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Perú es una incógnitaDesde 1985, la derecha política peruana perdió todas las elecciones a manos de outsiders. La clase empresarial, en cambio, disfruta desde 1990 de las políticas más antilaborales de la región. Los peruanos no se interesan por los partidos políticos “tradicionales”, pues el poder no pasa por ellos. El interrogante ante los comicios presidenciales de este 9 de abril es si surgirá algo nuevo o habrá más de lo mismo.¿Se impondrá Lourdes Flores, una candidata de derechas con lenguaje de izquierdas; el incombustible Alan García, o el nuevo outsider, Ollanta Humala? La popularidad del actual presidente, el también outsider Alejandro Toledo, no duró mucho: intentó privatizar empresas eléctricas y la reacción social casi lo derroca 1. Si llega al final de su período es por el apoyo de Washington 2 y porque las fuerzas sociales prefieren un gobierno mediocre que el vacío del poder. Toledo dejará una economía aparentemente saneada, con un 49% de aumento del PIB en el quinquenio y la inflación controlada 3. Pero la distribución del ingreso es de las peores del mundo; el desempleo es del 10% y el subempleo del 48%; el empleo efectivo es mayormente del tipo basura 4. Según el informe "Por un Perú menos pobre y más incluyente" del Banco Mundial, entre 2001 y 2005 la pobreza sólo disminuyó de 54,3% a 51,6% y la pobreza extrema de 24% a 19%. En el campo, la pobreza afecta al 72% de la población. El rechazo a los congresistas (sólo los acepta el 4% de los ciudadanos, debido a la corrupción), refuerza la "ideología del taxista": Fujimori "robó pero hizo obra" 5. Robos, secuestros y asaltos al transporte 6, reciben como respuesta intentos de linchamiento directo -en algunos casos concretados- por parte de la población. En ausencia de reglas e instituciones, el enfrentamiento como modo principal de relación se extiende al sector económico más dinámico -la explotación de materias primas- antagonizando a comunidades indígenas, pueblos y ciudades con las empresas multinacionales 7. Como colofón a su gobierno, Toledo quiere un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, pero puesto que sus términos se desconocen y supone un golpe al Pacto Andino y a la confluencia con el Mercosur 8, es ampliamente rechazado. Las políticas neoliberales han diezmado a la clase obrera; el movimiento popular es esporádico; la izquierda es insignificante en términos electorales 9 y la intelectualidad aparece desconcertada. La corrupción y el caos económico y social han instalado en la población, por razones de simple sobrevivencia, una actitud individualista. El sector informal de la economía, de enormes dimensiones, abarca a cientos de miles de PYMES y microempresas. Entre 1980 y 2000 la violencia política dejó 70.000 muertos y 10.000 desaparecidos sin mayor conmoción nacional ni internacional, racismo mediante, pues la mayoría de las víctimas eran pobres, campesinas y quechuahablantes. Muchas eran dirigentes populares, no pocas asociadas a la izquierda 10. Igualmente importantes fueron las crisis económicas de los gobiernos de Alan García y Alberto Fujimori, que dejaron a la población exhausta, mal alimentada y mal educada. Sin anclaje organizativo, el debate ideológico no existe. Los políticos, salvo excepciones, basan sus campañas en promesas. Los tres candidatos que encabezan las encuestas -sobre un total de 25- reflejan la informalidad y corrupción que domina la vida cotidiana y, como se dice en el país, varios tienen "prontuario más que currículum". El nuevo outsiderEn 1990, un desconocido Alberto Fujimori derrotó al candidato de la derecha, el escritor Mario Vargas Llosa: desde entonces los electores de menores ingresos (C, D y E en las encuestas) apoyan a quien no sea, física e ideológicamente, de la clase dominante: a un outsider. Como Fujimori: ni blanco, ni racista, ni prepotente, ni neoliberal, aunque luego, como ocurrió, se muestre racista, violentamente neoliberal y prepotente. En 2000, otro outsider, Toledo, originario de los Andes, enfrentó a Fujimori, ya ex outsider e instalado como