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Caleidoscopio saudita

El pasado 18 de enero el rey Abdallah recibió al vicepresidente de Estados Unidos Richard Cheney, ratificando los vínculos entre Ryad y Washington. Sin embargo, lo que interesa a los saudíes es la situación interna en momentos en que el nuevo soberano afirma apoyar la evolución de la sociedad. El autor de este artículo, conocedor del país, intenta una descripción caleidoscópica que escape a las posturas en blanco y negro, retratando el conservadurismo radical opuesto a todo progreso, así como el lento avance hacia nuevas libertades.

Entre los periodistas especializados en Medio Oriente circula la siguiente anécdota: "Al regresar del primer viaje, uno trae un artículo. Al segundo, pensamos en escribir un libro. Y al tercero, acabamos pensando que de todas formas es utópico querer dar cuenta de una realidad tan diversa".

"¿Será usted objetivo en lo que diga de Arabia Saudita?" Esta pregunta realizada por el viceministro de la Información sonaba a amenaza en el año 2000. Cinco años más tarde, el periodista es libre de lo que hace o dice: puede viajar por todo el país, entrevistarse con cualquiera, incluidos ciertos intelectuales que tienen prohibido por las autoridades hacer declaraciones a la prensa.

"¿Será usted objetivo en lo que diga de Arabia Saudita?" La pregunta surge esta vez en la redacción del diario en inglés The Saudi Gazette, en Djedda, de una joven periodista que no sólo lleva cubierta su cabeza sino que también oculta la parte inferior de su rostro con el tradicional velo. Sin embargo, no denota ninguna timidez en esa manera de acorralar a un colega occidental. La joven acaba de publicar un artículo sobre las difíciles relaciones entre Arabia Saudita y Libia -los contactos diplomáticos entre ambos países estuvieron congelados durante varios meses-, un texto que no es del gusto de las autoridades sobre la cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), que se desarrolla en La Meca, donde se entrevistó con jefes de Estado y responsables políticos.

"El país real"

¿Qué responder? ¿Cómo estar seguro de ofrecer una visión "objetiva" de un país tan diferente culturalmente, diverso en sus regiones y múltiple en sus identidades? Incluso cuando el obstáculo de la lengua desaparece, ¿cómo liberarse de prejuicios tenaces, de clichés, de simplificaciones tranquilizadoras? ¿Acaso Arabia Saudita puede ser reducida a la segregación de las mujeres, al peso de la religión y a las decapitaciones públicas? ¿Pero es posible, sin dejar de mencionar los cambios sociales y políticos registrados, los avances y los debates, silenciar esa triste realidad?

Existe aquí un "itinerario obligado" para los periodistas: todos se entrevistan con las mismas personas, responsables políticos acostumbrados a repetir siempre lo mismo; intelectuales y hombres de negocios occidentalizados, que hablan inglés y coinciden en sus puntos de vista. No es sorprendente que los artículos producto de esas conversaciones sean todos parecidos. Pero ¿cómo escapar a ese mecanismo y reflejar lo que ocurre en el "país real"?

Ese "país real" está profundamente impregnado por el islam, tanto en su visión del mundo como en sus prácticas. Para el observador apresurado, se resume a lo que designa la palabra "wahabismo". Sin embargo, en Arabia Saudita abundan las escuelas religiosas pertenecientes a diversas tradiciones; los sufíes, e incluso una minoría chiita dinámica. El propio "wahabismo" sunita, lejos de ser homogéneo, registra debates internos, divergencias, que se acentuaron en los últimos años. Pero es necesario escuchar a esos hombres y a esas mujeres, situados dentro de otro sistema de valores, que utilizan palabras diferentes de las nuestras y que desconfían de una prensa occidental que califican -a veces con razón- de hostil al islam.

Arabia Saudita, que acaba de ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMS), disfruta del aumento del precio del petróleo: sus ingresos de 2005 alcanzaron casi 500 millones de dólares diarios. La riqueza es palpable, el dinamismo económico resplandece, la bolsa subió un 100% en 2004 y otro tanto en 2005 1 y se convirtió en una fuente de ingreso para numerosos hogares. En diciembre de 2005, 5,7 millones de sauditas compraron acciones de la Compañía Nacional Petroquímica de Yanbu, por un monto total de cerca de 2.000 millones de dólares.

Las capas superiores y medias son más o menos accesibles a los occidentales. ¿Pero los demás, la gente simple, los "soldados rasos", esos pobres cuya existencia ahora reconoce el gobierno? ¿Y los inmigrantes -6,3 millones frente a 19,7 millones de nacionales- que constituyen la mayoría de la mano de obra?

