Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El lento y firme despuntar del ALBA

Complejo y contradictorio, el proceso de integración latinoamericano no sólo debe resistir las presiones en contra de Estados Unidos, sino buscar bases políticas e ideológicas sólidas y estables para concretarse. La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsada por Venezuela y Cuba, es la propuesta de cambio más ambiciosa, una suerte de escalón superior al Mercosur y a la Comunidad Sudamericana de Naciones, basada en intereses y necesidades mutuas en lugar de la competencia. Una apuesta estratégica no exenta de dificultades.

Entre las regiones del mundo víctimas de las políticas neoliberales, América Latina ocupa un lugar privilegiado. Ninguno de los proyectos de integración regional ha escapado a sus efectos destructores. Las medidas de liberalización comercial y financiera han acelerado la toma del control de los mercados internos de cada país por las grandes corporaciones de los países del centro del capitalismo mundial. También han acentuado la dependencia de las economías regionales con respecto a los mercados externos.

Sin embargo, al mismo tiempo que los países de Europa Occidental y de América del Norte proseguían sus procesos de integración, algunos proyectos del mismo tipo se ponían en marcha, especialmente en América del Sur. Estaban dirigidos a proteger, aunque fuera mínimamente, las economías de la región de las consecuencias negativas de la mundialización. En los años 1980 y 1990 se implementaron dos proyectos antagónicos: por un lado, el Mercado Común del Sur (Mercosur), que incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay 1; por otro, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA), que reúne a Estados Unidos, Canadá y México.

Washington ambicionaba extender progresivamente el TLCAN al resto del continente. Pero prácticamente en el momento en que esta iniciativa se formalizaba y cuando Chile era presentado como el próximo candidato a integrarlo, la crisis mexicana de 1994 llevó al Congreso estadounidense a no autorizar al Presidente a recurrir, como sus predecesores, al fast track (vía rápida), un derecho a negociar acuerdos comerciales con otras naciones, sin que los parlamentarios pudieran hacer otra cosa que aceptarlos o rechazarlos tal cual, sin correcciones posibles.

El gobierno de Estados Unidos debió entonces recurrir a un proyecto más antiguo, que había quedado en el cajón: el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Se enfrentaron así dos proyectos: uno exclusivamente latinoamericano y otro continental. La diferencia -de peso- era la presencia de Estados Unidos en el segundo. Al representar el 70% del Producto Interior Bruto (PIB) del conjunto transformaba al ALCA en una herramienta de consolidación de su hegemonía y de ninguna manera en un proceso de integración.

"Ventajas cooperativas"

Sin embargo, y de manera paralela, se fue imponiendo una nueva tendencia: la evolución ideológica de Hugo Chávez en Venezuela, la llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasilia, de Néstor Kirchner en Buenos Aires y, más tarde, de Tabaré Vázquez en Montevideo, crearon una situación totalmente nueva.

Venezuela, sobre todo después de la victoria de Chávez sobre la oposición en ocasión del referéndum revocatorio del 15 de agosto de 2004, conquistó un espacio político importante y lo utilizó para volver a dinamizar la lógica de la integración. En particular, por medio de un dispositivo de coordinación con los Presidentes de Argentina y Brasil, en el cual estaban representadas las tres principales economías de América del Sur. Una primera consecuencia fue alentar la realización de encuentros sectoriales entre los ministros de los sectores de la energía, de las políticas sociales y de la economía. Se firmaron numerosos acuerdos en materia comercial, energética e incluso militar. Por citar un ejemplo, Chávez anunció en 2004 que Venezuela, que importa para su industria petrolera 5.000 millones de dólares en bienes y servicios de Estados Unidos, realizaría a partir de ese momento el 25% de esas compras en Argentina y Brasil. Con esto, y aunque las opciones políticas de estos países difieren notablemente de su enfoque radical, supo hacerse de aliados circunstanciales.

