la evolución social y política en curso.

 Recuperar el papel diplomático

 Mientras "la posibilidad de un conflicto importante entre Estados sigue siendo más elevada en Asia que en otras regiones", según el informe del proyecto 2020 del National Intelligence Council para la CIA 12, Tokio parece decidido a afirmarse como una potencia diplomática y militar de primer orden en la escena regional y en el plano internacional, postura inédita desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero a pesar de disponer de equipamiento militar muy sofisticado y de un presupuesto de defensa de alrededor de 40.000 millones de dólares anuales (el cuarto lugar mundial de gastos militares, detrás de Estados Unidos, Reino Unido y Francia), Japón está limitado para intervenir en el extranjero por su Constitución pacifista y por el bloqueo de su candidatura como miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Para recuperar un papel diplomático completo y un status de potencia militar "normal", el refuerzo de la cooperación en materia de defensa con Estados Unidos parece ser la vía más eficaz.

Uno de los instrumentos más importantes de esta política es el "refuerzo de la inter-operabilidad" entre las fuerzas de ambos países, como lo preveía el informe preliminar del 29 de octubre de 2005. El concepto, uno de los pilares de la transformación militar estadounidense, se traducirá en una reorganización profunda de los centros de decisión estadounidenses y japoneses, con el propósito de facilitar la posibilidad de compartir informaciones, entrenamientos y operaciones conjuntas. En Okinawa, Estados Unidos destaca su voluntad de aplicar el uso común de algunas de sus bases. "Contrariamente a lo que afirman los gobiernos japonés y estadounidense, la transferencia hacia Guam bien podría no aliviar el peso de las bases en la isla, ya que seguramente las Fuerzas de Autodefensa van a ocupar el lugar de los militares estadounidenses", deplora Takeshi Yamagushi, profesor de historia en la Universidad de Ryukyus, en Okinawa.

También está programada la transferencia del comando de la defensa aérea japonesa a la base de Yokota, en el noroeste de Tokio, con el fin de acercarla a su homóloga estadounidense, así como la creación de un centro conjunto de coordinación de operaciones. La base de Camp Zama, actual cuartel general del ejército estadounidense, también cerca de Tokio, se convertirá en el cuartel general de un cuerpo expedicionario común.

 ¿Fin del pacifismo institucional?

 Como corolario de esta inter-operabilidad, está prevista la "transición de las Fuerzas de Autodefensa hacia un status de fuerza operativa conjunta". El papel y las misiones de la nueva estructura no están definidas con precisión en el informe preliminar, pero sus intervenciones no están limitadas a una estricta defensa del territorio japonés, como ocurre actualmente con las FAD. Por otra parte, esto constituye la sutileza del acuerdo, que es lo suficientemente impreciso y desprovisto de restricciones como para poder ser utilizado según los deseos de sus integrantes. "Esta transformación de las fuerzas japonesas es una violación de la Constitución", se indigna el profesor Yamagushi.

En efecto, la Constitución de 1947, elaborada en su momento por las fuerzas de ocupación estadounidenses bajo el mando del general Mac Arthur, afirma en su artículo 9 la renuncia del pueblo japonés a la guerra, al uso de la fuerza para dirimir conflictos internacionales y al mantenimiento de un potencial de guerra. Esa Constitución fue rápidamente objeto de una revisión implícita, porque en 1950, en el contexto de la Guerra Fría, Mac Arthur le pidió a Japón la formación de una Reserva Nacional de Policía de 75.000 hombres, lo que cuatro años más tarde dio nacimiento a las FAD, actualmente conformadas por unos 240.000 efectivos. La amplitud de los debates sobre la constitucionalidad de estas fuerzas está perfectamente ilustrada por el hecho de que sólo fue formalmente reconocida por el Partido Demócrata Socialista (Shakai Minshuto)... en 1993 13.

La modificación del status de las FAD en el marco de la alianza con Estados Unidos se produce en pleno debate sobre la reforma de la Constitución. El gobierno de Koizumi presentó, el 22 de noviembre de 2005, un proyecto que las transforma en "fuerzas armadas". Sin embargo, no se ha fijado por el momento ningún cronograma, y la reforma requiere el voto positivo de los dos tercios en ambas cámaras del Parlamento, así como una mayoría popular por referéndum.

