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Ofensiva primaveral de los talibanes

La reciente ofensiva lanzada por Israel contra el Líbano abrió, según el presidente George W. Bush, un “tercer frente de la guerra antiterrorista”. Esa guerra empezó con una intervención militar en Afganistán, seguida de otra en Irak. La ideología que las justifica configura y altera desde hace cinco años las relaciones internacionales.

Hace tres años, un comandante estadounidense que tenía su base en el sudoeste de Afganistán mencionó la hipótesis de una ofensiva de primavera contra los talibanes en el sector bajo su mando. Esta simple alusión inflamó la imaginación del comando talibán. Año tras año, la inminente ofensiva de primavera alimenta amenazas, cada vez más violentas, de represalias contra las fuerzas occidentales. Sin embargo, los años 2003, 2004 y 2005 transcurrieron sin el menor indicio de la famosa ofensiva. Finalmente, fueron los talibanes quienes pasaron al ataque en la primavera de 2006.

El comando talibán del sudoeste de Afganistán dedicó la mayor parte de 2005 a preparar la maniobra. "Sesiones de entrenamiento" animadas por un grupo de combatientes experimentados, provenientes de la resistencia iraquí, sirvieron especialmente para dar una nueva orientación a la estrategia de terror que se difundiría en la región de Waziristán (distritos tribales bajo administración paquistaní), fronteriza con Afganistán en el punto muelle y poroso de la "Línea Durand" 1. Desde la caída de Kandahar en diciembre de 2001, los grupos pashtunes fuertemente armados y el mosaico de mercenarios árabes, uzbekos y chechenos se agruparon en el interior de Waziristán Sur y Norte, en bases rudimentarias.

La ofensiva lanzada en la primavera de 2006 apunta menos a un levantamiento general contra el gobierno de Hamid Karzai que a revitalizar las redes de los talibanes en el sudoeste. Sin embargo, requirió el agrupamiento y la movilización de facciones aparentemente discrepantes. ¿Cuáles eran los resultados que esperaba el mullah Omar, guía supremo de los talibanes? Asestar un golpe decisivo a la moral de las tropas de la potente máquina de guerra estadounidense y proclamar su soberanía sobre el sur de Afganistán, así como sobre las zonas tribales paquistaníes adyacentes; esto es, preparar el camino para un retorno de los talibanes al rango de principal fuerza regional.

El mullah Dadullah

Las premisas de la primavera de 2006 no trajeron nada diferente a los habituales y esporádicos enfrentamientos en el sur de Afganistán, cuya existencia sólo es revelada por los cadáveres esparcidos en los contrafuertes montañosos. Sin embargo, a fines de mayo, la visita aparentemente anodina de un emisario del comando talibán a las bases de Waziristán cambió radicalmente el estado de las relaciones de fuerza locales. Fue la visita del mullah Dadullah, un comandante de unos cuarenta años y dotado de un prudente sentido de la diplomacia. Con su barba enmarañada y sus rasgos tallados a cuchillo, es el jefe militar más temido de la región. Las negociaciones que inició con diferentes facciones con vistas a la ofensiva de primavera son un nuevo éxito en su carrera militar.

Originario de la provincia de Helmand, cerca de Kandahar, el mullah Dadullah recibió en 1994 una educación islamita rigurosa en Quetta (capital de Baluchistán, la mayor provincia occidental de Pakistán). Se unió muy pronto al movimiento talibán, cuando éste sólo comenzaba. Herido en el frente de Maidan Sher, cerca de Kabul, le amputaron una pierna. En reconocimiento por los servicios prestados fue elegido como uno de los jefes del frente norte, con casi  12.000 hombres bajo su mando. Al final de los años '90 infligió una severa derrota en Kunduz a los experimentados combatientes del Hizb-i-Islami Afghanistan (HIA), conducidos por el enérgico ex-primer ministro Gubaldin Hikmatyar 2. Los resultados  justificaron la confianza que el tenaz mullah Omar había puesto en la habilidad diplomática de su protegido. Y, lógicamente, en 2005 tuvo un papel decisivo en la preparación de la ofensiva de los talibanes.

Unificando facciones

Durante el transcurso del 2005 los talibanes se dedicaron a restaurar sus relaciones con diferentes integrantes del poder en Kabul, ostensiblemente aliados de Estados Unidos o al menos disidentes leales. Nuevos emisarios fueron enviados a los señores de la guerra semiautónomos. Por encima de todo, tejieron fuertes relaciones estratégicas con dos importantes facciones de los grupos de mujaidines que habían expulsado al ejército soviético de Afganistán. La primera facción fue Hizb-i-Islami, dirigida por Hikmatyar. La segunda, la dirigida por el ultra ortodoxo Moulvi Younus Khalid.

