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El futuro se decide hoy

Después del desastre neoliberal, Argentina quedó como si hubiera perdido una guerra. Lo nuevo es que ahora dispone de posibilidades para modificar esa situación. Antes, el mayor objetivo era "zafar", escapar: durante la dictadura, esquivar la represión; después, evitar la miseria. Ahora, por una serie de circunstancias que tocan tanto a la situación internacional como al modo en que ha venido creciendo la economía después de la crisis de 2001 y otros factores políticos y sociales, existen las bases para construir un país soberano, con un sistema productivo jerarquizado, sin pobres ni excluidos. Son objetivos modestos en teoría, pero importantes en la práctica, de los que permitirían ingresar y consolidarse en otra categoría de país. Entonces, de acuerdo con la comprobación clásica, es probable que el aumento de lo cuantitativo se transforme en cambio cualitativo. No habría más de lo mismo, sino un sistema diferente.

Esto no sería una novedad: en el último cuarto de siglo lo lograron varias naciones del Sudeste de Asia, y también España e Irlanda, aunque en diversas circunstancias y por causas y mecanismos diferentes, que por cierto no son trasladables de modo directo a la realidad argentina.

Las condiciones para un salto cualitativo existen en el campo económico. Primero, hay una alta tasa de crecimiento; nunca antes se habían dado cuatro años consecutivos de incremento del Producto Interno Bruto (PIB) al 9%, con perspectivas de continuar con una expansión más moderada, pero sostenible. Segundo, la tasa de inversión subió del 14,5% del PIB en 2002 a 22% en 2006 (medida en precios corrientes). Tercero, existen amplios superávits en las cuentas externas y fiscales. Cuarto, el tipo de cambio responde a las necesidades de la producción. Quinto, quedó relegado el problema de la deuda externa. Sexto, hubo una importante caída de la desocupación. Séptimo, se acabó la tutela del Fondo Monetario Internacional. Octavo, existe una política antiinflacionaria no recesiva. Noveno, el Mercosur se transformó en un bloque geopolítico y conforma un nuevo "espacio interno", una frontera ampliada con enormes posibilidades de expansión e intercambio.

Desde el punto de vista social existen la población y los cuadros científicos, técnicos, gerenciales, etc. capaces de ejecutar este cambio. A pesar del deterioro sufrido, quedan memoria colectiva, organizaciones sociales e instituciones de enseñanza como para encararlo. Pero para aprovechar sus posibilidades al máximo deberían disponer de un armado social, político e institucional que oriente y empuje el salto cualitativo.

En cierto modo, el país se encuentra en una situación parecida a la que siguió a la crisis de los años 1930. Entonces, el derrumbe de un modo de funcionamiento económico y las medidas tomadas en medio de la emergencia (control de cambios, creación del Banco Central, impuesto a la renta, juntas reguladoras de granos y de carnes, etc.), condujeron a la industrialización por sustitución de importaciones. Este proceso se generó por la fuerza de los hechos y se acentuó durante la Segunda Guerra Mundial a causa de la imposibilidad física de importar. En la posguerra se siguió una política deliberada de desarrollo industrializador, basada en la expansión del mercado interno, el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), la banca y las empresas públicas y el desarrollo de un empresariado nacional.

Del mismo modo, el derrumbe de la convertibilidad en 2001 forzó la devaluación, la suspensión del pago de la deuda externa (seguida por su reestructuración con quita), el control de cambios, los impuestos sobre las exportaciones (retenciones) y la provisión de planes sociales para los desocupados. El resultado ha sido que la economía ha podido recuperarse sobre la base de los sectores productores de bienes, creando empleo con sustentabilidad externa y fiscal.

Pero eso fue posible porque cambió la política económica, porque se pasó de una economía de renta a una de producción y porque no se hizo lo que no debía hacerse: no se mantuvo un dólar barato ruinoso para la producción nacional; no se combatió a la inflación con una recesión que hubiera multiplicado el número de pobres; no se continuó bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional, que imponía políticas contrarias al interés nacional.

