Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Irán reclama sus derechos

Al leer los informes sobre la intervención del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 17 de septiembre de 2005, se podría creer que golpeó el podio con su zapato, gritando: "¡Nosotros los enterraremos a ustedes!" La cobertura que hicieron los medios estadounidenses de ese discurso estaba llena de alegatos, según los cuales Ahmadinejad se habría mostrado "amenazante", "agresivo" e "inflexible". En The Washington Post, Dafna Linzer llegó a pretender que Admadinejad habría afirmado que Estados Unidos "atrajo sobre sí la devastación del ciclón Katrina" 1.

Los comentaristas no confían en Irán, y la verdad es que las declaraciones de Ahmadinejad, quien a finales de octubre llamó a "borrar a Israel del mapa", les dan esta vez la razón. Pero lo mismo que las "revelaciones" sobre el programa de armas de destrucción masiva de Irak, la afirmación (formulada en 2002 y que ha adquirido el estatus de lugar común), de que un "programa clandestino de enriquecimiento de uranio"  probaría que Teherán intenta conseguir armas atómicas, merece ser estudiada con más detenimiento.

Recordemos en primer lugar algunos datos técnicos. El uranio se comercializa en el mundo entero bajo la forma denominada yellow cake, que contiene un 70% de mineral. Sufre luego procesos de purificación gracias a los cuales se puede obtener el hexafluoruro de uranio (UF6). Irán ya realiza todas esas transformaciones, bajo el control de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA). La última etapa es la denominada de enriquecimiento, necesaria para obtener una proporción suficiente (3%) de un isótopo, el uranio 235, que permite producir energía nuclear. Para utilizarlo en un arma, la tasa de enriquecimiento del uranio 235 debe ser del 90%. Ahora bien, el Tratado de No Proliferación (TNP) prevé, en su artículo IV, el derecho de los países a tener un programa nuclear civil, y por consiguiente el derecho a implementar las técnicas de enriquecimiento del uranio.

Empujados al secreto 

La voluntad de Teherán de dominar el conjunto del ciclo nuclear civil se remonta a la década de 1970, cuando Irán implementaba su programa con la cooperación de Estados Unidos y de Europa. La administración Ford llegó a proponer, en 1974, su contribución directa con ese programa. En 1981, dos años después de la revolución islámica, el nuevo gobierno decidió seguir por el mismo camino, y en 1982 anunció la creación, en Ispahan, de su propio centro de tecnología nuclear, encargado de tratar el uranio. La AIEA inspeccionó ese sitio, así como otros, e incluso se preparó para ayudar a Irán a convertir el yellow cake en combustible para los reactores. El informe de la AIEA afirmaba entonces que el objetivo era "contribuir a la formación de competencias locales y del personal necesario para responder al muy ambicioso programa en el ámbito de la tecnología de los reactores nucleares y de la tecnología del ciclo del combustible". La AIEA consideró incluso un programa de asistencia técnica, pero lo abandonó ante la presión de Washington.

Sin embargo Teherán no renunció, y lo hizo saber. En 1984, la radio iraní anunció que estaban por concluirse las negociaciones con Níger con vistas a la compra de uranio, y en 1985 otra radio recordó, junto con el director de la organización para la energía atómica, el descubrimiento de minas de uranio 2. Un portavoz de la AIEA confirmó, en 1991, que algunos inspectores habían visitado esas minas y que Teherán trabajaba en un programa de implementación de un ciclo nuclear completo 3. El gobierno negoció entonces la adquisición de tecnología y de material con varios países, entre ellos Brasil, Rusia, India, Argentina, Alemania, Ucrania y España; pero la mayor parte de esas tratativas no llegó a su fin, por las presiones de Washington. China, que en 1996 había informado a la AIEA su voluntad de construir una unidad de enriquecimiento de uranio en Irán, también desistió, por las mismas razones; pero los iraníes informaron a la agencia que ellos, de todas maneras, proseguirían con su proyecto.

