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Imprescindible sustitución energética

Frente a la previsible escasez de petróleo y de gas, tanto a nivel mundial como en Argentina, parece llegado el momento de analizar cuáles son las alternativas que permitan superar la crisis de civilización que significa el agotamiento de los combustibles fósiles, sus consecuencias económicas y sus condicionantes políticos. Argentina puede diversificar sus fuentes de energía. La soberanía y el desarrollo están en juego.

Merced a la política de exportaciones y a la falta de exploración por parte de Repsol-YPF y Petrobras, el agotamiento de las reservas nacionales de petróleo y gas es seguro. El tiempo que falta para la penuria se mide en años: 5, 10, 20... En la vida de un país, es ahora mismo. Pero aun cuando el petróleo no se haya agotado, Argentina pasará a ser importadora neta a partir de 2009 1. La segunda etapa es el agotamiento del petróleo y del gas en el mundo, que se estima en 40 y 66 años respectivamente 2. Estos plazos podrían ser menores si continúa la tendencia ascendente del consumo, y mayores si se descubren nuevas reservas.

Argentina deberá pues importar petróleo. En realidad, ya paga su propio petróleo como si lo importara, pues las empresas extranjeras extractoras lo venden en el mercado interno casi a precio internacional. En 2004, el costo de producción (que incluye el beneficio empresario) era de 6,10 dólares por barril y se vendía a 34,40 dólares (incluso en el mercado interno), lo cual generó una renta de 7.100 millones de dólares. La única ventaja que otorga el ser dueños del recurso natural, radica en que las empresas pagan impuestos (regalías, retenciones y ganancias) que en 2004 ascendieron a 2.500 millones de dólares (el 36% de la renta petrolera, que por su naturaleza pertenece íntegra al Estado) 3. En otros países como Brasil, México y Venezuela, esa renta es captada por el Estado a través de la empresa petrolera estatal.

¿Qué representará para Argentina importar petróleo? Su precio pasó de 1,17 dólar/barril en 1946, a 14 en 1976, 38 en 1981 y 65 en 2005. Es imposible ahora establecer a cuánto ascenderá cuando se esté agotando: 100 dólares, o 200, o 300...

¿Cuál podría ser entonces la manera de eludir ese estrangulamiento mortal para la economía? Lo primero es elaborar un plan energético de largo plazo, que comience con el aumento de la exploración (que desde la privatización de YPF es casi nula), la suba de las retenciones, la restricción a las exportaciones y el ahorro de combustible. El petróleo que queda debería destinarse con prioridad al mercado interno y a las industrias plásticas.

Deberán además explotarse las fuentes alternativas para evitar el cepo del abastecimiento energético externo, que sería comparable a la trampa de la deuda externa. Argentina dispone de los recursos para solucionar el problema, pero se requieren imaginación, determinación política y tiempo.

Fuentes alternativas viables 

La primera decisión consiste en diversificar las fuentes de generación de energía. El balance energético actual es el siguiente: 45,9% gas natural; 43,0%, petróleo; 4,4% energía hidráulica; 2,6% nuclear; otras fuentes, 4,1%. Se trata en un 90% de combustibles fósiles. Para sobrevivir como Nación independiente, es por lo tanto imperioso cambiar la oferta de combustibles; utilizar en gran escala los biocombustibles como sustituto y acelerar la construcción de centrales hidráulicas y nucleares para el suministro eléctrico. Al mismo tiempo deberá investigarse la posible aplicación de las pilas de hidrógeno para el transporte automotor.

Los biocombustibles son una alternativa renovable y menos contaminante. En el caso del diesel se utilizan aceites de oleaginosas (por ejemplo soja o girasol); para agregar a la nafta se usa el etanol (alcohol etílico), que se obtiene a partir del maíz, otros cereales y la caña de azúcar. Este procedimiento, que se usa en gran escala en Estados Unidos y en Brasil, es viable en Argentina. Para mezclar 20% de etanol en el total de consumo de nafta (que es de 3.400 millones de litros/año) serían necesarias 200.000 hectáreas de maíz (el 8% de la campaña 2003-2004). En Estados Unidos se utiliza el 11% de la cosecha de maíz para agregar 5% de etanol a la gasolina 4. No existen límites técnicos para los porcentajes de la mezcla.

