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Mosquitos transgénicos contra el paludismo

La utilización de mosquitos genéticamente modificados capaces de destruir el parásito del paludismo comienza a ser considerada seriamente como un recurso contra la enfermedad. Pero siguen planteados interrogantes científicos sobre las posibilidades de esta estrategia, ligada a tecnologías de punta, y parece crucial reflexionar sobre la validez y las consecuencias del método.

Tal vez en los próximos años el arsenal de lucha contra el paludismo contará con un arma novedosa: los mosquitos genéticamente modificados. Pero, ¿podrán estos insectos OGM destruir realmente al paludismo... o no serán más que instrumentos de distracción de laboratorio?

El desafío es importante. Cerca del 10% de la población mundial sufre de paludismo y se estima que esta enfermedad mata entre uno y tres millones de personas por año. Con un 90% de casos de mortalidad, África es el continente que paga el tributo más fuerte al parásito plasmodium falciparum; los más afectados son los niños de menos de cinco años. Estas cifras ubican al paludismo en los primeros lugares de los problemas de la salud pública mundial.

La naturaleza parasitaria de la enfermedad se conoce desde el final del siglo XIX. El parásito fue descripto inmediatamente después y los mosquitos de la especie anofeles fueron designados como responsables de la transmisión algunos años más tarde; más de cien años después, la enfermedad sigue haciendo estragos.

Sin embargo, en los años 1950 y 1960 el programa de erradicación tuvo éxitos reales, especialmente en India, en Zanzíbar y en la Unión Soviética. Pero su costo financiero, la emergencia de la resistencia al DDT entre los mosquitos vectores del parásito y las reticencias de varias comunidades ante las actividades de la lucha anti-vectorial -la eliminación de los mosquitos- llevaron finalmente a su fracaso. Esto trajo consigo, en el curso de las décadas siguientes, un desinterés por la enfermedad, reforzado por su erradicación en Europa y América del Norte.

Un programa futurista 

En la actualidad, el paludismo está en pleno recrudecimiento, con una mortalidad que ha más que duplicado la de hace veinte años. Este agravamiento se explica por factores biológicos, socioeconómicos y políticos. La resistencia de los parásitos a los medicamentos y la de los vectores a numerosos insecticidas, así como los cambios ambientales -especialmente las prácticas agrícolas- tornan problemático el control de la enfermedad. Así, la irrigación para un cultivo de exportación como la caña de azúcar produjo un resurgimiento del paludismo en algunas regiones de Suazilandia; en Tailandia, las plantaciones de caucho constituyeron un nicho favorable para la instalación de mosquitos vectores; en Etiopía, la creación de represas llevó a un aumento de la transmisión.

Por otra parte, la inestabilidad política en la cual están casi siempre sumergidos los países en vías de desarrollo, las guerras, la afluencia de la población hacia los campos de refugiados, el derrumbe de los sistemas de salud -especialmente después de la aplicación de los planes de ajuste estructural recomendados por el Fondo Monetario Internacional (FMI)- trajeron consigo un aumento e incluso el resurgimiento de la enfermedad, como ocurrió en algunas repúblicas de la ex-Unión Soviética (especialmente en Tayikistán, hacia el final de los años 1990) y en Nicaragua. El paludismo sigue siendo una enfermedad de los países en vías de desarrollo y de la pobreza. Se estima que sin una estrategia de intervención eficaz, en los próximos veinte años la cantidad de víctimas volverá a duplicarse.

En paralelo a los instrumentos utilizados hasta este momento se están explorando numerosas pistas, especialmente las que apuntan a interrumpir la transmisión. La utilización de mosquitos genéticamente modificados, capaces de matar al parásito, moviliza una parte de los fondos otorgados para la lucha contra el paludismo. Una prueba de ello es el financiamiento de cerca de 20 millones de dólares otorgado por la Fundación Bill & Melinda Gates a un consorcio dirigido por Anthony James, de la Universidad de California, para un proyecto cuyo objeto es desarrollar enfoques tecnológicos y transgénicos en la lucha contra las enfermedades vectoriales, como el dengue o el paludismo.