En resumen, los esfuerzos iraníes por dominar el ciclo nuclear completo no eran tan "clandestinos" como se pretende. Después de que Teherán aceptara la puesta en práctica del Protocolo adicional del tratado de no proliferación (TNP) 4, la AIEA declaró que antes este país había omitido señalar "el material nuclear, su tratamiento y utilización, y el lugar de tratamiento y almacenamiento". Aunque los iraníes cuestionaron la interpretación de la AIEA, los siguientes informes de la agencia reconocen que Irán había emprendido acciones "correctivas" y que "se avanzaba positivamente en la corrección de las faltas". Los puntos pendientes serían negociados en el marco de la aplicación de los acuerdos. Los iraníes afirmaron que la obstrucción de Estados Unidos los había empujado hacia el secreto para conseguir algunos elementos necesarios para el desarrollo de su tecnología, conforme al derecho que les reconoce el TNP.

Así, la afirmación estadounidense según la cual este programa culminaría en la fabricación de armas nucleares estaba poco fundamentada. En 1995, el principal interlocutor estadounidense para las negociaciones sobre la extensión del TNP, Thomas Graham, debió reconocer que Estados Unidos no tenía ninguna prueba de la existencia de tal programa 5. Diez años más tarde, la situación es la misma. En marzo de 2005, según The New York Times, el informe de una comisión para mantener al tanto al presidente Bush señaló que las informaciones eran "inadecuadas para permitir un juicio definitivo sobre el programa de armas nucleares de Irán" 6. Y a pesar de tres años de búsqueda intensa, bajo la égida del Protocolo adicional del TNP, la AIEA no pudo obtener ninguna prueba de la existencia de tal programa.

Inversión de la carga de prueba 

Según el artículo 19 del acuerdo de garantías entre Irán y la AIEA, ésta puede transmitir el dossier al Consejo de Seguridad de la ONU si es "incapaz de verificar que no ha habido desvío de material nuclear (...) hacia armas nucleares". Pero la propia AIEA declaró que todo el material fisible estaba bajo control y que nada había sido desviado. ¿Por qué, entonces, su informe de septiembre de 2005 pretende que existe "una falta de confianza (...) respecto a que el programa nuclear iraní sea exclusivamente para uso pacífico"? Y ¿por qué la AIEA afirma que no está en condiciones de garantizar que no hay "sitios (facilities, o instalaciones) no declarados" en Irán, a pesar de todas sus inspecciones?

Los estudiantes de retórica están acostumbrados a este tipo de razonamiento, que encontró un campo de aplicación en Irak. Estados Unidos ha dramatizado y puesto en escena el "descubrimiento"en 2002 del programa iraní de enriquecimiento de uranio, para invertir la carga de la prueba. Desde entonces fue Teherán quien debió probar que no construía secretamente armas atómicas. A través de una campaña mediática y de la utilización de argumentos falaces repetidos ad nauseam, la administración Bush levantó tanto el listón que a Teherán le resulta prácticamente imposible desmentir las acusaciones.

Sin embargo, hizo de todo para superar el desafío: aplicó el Protocolo adicional que permite inspecciones invasivas, suspendió su programa de enriquecimiento, etc. Y cada vez, aumentaron las exigencias, hasta el punto de que Teherán debe probar que no tiene sitios secretos que, mágicamente, habrían sido invisibles en todas las inspecciones y que no "podría" transformar su tecnología en tecnología militar por los siglos de los siglos. Con estos métodos la administración Bush ha logrado persuadir de acusar a Irán a la mayoría de los gobernadores de la AIEA.

Según la secretaria de Estado Condoleezza Rice y el grupo de los tres países europeos -Francia, Reino Unido y Alemania (UE-3)- que negocia con Teherán, hay que negarle a Irán la facultad de enriquecimiento del uranio, aunque los inspectores de la AIEA no hayan encontrado ninguna prueba de un programa de armamento. ¿Por qué? Porque esta tecnología "podría" servir para fabricar bombas. Así formulada, la acusación es irrefutable: cualquier tecnología avanzada "podría" ser utilizada en un programa militar. Y ya hace veinticinco años que se viene anunciando que Teherán poseería la bomba en cinco años.

