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“Revolución en la Revolución”

Implicado en el golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, Manuel Rosales será el candidato único de la oposición para las elecciones presidenciales del próximo 6 de diciembre. Sin embargo, el 18 de agosto John Negroponte, director nacional de informaciones de Estados Unidos, anunció la designación de un “jefe de misión especial” para los operativos de información sobre Venezuela y Cuba.

El hombre hace una pausa. Las oficinas "no son lo suyo". Percibe claramente que con la gorra que lleva, una barba de tres días y sus jeans manchados, desentona en el lugar. Pero no pasó casi una semana atravesando Venezuela para dejarse impresionar a último momento por un funcionario de la Asamblea Nacional. Juan Guerra, camionero del Estado de Zulia, se acuerda de que tiene derechos y de que está enojado. Se recupera y golpea con el puño sobre la mesa: "¡No, nosotros no pedimos, nosotros exigimos que el camarada diputado transmita directamente nuestra queja al ciudadano Presidente!".

En 2000, los 700 camioneros a quienes representan Juan y su compañero Jhonny Plogar iniciaron juicio a sus empleadores, Cootransmapa, Coozugavol y Coomaxdi, tres empresas especializadas en el transporte de carbón que, según ellos, "usurpan el título de cooperativas para aprovechar la exoneración de impuestos y recibir contratos del Estado". Remitidos de una oficina a otra, fueron recibidos sólo cinco años después, luego de haber enviado innumerables cartas, cuyas copias Jhonny saca de una gruesa carpeta: "ministerio", "municipalidad", "gobierno estadual", "Presidencia", etc. Pero, a pesar de que la Superintendencia Nacional de Cooperativas (Sunacoop) le retiró finalmente la "certificación" a las pseudo-cooperativas en cuestión, la empresa nacional de extracción de carbón sigue utilizando sus servicios. Por su parte, el gobernador del Estado Manuel Rosales -firmante del decreto que destituyó a todos los cuerpos constituidos durante el golpe de Estado de abril de 2002- se toma su tiempo. Mientras, los patrones aprovechan para organizarse. Y enseguida comienzan las amenazas de los sicarios 1.

Ésta es una historia casi habitual aquí: cuando los dos compañeros llegaron a la Asamblea Nacional para tratar de hacerse oír, ya había una enorme cantidad de gente. Todos tenían las mismas reivindicaciones: "¡No a la burocracia! ¡No a la corrupción!". Todos tenían también la misma certeza: "¡Estamos con Chávez!". Pues los problemas vienen de una administración considerada "ineficaz" cuando no "reaccionaria". ¿Acaso el propio "ciudadano Presidente" no había declarado recientemente: "¡Nuestros enemigos internos, los más peligrosos para la revolución, son la burocratización y la corrupción!"? 2.

Un llamado de atención

Sin duda, ese tipo de discurso ya fue utilizado en América Latina y en otras latitudes para imputar a funcionarios incompetentes la mala aplicación... de la política del Presidente. Sin embargo, el "proceso bolivariano" pone el acento en la participación popular como medio de transformar el aparato del Estado. Es lo que se llama en Venezuela, "la revolución en la revolución".

Hasta la elección de Hugo Chávez, en 1998, los dos partidos políticos que se repartieron el poder durante cuarenta años (el demócrata cristiano COPEI y el socialdemócrata Acción Democrática) supieron utilizar la renta petrolera para erigir a la corrupción y a la burocratización en sistema de organización del Estado. Al mismo tiempo que se distribuían los puestos de funcionarios para comprar la paz social, era necesario no obstante plegarse a la ideología procedente del Norte: la reducción "necesaria" de las políticas públicas. En esa situación casi paradójica, la hinchazón del aparato estatal sólo podía ser compensada por... la concienzuda organización de su ineficacia.