Resulta difícil estimar la dimensión del problema social. La falta de estadísticas detalladas, de movimientos sindicales y, de manera más amplia, el escaso desarrollo de las ciencias sociales locales hacen difícil una evaluación de la pobreza, a pesar de que la prensa brinda una ayuda inesperada. Desde hace algunos años -tendencia que se acentuó cuando accedió al trono el rey Abdallah, el 1 de agosto de 2005- los diarios reflejan regularmente los problemas sociales: desempleo, pobreza, prostitución, droga, etc. Incluso el sida fue objeto de iniciativas públicas: el 1 de diciembre, día mundial de lucha contra esa enfermedad, se pudo ver en Djedda ambulancias distribuyendo folletos informativos...

¿Permitirá la nueva y durable riqueza petrolera solucionar los problemas de empleo, de educación, de salud? El primer desafío consiste en dar un trabajo a todos, fundamentalmente a los miles de jóvenes que entran al mercado laboral y al creciente número de mujeres que buscan empleo. Sus expectativas, sus deseos y sus frustraciones determinarán en parte el futuro del país.

Alcanza con ver deambular el miércoles por la noche, en las calles de Ryad, a esos miles de jóvenes ociosos, sin salas de espectáculos ni de cine, sin lugares de encuentro mixtos, para comprender el aburrimiento que afecta a todas esas personas, por otra parte abiertas a la cultura internacional vía internet o la televisión satelital. No es sorprendente, por lo tanto, que aumenten los problemas de delincuencia y de droga. El fin de semana, algunos van a buscar olvido a Bahrein, ese reino insular vinculado a Arabia Saudita por un gigantesco puente: 11 millones de personas lo cruzaron en 2004, cifra que no deja de aumentar. Van en busca de las distracciones que no tienen.

Algunos jóvenes, y no necesariamente los más pobres, toman otra ruta mucho más peligrosa. Muchos fueron a pelear en Afganistán en la década de 1980, respondiendo al llamado de su gobierno y con la ayuda de Estados Unidos. Los siguieron aquellos que, indignados por las masacres de Bosnia o de Chechenia, fueron a entrenarse en los campamentos de los talibanes. Y varios miles más están actualmente en Irak.

Movilizados en un principio contra el enemigo soviético o estadounidense, algunos de esos jóvenes se volvieron contra el régimen saudita, sobre todo luego de que el reino llamara a las tropas de Washington, en agosto de 1990, para hacer frente a Irak. Desde entonces, el debate sobre la guerra santa, el lugar del islam, el extremismo, se intensificó. En particular a partir de mayo de 2003, después de que el régimen fuera blanco de una ola de atentados 2. En la cumbre de la OCI que se desarrolló en La Meca el 7 y 8 de diciembre y que consagró el éxito personal del nuevo rey Abdallah, una declaración puso de relieve el islam como religión del centro (wassatiyyah), que rechaza "las escaladas, el extremismo y la estrechez de espíritu".

El sheik Salman Al-Awdah, uno de los predicadores más populares del país, es quien encarna más que nadie esa evolución. Su programa diario en el canal satelital MBC durante el mes del ramadán fue un enorme éxito, más aun teniendo en cuenta que no se limitó a la prédica, sino que abordó temas más amplios, más íntimos, más personales, como por ejemplo la belleza. Esa emisión despertó algunas críticas de los medios conservadores.

El sheik nos recibe en el umbral de su casa, de regreso de las plegarias del 'asr (comienzo de la tarde) que dirigió en la mezquita vecina. En el vestíbulo, sus tres jóvenes hijos siguen el curso de un preceptor: "La educación es lo más importante", comenta. En su oficina, amoblada de manera sobria, pueden verse un tapiz para orar, una biblioteca y algunas ilustraciones de árboles en las paredes.

Un cierto carisma se desprende de este hombre que nos ofrece café sin tostar, dátiles y chocolates: "la tradición y la civilización", comenta con una sonrisa. El sheik Salman Al-Awdah es uno de los artífices de la sahwa (el despertar), un movimiento que a fines de la década de 1980 y en la de 1990 renovó el islam y le permitió ocupar una posición hegemónica, fundamentalmente frente a los "liberales" y a los partidarios del "modernismo", que parecían imponerse a comienzos de los años 1980.