Pretender que Teherán no pueda obtener una tecnología, con el pretexto de que ésta "podría" ser utilizada para fabricar bombas, es contrario a la letra y al espíritu del TNP, que prevé un muy amplio intercambio de tecnología. También desacredita al sistema de inspección, ya que a menos que viaje hacia el futuro, ningún inspector puede garantizar lo que ocurrirá mañana.

La naturaleza política de la actitud de la AIEA no deja dudas cuando se la compara con la que adoptó con Corea del Sur y Egipto, países aliados de Estados Unidos desde larga data. Ambos países fueron sorprendidos con las manos en la masa, ya que llevaron a cabo experimentaciones nucleares secretas durante varios años. La AIEA se contentó con una pequeña reconvención 7, y nadie especuló con el hecho de que uno de esos países "podría" algún día construir un arma atómica o disponer de instalaciones (facilities) no declaradas, para privarlos de los derechos previstos en el TNP.

En realidad, el objetivo de la administración Bush no está vinculado a la no proliferación. El final del siglo XX vivió un desarrollo económico impetuoso, ampliamente basado en el petróleo de bajo costo de Medio Oriente; un petróleo controlado, directa o indirectamente, por las potencias imperiales. Pero los analistas están de acuerdo en que la era del petróleo se termina y seguramente ya se ha alcanzado el pico de la producción. Su retroceso afectará en primer lugar a las naciones en vías de desarrollo porque, en una proporción de un tercio a la mitad (más del 75% en Francia), algunos países europeos dependen de la energía nuclear para su electricidad, y París y Washington invierten en fábricas de enriquecimiento de uranio. Estados Unidos, Reino Unido, Corea del Sur y China han anunciado planes ambiciosos de expansión de su capacidad nuclear. La propia Condoleezza Rice ha admitido que las naciones en vías de desarrollo inevitablemente deberían volcarse hacia este tipo de energía 8.

Subdesarrollados sin derechos 

A pesar de las importantes reservas de gas y petróleo con que cuenta, ya en la década de 1970 la necesidad de Irán de diversificar sus fuentes fue reconocida incluso por parte de algunos miembros de la actual administración Bush 9. Su población se ha triplicado desde entonces, su producción petrolera se ha dividido por tres y el país consume el 40% de su producción. La administración estadounidense finge ahora ignorar esta realidad, a instancias de uno de sus miembros que declaró a AFP: "Algunos de nosotros nos preguntamos por qué necesitan energía nuclear, si viven sobre un mar de hidrocarburos" 10.

Así, los países occidentales les exigen a Irán y a otros países del mundo que abandonen su capacidad nacional de producción de energía nuclear, para que dependan de ellos en su aprovisionamiento de energía. Es como si Irán le exigiera al Reino Unido que renuncie a la explotación del petróleo del Mar del Norte para aprovisionarse sólo en los países de la OPEP... De esta manera, con la excusa de la no proliferación, Estados Unidos y la Unión Europea no sólo ponen en cuestión el acuerdo establecido entre los países que poseen armas nucleares y los demás, sino que además tratan de imponer el robo del siglo, dado que al crear una categoría de países privados de energía nuclear, serían ellos mismos los que concentrarían en sus propias manos el manejo de esa energía.

Por eso el presidente Ahmadinejad fue presentado como defensor de una línea dura, sin concesiones, y sus propuestas a la ONU han sido pura y simplemente ignoradas. Al mismo tiempo que defendía el derecho de su país a desarrollar la energía nuclear civil utilizando uranio enriquecido producido localmente -como autoriza el TNP-, propuso que las operaciones de enriquecimiento sean realizadas en joint-ventures con empresas privadas o públicas extranjeras, para garantizar que el programa siga siendo "transparente" y que el uranio enriquecido no pueda ser desviado hacia fines militares. Esta importante concesión está bastante cerca de una propuesta hecha por un grupo de expertos nombrado por Mohammed El Baradei, director de la AIEA, para estudiar los riesgos de que la tecnología nuclear utilizada legalmente, de acuerdo con el artículo IV del TNP, pueda ser desviada para otros fines 11.

