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Brasil: la derecha contraataca

El pasado 10 de enero, el director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato estuvo en Brasil para celebrar la cancelación de la deuda de ese país con el organismo. Aprovechó para formular una plataforma económica suprapartidaria, adelantando el tono de la campaña presidencial con la que conservadores y socialdemócratas pretenden sustituir al Partido de los Trabajadores en octubre próximo.

A principios de diciembre pasado el presidente del Partido del Frente Liberal (PFL), Jorge Bornhausen, y un grupo de conmilitones se reunían en Brasilia para festejar el peor año del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Los comensales devoraron manjares diversos, casi todos en base de carne picada, un ingrediente escogido con deliberada malicia política 1. Mediante sus alegorías gastronómicas la derecha pretende demostrar que los escándalos de corrupción han triturado las chances de reelección del presidente Lula (que aún no resolvió postularse) al tiempo que, de cara a los comicios legislativos y presidenciales del 2 de octubre próximo, apura un acuerdo con el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB). Ya en 1994 conservadores y socialdemócratas, bendecidos por las corporaciones industrial, financiera y mediática, sellaron una entente para frenar el ascenso de Lula. El programa del Partido de los Trabajadores (PT) de entonces, notablemente más avanzado que el propuesto en la campaña de 2002, amenazaba el ciclo de liberalización económica abierto de forma tan radical como primaria por el depuesto presidente Fernando Collor de Melo (1990-1992). Con Fernando Henrique Cardoso como postulante presidencial de última hora, el maridaje PSDB-PFL venció holgadamente al PT 2 y consolidó un bloque orgánico durante dos períodos presidenciales marcados por una serie de privatizaciones que transifirió total o parcialmente sectores estratégicos de la economía al capital transnacional, poniendo así fin al ciclo nacionalista estatizante iniciado entre las décadas de 1930 y 1950 por Getulio Vargas. Es ese mismo bloque el que ahora, con Cardoso como demiurgo -aunque difícilmente como candidato- busca volver para perpetrar un "segundo choque de capitalismo".

Aunque las predicciones de los caudillos conservadores son precipitadas y la popularidad del Presidente, en torno al 35%, no es nada despreciable, es innegable que 2005 fue un año glorioso para el anti-lulismo y ello obedece, en gran medida, a la caída de José Dirceu (ex-ministro Jefe de la Casa Civil), acusado de montar un Estado en las sombras. Es cierto, como afirma Dirceu 3, que las denuncias en su contra sobre empleo de recursos públicos para sobornar legisladores ("mensalao") no fueron probadas, pero también es verosímil suponer que haya estado al corriente del dinero ilícito que, según lo admite el propio PT, financió sus campañas (la llamada "caja 2").

Guerra política

El ardor ético de la oposición para juzgar las desviaciones del PT no se compadece con su tibieza cuando el tema es la ley de financiamiento público de campañas, una pieza que acabaría con las donaciones empresariales y la consecuente promiscuidad entre mandantes privados y mandatarios públicos. En los primeros tiempos de la actual administración, conservadores y socialdemócratas actuaron como laderos del establishment contra las tibias reformas promovidas por los "bolcheviques" del Palacio del Planalto 4. Así ocurrió con los proyectos sobre el uso controlado de transgénicos y la creación de un consejo de ética integrado por periodistas como contrapeso a los abusos de los oligopolios informativos. Acaso el ejemplo más escandaloso ocurrió cuando el PSDB y el PFL impidieron las investigaciones sobre el mayor esquema delictivo de las últimas décadas, en el que fueron lavados, vía remesas fraudulentas, unos 30.000 millones de dólares. La táctica opositora consistió en obstruir a un Poder Ejecutivo obsesionado por garantizar la gobernabilidad a cualquier precio, lo que lo llevó a conceder el control del Banco Central al ex-presidente del Banco de Boston, Henrique Meirelles, y el Ministerio de Economía al médico Antonio Palocci, un petista histórico captado por las recetas monetaristas.

Con todo, cuando sea escrita la historia del aún inconcluso experimento petista, la exoneración de Dirceu aparecerá como un punto de inflexión: el instante en que el bloque conservador pasó al ataque. Después del fracaso de este gobierno, Brasil va a "liberarse 30 años de esta raza", profetizó Jorge Bornhausen desnudando un racismo típico de las oligarquías brasileñas desde los tiempos del imperio esclavista y una saña contra el PT originada en los años 1980, cuando éste desafió la transición democrática "lenta y gradual" impulsada por la dictadura y los colaboracionistas civiles, más tarde reciclados en el PFL 5.