Ahora se trata de pasar de las medidas de emergencia que sirvieron para el manejo de la crisis y la recuperación (preservando y ajustando, cuando corresponda, las que siguen siendo funcionales al desarrollo), a la definición de una estrategia de desarrollo de largo plazo. Esto supone, por una parte, establecer las orientaciones básicas que, en alguna medida, ya están presentes desde la salida de la convertibilidad: reindustrialización, integración nacional (social, física, regional), redistribución del ingreso, integración sudamericana. Estas orientaciones necesitan consolidarse en programas específicos de largo plazo; en proyectos capaces de transformar a Argentina: la inserción internacional; la reindustrialización; la inclusión social y la nueva configuración regional.

Uno de los ejes de una estrategia de cambio es la unidad nacional. Ello significa no sólo el ejercicio del federalismo político, sino una acción específica de los gobiernos nacional y provinciales en el plano económico y en el de integración física. Las economías regionales han sido siempre castigadas, pero durante el período neoliberal sufrieron con dureza la crisis de la desindustrialización, el desempleo y la subvención a las importaciones; la desarticulación de las vías de transporte y comunicación.

Otro problema básico es la inequidad en la distribución del ingreso (Gurrieri, pág. 6). La infografía (pág. 6) fracciona a la población según los ingresos que perciben, por estratos de 10%. Choca a todo principio de justicia que el ingreso de los más ricos sea 31 veces superior al de los más pobres; esa relación llegó a ser de 10 veces en 1974 y de 56 veces en 2003. No hay justificación para esa aberración: no es cierto que la mejor distribución surja de modo natural "por derrame" de los ingresos de los más ricos. Y no hay economía que se desarrolle sanamente con esa distribución del ingreso.

Pero no son esas las únicas dificultades a encarar. Entre otros factores indispensables, sobresalen la energía, las obras públicas y la infraestructura.

El 90% de la energía que se consume en Argentina se genera con petróleo y gas. El problema es que el remanente de reservas comprobadas de petróleo y de gas, al ritmo de extracción de 2005, sólo duraría hasta 2014 2. Además, y puesto que la penuria es mundial, es de esperar un fuerte aumento del precio. Pasar de exportador a importador de hidrocarburos supondría un fuertísimo golpe para la balanza comercial y de pagos; para el conjunto de la economía.

¿Existen medios para evitarlo? Sí. En apretadísima síntesis, con el 40% de la cosecha de maíz puede producirse el etanol que reemplace a todo el consumo de gasolina; y con soja y girasol podría obtenerse el biodiesel. En cuanto a la electricidad, el Plan Energético Nacional 2004-2008 prevé una serie de medidas 3. Pero para sustituir en su totalidad a las centrales térmicas, además de las obras previstas, deberían construirse tres centrales nucleares más. Además, el INVAP (Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado), creado por la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Provincia de Río Negro, podrá construir el prototipo de la central nuclear Carem, un producto argentino con perspectivas de exportación 4. Una fuente importante a explorar e intensificar en Argentina, entre otras, es la energía eólica.

Este es un cálculo "de máxima" en relación con las posibilidades de explotar nuevas fuentes de energía, un esquema que apunta no sólo a resolver la crisis del sector en el corto plazo, sino a emancipar al país del petróleo y del gas. Pero en los hechos, las necesidades de sustitución serán paulatinas y menores, debido al restante de hidrocarburos, al gasoducto ampliado desde Bolivia y el proyectado desde Venezuela.

Un salto cualitativo implica la construcción y mantenimiento de una infraestructura adecuada a los nuevos requerimientos económicos y sociales, ya que las necesidades se multiplican cuando el ritmo de crecimiento es elevado. Será necesario reconstruir mucho de lo destruido, adecuándolo a las nuevas tecnologías. El ejemplo sobresaliente es el sistema ferroviario, irresponsablemente desmantelado en la década de los '90, que debe volver a ser uno de los ejes de la unidad nacional. Además, se debe extender la red de caminos y ampliar y construir puertos; de otro modo sería imposible transportar la cosecha de 100 millones de toneladas a la que se aspira. En el plano social debe paliarse el déficit de vivienda y de edificios escolares y centros de salud.