Con la crisis del Golfo de 1990-1991, las controversias pasaron del terreno cultural al político. Ahora esa corriente islámica comenzó a ocuparse de la relación con Estados Unidos y de la situación interna del reino. El sheik Al-Awdah fue detenido en 1994 3 y pasó cinco años en la cárcel.

"Campaña por la tranquilidad"

Lo cierto es que, a pesar de mantenerse profundamente aferrado al dogma, el sheik evolucionó y sus prédicas se hicieron más moderadas ante la tendencia suicida de los islamistas guerrasantistas, los atentados del 11 de septiembre, la apertura del príncipe heredero Abdallah, evidente mucho antes de acceder al trono. Así el sheik pasó a denunciar la lectura belicista que algunos hacen de la religión: "Las relaciones con los no musulmanes están establecidas en el Corán, pero a veces la gente sencilla no sabe leer o no conoce el contexto. Así, en el capítulo titulado Muhammad, en el versículo 4, se puede leer: ‘Cuando encuentres (alqaytoum) a un impío, debes cortarle el cuello hasta que se rinda'. Pero no se puede entender ese pasaje fuera de su contexto, que es el combate. En ese punto, alqaytoum no significa encuentro sino combate. Por otra parte, recordemos la historia del islam. En tiempos del profeta -Alá lo bendiga- los musulmanes eran víctimas de agresiones, pero contaban con un guía, no buscaban revancha, lo que es contrario a las enseñanzas del islam. ¿Sabe usted cuántos muertos dejaron los combates durante los veintitrés años de su prédica? Entre 250 y 300, en 20 batallas. Hoy en día la más mínima escaramuza causa más víctimas".

En julio de 2003 el sheik Al-Awdah participó del primer diálogo nacional fomentado por el príncipe heredero Abdallah 4. Allí se reunió, frente a las cámaras, con los dirigentes religiosos chiitas, lo que constituye un acto de coraje, ya que muchos sunitas consideran a los chiitas como herejes y hasta como no-musulmanes.

Esta mayor tolerancia se la encuentra también en el sheik Abdelaziz Al Gassim, otro artífice de la sahwa, pero que fue más lejos en el camino de la reforma. Calificado, junto a otros, por el investigador Stéphane Lacroix 5 de "liberal islamistas" -denominación rechazada por la mayoría de los interesados- es una referencia para jóvenes que muchas veces estuvieron cerca del extremismo y que actualmente tratan de conjugar islam y liberalismo político.

El sheik Al-Gassim dirige un estudio jurídico que produce estudios sobre la sharia y el derecho. Habla pausadamente y con convicción, evoca con placer su viaje turístico a Francia en compañía de su familia y su deseo de volver. A su entender, "la evolución más importante es la apertura del campo religioso al debate. El Estado siempre quiso controlar la institución religiosa, ahora trata de abrirla. Más aun teniendo en cuenta que la muerte de los sheiks Ben Baz y Ben Uthaymin, los dos grandes ulemas de autoridad indiscutible, dejó un vacío que nadie puede llenar. Eso hace más difícil para el Estado servirse de la institución (como lo hizo en 1990 para llamar a las tropas estadounidenses) porque ésta perdió una parte de su credibilidad; por ejemplo, el Consejo de los grandes ulemas debió aceptar pasar a retiro a varios de sus miembros sin esperar a que mueran, algo nunca visto antes".

Khaled es funcionario del Ministerio de Asuntos Religiosos. Además dirige una empresa de comunicación y en su tiempo libre trabaja como periodista. Pertenece a una nueva generación de musulmanes, practicante pero sensible a los cambios. Con un grupo de amigos lanzó hace un año y medio Hamlah Al-Sekkina (que se podría traducir como "campaña por la tranquilidad") para "despertar" por medio de internet a los jóvenes que se dejaron seducir por ideas extremistas.

"Mantuvimos 63.000 horas de debate con mil personas -explica-. Y logramos hacer cambiar -un poco o mucho- a 590 de ellas. Los debates son en general anónimos, por evidentes razones de seguridad: a veces nuestros interlocutores tienen miedo. Nosotros les explicamos el concepto de guerra santa, lo que significa la sharia, la actitud que los musulmanes deben tener respecto de los demás." Khaled lamenta que "incluso los liberales utilicen la lógica de ‘blanco o negro'. Según ellos, hay que elegir entre el liberalismo o el islam. Nosotros no estamos de acuerdo, somos musulmanes y somos liberales".