Hacia fines de 2005 Venezuela entró al Mercosur y después de la victoria electoral de Evo Morales el coordinador general de la organización, el argentino Carlos "Chacho" Álvarez, anunció que iba a proponer la admisión de Bolivia en las mismas condiciones. Comenzó así a desdibujarse la dualidad entre el Mercosur y la Comunidad Sudamericana de Naciones, nacida a iniciativa de Brasil el 8 de diciembre de 2004 en Cusco (Perú) y objeto de algunas reservas por parte del gobierno de Kirchner, más inclinado a darle prioridad a una ampliación del Mercosur 2. Fue en Cusco, durante esta cumbre, cuando Chávez, en su lenguaje lleno de imágenes, sugirió una consigna: "Lo político como locomotora, lo social como bandera, lo económico como vía y la cultura como combustible".

Al mismo tiempo, Caracas multiplicaba las iniciativas sectoriales y desarrollaba una iniciativa estratégica de alianza con Cuba: la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). En el documento firmado en abril de 2005 en La Habana, los gobiernos cubano y venezolano iniciaron una forma de integración más profunda entre economías que disponen ya de un nivel superior de identificación política. Y esto a partir del momento en que -en ocasión del Foro Social Mundial de Porto Alegre, en enero de 2005- Chávez anunció que su gobierno inscribía su acción en lo que llamó el "socialismo del siglo XXI".

El ALBA es un proyecto de integración que se apoya en mecanismos destinados a crear "ventajas cooperativas", en lugar de las pretendidas "ventajas comparativas", esa verdadera cantinela de las teorías liberales del comercio internacional. Las ventajas cooperativas, en cambio, pretenden reducir las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basan en mecanismos de compensación con el fin de corregir las diferencias de nivel de desarrollo entre unos y otros.

El ALBA pretende ser el contrapunto exacto del ALCA. Se trata de comprometer a todos los actores económicos y sociales -cooperativas, firmas nacionales, pequeñas, medianas y grandes empresas privadas- y de darle prioridad a la resolución de los problemas esenciales de las poblaciones: alimentación, vivienda, creación de industrias, preservación del medioambiente. El ALCA, en cambio, no hace ninguna diferencia entre pequeñas y grandes naciones, entre países con o sin recursos naturales, financieros, energéticos u otros, por lo que refuerza las dinámicas que hacen que ganen los más fuertes, como Estados Unidos en este preciso caso. Además, el ALCA pretende imponer criterios de seguridad jurídica favorables a las grandes firmas transnacionales, sin preocuparse un solo instante por ayudar a los países más débiles.

En el ALBA no hay subsidios sino créditos, equipamientos y tecnologías para las empresas abandonadas por sus propietarios y retomadas por sus trabajadores; para las cooperativas y las comunidades de pequeños productores, ya sea en la industria, el comercio o los servicios, y para las empresas públicas. El ALBA recibe apoyo de los Estados en materia de crédito, de asistencia técnica y jurídica, de marketing y de comercio internacional, mientras que el ALCA deja el campo libre a las fuerzas dominantes del mercado y a la capacidad financiera de los grandes agentes económicos.

En abril de 2005 se firmaron decenas de acuerdos entre Caracas y La Habana, basados en un "plan estratégico dirigido a garantizar la más ventajosa complementariedad productiva en términos de racionalización, de utilización de las ventajas existentes de uno y otro lado, de una gestión económica de los recursos, de la expansión del empleo útil, del acceso a los mercados o de cualquier otra consideración basada en una verdadera solidaridad que optimice las fuerzas de cada uno de los dos países".

En ese momento se tomó a decisión de crear en Venezuela 600 centros de diagnóstico integral de salud, 600 dispensarios y 35 centros de alta tecnología para garantizar al conjunto de la población venezolana el acceso gratuito a la medicina y a los cuidados médicos. También se decidió la formación en Cuba de 40.000 médicos y 5.000 especialistas latinoamericanos en tecnologías de la salud, así como de 10.000 médicos y enfermeras venezolanos. Se proseguirá también con la "Operación milagro", que ya permitió a miles de venezolanos recuperar plenamente la vista luego de una intervención sencilla (la operación de cataratas) realizada en Cuba. Su cantidad aumentará a 100.000.

Venezuela, por su parte, decidió abrir en La Habana una agencia de su empresa petrolera nacional PDVSA, así como una sucursal del Banco Industrial de Venezuela. Ambos gobiernos han acordado tarifas preferenciales recíprocas para su intercambio comercial. Cuba decidió adquirir productos venezolanos por un monto de 412 millones de dólares, lo que generará la creación de decenas de miles de empleos en su asociado, al mismo tiempo que le ofrece un soplo de oxígeno a su endeble economía.