Por otra parte, en este país de divisiones sociológicas caricaturescas, los funcionarios calificados suelen provenir de medios burgueses totalmente herméticos a todo proyecto de transformación social, a veces por simple ignorancia de las condiciones de vida de la enorme mayoría de los venezolanos. Gilberto Giménez, director general del gabinete del canciller, esboza una sonrisa al evocar la solución que trata de aplicar al problema: "Actualmente las promociones están subordinadas a permanencias de dos semanas en los barrios populares". Por su parte, los cuadros políticos "sólidos", capaces de asumir un papel activo en la transformación interna del Estado, son escasos. Por ejemplo, la Cancillería tuvo seis titulares diferentes en menos de un año, antes de hallar la estabilidad con la designación de Alí Rodríguez 3.

La formación política que llevó a Chávez al poder, el Movimiento Quinta República (MVR), no es un partido. Se formó a los apurones a partir de 1994 4 sobre la base de una coalición de partidos de izquierda y de ex-movimientos guerrilleros, algunos de cuyos dirigentes comenzaban a hallar un cierto confort en la sociedad que tanto habían combatido anteriormente. Por su parte, los jóvenes cuadros formados por los institutos de AD y de COPEI comprendieron rápidamente que la candidatura de Chávez ofrecía nuevas posibilidades de acceder al poder, lo cual decidió no pocas adhesiones...

Sin embargo, cuando en noviembre de 2001 el Presidente promulgó 49 "decretos-ley" marcando así el punto de partida de las reformas sociales, Luis Miquelena, artesano del acercamiento entre la izquierda venezolana y Chávez, los evaluó como demasiado radicales. Renunció entonces a su cargo de ministro del Interior 5, seguido por sus partidarios en la Asamblea Nacional. El sociólogo Edgar Figuera explicó: "Hemos perdido un período legislativo. Las leyes que se aprobaron eran leyes depreciadas: Venezuela sigue viviendo en el marco legislativo de la cuarta República" 6. Paradoja de un proyecto revolucionario que, aun antes de formar y disponer de sus propios cuadros, se construye con las herramientas legadas por un Estado cuya estructura misma apuntaba a la perpetuación del modelo neoliberal.

 Estado participativo y social

 Por supuesto, desde diciembre de 2005 los partidos progubernamentales disponen de la totalidad de las 167 bancas de la Asamblea Nacional. Ya no tendrán la misma excusa para explicar eventuales retrasos en la reforma de las herramientas legislativas del país. Pero el porcentaje de abstención (75%) que caracterizó ese escrutinio, si bien es fruto de la deserción calculada de la oposición, que consciente de que sería ampliamente derrotada decidió retirarse, muestra también cierta desaprobación popular frente a la desviación de los procesos revolucionarios, a la que Venezuela también debe enfrentarse: el reemplazo de una elite burguesa por una elite política que reproduce los defectos de aquélla, particularmente el progresivo alejamiento respecto de la realidad cotidiana de la población.

Sin un verdadero partido, sin aparato de Estado sólido, sin suficiente cantidad de cuadros revolucionarios, sin un movimiento social realmente coherente (al menos por ahora), el proceso bolivariano no deja por eso de diferenciarse de las otras experiencias revolucionarias latinoamericanas.

"El pueblo organizado debe formar parte del nuevo Estado, participativo, social, de tal forma que ese viejo Estado anquilosado, burocrático, ineficaz, sea totalmente derrocado", explicaba Chávez en 2004. Por entonces, aludía sobre todo a las "misiones", esos programas manejados por la "comunidad", que pasan por encima del "viejo Estado" para responder a las urgencias sociales. La reciente creación de "consejos comunales" 7, el 10 de abril pasado, es una nueva etapa importante en la construcción de ese "nuevo Estado" y de las formas de gobierno local en las que se apoyará.

En la localidad de Vela de Coro, la Unidad de Poder Popular (UPP) funciona en una pequeña casa que la cobija del sol abrasador de la península de Paraguaná. Un cartel explica que los Consejos comunales "impulsan la democracia participativa (...) para articular las organizaciones sociales en busca de soluciones a los problemas colectivos y saldar la deuda social del país". Aquí fue la Municipalidad la que tomó la iniciativa de ayudar a crear esas organizaciones, "pero nosotros aportamos sólo herramientas, ayuda en caso de conflicto. Sólo la asamblea de ciudadanos puede adoptar decisiones", precisa Xiomara Pirela, coordinadora de la UPP.