La cultura del diálogo no se impone fácilmente, se edifica piedra sobre piedra. "Nosotros y los demás: una visión nacional colectiva para actuar con las civilizaciones de todo el mundo", tal es el tema del quinto diálogo nacional lanzado por el príncipe heredero convertido en rey, que a mediados de diciembre reunió en Abha a varias decenas de intelectuales y de responsables asociativos y religiosos. Por primera vez, los debates fueron transmitidos en directo por la televisión.

"Antes que nada, debemos aprender a dialogar entre nosotros -exclama la señora Hammad Suhail Z. Abidin, que se apresta a partir a Abha-. No tenemos por qué decidir quién es kafir (no creyente) y quién no lo es, eso es cuestión de Dios." Se la acusa de "laicismo", lo que aquí es casi sinónimo de ateísmo. Sin embargo, se trata de una mujer totalmente tradicional, tanto en su discurso político -denuncia las innumerables confabulaciones sionistas- como en su respeto de las reglas religiosas. Pero sobre los derechos de las mujeres tiene mil cosas para decir...

"El islam -insiste- dio importantes derechos a la mujer, más de los que tienen las mujeres occidentales. Sin embargo, en Arabia Saudita predominan tradiciones y maneras de pensar que no tienen nada que ver con la religión. La mujer tiene derecho a manejar su dinero, lo que ya era el caso de las mujeres del profeta. Ellas hacían transacciones sin consultarlo, pero a nosotras se nos impone un mahram (tutor). Lo que pedimos es la vuelta al verdadero islam; el Estado está con nosotras, las resistencias vienen de la sociedad." 

La situación de las mujeres evoluciona. Si se compara Arabia Saudita con otros países, el atraso es patente y la segregación entre los sexos, sin igual. El porcentaje de mujeres que trabajan es muy bajo y necesitan de la presencia de su padre o de su marido para efectuar muchos trámites. Pero los cambios ocurridos desde hace dos años son concretos. Actualmente, las mujeres pueden obtener la cédula de identidad sin autorización del tutor; además, muchas frecuentan el mundo de los negocios y dirigen delegaciones oficiales al exterior del país.

Conquistas ambiguas

Las recientes elecciones en la Cámara de comercio y de industria de Djedda marcaron una fecha histórica. Desde su accesión al trono, el rey hizo aplazar la votación, prevista inicialmente para septiembre, para permitir a las mujeres ser candidatas. Dos meses más tarde, y a pesar de una campaña hostil de varios imams, dos de ellas fueron elegidas (entre los doce miembros). Además, el ministro de Comercio y de Industria designó a dos mujeres, entre las seis personalidades elegidas, en el Consejo de administración.

La señora Hatoon Ajwad Alfassi, una intelectual liberal, se alegra. Ella trabaja en la Universidad, pero desde hace cinco años se le prohibió ejercer, sin que sepa bien por qué. Esta mujer escribe regularmente en los periódicos, habla inglés y francés. Cuenta sus viajes a Francia: allí decidió llevar la cabeza cubierta con el pañuelo tradicional cuando viajara fuera de su país. "Tenemos una visión positiva del nuevo Rey, que dio importantes señales. En primer lugar, cuando accedió al trono recibió a dos grupos de mujeres, de unas cuarenta cada vez -funcionarias del Ministerio de Educación e intelectuales- que fueron a pronunciar la bay'a, el juramento de fidelidad. Fue un hecho sin precedentes y la televisión mostró las imágenes."

La sociedad saudita tiende a una mayor transparencia. Los problemas de la violencia conyugal pasan también a primer plano. Un informe publicado por la Asociación Nacional de los Derechos de la Persona mencionaba que sobre 5.000 casos que le fueron presentados, un 30% se debía a violencia conyugal, episodios que actualmente también refleja la prensa. Y los diarios de Djedda dan cuenta de un fenómeno creciente e inquietante: el abandono de recién nacidos por parte de sus madres...

El debate en la sociedad crece, pero la evolución en el plano político es más aleatoria. Depende de la buena voluntad del soberano y toda conquista corre peligro de ser cuestionada poco después, ya que las reglas del funcionamiento político son muy ambiguas. Las elecciones municipales son un buen ejemplo de esa incertidumbre.

Luego de haber sido anunciadas en varias ocasiones a lo largo de los últimos años, se desarrollaron finalmente el año pasado, entre febrero y abril, sucesivamente en varias regiones del país, para designar la mitad de los integrantes de 178 municipalidades; la otra mitad es designada por las autoridades.

