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La “otra campaña” de los zapatistas

El próximo 2 de julio tendrán lugar en México elecciones presidenciales. De ganar Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y de cumplir sus promesas, el país viraría también al centroizquierda. Esta posibilidad alimenta la esperanza de millones de ciudadanos, pero paradójicamente no parece entusiasmar a los zapatistas, que mediatizados hasta el hartazgo en la década del ‘90 construyeron su autonomía por medio de nuevas formas de organización y se lanzan ahora a su manera en la campaña electoral.

El 1 de enero de 2006, sin armas, pero luciendo su tradicional capucha, el Subcomandante Marcos, el más célebre dirigente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), partió de su feudo en las montañas de Chiapas. Rebautizado "Delegado Cero", Marcos inició un periplo en moto que lo llevará, junto a una delegación indígena, por los 31 Estados mexicanos y que durará hasta la víspera de las elecciones presidenciales de junio próximo.

Más allá de constituir un guiño al épico viaje por Sudamérica realizado en 1952 en su rugiente motocicleta "La Poderosa" por quien se convertiría en el Che Guevara 1, la iniciativa del "Sub" reviste un alcance nacional e internacional. Decidido a ir a "escuchar a la gente" y a desarrollar "otra campaña", Marcos anunció claramente en su primera etapa, en San Cristóbal de las Casas, el sentido que pretende darle a esta nueva acción. Allí afirmó haber definido "una línea muy clara, de izquierda y anticapitalista. No de centro, no de medio-centro, no de derecha moderada, no de izquierda racional e institucional, sino de izquierda, como decimos, donde está el corazón y donde está el futuro".

El viento de abajo

El voto "útil" por la derecha en 2000, que provocó la derrota electoral del Partido Revolucionario Institucional (PRI), llevó a la presidencia a Vicente Fox (PAN, Partido de Acción Nacional). Su promesa de presentar al Congreso una proposición de "ley indígena" que debía ser incluida en la Constitución, concluyó en una nueva decepción para los zapatistas. La firma en 1996 del Acuerdo de San Andrés "sobre los derechos y la cultura indígena", al cabo de un diálogo con el gobierno de Ernesto Zedillo, había alimentado por un tiempo las esperanzas. Sin embargo, y a pesar de los compromisos asumidos, Zedillo interpuso su veto.

La llegada del PAN al gobierno no cambió nada al respecto. En la primavera boreal de 2001, los principales partidos del Congreso, el PAN, el PRI y también el (PRD) -centroizquierda- votaron una "ley indígena". Pero esa norma, que estaba muy lejos de la letra y del espíritu del Acuerdo de San Andrés, sólo servía -en opinión del EZLN y del Congreso Nacional Indígena- para perpetuar el paternalismo del Estado respecto de la población autóctona. Por esa época, al cabo de una marcha de 3.000 kilómetros hasta la capital, los zapatistas rompieron nuevamente el diálogo 2.

Desde entonces, evitando los enfrentamientos e ignorando las provocaciones, las comunidades zapatistas decidieron aplicar unilateralmente los acuerdos de 1996 en los territorios rebeldes. A partir de agosto de 2003, inspirándose en el imaginario colectivo maya, concentraron sus esfuerzos en la reconstrucción de sus antiguas técnicas de resistencia, construyendo la autonomía por medio de zonas bautizadas "caracoles" y de juntas de buen gobierno, instancias de coordinación de las comunas autónomas en cada zona 3.

El "viento de abajo" mencionado en 1994 por Marcos parece soplar cada vez más fuerte: "Este ‘viento de abajo', el de la rebeldía, el de la dignidad, no es sólo respuesta a la imposición del ‘viento de arriba', (...) no es sólo la destrucción de un sistema injusto y arbitrario, es sobre todo una esperanza, la de la conversión de dignidad y rebeldía en libertad y dignidad.(...) De la montaña vendrá este viento, nace ya bajo los árboles y conspira por un nuevo mundo, tan nuevo que es apenas una intuición en el corazón colectivo que lo anima..." 4.