La concepción de estos organismos genéticamente modificados (OGM), de carácter algo particular, se desprende del enfoque molecular reciente -llamado moderno- de control del paludismo. A comienzos de la década del '90, por iniciativa de un pequeño grupo de biólogos moleculares reunidos en Tucson (Arizona) durante la conferencia "Prospects for malaria control by genetic manipulation of its vectors" ("Perspectivas del control del paludismo por la manipulación genética de sus vectores"), se decidió un programa de desarrollo de mosquitos genéticamente modificados, con un cronograma a veinte años. El plan se concentró en tres etapas principales: dos de ellas son tecnológicas y la tercera está más bien referida a la biología de las poblaciones y la ecología, con el fin de saber cómo, una vez creado el mosquito transgénico, podría establecerse en el medio natural y reemplazar a la población existente.

El objetivo es reemplazar las poblaciones de mosquitos vectores por poblaciones no vectoras, con el fin de detener la transmisión. En una primera etapa, el desafío era transformar de manera estable mosquitos del tipo anofeles antes del año 2000, luego crear un mosquito anofeles no vector del paludismo para 2005 y, finalmente, implementar experiencias controladas con el fin de comprender la manera de hacer propagar este genotipo en las poblaciones salvajes, de aquí a 2010. En este momento, la etapa de creación de un mosquito transgénico resistente ha sido concluida por un equipo inglés, pero aunque la resistencia es eficaz respecto del plasmodium berghei que ataca a los roedores, no lo es ante el plasmodium falciparum.

Este ambicioso programa fue percibido como pionero en la utilización de instrumentos moleculares para el control del paludismo, lo que explica, en parte, que sus aspectos tecnológicos hayan recibido mayor atención que aquéllos relativos a la ecología y a la epidemiología. Ahora bien, este último punto es fundamental si se quiere predecir el éxito o el fracaso de la propagación de la resistencia al parásito plasmodium en las poblaciones naturales de mosquitos y también estimar el real beneficio de este método en términos de salud pública. Ante esta situación, los ecologistas científicos y los biólogos moleculares reclaman más fondos; los primeros con el objeto de determinar si los mosquitos genéticamente modificados pueden ser mostrados como algo exitoso y los segundos porque la creación de tal mosquito requiere más investigación -costosa- de alta tecnología.

¿Por qué tal enfoque -tecnológica y relativamente futurista- es percibido como una solución posible, mientras la comunidad científica está de acuerdo en pensar que la asociación de diversos medios que actúan en conjunto es la vía que debe seguirse en la lucha antipalúdica? En efecto, el recurso a los mosquitos transgénicos parece difícilmente asociable a otros programas de control de los vectores. Probablemente, la introducción de estos mosquitos requerirá detener la lucha anti-vectorial, para favorecer su instalación. Pero, ¿puede pensarse seriamente en esto en países donde existen otras enfermedades transmitidas por insectos? ¿Y en lugares donde existen otras especies de mosquitos vectores diferentes a la genéticamente modificada? Porque éstas continuarán trasmitiendo el paludismo y debe preverse que en muchas situaciones, el hecho de retirar una especie de la transmisión no cambiará, o lo hará sólo de manera marginal, la situación epidemiológica. Por otra parte, ¿no deberíamos esperar que se produzca una selección de parásitos capaces de escapar a esa resistencia? Los ejemplos de selección de un mecanismo de escape evidentemente no faltan, sea entre las bacterias confrontadas a antibióticos, sea entre los mosquitos ante numerosos insecticidas.

La razón del entusiasmo de muchos científicos proviene en buena medida de la secuenciación de una de las cuatro especies de paludismo humano (plasmodium falciparum) y de uno de sus numerosos vectores (anofeles gambiae) en 2002. Los resultados de modelos matemáticos optimistas han hecho que sus autores pudieran declarar que esta solución permitiría "una vez solucionadas las consecuencias éticas y económicas, desembarazar al mundo del paludismo en un corto período de tiempo" 1.

Consultar a las poblaciones 

Tal declaración está probablemente tan cerca de la realidad como las que afirman que las plantas genéticamente modificadas van a resolver el hambre en el mundo. El peligro de seguir el progreso sin cuestionamientos es que la ciencia puede favorecer fácilmente un enfoque reduccionista y mecanicista, como el que ofrece la biología molecular 2. Esta tendencia favorece las soluciones llamadas "de punta", en detrimento de aquellas que recurren a técnicas simples. Aunque la biología molecular generó, sin ninguna duda, descubrimientos importantes y mostró su interés y su eficacia para responder a preguntas científicas, no aporta información sobre los demás procesos que tienen un papel primordial, como la ecología o la epidemiología; además, sus explicaciones técnicas tornan difícil su difusión a un público no especializado.