En la provincia del Este, la lucha electoral fue más intensa. Qatif, un viejo puerto del Golfo, es el centro del chiismo político y religioso. En cinco circunscripciones se enfrentaron 148 candidatos. Sobre los 120.000 electores potenciales, se inscribieron 44.000 y votaron 35.000, uno de los porcentajes más altos del país. En esa región cercana a Irak, las tradiciones políticas, desconocidas en otras partes del reino, son antiguas: desde la década de 1950 la región fue afectada por todas las corrientes de politización provenientes del país vecino: nacionalismo árabe, comunismo, islamismo, etc.

"Obtuve 24.000 votos -explica Jafar Al-Shayeb, un candidato victorioso, cercano a los religiosos chiitas-. La campaña electoral en sí misma fue muy corta, pero la preparación fue larga. Los comités locales se esforzaron realmente en explicar a la gente cómo inscribirse, cómo votar. Iban a buscarlos a la mezquita para llevarlos a la mesa de votación o para inscribirlos. En la región se realizaron unas cien reuniones. En nuestra circunscripción, en Tamut, se desarrollaron tres debates entre los candidatos: cada uno presentaba su programa y luego se le daba la palabra al público presente para que formulara preguntas. Y no hubo ninguna injerencia del gobierno", reconoce.

Luego de terminadas las elecciones en todo el país, hubo que esperar sin embargo ocho meses para que se publicara el reglamento interno de los consejos y sus prerrogativas (que son fundamentalmente consultivas). Dos semanas después el gobierno designó la otra mitad de los miembros de los consejos municipales, en general, personas elegidas a causa de su aptitud profesional. En la localidad de Qatif, Jafar Al-Shayeb resultó electo presidente del consejo (pero el alcalde seguirá siendo designado directamente); en otras comunas el alcalde sigue siendo designado y ejerce además la función de presidente del consejo.

El sheik Hassan Al-Saffar nos recibe en la amplia sala de recepción de una gran residencia de Qatif. Es un hombre elegante, delgado, que luce una barba cuidadosamente cortada y un turbante blanco, el que usan los dignatarios chiitas. De apariencia joven, tiene sin embargo una larga experiencia como activista: en 1980 huyó del país, al cabo de la insurrección chiita que siguió a la revolución iraní de 1979, y recién regresó en 1995, luego de un acuerdo firmado con la monarquía. Actualmente, su margen de libertad es mayor, pero sigue dependiendo de la coyuntura política. Algunos de sus libros fueron publicados en Arabia Saudita, pero otros deben ser editados en Líbano.

El sheik se manifiesta particularmente afectado por la discriminación de que son objeto los chiitas. "Eso tiene que terminar. Sin dudas, el diálogo nacional hizo caer algunas murallas entre sunitas y chiitas, pero nos quedamos a nivel del debate. La fuerte presión que ejercen los sectores conservadores en la institución religiosa, a veces también en nuestras filas, juega contra esos contactos. Nos hemos entrevistado con importantes sheiks sunitas, como Salman Al-Awdah, que dijo cosas positivas. Yo creo que evolucionó. Pero está bajo la presión de los conservadores y no quiere perder su influencia. Necesitamos contar con iniciativas comunes para facilitar una evolución, tanto entre los sunitas como entre los chiitas."

En conclusión, explica el sheik Al-Saffar, "no somos partidarios de un cambio rápido, no queremos transformar el país en otra Argelia. Pero el gobierno debe dar la palabra a las diferentes corrientes, para crear una relación de fuerzas más propicia a la reforma. Hay que establecer las reglas del juego político, integrando a todas las fuerzas que deseen participar, lo que las hará más responsables. Por ahora no hay un proyecto concreto y las pocas señales quedaron en letra muerta".

Un encuentro con el rey

Ese relativo pesimismo lo encontramos también entre muchos intelectuales y militantes. En efecto, a comienzos de 2004 se publicó un llamado a la reforma de la Constitución, fundamentalmente por iniciativa del movimiento islamista. Como reconoce el profesor Abdallah Al-Hamed, uno de sus voceros, ese sector deseaba afirmar una presencia autónoma: "Nosotros exigimos la transformación de la monarquía absoluta en monarquía constitucional. El llamado de Ryad era una exhortación a la tolerancia, a la unidad y al humanismo. Era fundamentalmente obra de quienes se proclamaban islámicos, pues yo pensaba que era importante que se afirmara una corriente religiosa favorable a la democracia, para moverle el piso a quienes fomentan el derrocamiento del régimen y para reducir la violencia. Pensamos que un Estado no puede ser islámico si no es democrático, si no está regido por una Constitución".