Nuevas formas de organización... Las comunidades aplican sus propios programas de educación, de salud, de comercialización, creando pequeños almacenes y cooperativas. Rechazando el dinero y los proyectos del gobierno, ellas definen de manera crítica su tiempo contra el de la mercantilización; afrontan el discurso de la mundialización gracias a la memoria y a las leyendas indígenas. "Cuentan los antiguos que era el Yacoñooy un guerrero pequeño, pero valiente y audaz, que nada temía, por grande y poderoso que pareciera. (...) Rió el sol, confiado en su poder y fortaleza, e ignoró al pequeño ser que, desde el suelo, lo retaba. Yacoñooy volvió a desafiarlo y así dijo: ‘No me espanta la fuerza de tu luz, tengo por arma el tiempo que en mi corazón madura', y tensó su arco, apuntando la flecha al centro mismo del soberbio sol. Rió de nuevo el sol y apretó entonces el meridiano cinturón de fuego de su calor en torno al rebelde, para así más empequeñecer al pequeño. Pero el Yacoñooy se protegió con su escudo y ahí resistió mientras el mediodía cedía su lugar a la tarde. Impotente veía el sol cómo su fuerza disminuía al paso del tiempo y el pequeño rebelde seguía ahí, protegido y resistiendo bajo su escudo, esperando el tiempo del arco y la flecha" 5.

Los zapatistas no desean ser los dominadores, pero quieren que las ramas del pensamiento se unan a la memoria, como quizá las raíces de la ceiba, árbol mítico maya, lugar de reunión y de conversación de las comunidades 6. Por supuesto, esa consolidación silenciosa del poder local presenta sus problemas, como los inconvenientes surgidos en la rotación prevista en la dirección de las juntas: "Se trata -explica Marcos- de que la tarea de gobierno no sea exclusiva de un grupo, de que no haya gobernantes "profesionales", de que el aprendizaje sea para los más posibles y de que se deseche la idea de que el gobierno sólo puede ser desempeñado por ‘gente especial'... Este método dificulta la realización de algunos proyectos, pero a cambio tenemos una escuela de gobierno que, a la larga, dará frutos en una nueva forma de hacer política" 7.

Búsqueda de oxígeno

Sin embargo, desde la aparición pública de los zapatistas, el 1 de enero de 1994, los tiempos cambiaron. Luego de haber influido en la mentalidad de la "sociedad civil mundializada", de haber acumulado un gran capital moral y jugado un importante papel en la transición mexicana, el EZLN no pudo convertirse en una fuerza nacional. En la IV Declaración de la Selva Lacandona, el 1 de enero de 1996, Marcos lanzó efectivamente la idea de un Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), organización hermana pero diferente que, fundada veinte meses más tarde en Ciudad de México, intentó ser el brazo político de la guerrilla. El intento fracasó. Poco a poco, Marcos se vio eclipsado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), alcalde y ex-alcalde PRD de la capital mexicana, favorito en las próximas elecciones presidenciales. Esos comicios podrían dar al país el primer gobierno de centroizquierda de su historia.

Es en ese contexto que, conscientes del debilitamiento de su movimiento, los zapatistas reaparecieron repentinamente con la VI Declaración de la Selva Lacandona, en junio de 2005: "Un nuevo paso adelante en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta con obreros, campesinos, estudiantes, maestros, empleados... o sea, los trabajadores de la ciudad y del campo" 8. Esta declaración, búsqueda de oxígeno ante el "suicidio" del aislamiento, es una interpelación, una proposición teórica a la vez que práctica para organizar la acción política, que pretende ser un incendio atizado por el "viento de abajo".

Al proponer una alianza con las organizaciones populares y una concertación para la elaboración de un "programa nacional de lucha anticapitalista y de izquierda" como contrapeso a los partidos tradicionales, el EZLN pretende inscribirse en la nueva etapa de las resistencias mundiales, de las que, a su entender, son ejemplo las manifestaciones de Seattle, Roma, París, Hong-Kong, La Habana, Caracas, Brasilia y La Paz.

Contra la "frustración anunciada"

Pero ciertos aspectos del EZLN resultan sorprendentes, ya que Marcos ataca vigorosamente al PRI y al PAN, pero también al PRD, "el partido de los errores tácticos", al cual parece dirigir incluso sus golpes más duros. El 24 de abril de 2005 una enorme multitud desfiló en Ciudad de México para defender el derecho de Andrés Manuel López Obrador a ser candidato en las elecciones presidenciales de 2006, mientras que el gobierno maniobraba para dejarlo fuera de carrera. "El proceso de desafuero de AMLO -ironiza Marcos- fue, además de una comedia con ribetes trágicos, un indicador del descontento popular (...) y, sobre todo, un inmejorable empuje electoral... para el desaforado" 9. Y a continuación saca su artillería pesada: "Para saber cuál es el proyecto de quien aspira al Poder no hay que escuchar lo que dice hacia abajo, sino lo que dice hacia arriba (por ejemplo, en las entrevistas a los diarios estadounidenses The New York Times y The Financial Times). (...) La oferta central del programa presidencial de ‘AMLO' (...) es la estabilidad macroeconómica, es decir, ganancias crecientes para los ricos, miseria y despojos crecientes para los desposeídos, y un orden que controle el descontento de estos últimos".