candidato del establishment. El fraude electoral frustró entonces su victoria, pero en 2001, ya exiliado Fujimori en Japón, ganó Toledo. Ollanta Humala es ahora el nuevo outsider. Su nombre es quechua, pero proviene de la clase media urbana y fue alumno de colegio privado. Su dominante padre, un ex comunista, quiere a uno de sus hijos de presidente. Ollanta Humala se alistó en el ejército y en 2000, ya comandante, encabezó junto a su hermano Antauro, también militar, una fracasada rebelión contra Fujimori en una guarnición del sur del país. Considerada una acción valiente y descabellada, ahora se sabe que coincidió con la fuga del país de Vladimiro Montesinos, el siniestro jefe de los servicios secretos y "cerebro gris" de Fujimori. ¿Acaso fue aquél un acto de distracción para encubrir la fuga del jefe de la represión y de escuadrones de la muerte? Sorpresivamente, en 2002, Humala fue designado agregado militar en París y, en 2003, en Seúl. En 2005, su hermano Antauro tomó la ciudad de Andahuaylas, en protesta por la corrupción. Pero el hecho derivó en la muerte de varios policías y puso a la opinión pública contra los Humala. Desde Seúl, Ollanta, criticó la revuelta. Ya en Lima, convocó a políticos de izquierda, a fujimoristas y militares montesinistas. Una visita a Venezuela, poco antes de las elecciones en Bolivia, le valió el apoyo de Hugo Chávez y Evo Morales 11. Nacionalista y pro indígena, Humala tiene rápidos reflejos. Acusado de antisemita por el presidente de la Asociación Judía en Perú, Isaac Mekler, acabó ganándolo para su causa. Mekler es socio de Isaac Galsky, uno de los más acaudalados empresarios judíos de Perú y de Fritz Dubois, radical neoliberal asesor de los ministros de Finanzas de Fujimori. Humala no ha difundido su programa político, redactado por cuadros de izquierda como Gonzalo García Núñez, director del Banco Central de Reserva, pero se sabe que incluye la nacionalización de empresas; la renuncia a firmar una carta de intención con el FMI; revisar los contratos con las multinacionales y convocar a una Asamblea Constituyente. La defensa de la hoja de coca es uno de sus leit motivs. Del "narcotráfico", Humala dijo que no es problema de Perú sino de Washington, pero luego apoyó la consigna "narcotráfico cero". Humala es acusado por Fernando Rospigliosi, ex ministro del Interior, de alternar con "montesinistas": el coronel (R) Antonio Loyola y los generales (R) Abraham Cano (en prisión) y Leonel Cabrera. Por su parte, la prestigiosa Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, solicitó se investigue al "Capitán Carlos" (seudónimo de Humala en la base militar de Madre Mía del nororiente peruano) y cita testigos que lo acusan de ejecuciones extrajudiciales 12. Según las encuestas de finales de marzo, Humala podría ser el tercer outsider que gana las elecciones en Perú 13. Lo apoyan los sectores sociales "C, D y E", el voto de protesta de la mayoría no favorecida por el crecimiento económico, marginada por los políticos (Humala no es considerado político), a los que repudia. Humala recibiría más votos masculinos y de adultos que los demás candidatos. Sus simpatizantes aceptan su carácter de militar y su autoritarismo, que creen necesario para gobernar Perú. Muchos cumplieron el servicio militar obligatorio, que era "obligatorio" sólo para los C, D y E, y de padres a hijos ha persistido el recuerdo del mayor aumento de salarios de la historia peruana, durante el gobierno militar de Velasco Alvarado (1968/1975). También se asocia el rigor de este nuevo outsider con la derrota de Sendero Luminoso en el primer gobierno de Fujimori 14. La plaza fuerte de Humala es la zona andina, rica en militancia sindical y política. De esta relación con los Andes surgió su etnonacionalismo, difundido por ciertos intelectuales. Los contactos militares de Humala y su sintonía con Hugo Chávez presagian alguna forma de gobierno cívico militar; quizás incluso el cierre del Congreso. Las fuerzas armadas peruanas han gobernado 23 de los últimos 38 años. Temas ausentes en un gobierno de Humala, al menos por lo que se sabe hasta ahora, serían