La tarea principal del consejo es coordinar e integrar las actividades de las organizaciones existentes en la comunidad: misiones, comités de tierras urbanas, comités culturales, etc. "Así que no es el representante, sino el portavoz de la asamblea de ciudadanos, que es en definitiva el último organismo de toma de decisiones del pueblo", insiste Pedro Morales, director de Fundacomun (organismo que financia los consejos comunales) para el Distrito Capital, es decir, Caracas.

Xiomara Pirela busca en la nutrida pila de expedientes "en curso" que tiene sobre su escritorio y extrae unos planos dibujados con marcador, con trazos por momentos toscos. "La gente comienza haciendo un croquis social de la comunidad: las casas, los habitantes, los ingresos, y también los problemas de infraestructura, los problemas sociales, etc.". Ese trabajo permite preparar, en asamblea, el "diagnóstico participativo" y decidir las prioridades: abastecimiento de agua, evacuación de aguas servidas, creación de un centro de atención médica, etc.

A partir de esas bases, el consejo comunal propone sus proyectos a la asamblea de ciudadanos, los transmite a las autoridades competentes y administra directamente los recursos asignados por medio de un "banco comunal" que toma forma de cooperativa. Cada proyecto puede recibir hasta 30 millones de bolívares (unos 12.000 euros). Pero es posible recurrir a los Consejos locales de planificación pública, a la Municipalidad o a las autoridades estaduales para hacer inscribir proyectos más costosos en el presupuesto participativo del año siguiente.

En los cuatro Estados de la región Occidente -Barinas, Mérida, Táchira y Trujillo-, los más adelantados, más de 3.000 proyectos ya recibieron cerca de 92.000 millones de bolívares (más de 35 millones de euros). A partir de 2007 se destinarán directamente al financiamiento de los consejos comunales la mitad de las sumas provenientes del Fondo Intergubernamental para la Descentralización (Fides) y de lo generado en función de la Ley de Asignaciones Económicas Especiales (LAEE) derivadas de las minas y los hidrocarburos: cerca de 1.000 millones de euros. Las municipalidades y los Estados, que hasta ahora se repartían esas enormes sumas, deberán contentarse con el resto.

Se comprende entonces la tentación de algunos alcaldes de hacer elegir en los consejos a personas de "su entorno", a pesar de que la ley lo prohíbe. Sin embargo, "si bien los consejos comunales son efectivamente una respuesta a los problemas de burocracia y de corrupción, también permitirán responsabilizar a la población, acostumbrada a depender de un Estado paternalista... y a quejarse", añade Morales. Y al parecer, la población está dispuesta a asumir sus responsabilidades...

 Los consejos comunales

 Este 16 de julio (pasado), el inmenso edificio del bloque 45 de un barrio popular del oeste de Caracas llamado 23 de Enero, acaba de "dar el paso", anuncia orgullosamente una de sus habitantes. "El barrio es conocido por ser uno de los más sucios de América Latina", explica, mostrando los desperdicios que se amontonan al pie del inmueble, que los habitantes lanzan por la ventana sin preocuparse por los vecinos, como en el medioevo europeo. Hoy, sin embargo, luego de media docena de asambleas preparatorias "la gente decidió asumir su responsabilidad", eligiendo su consejo comunal.

Algo más arriba, sobre la colina, el barrio El Observatorio hace lo mismo. Una tela plástica amarrada en un rincón del barrio sirve de cuarto oscuro ("la votación debe ser directa y secreta", se recuerda). Se forma la cola delante de las urnas de cartón, luego de que todos pudieron verificar que estaban vacías antes del comicio. En este caso, como en muchos otros, las mujeres asumen las responsabilidades. Lo que está en juego es importante y la ley es bien clara. Los afiches advierten: "Si no somos al menos un 20% de la comunidad la elección no será válida. ¡Después no hay que quejarse!" 8. Pero las organizadoras se muestran confiadas. Una de ellas explica: "Los hombres van a venir. Yo le avisé a mi marido. ¡Si no viene a votar, no hay comida, ni ropa, ni nada!".