No se puede explicar la "otra campaña" -construcción de espacios políticos autónomos- como una lucha por los puestos directivos entre el EZLN y el PRD. Desde el punto de vista de los zapatistas, el hecho de que López Obrador sea de extrema izquierda o reformista de centroizquierda, no es fundamental para entender lo que representa. No se trata del individuo y/o de las corrientes del PRD -algunas de las cuales se dicen de derechas y anti-zapatistas- sino de millones de mexicanos.

Los hombres y mujeres, zapatistas urbanos y perredistas (simpatizantes del PRD) que lucharon contra la proscripción de AMLO, salieron a la calle para defender las conquistas obtenidas en Ciudad de México. Igual que Marcos, López Obrador es el símbolo de una voluntad histórica de transformación y no sólo representa un pasado de luchas, sino también la palabra exaltada por los neo-zapatistas y los chilangos 10. Los símbolos se mezclan: en la imaginación popular, AMLO está asociado a Marcos y concentra las partículas del deseo de cambio.

La "otra campaña" refuerza esos deseos, pero a la vez pretende ser un seguro contra la "frustración anunciada", tanto por la práctica y los discursos de ciertas corrientes del PRD contra los zapatistas como por la presión de las instituciones financieras mundiales. Su existencia no es el anuncio de una contra-campaña ni un apéndice de la candidatura de López Obrador, a pesar de que así aparece en los debates nacionales e institucionales.

Se le reprochó al EZLN hacer perder votos y militantes a López Obrador y al PRD. Los zapatistas recordaron que su forma de organización no está centrada en las elecciones. Según los significados indígenas de la palabra, la "otra campaña" constituye un escudo de reflexión frente a las prácticas politiqueras y "hacia el corazón del tiempo, que hace brotar fuentes de rebeliones esparcidas por el viento de abajo".

No se trata de atacar a AMLO y al PRD, sino efectivamente de posicionarse en el tablero político, de exigir de los gobernantes que digan lo que han hecho, lo que hacen y lo que quieren hacer. En efecto, los zapatistas no olvidan que en abril de 2001 todos los partidos se pusieron de acuerdo para votar contra los acuerdos de San Andrés; que los traicionaron durante "reuniones secretas"; que se burlaron de los indígenas y de sus esperanzas de reconocimiento al votar contra la "ley indígena". Según el EZLN, eso fue producto de un "cálculo político" de ciertas corrientes del PRD, con el objeto de evitar que la organización se imponga públicamente y a nivel nacional y para mantenerla "prisionera" en las montañas azules de Chiapas.

A pesar de que muchos perredistas se solidarizan con los zapatistas, éstos no olvidan que otros los abandonaron, condenándolos a una muerte lenta. 

  1. Ernesto Che Guevara, Diarios de la motocicleta, Planeta, Buenos Aires, 2001.
  2. Ignacio Ramonet, "Marcos marcha hacia Ciudad de México", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, marzo de 2001.
  3. Cada junta de buen gobierno tiene su sede en uno de los cinco caracoles.
  4. EZLN, "Dos vientos: una tempestad y una profecía", en Documentos y comunicados, vol. I, Era, México, 1994.
  5. Marcos, La Jornada, México, 3-2-03.
  6. Según los mitos mayas, la ceiba representa las raíces de la historia, los muertos, la esperanza de liberación Cf. Jean-Marie Le Clézio, Le rêve mexicain, Gallimard, París, 1988.
  7. Envío, Managua, septiembre de 2004.
  8. VI declaración de la selva Lacandona, disponible en: www.ezln.org/documentos/2005/sexta.es.htm
  9. Subcomandante Marcos, "La (imposible) ¿geometría? del Poder en México", Montañas del sureste mexicano, México, en el sexto mes del año 2005.
  10. Así se suele apodar a los habitantes de Ciudad de México.
Autor/es Fernando Matamoros Ponce
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Páginas:10,11
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Política
Países México