los derechos humanos, las libertades y la estabilidad jurídica. Como ocurrió con Fujimori y Toledo, nada garantiza que no recurra a políticas neoliberales. Aunque tampoco que no termine orientándose en el sentido de los vientos políticos que soplan en América del Sur. Por algo Hugo Chávez ha arriesgado su apoyo. Después de todo, un outsider es, por definición, un misterio... La derecha unidaLourdes Flores 15, del partido Unidad Nacional (UN), y de clase media alta, representa a la derecha. Como parlamentaria enfrentó a la dictadura de Fujimori. Su alianza 16 incluye a dirigentes del Opus Dei, al que pertenece "la señorita Flores", como la denomina Humala 17. Arturo Woodman, candidato a la primera vicepresidencia 18, representa al empresario más acaudalado de Perú, Dionisio Romero, también del Opus Dei. Romero mantenía un perfil muy bajo hasta que apareció en un Vladivideo, las grabaciones en las que Montesinos registraba sus negociados 19. El analista Francisco Durand dijo que "Dionisio se va a casar con Lourdes por Dios y por la empresa" 20. Flores, quien ha ido cayendo en las encuestas, "izquierdizó" su discurso sobre el final de campaña, criticando "el chorreo hacia arriba" 21 y asegura que quiere ser presidenta de Perú "para conseguir el equilibrio" en América Latina, con una opción conservadora que en la región sólo comparte con el colombiano Uribe. Está por supuesto a favor de un TLC con Estados Unidos y cuenta con el apoyo de los sectores de mayores ingresos (A y B), pero su discurso, variable por cierto, también atrae a empresarios pequeños y microempresarios, formados en los duros años de las crisis. Votarán por ella más mujeres que hombres. La consideran moderna y capaz de solucionar problemas que sus rivales no harán más que agravar. La "mano dura"El tercer candidato con posibilidades según las encuestas, el aprista ex presidente Alan García, promete luchar por los trabajadores y las ocho horas laborales y al mismo tiempo, sin arredrarse ante la contradicción, establecer buenas relaciones con el FMI y flexibilizar el mercado laboral. También promete reintroducir la pena de muerte y cerrar el Congreso. En mítines con jóvenes, bailó sensuales ritmos de moda. El Partido Aprista (PA) es el único con implantación nacional y militancia disciplinada. En 1985, García se convirtió en el presidente más joven del país. En un marco de profunda corrupción, su gobierno dejó al país en ruinas; la economía colapsó, mientras Sendero Luminoso multiplicaba sus sanguinarios atentados. Muchos peruanos migraron. A García se le adjudica preparar el camino para el gobierno de Fujimori y enfrenta acusaciones por ejecución extrajudicial de dos centenares de miembros de Sendero Luminoso y de presos comunes. El almirante (R) Luis Giampietri, quien dirigió acciones militares ilegales en una de las prisiones, es su candidato a vicepresidente 22. Hábil equilibrista, García apunta a ganarse a la juventud que no vivió el caos de su gobierno. En la elección de 2001 logró pasar a la segunda ronda. En sectores de clase media y urbanos se lo considera un político experto y rodeado de un equipo profesional. En cuanto a los demás candidatos, el ex presidente Valentín Paniagua, líder de Acción Popular (AP), desdeñó a la izquierda y se alió con dos pequeños grupos de centro derecha, sin mayor impacto en el electorado. Respecto al otro "ex", Fujimori, su sorpresivo viaje a Chile desde su exilio en Japón habría sido un error de sus colaboradores, ansiosos por ocupar un escaño parlamentario. Creyeron que, en libertad en Chile, les supondría votos. Pero Fujimori fue detenido, espera un fallo de extradición de la justicia chilena, ha perdido a "sus" electores (que votarán por Humala), y al parecer también la serenidad oriental. Por su parte la izquierda, dividida en el Movimiento Nueva Izquierda (MNI); el Partido Socialista (PS) y Concertación Descentralista (CD), no logra atraer al electorado. Las divisiones, el éxodo de sus cuadros y militantes (mayoritariamente hacia Humala) y el rechazo generalizado a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), considerados de