Teniendo en cuenta la hostilidad que reinaba entre ambas facciones, la obtención de su apoyo en el marco de una alianza anti-Karzai fue un gran éxito para la nueva diplomacia de los talibanes. Un paso más hacia el éxito fue obtener de los comandantes pashtunes, así como de sus equivalente uzbekos o tayikos, que sincronizaran sus acciones con las fuerzas de los talibanes que renacían en el sudoeste.

Durante su paso por Waziristán Norte y Sur, el mullah Dadullah distribuyó la copia de una carta del mullah Omar: "Detengan inmediatamente los combates contra las fuerzas paquistaníes. Es una empresa caótica que no puede confundirse con la verdadera yihad islámica. La yihad fue lanzada en Afganistán; en consecuencia, reunámonos en Afganistán para combatir a los estadounidenses y a sus aliados infieles" 3. Como el mullah Omar tuvo siempre una gran influencia sobre los grupos protalibanes, cualesquiera fueran, todos se inclinaron ante su orden. Los 27.000 hombres del norte y los 13.000 del sur anunciaron un cese del fuego con el ejército paquistaní. Los grupos talibanes se concentraron en las ciudades de Shawal y Birmal, en las montañas de Ghulam Khan en el norte y en Shaki en el sur.

Con el fin de aprovechar mejor su visita, el mullah Dadullah aportó material de audio y video recibido de la resistencia iraquí. Esos cassettes mostraban a tres representantes de Abu Musab Al Zarqawi (líder de Al-Qaeda en Irak) en Afganistán en marzo de 2006, en compañía de Osama Ben Laden, Ayman Zawahiri (número dos de Al-Qaeda) y del mullah Omar. Todos ellos reconocían a este último como jefe de la resistencia en Irak y en Afganistán.

Entre los documentos que mostró, había algunos discursos del mullah Omar y de responsables religiosos de alto rango que explican que el suicidio está autorizado. En general, la muy practicante sociedad afgana considera el suicidio como un pecado. Aunque en el pasado algunos kamikazes aislados se sacrificaron, esa práctica nunca llegó a ser un modo de acción corriente. Para generalizarla, el mullah Dadullah utilizó decenas de videos que muestran cómo la resistencia iraquí la utilizaba con eficacia. Logró convencer a los grupos de Waziristán, Tayikistán, Uzbekistán y de diversas ciudades de Pakistán. Un primer equipo de 450 miembros, entre ellos 70 mujeres, fue reclutado en el valle de Kunar. Estaba compuesto de árabes centroasiáticos que encontraron la muerte en Waziristán o en Afganistán. Pero siguieron otros...

Al mismo tiempo, los talibanes comenzaron a atacar esporádicamente, con sus miles de hombres dispersos, aliándose con los señores de la guerra en todo el territorio de Afganistán. El refuerzo de 40.000 hombres procedentes de Waziristán aportó un apoyo considerable a la ofensiva de primavera, puesta bajo el experto mando del veterano Jalaluddin Haqqani.

El segundo del mullah Omar

Pequeño y delgado, el comandante Haqqani ostenta un récord de victorias sobre las tropas soviéticas; pero la de Khost en 1991 resultó ser la piedra de toque para el derrumbe ruso y la toma del control de Kabul por los mujaidines en 1992. Cuando los talibanes aparecieron en 1994, fue el único en ofrecer incondicionalmente la rendición de su feudo, Khost. Sin embargo, él no era talibán, no formaba parte del movimiento, por lo que fue rechazado. Aunque fue ministro de Fronteras bajo el régimen de los talibanes (1996-2001), nunca fue consultado en asuntos políticos.

En ocasión de la retirada de 2001 ante Estados Unidos y sus aliados, Haqqani ofreció refugio a todos los combatientes prófugos en su santuario de Waziristán Norte. En la perspectiva de la ofensiva de 2006, el mullah Omar le dio carta blanca. Así Haqqani es, después de Omar, la persona más importante de Afganistán. Estableció contactos en todo el país, con uzbekos, tayikos o pashtunes. Envió a numerosos jóvenes reclutados entre los jefes de la guerra locales, no talibanes en su mayoría. Provenían de las provincias de Herat, Logar y Lahgman, los eslabones más débiles de la red talibana. Haqqani negoció allí el establecimiento de un santuario para sus hombres, pagando importantes sumas a los señores locales.

También formó grupos de combatientes y los envió a las zonas fronterizas de Kandahar, Helmand, Paktia y Paktika, donde debían reclutar a otros combatientes para llevar a cabo una guerra de hostigamiento. Estos grupos sólo debían operar mediante acciones suicidas y únicamente contra las fuerzas de la coalición.

Se estableció un comando de diez miembros, siendo cada uno de ellos responsable de una región. El mullah Omar conserva el control del conjunto mediante un emisario permanente (su ex-ministro de Defensa, el mullah Ubaidullah Akhund).