Con frecuencia las cuestiones ecológicas sólo aparecen, para los biólogos moleculares, como formalidades a las cuales van a responder con soluciones de punta adecuadas. ¿Se trata de optimismo, de utopía, de una simple falta de conocimiento o, peor, de mala fe?

Evidentemente, los ecologistas han reclamado recursos para desarrollar la investigación en ecología y en biología de las poblaciones. Los enfoques que toman en cuenta la biología de las poblaciones y la evolución deberían dedicarse a determinar los factores principales que pueden influenciar una resistencia anti-plasmodium, una vez que el mosquito transgénico haya sido implantado en las condiciones naturales. Y también interrogarse sobre las consecuencias a largo plazo: ¿habría una real disminución de la mortalidad y morbilidad o bien la evolución natural le permitirá al parásito evitar esa resistencia? Se trata de aportar pruebas de la validez del método y de no sucumbir a la preocupación exclusiva de obtener una parte de los fondos invertidos en la investigación de los mosquitos transgénicos y la publicación de artículos científicos en revistas de renombre. Sin embargo, los biólogos moleculares ya han comenzado a realizar los estudios ecológicos "requeridos" y aunque sus conclusiones no resultan muy positivas, con frecuencia afirman que las soluciones tecnológicas deberían poder resolver el problema...

El paludismo fue erradicado hace decenas de años de Europa y América del Norte sin ninguna información genómica y principalmente por cambios económicos y sociales (ausencia de aguas estancadas, mejora de la calidad del hábitat, tratamiento sistemático de los accesos palustres) impulsados por una voluntad política. Cualquier progreso técnico en materia de mosquitos transgénicos no conducirá a nada eficaz si no es seguido por una campaña duradera, de gran amplitud, bien organizada y financiada.

Además, si bien la genómica es percibida como crucial en la lucha contra el paludismo, puede existir un compromiso en los recursos, evidentemente limitados, asignados a la investigación y a los programas de control. Algo todavía más inquietante, como lo plantearon dos investigadores británicos David Rogers y Sarah Randolph a propósito del control del tripanosoma africano (enfermedad del sueño), es que los programas que implican tecnologías de punta pueden ser muy dependientes de pericias y tecnologías externas, que requieren fuertes inversiones en las primeras etapas. Así, cualquier fracaso entraña una deuda masiva y una disminución de los financiamientos afectados a las actividades tradicionales de control.

Sin duda, puede replicarse que los métodos clásicos y los que recurren a tecnologías de punta no obtienen sus fondos de las mismas fuentes y que los primeros enfrentan importantes problemas de implementación: los mosquiteros impregnados son utilizados por menos del 2% de la población africana en riesgo, aunque la declaración de Abuja 3 estipula que la cobertura debía ser del 60% en 2005. Ahora bien, si la implementación de recursos eficaces no funciona, ¿cómo podrá tener más éxito la que recurre a medios más tecnológicos?

Incierto devenir de la ciencia 

Los aspectos legales y éticos relativos al uso de mosquitos transgénicos para el control del paludismo han comenzado a ser discutidos, pero los resultados son todavía escasos. Los posibles efectos negativos de la utilización de los mosquitos transgénicos y el famoso principio de precaución han recibido muy poca atención. La "sociedad civil" todavía no ha sido consultada en los congresos y talleres recientes dedicados a este enfoque (Londres 2001, Atlanta 2001, Wageningen 2002 y Nairobi 2004), aunque parece particularmente importante y necesario que se comprometa y consulte a las comunidades y las organizaciones no gubernamentales. Aunque el desarrollo de infraestructuras y tecnologías relativas a los mosquitos transgénicos ha sido declarado de primera importancia en África 4, ¿esto no debería estar acompañado con el desarrollo de organizaciones capaces de comprometerse en la definición de las orientaciones de la ciencia y de la tecnología al mismo tiempo en los países occidentales y en aquellos donde el paludismo es endémico? Se trata de un punto esencial para la democratización de la ciencia y de la tecnología.