Aunque este "eje estratégico" Caracas-La Habana es objeto de críticas de los sectores conservadores, que no aprecian ver a Cuba salir de su aislamiento, el desarrollo de estas políticas de salud antes inexistentes es seguido con el mayor interés por los movimientos sociales de todo el subcontinente. Estos intercambios constituyen buenos ejemplos de comercio "justo" o equitativo: cada país entrega aquello para lo cual tiene las mejores condiciones de producción y recibe como devolución aquello que necesita, independientemente de los precios del mercado mundial.

Un enfoque radicalmente diferente a los acuerdos bilaterales firmados por Washington con los Estados del hemisferio -entre los cuales están los de América Central, Chile, Perú, próximamente Colombia y quizás Uruguay- cuyo resultado es aumentar las desigualdades y gracias a los cuales Estados Unidos, por su peso determinante, consolida posiciones que le son ya estructuralmente favorables.

Transformaciones estructurales

El nuevo presidente boliviano, Evo Morales, aun antes de asumir sus funciones en La Paz, el 22 de enero último, comenzó por La Habana y Caracas un periplo al extranjero que podría abrir la vía para una integración de Bolivia al ALBA. Cuba se ha comprometido a extender a este país sus prestaciones de cirugía de la vista ya en curso en Venezuela y Caracas financiará la emisión de documentos de identidad para todos los bolivianos.

Al mismo tiempo, se ha creado Petro-Caribe, empresa destinada a entregar a 11 países del Caribe recursos energéticos a precios reducidos con facilidades de pago. Esta iniciativa del gobierno de Chávez permitirá a los gobiernos de la región protegerse contra la volatilidad y la escalada de los precios del petróleo en el mercado internacional, al mismo tiempo que los alivia parcialmente de la presión que ejerce Washington para imponerles acuerdos bilaterales que acentúan su dependencia hacia la economía estadounidense.

Todavía en estado embrionario y sin prejuzgar sobre su éxito, el ALBA constituye el intento más ambicioso de integración regional que escapa a la lógica del mercado. Pero no faltarán las dificultades. Porque también debe hacerse con países como Argentina, Brasil y Uruguay, probablemente con México y tal vez con Perú. Y esto dentro de marcos de proximidad ideológica y económica mucho más limitados. Las economías de estos países están dominadas por las empresas multinacionales, mucho más interesadas en mantener su participación en los mercados de exportación a Estados Unidos y a Europa que en un tipo de integración capaz de privarlos de esos mercados.

Los Presidentes de estas naciones experimentan muy grandes dificultades para avanzar en el marco mucho menos ambicioso del Mercosur. De lo que dan testimonio numerosos conflictos entre los sectores patronales de Brasil y de Argentina, que sabotean este proceso de integración, en contradicción con las posiciones de los dos gobiernos involucrados. En realidad, el ALBA no puede lograrse más que entre gobiernos decididos a desarrollar un proyecto estratégico de grandes transformaciones estructurales internas, de manera que las decisiones que tomen comprometan efectivamente a la economía de sus países.

En un momento en que América Latina está en vías de vivir la situación política más favorable para la izquierda desde la mitad del siglo pasado, el ALBA hace la apuesta de una alianza estratégica entre países del continente. Otras iniciativas en ciernes, como Petrosur (Compañía Petrolera Suramericana) o Telesur (canal de televisión destinado a brindar una información latinoamericana) constituyen proyectos que privilegian la complementariedad entre países, favoreciendo así a los más frágiles y reforzando el conjunto de la economía del subcontinente.

  1. Teniendo, como países asociados, a Bolivia y Chile (1996), Perú (2003) y luego Colombia, Ecuador y Venezuela (2004).
  2. Como fusión del Mercosur y del Pacto Andino, la Comunidad Sudamericana de Naciones comprende a Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
Autor/es Emir Sader
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Páginas:4,5
Traducción Lucía Vera
Temas Ciencias Políticas, Geopolítica, Mercosur y ALCA, Política internacional
Países Estados Unidos, Cuba, Venezuela