Aunque la modestia adoptada después de la capitulación en 1945 tiende a esfumarse en beneficio de un retorno del nacionalismo en el seno de la clase política, la población sigue apegada a su pacifismo constitucional. Como explica Osamu Nishi, profesor en la Facultad de Derecho de Komazawa, en Tokio: "Si una mayoría de opiniones es favorable a una revisión constitucional, la reforma del artículo 9 (que establece la renuncia a la guerra) no concita necesariamente la adhesión". Sin embargo, "las mentalidades están en vías de cambiar", constata Shohei Muta, investigador del centro asiático de los archivos nacionales japoneses (Japan Center for Asian Historical Records) de Tokio. "El período de recesión hizo progresar en la opinión general las ideas de los conservadores y provocó un deslizamiento político hacia la derecha. El primer ministro Junichiro Koizumi defiende una línea más conservadora que sus antecesores, especialmente en las cuestiones históricas. Otro signo es que, particularmente en estos últimos años, algunos medios han evolucionado hacia posiciones políticas muy de derecha. Las ideas de izquierda se oyen cada vez menos", opina.

La firma del tratado de 1960 desencadenó manifestaciones que afectaron la vida política del país durante dos meses y trajeron consigo la anulación de la visita del presidente Dwight D. Eisenhower. La crítica principal de la oposición era entonces que, a diferencia del Tratado de 1952, impuesto por los vencedores al final del período de ocupación, "el acuerdo de 1960 era el fruto de una negociación llevada a cabo por un gobierno libre y que actuaba con plena libertad" 14. Aunque fue aprobado por la Cámara de Representantes, el Tratado de 1960 se inscribía en un marco democrático. Su actual revisión suscita una viva oposición, especialmente por parte de los dirigentes y de la población de las prefecturas donde están localizadas las bases estadounidenses. Así, la ciudad de Iwakuni, al sudoeste de Hiroshima, donde el plan de reorganización prevé un refuerzo de las unidades de la base estadounidense, tomó la iniciativa de organizar un referéndum el 12 de marzo de 2006. Esta consulta, puramente simbólica, le dio una aplastante mayoría (89%) al rechazo del proyecto. Pero protestas locales tienen poco peso, ya que la reorganización fue decidida en la cumbre gubernamental, sin consulta popular ni parlamentaria.

 Transformación militar regional

 El refuerzo de la inter-operabilidad implica también la transformación militar de las fuerzas japonesas, con el fin de mantenerse al nivel de sus homólogas estadounidenses, especialmente en el plano tecnológico. Por eso, el futuro acuerdo prevé un doble movimiento de "desarrollo de las capacidades respectivas de defensa" y de "optimización de los beneficios de las innovaciones tecnológicas". Japón, como los demás aliados de Washington en Asia-Pacífico, se inquieta por la brecha creciente entre sus capacidades y las de Estados Unidos. Esto en la medida en que una cierta cantidad de obstáculos presupuestarios, institucionales y burocráticos frenan o impiden una transformación militar tan profunda como la emprendida por Washington, según indica el informe de una conferencia organizada por el Asia Pacific Center for Security Studies (APCSS), instituto de investigación vinculado al Ministerio de Defensa estadounidense 15.

Terreno central de la cooperación entre ambos países, en particular desde que un misil balístico norcoreano sobrevoló el territorio japonés en 1998, la Ballistic Missile Defense (BMD) será objeto de "mejoras en la coordinación de las respectivas capacidades", indica el informe del 29 de octubre. La transferencia de tecnología militar estadounidense representa un desafío industrial importante para Japón, en la medida en que una directiva política le prohibe, desde 1967, la exportación de armamento y de tecnología militar 16.

Sin embargo, un levantamiento parcial de este principio fue autorizado por el gabinete Koizumi en diciembre de 2004, en el marco de la cooperación con Estados Unidos sobre la defensa antimisil. "Para Mitsubishi y Kawasaki Heavy Industries, las dos principales industrias japonesas de armas, el desafío tecnológico justificaba el levantamiento de la prohibición" 17, señala Régine Serra. La Agencia Japonesa de Defensa indicó recientemente su intención de conseguir 124 misiles Patriot de aquí a 2010: primero se importarían de Estados Unidos y luego la producción se transferiría a Mitsubishi Heavy Industries Ltd. 18.

Los vecinos asiáticos de Japón, que todavía conservan la memoria de la colonización del archipiélago en el siglo pasado, ven con malos ojos esta evolución hacia un cuestionamiento del sistema pos-1945, centrado en el pacifismo. La exacerbación de los nacionalismos y los desafíos estratégicos se conjugan con los numerosos tratados de seguridad y de cooperación firmados por Estados Unidos en el Asia-Pacífico para mantener un movimiento de carrera armamentista en esta zona, que se ha vuelto el segundo mercado mundial de armas, después de Medio Oriente, con un volumen de compra superior a los 150.000 millones de dólares entre 1990 y 2002 19.

Para los Estados aliados y socios de Washington, encabezados por Australia, Corea del Sur y Taiwán, el objetivo es, como para Japón, seguir siendo operacionales respecto de las fuerzas estadounidenses, en la medida en que va creciendo la probabilidad de operaciones en coalición con Estados Unidos, como en Afganistán o Irak. Muchos de ellos adquieren así nuevos equipos estadounidenses, como por ejemplo el sistema de combate naval Aegis, destinado a Australia, Japón y Corea del Sur.