En lugar de discutir esta propuesta, Washington y Bruselas se obstinan en querer "reforzar" el Tratado, imponiendo una nueva interpretación del artículo IV, con el objeto de excluir el derecho de los países en vías de desarrollo a un control de su industria nuclear, y especialmente su derecho a desarrollar una línea dirigida al enriquecimiento de uranio. Ese derecho no existe, pretende Robert Cooper, director general de Relaciones Exteriores de la Unión Europea 12.

Cuando se responde que Tokio prosigue su programa de enriquecimiento, los comentaristas estadounidenses replican que "Irán no es Japón... Japón reconoce a sus vecinos, e Irán no reconoce a Israel" 13. Pero ¿desde cuándo el derecho inalienable a la tecnología debe estar condicionado al reconocimiento de Israel? Es decir, al reconocimiento de un Estado que, recordémoslo, se niega a firmar el TNP y amenaza regularmente con bombardear a Irán.

El ex presidente James Carter rechazó cualquier referencia al golpe de Estado organizado por la CIA en Irán, en 1953, contra el gobierno de Mossadegh, afirmando que eso era "historia antigua". Pero para los iraníes está lejos de ser así; mantienen un vivo recuerdo de la traición estadounidense. La ceguera de Carter es el reflejo de una ceguera más amplia de la política exterior de Estados Unidos ante los nacionalismos, porque no comprenden que "los otros" también puedan amar a su país.

Irán está orgulloso de su larga historia, una historia llena de resentimiento contra las potencias extranjeras que trataron de dictarle su política. La cuestión nuclear se ha convertido en una cuestión nacional; los iraníes de todas las tendencias, liberales pro-occidentales o fundamentalistas, consideran que el acceso a la tecnología nuclear es una necesidad nacional. Aunque el régimen cambie, la política nuclear se mantendrá, como se mantuvo después de la revolución de 1979. Lo único que la estrategia actual de Estados Unidos pone en peligro es la simpatía de que goza en la población, única carta de triunfo que tiene en ese país. Al tratar de humillar a Irán y privarlo de sus adelantos tecnológicos, Washington socava sus propios intereses.

  1. The Washington Post, 18-9-05. La cita exacta es: "Si las tendencias actuales prosiguen al servicio de los intereses de pequeños grupos poderosos, incluso los intereses de los ciudadanos de los países poderosos estarán en peligro, como se ha podido ver en las recientes crisis y también en los desastres naturales, como el reciente y trágico ciclón".
  2. BBC Monitoring Service, Londres, 22-1-1985.
  3. Associated Press, 19-2-03 y Nuclear Engineering International, 31-3-03.
  4. El Protocolo adicional prevé inspecciones de la AIEA más invasivas (Le Guelte, págs. 28 a 30).
  5. "Iran has ‘No program to produce fissile material' US envoy says", Nucleonics Week, 2-2-1995.
  6. The New York Times, 9-3-05.
  7. Bulletin of the Atomic Scientist, enero-febrero de 2005.
  8. Financial Times, Londres, 19-9-05.
  9. The Washington Post, 27-3-05.
  10. Agence France Presse, 13-9-05.
  11. "Nuclear Fuel Cycle: Which Way Forward For Multilateral Approaches?", por Bruno Pellaud; IAEA Bulletin Online, volumen 46, Nº 2, 2004.
  12. "There is no such right", Financial Times, Londres, 7-9-05.
  13. "For Tehran, Nuclear Program Is a Matter of National Pride", por George Perkovich, YaleGlobal, 21-3-05.
Autor/es Cyrus Safdari
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 77 - Noviembre 2005
Páginas:31,32
Traducción Lucía Vera
Países Irán