izquierda, limitan al máximo sus posibilidades. En la campaña electoral más mediatizada de la historia de Perú, los medios de comunicación favorecen a Lourdes Flores 23. Y la censura no se anda con rodeos: el programa A las Once con Hildebrandt, el de mayor audiencia, fue cancelado tras una entrevista con Humala, su primera para la televisión. Dirigido por César Hildebrandt, se propalaba por el canal de TV de propiedad del peruano-israelí Baruch Ivcher. Aliado de Fujimori, Ivcher fue sin embargo despojado en 1997 de la nacionalidad peruana y del canal por razones desconocidas. Ivcher realizó campañas internacionales contra Fujimori y recuperó la nacionalidad y el canal después de la fuga de éste, en 2001. Ahora, tras la cancelación del programa, Hildebrandt reveló que el gobierno había pagado a Ivcher, en reparación por la confiscación del canal, 20 millones de soles (seis millones de dólares). Esta revelación generó grandes críticas pues Toledo se niega a pagar reparaciones a las miles de víctimas de la violencia. La orden de pago a Ivcher fue emitida en secreto 24. Divisiones profundasLa victoria de cualquiera de los tres candidatos mejor posicionados, Humala, Flores o García, augura mayor tensión social. Si gana Humala, tendrá que resolver las diferencias en su coalición. ¿Expulsará Humala a los cuadros y militantes de izquierda y se quedará con empresarios y montesinistas, notables corruptos, tal como hicieron Fujimori y Toledo? En este caso, tendrá dificultades para conciliar y atender a los sectores C, D y E. Un rápido desgaste de popularidad es entonces probable, pero sería apoyado por los empresarios y Washington. Si se queda con los progresistas, expulsa a los montesinistas y rechaza el TLC, podría consolidar sus simpatías en las C, D y E, y encontrar apoyo de Venezuela, Bolivia y otros países que, con matices, siguen esa orientación. Pero es muy probable que, como Chávez, se gane la oposición férrea del conjunto de la burguesía, de los medios de comunicación y de Washington y sus aliados. Podría aumentar la tensión con Chile por diferencias limítrofes. La tentación autoritaria estará presente, cualquiera sea la resolución al interior de su coalición. De ganar Flores, enfrentará a los opositores al TLC. Sus políticas pro empresarios será otra fuente de conflicto. Mantendrá al país de aliado de Estados Unidos y Colombia, dando apoyo a la guerra interna colombiana, desde bases de frontera. Se mantendrá, o aumentará, la distancia con el resto de Sudamérica. Las políticas en materia de género y sexualidad serán orientadas por el Opus Dei. En cuanto a Alan García, podría tener más juego que sus rivales, tendiendo puentes hacia diversas clases sociales y actores económicos. Pero tanto la gestión de su gobierno anterior como la actual de los gobiernos regionales del APRA, están teñidas por la corrupción y el caos. En el frente externo, contará con el apoyo de la Internacional Socialista y, sin alejarse de Colombia, podría lograr cierta fluidez en la relación con la región y el embajador de Estados Unidos tendría abierta la puerta del palacio de Gobierno. Pero cabe preguntarse si la gravedad de la situación económica y social peruana permitiría semejante devaneo... En cualquier caso, el proceso electoral está sacando a luz tensiones propias de una sociedad que no ha resuelto problemas fundamentales. Uno, y no menor, es la falta de credibilidad de la clase política, cada vez más atomizada. Otro, la ausencia del Estado en asuntos decisivos de la vida nacional. Otro, la profunda división clasista y racista, que alimenta conflictos. Y en la base de dichas tensiones, una economía que se apoya en ingentes recursos naturales, pero excluye de sus beneficios a la mayoría y tiene débiles cimientos, pues depende del mercado mundial. Así, el alza de precio de los metales en el mercado mundial da lugar a una relativa paz social, pero cualquier caída revela las profundas grietas del edificio y hace muy difícil cumplir ofertas electorales. Como siempre, el futuro de Perú es una inquietante incógnita.
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