Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

“Territorios de relegación”

Un programa del gobierno provincial erradica villas miseria de la capital para trasladar a sus habitantes a urbanizaciones construidas en la periferia. Para muchas familias estas mudanzas significan la pérdida de sus redes de subsistencia, el aumento de la conflictividad interna y la cristalización de la pobreza. ¿El germen de los suburbios parisinos?

La ciudad tiene una historia; es la obra de una historia, es decir de personas y grupos muy determinados que realizan esta obra en condiciones históricas. 

Henry Lefèbvre 1

 

"Córdoba es una ciudad que se desintegra; countries y guetos de pobres han cambiado nuestra fisonomía. Acá la polis está perdiendo su dinámica de integración y nos encontramos con islotes marginados, ubicados en la periferia, que no interactúan entre sí. Se está mandando a los bordes de la ciudad a los pobres, a los marginados, a los caídos del sistema", se lamenta el abogado y ex juez federal Miguel Julio Rodríguez Villafañe.

Con una inversión millonaria, financiada con créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el gobierno provincial se ha propuesto despejar la capital de asentamientos y trasladarlos a la periferia, construyendo inmensos barrios de viviendas sociales, a los que denomina "ciudades", con el argumento de que los pobres podrán allí mejorar su calidad de vida porque habitarán en casas de material. El engañoso razonamiento oculta que, como denuncian los especialistas, al llevar a las villas a los límites del campo se aleja a los pobres de la poca capacidad que tenían de integrarse a la dinámica social urbana.

Porque la ciudad que durante el Cordobazo hizo decir a Adalbert Krieger Vasena, ministro de Economía del dictador Juan Carlos Onganía (1966/69), que tenía los obreros mejor pagos del país, ha cambiado su naturaleza radicalmente. Tres décadas y media después, en un contexto de pauperización masiva de la población, terrenos fiscales, propiedades privadas en desuso y costas de los canales que atraviesan la ciudad desde la época en que sus aguas se utilizaban para el riego del sistema de huertas en el cinturón verde, se fueron poblando de asentamientos y villas miseria donde los sectores más pobres organizaron su vida en el ámbito de la llamada economía marginal. Este proceso alcanzó su punto más alto durante la crisis de 2001: cartoneros, trabajadores en negro, niños que piden en calles y bares, vendedores de todo tipo de mercancías hallaron en las villas su espacio de supervivencia.

Periferia urbana

Ante esta situación, el gobierno de la provincia impulsó el programa de viviendas sociales Mi Casa/Mi vida, con el objetivo de otorgar casas de calidad a estos sectores que en términos generales se encuentran en la indigencia. Hasta el momento, 5.480 familias fueron trasladadas a unos 25 barrios, ubicados en su mayoría tras el anillo de circunvalación que rodea la ciudad, en zonas que carecen de conexiones fluidas. Ocho de las urbanizaciones superan las 250 viviendas, escala que contraría todo criterio urbanístico moderno.

Lo que el ministro de la Solidaridad, Alejandro Paserini, describe como un claro ejemplo de "movilidad social ascendente" para los estratos más bajos de la población es, según diversos especialistas, actores sociales y periodistas, un proceso de marginación territorial de los más pobres, en la medida en que genera guetos encapsulados, fuera del espacio público de la ciudad.

"El resultado es una ciudad partida, con la pobreza geográficamente concentrada en áreas periféricas que pasan a constituirse, en palabras de Loïc Wacquant, en verdaderos ‘territorios de relegación'. La situación tiene su punto de partida en la inequidad social, pero el nuevo modelo de ciudad, a su vez, reproduce y potencia las desigualdades existentes", describe el periodista Roberto Reyna 2.

Aun permaneciendo dentro del ejido de la capital provincial, las "ciudades" generan la idea de que forman parte de algo distinto a los tradicionales barrios, sean estos ricos o pobres. "Esta denominación, como punto de partida, ubica a estas poblaciones fuera del ámbito de la ciudad, cosa que no es buena. Históricamente los barrios pobres pertenecieron a la ciudad. En cambio ahora ya se arranca conceptualmente de que no es un barrio de la ciudad: es otra ciudad satélite, adonde llevan a la gente para que no moleste. Es cierto que el gobierno tenía que hacer algo para solucionar el problema de la falta de viviendas, pero no estoy seguro de que ésta sea la solución adecuada", agrega el periodista Miguel Clariá, columnista de la popular radio LV3.

Esta lógica del proceso social pareciera conjugarse con la política de seguridad del gobierno cordobés, que impone la detención de los jóvenes estigmatizados como pobres y de tez oscura, basándose en la aplicación del código de faltas. Esta situación ya ha sido denunciada por organismos de derechos humanos, policías y por los propios jóvenes detenidos 3.

"El programa del gobierno es un clarísimo retroceso en el sentido social de la vivienda -señala Rodolfo Martínez Paz, profesor de la cátedra de Arquitectura II de la Universidad Nacional de Córdoba- y forma parte de iniciativas urbanísticas que no aprobarían la fase de proyecto en la Facultad de Arquitectura." Según el docente, se reproduce así el modelo de viviendas sociales que se impuso durante décadas, tanto en territorios gobernados por los socialismos reales como en las sociedades capitalistas occidentales.

"El gran fracaso ha sido la escala en grandes dimensiones, porque genera encapsulamiento. Sobre todo si, como en estos casos, los barrios carecen de continuidad con el resto de la ciudad. Miles de viviendas, donde las familias se encuentran fuera de los circuitos de integración social, despersonalizan desde lo arquitectónico, segregan en lo social y prolongan la exclusión económica de gente que se hace aun más dependiente del Estado para poder sobrevivir. Es el caso de los ensembles franceses", explica Martínez Paz.