Ese pedido de reforma constitucional quizá fue demasiado para el gobierno. En todo caso, la represión cayó sobre el movimiento que apoyaba la reforma -nacido en 2002-2003 y que contaba con la simpatía implícita del príncipe Abdallah- tanto más fácilmente teniendo en cuenta que ese sector se había dividido a causa de la iniciativa unilateral de los islamistas. Para el poeta Ali Al-Doumaini, "fuimos detenidos ilegalmente, pues no habíamos violado ninguna ley. Los derechos a la defensa no fueron respetados e incluso la policía confiscó en nuestras celdas los textos que habíamos preparado para defendernos. Felizmente, nuestros familiares tenían una copia. El juez decidió que el proceso se desarrolle a puertas cerradas", lo que se explica porque la primera sesión del juicio generó artículos periodísticos muy críticos del gobierno, en particular en internet.

Tres hombres fueron entonces severamente condenados: seis años de cárcel para el profesor Matrouk Al-Falih (nacionalista árabe), siete para el profesor Abdallah Al-Hamed (islamista), y nueve para el poeta Ali Al-Doumaini (ex comunista). Ninguno de ellos había cometido delitos, ninguno había lanzado llamados a la violencia, todos proponían una reforma pacífica.

¿Por qué el príncipe heredero dejó que eso ocurriera? La explicación más habitual menciona las luchas internas en el seno del poder, la dificultad que encontraba el príncipe Abdallah para afirmar su autoridad. ¿Cambió eso cuando accedió al trono o gracias a la inmensa popularidad de que goza? (Haber renunciado al título de "Su Majestad" y a la costumbre del besamanos fueron medidas muy apreciadas...) "Luego de nuestra liberación -indica Al-Doumaini- queríamos obtener una entrevista privada con el rey. Queríamos verlo para reforzar nuestras relaciones con él, para incitarlo a continuar en ese camino aún incierto de la reforma. Pero sólo lo pudimos ver en público. Cada uno de nosotros dijo unas breves palabras para reiterar que estábamos junto a él en la ruta de la reforma, con las manos y los corazones unidos. El soberano respondió que éramos buenos ciudadanos, que éramos sus hermanos y sus hijos." Por ahora, Al-Doumaini espera que le devuelvan rápidamente su pasaporte para poder viajar nuevamente...

La palabra caleidoscopio designa "un cilindro donde los fragmentos de color se reflejan en un juego de espejos angulares y que tempranamente (1818) inspiró un uso figurado, que expresa la idea de una rápida serie de cambios (de sensaciones y de impresiones)" 6. Al cabo de esta exploración caleidoscópica, cabe preguntarnos qué imagen dominará en la mente del lector. ¿La de las mujeres que siguen viviendo oprimidas o la de las que se liberan? ¿La de un gobierno reformador o encerrado en el conservadurismo? ¿La de una sociedad bloqueada o en movimiento? En todo caso se trata de un boceto, ciertamente impreciso, pero multicolor, de una sociedad y de un país que no se puede ver en blanco y negro y que aún hay que descubrir. 

  1. Respecto de marzo de 1999, cuando el país salió de un momento difícil, el índice bursátil se multiplicó por 10. En la bolsa, cada día se registran 60 millones de operaciones diarias, contra 10 millones hace un año.
  2. Le Monde diplomatique volverá a tratar el mes próximo el tema del terrorismo en Arabia Saudita, en relación a la situación regional, particularmente en Irak.
  3. Sobre el sheik y los acontecimientos de 1994, ver "Fin de règne en Arabie saoudite", Le Monde diplomatique, París, agosto de 1995.
  4. Ese diálogo tuvo lugar en Ryad (julio 2003, problemática general); en La Meca (diciembre 2003, diálogo intelectual); en Medina (junio 2004, sobre las mujeres); en la provincia del Este (diciembre 2004, sobre los jóvenes); y en Abha (diciembre 2005).
  5. Ver Stéphane Lacroix, "Islamo-liberal politics in Saudi Arabia", en Paul Aarts & Gerd Nonneman, Saudi Arabia in the balance, Hurst & Company, Londres, 2005.
  6. Diccionario histórico de la lengua francesa, Le Robert, París, 1992.
Autor/es Alain Gresh
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 80 - Febrero 2006
Páginas:20,21,22
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Sociología, Política
Países Jordania