La prosa bárbara del líder pefelista y ex-presidente de la Federación Brasileña de Bancos (FEBRABAN) levantó críticas de todo tamaño, pero fue aprobada por el alcalde de San Pablo y el gobernador de ese Estado, que recibieron a Bornhausen en sus despachos oficiales. José Serra y Geraldo Alckmin, ambos socialdemócratas y posibles candidatos a la Presidencia de la Nación, expresan los intereses de la burguesía industrial y financiera paulista y, más allá de sus divergencias, comparten el entendimiento de que la carrera hacia las presidenciales es una guerra política.

Visita electoral del FMI

Con sugestiva puntualidad electoral el FMI "socorrió" a Brasil en vísperas de los comicios de 1998 y 2002 por medio de sendos "salvatajes" de 40.000 y 30.000 millones de dólares, a fin de garantizar que, sea cual fuere el mandato de las urnas, el futuro gobierno obedecería sus dictados macroeconómicos. En 1998 Cardoso no tuvo mayores problemas para obtener el auxilio, en plena turbulencia de las bolsas asiáticas. En 2002, y pese a su explícito aggiornamiento, Lula fue presionado por el FMI y la banca privada, que montaron una operación de diplomacia financiera entre Nueva York y Brasilia, para que asumiese un compromiso público de que "honraría" (verbo recurrente en estos casos) las obligaciones contraídas por el gobierno saliente. El garante de ese pacto, formalizado en el Palacio del Planalto y aplaudido por la prensa como un ejemplo de madurez institucional, fue Fernando Henrique Cardoso, cuya excelente relación con Washington y su intimidad con banqueros y empresarios, lo convirtieron en una suerte de Felipe González a la brasileña: un canciller sin cartera de las elites nativas y foráneas.

Los aproximadamente 170.000 millones de dólares pagados en concepto de capital e intereses de la deuda externa e interna entre 2003 y 2005 prueban que Lula no faltó a su palabra con los prestamistas. En contrapartida, el costo de esa capitulación fue la devaluación de su contrato político con los 52 millones de brasileños que le confiaron el voto 6.

Esa extraordinaria transferencia de recursos hacia el capital especulativo en desmedro del gasto público, atenazado por la obsesiva búsqueda de un superávit fiscal que en 2005 orilló los 5 puntos del PBI favoreció el "dislocamiento del imaginario social", que en el voto a Lula había expresado su esperanza en la refundación de la política y la construcción de un modelo de Estado inclusivo de las mayorías históricamente expulsadas por una "República sin pueblo". Los tres años de un gobierno incomunicado con los movimientos sociales y de un Presidente apartado de su propia base partidaria (ver "Los ‘Sin Tierra'...") pueden recrear el escepticismo del que se nutrió en los años '90 "la hegemonía política y cultural neoliberal", según plantea Flavio Koutzii, miembro del nuevo directorio petista surgido en las elecciones de octubre. "La revolución permanente es de ellos; no fue del PT", se lamenta, y agrega que más allá de su prosa "racista" la derecha desplegó una lógica "clasista", en busca de reciclar su alianza con el capital transnacional 7.

La visita a Brasilia del director gerente del FMI Rodrigo Rato, el último 10 de enero, a comienzos del año electoral, encaja en ese punto de vista. Aunque llegó para celebrar la cancelación de la deuda de 15.500 millones de dólares con ese organismo, Rato dedicó su discurso a formular lo que podría traducirse como una plataforma económica suprapartidaria y enumeró las "reformas aún necesarias", entre ellas la independencia del Banco Central y la flexibilización laboral. Antes que el FMI, otros actores influyentes ya habían iniciado el lobby en favor de reformas de "segunda generación".

Gobierno "confiable"

Ex-superministro de Economía del régimen militar, Delfim Netto puede ser definido como el más paulista de los cuadros económicos brasileños. Su industrialismo, sin embargo, no se priva de ortodoxias. Ante los principales hombres del actual equipo económico, Netto sugirió veladamente reformar la Constitución de 1988 en aquellos artículos que obligan al Estado a destinar montos fijos del presupuesto a salud y educación. La tesis, que fue bien recibida por el precandidato José Serra, también embiste contra el gasto estatal y abre camino a nuevas privatizaciones.

A pesar de sus discrepancias sobre tasas de interés y ritmo de crecimiento, los voceros del empresariado industrial más concentrado coinciden con los grandes bancos en reducir el Estado, sea con el recorte de personal, sea con la privatización de algunas de las gigantescas empresas que aún permanecen bajo control del Estado brasileño. Las agresivas reformas liberales de "primera generación", entre 1994 y 2002, privatizaron total o parcialmente las telecomunicaciones, los bancos provinciales y la energía eléctrica. También quitaron a Petrobrás el monopolio sobre el petróleo y destinaron miles de millones del banco estatal de fomento, BNDES, al financiamiento de empresas transnacionales.