Algunos Estados de la región expresan, sin embargo, sus críticas en cuanto al carácter excesivo de las tecnologías militares de punta exportadas a Asia por Estados Unidos después de su entrada a la "Revolución en los asuntos militares" (Revolution in Military Affairs, RMA). Estos recursos, considerados como pertenecientes al "ámbito de las ideas, de la innovación y de las tecnologías", con una tendencia a "un amor por la tecnología por la tecnología misma", serían "poco adaptados para amenazas de débil intensidad, particularmente el terrorismo o las operaciones antisubversivas", precisa el informe de otra conferencia organizada por la APCSS 20.

Los participantes se inquietan por las repercusiones de las transformaciones militares en la región. En la medida en que tienen "por objeto la consolidación y el refuerzo de la supremacía militar estadounidense", podrían terminar en la "creación de nuevas amenazas". Los países incapaces de hacer evolucionar su defensa nacional podrían, en efecto, "reaccionar con respuestas asimétricas, como ataques de bajo nivel (es decir, tácticas de insurrección o de guerrilla) o extender su capacidad en materia de armas de destrucción masiva (misiles con cabezas nucleares, biológicas o químicas)".

Esta es la paradoja de la política de seguridad llevada a cabo por Washington en esta región.

  1. La batalla de Okinawa se desarrolló entre abril y junio de 1945 y produjo más de 230.000 muertos, de los cuales 94.000 fueron civiles.
  2. En total, hay allí 50.826 ciudadanos estadounidenses, según las cifras publicadas en 2004 por la Prefectura, en su informe titulado US Military Issues in Okinawa (Militares de EE.UU. en Okinawa).
  3. "US-Japan Alliance: Transformation and realignement for the future", informe de avance publicado luego del encuentro en Washington de los ministros japonés y estadounidense de Defensa y Relaciones Exteriores, el 29-10-05.
  4. "US eyes $9 billion to move marines", Japan Times, Tokio, 25-11-05.
  5. La decisión fue anunciada por el ministro de Defensa estadounidense, el 6-10-04. www.defenselink.mil/releases/2004/nr20041006-1356.html
  6. El tratado de defensa mutua firmado en 1954 entre la República de Corea y Estados Unidos explica la presencia de tropas estadounidenses en Corea del Sur. Los estadounidenses se comprometen a ayudar al país ante una eventual agresión exterior.
  7. Las últimas informaciones disponibles, provenientes del balance 2004 de las contribuciones aliadas, publicado por el Ministerio de Defensa de Estados Unidos, establecen, para el año 2002, 4.410 millones de dólares para Japón y 842,8 millones para Corea del Sur.
  8. "US-Japan Alliance: Transformation and realignment for the future", op. cit.
  9. Hasta entonces, la acción de estas fuerzas estaba limitada a la defensa del territorio nacional.
  10. Régine Serra, L'Évolution stratégique du Japon : un enjeu pour l' Union, Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, Bruselas, junio de 2005.
  11. Véase Martine Bulard, "China altera el orden asiático", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, agosto de 2005.
  12. Varios autores, Le rapport de la CIA. Comment sera le monde en 2020?, Robert Laffont, París, 2005.
  13. Se trata del antiguo Partido Socialista, rebautizado en 1991.
  14. Edwin O. Reschauer, Histoire du Japon et des Japonais de 1945 à nos jours, Seuil, París, 2001.
  15. "Defense transformation in the Asia-Pacific Region: meeting the challenge", Asia Pacific Center for Security Studies (APCSS), 30 de marzo-1 de abril de 2004.
  16. Conocida con el nombre de los "3 principios", esta directiva proscribe la venta de armas y de tecnología militar a los países miembros del bloque comunista, a los países sometidos a un embargo de la ONU sobre la venta de armas y a los países implicados o susceptibles de estar implicados en conflictos internacionales. Fue extendida a todos los Estados en 1976.
  17. L'évolution stratégique du Japon, op. cit., p. 25.
  18. "Japan to build own Patriot missiles for defense shield", Japan Times, Tokio, 13-11-05.
  19. Richard A.Bitzinger, "Asia-Pacific arms market", APCSS, Hawai, marzo de 2004.
  20. US Defense transformation: implications for security in the Asia-pacific region, APCSS, 1-3 de diciembre de 2004, Hawai.
Autor/es Emilie Guyonnet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 82 - Abril 2006
Páginas:21,22,23
Traducción Lucía Vera
Temas Armamentismo, Desarrollo, Política internacional
Países Estados Unidos, China, Japón