En pocos meses ya se crearon, o están en formación, miles de consejos comunales en todo el país. Los anteriores a la promulgación de la ley están siendo regularizados poco a poco. En el Distrito Capital ya existen más de 500 y se espera crear unos 50.000 en todo el país. Los barrios elegantes también participan, "cuando la gente acepta poner los datos de sus ingresos", ironiza Josefina, una habitante de Prado del Este. "Pero al menos participan. ¡Quién lo hubiera dicho hace unos años!", sonríen Xiomara Paraguán y sus amigas. Eso obliga a preguntarse por qué haber esperado siete años para crear esos consejos. "En realidad, si los alcaldes y los gobernadores hubieran hecho su trabajo, no los hubiéramos necesitado. Todo esto, finalmente, es un poco gracias a ellos", afirma Engels Riveira, del consejo de Camunare Rojo.

El entusiasmo que se percibe por los consejos comunales muestra que son ante todo espacios de democracia que responden a una necesidad del "proceso". La participación ya había sido fomentada a nivel laboral (co-gestión, autogestión, desarrollo de cooperativas, que pasaron de menos de 1.000 en 1999 a 100.000 en enero de 2006) y cultural (por medio, por ejemplo, de comités culturales de barrio). Faltaba organizar las modalidades de participación a nivel político.

De manera que la "comunidad", que según los términos de la ley está formada por 200 a 400 familias en las ciudades, unas 20 familias en zonas rurales y un mínimo de 10 entre los indígenas, se convierte en la estructura gubernamental básica del "nuevo Estado". Y si fuera cierto -como señala Juan Carlos Monedero 9- que "el socialismo del siglo XX fracasó sobre todo por falta de participación popular", los consejos comunitarios podrían resultar una importante herramienta en la construcción del "socialismo del siglo XXI" que se propone Venezuela.

"En fin... si el dinero aparece", dice Xiomara Paraguán. "¡Si no aparece, lo vamos a ir a buscar!", le responde inmediatamente otra de las integrantes del consejo de El Observatorio. En ese barrio, luego de la elección, ya comenzaron a trabajar. Xiomara asistió a un taller de "elaboración de proyectos sociales" y muestra orgullosa su diploma. Las integrantes del consejo recibirán muy pronto una formación de ese tipo.

Frente a la inercia de algunos burócratas y "politicastros", aquí hay que contar con la fuerza de la "contraloría social", esa "vieja ciudadana" que se hace cargo de la defensa de "su" proceso. Los consejos comunales podrían ser una versión perfeccionada de la misma, y ayudar a los venezolanos a exigir del Estado los medios de ejercer su co-responsabilidad. En la vida de todos los días, el camionero Juan Guerra es una expresión de esa "contraloría". Cuando, finalmente, un diputado lo recibe, dispara: "La revolución es como una reja de hierro que nos protege de la burguesía. Si nosotros, el pueblo, dejamos que se oxide, la reja se viene abajo".

  1. Sicario: asesino a sueldo.
  2. "Aló Presidente!", 5-2-06.
  3. El reemplazo de Rodríguez, el 8 de agosto, por Nicolás Maduro, hasta entonces presidente de la Asamblea Nacional, se debió a razones de salud.
  4. Año en que Chávez salió en libertad luego de haber pasado dos años en prisión por su intento de golpe de Estado, el 4-2-1992.
  5. Antes de participar en el golpe de Estado de 2002.
  6. La Constitución de 1999 instauró la quinta República.
  7. El término "comunal" debe entenderse como "emanación de la comunidad", no como referencia a la comuna, en el sentido francés de la palabra.
  8. Votan las personas de 15 años o más que viven en el barrio desde hace al menos seis meses.
  9. Investigador del Centro Internacional Miranda, con sede en Caracas.
Autor/es Renaud Lambert
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 87 - Septiembre 2006
Páginas:26,27
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Ciencias Políticas
Países Estados Unidos, Cuba, Venezuela