En segundo lugar, deberían incrementarse la participación hidroeléctrica y nucleoeléctrica: la generación neta de electricidad argentina para 2010 se proyecta en 127.400 GWh, de los cuales 66.000 GWh serían de termoelectricidad (sobre todo gas), que deberían sustituirse (ver cuadro).

Entre los proyectos hidroeléctricos que figuran en el Plan Energético Nacional 2004-2008 se destacan los de Corpus y Garabí. El proyecto binacional Corpus (Argentina-Paraguay), sobre el Río Paraná, generaría 20.100 GWh/año y su costo estimado es de 3.785 millones de dólares, sin intereses. El proyecto Garabí (Argentina-Brasil), sobre el Río Uruguay, generaría 6.463 GWh/año, con un costo calculado para la parte argentina de 1.123 millones de dólares sin intereses. El tiempo de construcción sería de 10 a 12 años.

En ese contexto, es indispensable aumentar la participación de la energía nuclear. Ante todo, debería terminarse Atucha II y agregarse reactores de 600 MWe netos a las centrales nucleares Embalse, Atucha I y Atucha II, que aportarían 14.200 GW/h netos adicionales por año. Asimismo, deberían construirse otras tres centrales nucleares con reactores de 1.600 MWe netos en cada una, que incorporarían 37.843 GW/h netos por año. El tiempo de ejecución de cada central es de 4 a 5 años y su construcción puede ser simultánea. Además, el INVAP debería construir un prototipo de la central nuclear CAREM de 300 MWe.

Otra solución parcial, que ya funciona en otros países, es la de pilas de hidrógeno recargables. Puede lograrse por la vía de la electrólisis del agua (que es cara) o el "reformado" de hidrocarburos (que consume gas). Una forma más accesible para Argentina sería la obtención del hidrógeno por medio de la energía nuclear.

Por último debería ampliarse la utilización de la energía eólica, que ahora se utiliza en pequeña escala, aprovechando las enormes extensiones y los fuertes vientos patagónicos y otros.

En síntesis, existen alternativas viables para sustituir a los hidrocarburos fósiles, sin perjuicio de utilizarlos al máximo en beneficio nacional mientras duren. Con el biodiesel y el bioetanol se pueden reemplazar los combustibles líquidos. En cuanto a la electricidad, los 65.943 GW/h térmicos a sustituir en 2010 pueden provenir de centrales nucleares por 64.870 GM/h (los 12.827 GW/h ya proyectados, más la ampliación de plantas existentes y tres centrales adicionales nuevas) 5 y los 26.563 GW/h hídricos que se sumarían a partir de 2015/2017 (Corpus y Garabí).

Este análisis de viabilidad física debe ser completado por otros de viabilidad financiera y política. No se trata de un problema técnico, sino de eludir la fatalidad de devenir importadores, de caer en un nuevo sistema de dependencia económica. Existen las soluciones, que requieren tiempo y recursos, pero sobre todo voluntad política, ya que la sustitución de energía para la sociedad puede tener el mismo impacto que la sustitución de importaciones para la industrialización. En el futuro más que cercano, no habrá soberanía sin fuentes de energía propias.

  1. Ricardo De Dicco, Diagnósticos, perspectivas y lineamientos propositivos respecto al sector energético argentino, Informe del IDICSO-USAL, Buenos Aires, agosto de 2005.
  2. British Petroleum, Statistical Review of World Energy, Londres, 2004.
  3. UNCTAD, Trade and Development Report 2005, Nueva York y Ginebra, 2005; y Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, "Al borde del abismo energético", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2005.
  4. Gustavo A. Vergagni, La industria del etanol a partir del maíz, ¿es factible su desarrollo en la Argentina?, V&A Desarrollos empresarios, Buenos Aires, 2004 (www.maizar.org.ar); y Julián Martínez Quijano, "¿Un motor que funciona con maíz?", Revista Qué, octubre de 2005.
  5. Véase Ricardo De Dicco, op. cit.

 

Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 77 - Noviembre 2005
Páginas:11
Temas Desarrollo, Estado (Política)
Países Argentina