Entre junio y julio aparecieron los sorprendentes resultados de esta estrategia. Los talibanes parecen avanzar profundamente de Kabul a Kandahar; los atentados suicidas siembran una confusión extrema, dejando a la coalición con los nervios de punta. La coalición confina sus acciones a las grandes ciudades. Es lo que esperaban los talibanes desde 2003. Entrando en escena en el sudoeste de Afganistán, el mullah Dadullah ocupa numerosos distritos de Kandahar, Urzgan, Zabul y Helmand, expulsando de ellos a la administración. Un signo para sus simpatizantes de que los talibanes han vuelto, lo cual reaviva el apoyo local.

Por su parte, Haqqani delega sus poderes en la región de Paktia, que se encuentra en buenas condiciones, y confía al ex-gobernador talibán (Maulvi Abdul Kader) la gestión de la provincia de Nanagarhar. Kader no tiene nada de jefe guerrero, pero Haqqani lo guía tan bien que logra fáciles victorias. Los señores locales leales a Haqqani y la fidelidad de los punyabís constituyen el arma más temible de los talibanes, que aplican una nueva estrategia. Desde que la aviación estadounidense entra en acción, se retiran a zonas seguras. Luego, cuando intervienen los ejércitos de la coalición, respaldados por fuerzas afganas, con bombas disimuladas y ataques suicidas le infligen pérdidas que no había sufrido desde la derrota de los talibanes en 2001.

Salafitas contra hanafitas

En el este de Afganistán la situación es diferente. Las regiones de Kunar y de Nooristán, siempre hostiles a las invasiones extranjeras (los rusos no pudieron ocupar Nooristán), no son, sin embargo, terrenos fértiles para la propaganda de los talibanes. La mayoría de la población de Kunar y de Nooristán es salafita, escuela de pensamiento diametralmente opuesta a la escuela hanafita 4 de los talibanes. La mayoría han jurado fidelidad al Sheik Jameelur Rehman, o a Hekmatyar, o incluso al comandante Ahmad Shah Massoud.

El jefe más poderoso, Kashmir Khan, era fiel a Hekmatyar y siempre suscitó la desconfianza de los talibanes. Cuando regresó de Irán, Khan libró batalla contra la coalición pero de manera aislada, ya que los talibanes no confiaban en él y él no quería unirse a ellos. Sin embargo, gracias a sus intermediarios, Haqqani logró instalar en Kunar al comandante Mohammed Ismael. Los talibanes limitan sus acciones a los ataques suicidas y a las bombas plásticas, con algunas acciones esporádicas de guerrilla contra la coalición.

A mediados de julio de 2006, parecía que los talibanes habían ganado su apuesta en el sur de Afganistán. Todos los días se adueñan de nuevos distritos, se trate de Musa Kila, Sagin o Panjwai. Claro que las fuerzas de la coalición pueden recuperar esas posiciones. Pero este juego de las escondidas no puede durar mucho tiempo. Los talibanes cuentan, razonablemente, con ocupar el sudoeste antes del invierno...

  1. El tratado que fijó la "Línea Durand" fue firmado el 12-11-1893 entre Abdul Rahman Khan, el emir de Kabul, y Sir Henry Mortimer Durand, secretario de Relaciones Exteriores del gobierno británico de India, para marcar la frontera afgano-india durante 100 años. Afganistán no reconoce esta frontera, hoy afgano-paquistaní, que separa a los pashtunes de Afganistán de los pashtunes de Pakistán.
  2. Comprometido en la lucha contra los soviéticos desde 1979, Hikmatyar dirigió las operaciones desde Peshawar, en Pakistán, donde, protegido por la CIA, se convirtió en uno de los principales destinatarios de la ayuda estadounidense. Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno provisorio afgano en 1989, desde 1992 se enfrentó al comandante Ahmad Shah Massoud por la conquista del poder y de Kabul. Cuando sus tropas fueron derrotadas y luego desarmadas por los talibanes en 1995, se alió con Burhanuddin Rabbani (de quien fue Primer Ministro) y con el comandante Massoud para luchar contra los talibanes.
  3. Pakistán modificó profundamente su política afgana desde el 11-9-01. Puso en práctica una colaboración sin precedentes con Estados Unidos y la coalición internacional en la lucha contra el terrorismo.
  4. El rito hanafita, una de las cuatro grandes escuelas jurídicas del islam sunnita, es seguido principalmente en Asia Central, India, China y Turquía. Fue doctrina de Estado en Afganistán.
Autor/es Syed Saleem Shahzad
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 87 - Septiembre 2006
Páginas:6,7
Traducción Lucía Vera
Temas Armamentismo, Terrorismo
Países Estados Unidos