Como lo declara un documento del Intermediate Technology Development Group: "El desarrollo de la mayoría de las nuevas tecnologías emplea un modelo que no ha cambiado desde el siglo XIX; en primer lugar, optimiza la tecnología, luego verifica la aceptación por los usuarios y finalmente examina todas las reglamentaciones que rigen su uso. Dadas las inversiones hechas en los primeros estadios, se hace difícil volver a desarrollar una tecnología aun cuando más tarde se hayan identificado efectos sociales potencialmente nocivos. En consecuencia, una vez confrontados a la oposición ante una nueva tecnología, quienes toman las decisiones se ven en la obligación de defenderla; una respuesta de gestión tecnocrática en la cual las incidencias potenciales sobre la sociedad o el medio ambiente, identificadas por fuera del estrecho proceso de concepción, son consideradas como problemas de aceptación por los usuarios" 5.

Al poner la investigación sobre los mosquitos OGM en diálogo con la "sociedad civil", los científicos se obligarían a dar una descripción accesible y sin jerga técnica de su proyecto de investigación, permitiendo a los ciudadanos evaluar su interés y sus posibles repercusiones; esto debería ser bien acogido por los investigadores, que así se benefician con una devolución de los receptores potenciales de las aplicaciones de sus trabajos.

Son demasiado numerosas las falsas esperanzas que jalonan la historia de la lucha contra el paludismo y que, con frecuencia, sólo han dado lugar a fracasos vergonzosos. Fue el caso de la vacuna con los esporozoites irradiados, en la década de 1960 6. Pero los instrumentos actuales más eficaces no tienen el brillo de la high tech. La distribución gratuita y la utilización de mosquiteros impregnados, la utilización correcta de los medicamentos derivados de la artemisina y la mejora del hábitat son una parte del arsenal disponible. Al lado de estas medidas, es necesario mejorar o facilitar, desde el punto de vista logístico y financiero, el acceso a estructuras de atención cercana y de calidad 7, ya que con mucha frecuencia las lagunas en estos cuidados están tristemente asociadas a la delicuescencia de los Estados y a sus corolarios, los planes de ajuste estructural y las políticas neoliberales. Todo lo cual sigue estando muy alejado del potencial biotecnológico del siglo XXI.

Sin ninguna duda, toda investigación sobre el paludismo -incluyendo a los mosquitos vectores- llevará a descubrimientos biológicos que podrán conducir a resultados imprevistos; pero no puede suponerse que esto se haga sólo en nombre de la lucha antipalúdica, sobre todo cuando pueden realizarse arbitrajes financieros a sus expensas.

También podemos inquietarnos por el hecho de que la ciencia pueda volverse una tecnociencia, restringida a un recurso o a una técnica 8. La necesidad de resultados aplicados pesa en el riesgo de que la investigación pierda su libertad; y así una ciencia capaz de conducir a innovaciones tecnológicas podría suplantar a una ciencia sin otra función que la de satisfacer la curiosidad de la humanidad.

Hay que recordar entonces las palabras del bioquímico Erwin Chargaff, para quien la idea de que la ciencia puede mejorar el mundo tiene que ver con el hubris (del griego, orgullo o confianza en sí mismo exagerados). La honestidad y una gran reserva en la comunidad científica deben hoy rodear las motivaciones y acoger los resultados de la investigación y sus posibles efectos benéficos para la humanidad.

  1. Matthew W. Hahn, Sergey V. Nuzhdin, "The fixation of malaria refractoriness in mosquitoes", Current Biology, 2004.
  2. Pierre-Henri Gouyon, "Pas de progrès sans raison ni précaution", POUR, La revue du groupe de recherche pour l'Education et la prospective, 2003.
  3. Firmada en 2000 por los jefes de Estado y de gobierno africanos que se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de emprender acciones eficaces contra el paludismo.
  4. Hassan Mshinda, Gerry Killeen et al., "Development of genetically modified mosquitoes in Africa", The Lancet Infectious Disease, 2004.
  5. Tom Wakeford, Democratising technology. Reclaiming science for sustainable development: ITDG-Practical Action, Rugby, Reino Unido, 2004.
  6. Células infecciosas parásitas, por medio de las cuales se reproducen los plasmodium. Los mosquitos anofeles transfieren los esporozoites a los humanos.
  7. Jean-Pierre Olivier de Sardan, "Une médecine de proximité... et de qualité pour l'Afrique", Le Monde diplomatique, febrero de 2004.
  8. Jacques Ellul, La technique ou l'enjeu du siècle, Armand Colin, 1954.
Autor/es Christophe Boëte
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 85 - Julio 2006
Páginas:14,15
Traducción Lucía Vera
Temas Salud