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Irán atómico

Tras meses de amenazar a Irán con un ataque militar por el supuesto desarrollo de un programa nuclear, la administración Bush imprimió un brusco cambio en su política hacia ese país al integrar el grupo de seis potencias que ofrece sentarse a negociar. Teherán anuncia su respuesta para fines de agosto, reafirma su derecho al uso pacífico de la energía nuclear y fortalece su posición con el apoyo de China y Rusia, las grandes rivales de Estados Unidos en la capitalización de las reservas de gas y petróleo iraníes. Influencia del fracaso en Irak.

Un vuelco. La nueva actitud de Estados Unidos respecto de Irán a propósito del contencioso nuclear constituye un vuelco espectacular. Es preciso recordar que hace apenas dos meses altos responsables estadounidenses encaraban todavía como "opción posible" 1 el lanzamiento de ataques selectivos para obligar a Teherán -"uno de los motores del terrorismo mundial", según el secretario de Defensa Donald Rumsfeld- a que abandonara su programa nuclear. Estos ataques implicaban el uso de bombas antibunker de ojiva atómica, de los poderosos B61-11, y amenazaban especialmente el complejo de Natanz, situado a 250 kilómetros de Teherán, donde se encuentra una usina de enriquecimiento de uranio. De acuerdo con un alto responsable del Pentágono, la Casa Blanca estimaba que "el único modo de resolver el problema es cambiar la estructura del poder en Irán, y eso significa una guerra" 2.

Un viraje radical

En eso estaban cuando de pronto las cosas cambiaron radicalmente. Reunidos en Viena el 1 de junio, los ministros de Relaciones Exteriores de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia) y de Alemania elaboraron un documento que formulaba, en un tono esta vez conciliador y desprovisto de amenazas, nuevas propuestas para poner fin al contencioso. Propuestas que el alto representante de la Unión Europea para la política exterior, Javier Solana, entregó el 6 de junio pasado en Teherán a Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de la Seguridad Nacional y principal negociador iraní en la cuestión.

Aunque el contenido del documento no es de dominio público, se sabe que en él los Seis reconocen el derecho de Irán, signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos y se comprometen a ayudarlo a comprar reactores de agua ligera. Además proponen poner fin al embargo económico, proporcionarle las piezas que necesita su aviación civil y prometen apoyar su candidatura ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que Washington ya opuso su veto en dieciocho oportunidades...

Pero la verdadera concesión está en otra parte: el gobierno de Estados Unidos, que hasta el momento se negaba de modo absoluto a hacerlo, acepta sentarse a la mesa de negociaciones al lado de las otras cinco grandes potencias para discutir directamente con los iraníes. Con la única condición de que suspendan el programa de enriquecimiento de uranio.

También Teherán parece apostar al apaciguamiento, y se dio tiempo para reflexionar antes de responder. Las primeras señales son alentadoras. Ali Larijani admitió que "en estas propuestas hay pasos positivos". Y el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Manucher Mottari, aun reconociendo que su país tiene que esforzarse por disipar las inquietudes internacionales, se declaró optimista: "Es un paso adelante. El año pasado los europeos nos habían dicho: ‘Este es nuestro plan, lo toman o lo dejan'. En cambio ahora nos dicen: ‘Aquí tienen una propuesta, podemos discutirla, estudiarla y negociarla por canales diplomáticos'. Es positivo. Admiten que es negociable una vez que la hayamos estudiado (...). Estados Unidos aceptó participar en la negociación, y recibimos con placer esta decisión" 3.

¿Cómo explicar el vuelco de Estados Unidos? Ante todo está el derecho indiscutible de Irán, una potencia regional de 76 millones de habitantes y gran proveedor de hidrocarburos, que no ignora que la disminución de la producción de petróleo es inevitable, a preocuparse por su futuro energético. Y a apostar por tecnologías nucleares de uso pacífico. A pesar de más de 2.000 inspecciones desde 2003, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) nunca pudo ofrecer la menor prueba de que la República Islámica desarrollara un programa nuclear militar, el único que prohíbe el TNP.

Razones para un compromiso

Rusia y China reconocen que los iraníes tienen que hacer un esfuerzo por crear un clima de confianza, pero defienden el derecho de Teherán a disponer de energía nuclear civil. Estos dos Estados se opondrían a toda sanción contra Irán si esa cuestión se dirimiera en la ONU. Acaban de reiterar su solidaridad en ocasión de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) que se celebró en esa ciudad china a mediados de junio.

Sin duda pesaron también otras consideraciones. Por ejemplo, el fracaso de la ocupación de Irak, donde los chiitas pro iraníes son paradójicamente los mejores aliados de Washington; la amenaza iraní de hacer volar en caso de ataque el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de la producción mundial de crudo; la intención de Irán de exigir el pago de las exportaciones de petróleo y gas en moneda europea, después de haber convertido ya a euros la mayor parte de las reservas de divisas, dado que Teherán sabe que en este momento el dólar es el talón de Aquiles de Estados Unidos...

Por supuesto que sigue siendo posible una escalada, pero los dos bandos tienen interés en buscar un compromiso.

  1. The Washington Post, 9-4-06.
  2. Seymour M. Hersh, "The Iran plans", The New Yorker, 17-4-06.
  3. El País, Madrid, 15-6-06.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 85 - Julio 2006
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Armamentismo, Política internacional
Países Estados Unidos, China, Rusia, Irán