Bien se puede inferir entonces que una nueva ofensiva liberal considere que los accionistas privados deberían tener mayor peso decisorio en la conducción de Petrobrás o que la política de créditos de BNDES no debería privilegiar a la economía nacional, como afirmó Rato en su visita, en la que ofreció un recetario de medidas económicas y diplomáticas para el próximo gobierno, aun para el de Lula, si éste consigue repetir.

Petrobrás, con un plan de inversiones externas de 7.500 millones de dólares hasta 2010 y el BNDES, con sus créditos para grandes obras de infraestructura sudamericana, son además de piezas estratégicas en los diseños de políticas estatales, formidables instrumentos de la política externa brasileña diseñada durante el mandato de Lula. La construcción o ampliación de gasoductos en Argentina y Bolivia, de oleoductos, carreteras y represas en Venezuela, Perú y Ecuador naufragarían sin la particiapación de esas dos empresas. Lo mismo vale para el gasoducto de 8.000 kilómetros que se trazaría desde Venezuela hasta Argentina con un presupuesto de entre 16.000 y 20.000 millones de dólares, anununciado durante el encuentro entre los presidentes Lula, Néstor Kirchner y Hugo Chávez en Brasilia, una semana después de la visita de Rato. El proyecto demandaría unos 5 años de construcción, por lo que será imprescindible contar con la rúbrica del Presidente brasileño que asuma el 1 de enero de 2007.

Nada indica que José Serra 8 y Geraldo Alckmin den continuidad a proyectos troncales para la integración energética regional mientras ésta motorice un modelo de integración cada vez más polítizado y firme, cuando no desafiante de Estados Unidos. La probabilidad de que un gobierno PSDB-PFL se embarque en proyectos de integración de la industria bélica como el discutido por Lula, Chávez y Kirchner en la Granja del Torto de Brasilia el 19 de enero pasado, es cercana a cero. La "preocupante" politización del Mercosur a que puede llevar la incorporación del venezolano Hugo Chávez es seguida con atención en los corrillos del PSDB. Una preocupación que también está en las advertencias contra el populismo económico disparadas por el FMI que, como demuestra la reciente historia regional, no trepida en conspirar contra sus adversarios y promover a sus socios confiables. Sirva como ejemplo abril de 2002, cuando ese organismo acogió como un hijo al golpista venezolano Pedro Carmona 9.

En suma, las visitas a Brasil en este año electoral de Rodrigo Rato y del secretario adjunto del Departamento de Estado estadounidense Thomas Shannon, resultan elocuentes respecto del interés imperial en garantizar que el futuro gobierno sea "confiable". Las derechas, desde la conservadora a la socialdemócrata, parecen resueltas a cumplir ese papel.

  1. Mónica Bergamo, "Carne moída", Folha de São Paulo, 7-12-05.
  2. El ascenso de Fernando Henrique Cardoso en las encuestas fue meteórico y la derrota del PT catastrófica. Ex-ministro de Economía, respaldado por el éxito de su "Plan Real" frente a la inflación, Cardoso obtuvo el 54% de los votos contra el 27% de su opositor. Cayó la conducción petista, mayoritariamente izquierdista, y José Dirceu fue electo como nuevo presidente, cargo en el que parmenecería durante 3 mandatos.
  3. José Dirceu. Entrevista con el autor, el 27-12-05, en San Pablo.
  4. Expresión con que habitualmente son denominados los miembros del PT por Arnaldo Jabor, columnista estrella del Jornal Nacional de la Rede Globo, el de mayor audiencia.
  5. José Dirceu, entrevista citada. "La derecha apostó a la venezuelización; ellos parecen comportarse como Fedecámaras en el golpe contra (Hugo) Chávez en abril de 2002".
  6. Brasil lidera el ranking mundial de tasas de interés. En 2005 éstas bordearon el 19%. En su primer reunión anual, el 18-1-06, el Comité de Política Monetaria, ligado al Banco Central, las redujo al 17,25%, una caída conservadora pese a los reclamos del propio Lula, interesado en reactivar la economía para enfrentar el año electoral.
  7. Flavio Koutzii, "Crisis de dislocamiento del imaginario social", Revista Teoría e Debate, edición "Urgente", Fundación Perceu Abramo, San Pablo, 13-12-05.
  8. En entrevista con el autor, el 23-10-04, José Serra manifestó sus reservas respecto de la profundización y ampliación del Mercosur impulsadas actualmente y respaldó un política más cautelosa en la estrategia seguida por la actual administración. Ese parecer es compartido, en general, por los principales líderes del PSDB. Fernando Henrique Cardoso, por su parte, consideró que la incorporación de Venezuela al bloque, puede empujar a una "preocupante radicalización".
  9. Luis Bilbao, "La oposición dividida en Venezuela", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, noviembre de 2002.
Autor/es Darío Pignotti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Páginas:6,7
Temas Deuda Externa, Política
Países Brasil