Los indicadores sociales de los beneficiarios del programa dan cuenta de la gravedad de la situación: el 80% recibe un programa social como principal ingreso familiar 4. Por otro lado, el permanente conflicto político que el gobernador José Manuel de la Sota ha mantenido con los intendentes de la ciudad, tanto con el opositor Luis Juez como con su ex-aliado Germán Kammerath, dio lugar a que los barrios se instalaran sin contar con la coordinación de la estructura de la municipalidad local. Como consecuencia, las urbanizaciones se encuentran poco conectadas con la infraestructura ciudadana, tanto en lo que se refiere al transporte público como al sistema cloacal o al servicio de recolección de residuos.

"La densidad de población es muy baja en comparación con la mínima para que una ciudad tenga características urbanizables, porque a Córdoba le sale muy caro mantener redes de infraestructura tan extendidas. Hay condiciones ambientales que no están siendo previstas y que se van atacando en la medida que la gente se queja, protesta. Esta situación puede afectar gravemente en el futuro la salud de la población, sobre todo en lo que se refiere a las plantas cloacales, que son autónomas y están generalmente colapsadas. Cuando las redes revientan se contaminan las napas freáticas, pero de hecho estas napas ya estaban saturadas por otros barrios antes de que se iniciase el plan", sostiene Olga Montoya, una arquitecta colombiana que realiza una maestría en gestión ambiental en la Facultad de Arquitectura, por medio de un programa financiado por la OEA.

Periferia social

Pero más grave aun es que los pobladores han perdido sus redes de subsistencia, lo que conlleva una dependencia más directa del asistencialismo estatal. Esto no es resultado de la "voluntad" de los beneficiarios sino de la iniciativa del gobierno, que al realizar los traslados no contempló el problema laboral que se generaría en las nuevas localizaciones. "Habitualmente, al no tener trabajos formales, los habitantes de las villas desarrollan su vida económica en relación con los barrios colindantes. Pero esta gente perdió gran parte de sus ingresos cuando fue trasladada; se rompió la red relacional. Las mujeres que trabajaban en el servicio doméstico, los hombres que hacían trabajos esporádicos, los cartoneros que tenían sus circuitos de recolección en zonas adyacentes a la villa, han perdido concretamente ingresos económicos contantes y sonantes que ahora no pueden reemplazar por otros, ya que en las zonas donde están ahora desapareció toda posibilidad de ‘rebusque'", explica un técnico que trabaja diariamente con los beneficiarios.

Las comunidades apuntan sus quejas. "Todo entra por los ojos y el gobierno nos prometió el oro y el moro. Nosotros elegimos irnos porque parecía algo bueno para nuestras familias, pero con las casas solas no se llena el estómago. La vida es ahora más complicada porque nos mandaron muy lejos y nos aumentaron los gastos, nos perjudica para trabajar. Allá se pasa ahora mucho hambre", se queja ante el Dipló Juan Monje, habitante de Ciudad de Mis Sueños y cocinero del comedor para chicos de la calle La Luciérnaga.

El programa no fue pensado teniendo en cuenta la integración de las familias a los circuitos regulares de trabajo. "El concepto de ciudad no puede estar desligado del de producción, pero las ‘ciudades' no tienen espacio para la producción, no están pensadas en ese sentido. En las ciudades-barrios es muy difícil la inserción laboral. Hasta robar es difícil allá", razona Roxana Campana, psicóloga, magister en ciencias políticas, diplomada en salud pública y responsable del centro de salud de Ciudad de Mis Sueños.

En ese contexto los niños y los ancianos fueron quienes más sufrieron los traslados. "Estuvimos seis meses para poder sacar adelante a 24 chicos desnutridos que habían venido muy mal de la villa. Pero además de que la gente venía con condiciones previas de mucha indigencia, con índices de desnutrición que alcanzaban el 50% entre los niños, la euforia inicial de la gente por tener casas dignas devino en graves cuadros depresivos. La casa no solucionó la falta de trabajo", dice Campana.

Para la psicóloga el programa desenmascara a una sociedad capitalista donde el perdedor no conserva su condición de ciudadano si no tiene un trabajo que lo defina. Al perder su ciudadanía, los pobres han dejado de ser sujetos para convertirse en objetos susceptibles de ser trasladados de un lugar a otro, dependientes de la ayuda estatal.

Sólo en las villas, donde existía una organización interna, fruto del trabajo de las organizaciones populares y los comedores comunitarios y donde la identidad se encontraba fuertemente arraigada, algunos pobladores han resistido exitosamente los traslados (ver recuadro).

Para todo el resto, la aglomeración en los nuevos barrios ha significado un trauma de difícil elaboración. Aislados, lejos de donde podían ganarse el sustento y presionados por un contexto donde cada sector se las arregla como puede, los beneficiarios del programa perdieron las redes de solidaridad que quedaban en pie. "El antiguo imaginario sociológico de la pirámide social, con los ricos arriba y los pobres abajo pero formando parte del mismo dibujo, se derrumbó para alumbrar la idea de un archipiélago, sin puntos de contacto entre universos que se extrañan y desconfían mutuamente", sintetiza Reyna 5

  1. El derecho a la ciudad, Ediciones Península, Barcelona, julio de 1969.
  2. "Desigualdad social y segregación territorial", en la revista Desafíos Urbanos, mayo/junio 2005.
  3. Guillermo Posada, "Pobres y morochos, fuera de circulación", Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2005.
  4. Datos oficiales suministrados por el Ministerio de la Solidaridad en base a la Encuesta sobre Calidad de Vida, del programa Mi Casa/Mi Vida.
  5. Op. cit.
Autor/es Guillermo Posada
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Páginas:14,15
Temas Política, Políticas Locales
Países Argentina