Las consecuencias políticas

Un salto cualitativo así tendría importantes consecuencias políticas. Cuando se pasó de la Argentina agraria a la industrial, languidecieron o desaparecieron los antiguos partidos políticos y se crearon otros nuevos. El conservadorismo y el radicalismo "unionista", hasta entonces hegemónicos, declinaron o se extinguieron; nacieron el peronismo, el radicalismo "intransigente" y el radicalismo "del pueblo", que fueron los partidos políticos predominantes de la Argentina industrial.

¿Cuál sería la configuración política de la Argentina post salto cualitativo? Es probable que el proceso sea conducido por una fuerza política popular. ¿Qué significa esto? La calificación de lo popular (o populista) varía según quien la formule. En la crítica neoliberal y conservadora se la equipara a la barbarie opuesta a la civilización; se resalta el autoritarismo del líder, a quien se le imputa demagogia y totalitarismo, así como el carácter tumultuoso de las masas. En los reproches de la izquierda se reprueba que el factor aglutinante sea la Nación y no las clases sociales; sin embargo, lo que suele ocurrir es que -como ironiza Ernest Gellner- "el mensaje que había de despertar las conciencias estaba destinado a las clases, pero debido a un espantoso error postal se entregó a las naciones" 5.

A su vez, quienes revalorizan a lo populista 6 señalan que es un modo de construir lo político más que una ideología; que es una forma de incorporación a la sociedad de masas populares excluidas; y por último que fue un proceso de articulación política que sirvió para sumar a obreros, empresarios y al Estado en el proceso de industrialización de América Latina. En cualquier caso, el populismo parece ser por ahora la forma política predominante 7 y la única con vitalidad suficiente como para producir cambios profundos.

No es un delirio imaginar que Argentina puede dar un salto cualitativo, que la impulse a otro estadio de desarrollo económico, de jerarquización del sistema productivo, de aumento de la productividad y de bienestar de su población. Al contrario, los hechos objetivos indican que se trata de una presunción razonable.

Los acontecimientos reseñados no son imaginarios, sino realidades económicas y medidas concretas viables, respaldadas por recursos humanos y financieros, varias de las cuales ya están en ejecución. Pero no basta con las obras físicas; es preciso construir la base de apoyo social y política que dé viabilidad y permanencia a un proceso de desarrollo integrador. Requiere, por cierto, hacer explícita y cuantificada una estrategia global de desarrollo, así como la (re)creación de instrumentos de planificación económica coherentes, flexibles y eficaces.

Una estrategia consiste en un curso de acción fundamental que se basa en la realidad y que marca la táctica para obtener los fines deseados. Un ejemplo de estrategia política transformadora es la que aplicó en 1945 el entonces coronel Juan D. Perón, quien ese año le expuso a un colaborador y amigo 8 por qué iba a imponerse en la política argentina. La explicación era simple: la vida política de esa época estaba regida por minorías fragmentadas y ganaba el que mejor movía sus pequeños grupos y ocupaba las mejores posiciones de poder. Era una situación análoga a la de los países de Europa durante las guerras pre-napoleónicas, en donde triunfaba la minoría que mejor se ubicaba y se movía en el campo de batalla. La innovación de la Revolución Francesa, y luego de Napoleón, fue que hizo irrumpir a los ejércitos de masas, que pasaron por encima a los regimientos mandados por nobles que hacían juegos de posiciones. Lo mismo se proponía hacer Perón en la política argentina: movilizar a las masas y desbordar el viejo esquema. Esa estrategia marcó su triunfo en el ‘46.

Tradicionalmente, las minorías han manejado la economía argentina. Se imponían las que desplegaban mejor sus posiciones de poder y sus negocios. ¿Habrá llegado la hora de reincorporar a las masas por la vía del consumo, la inversión, la reindustrialización, el empleo, la distribución del ingreso, la educación y la salud? ¿Podrá construirse un país industrial, con elevado desarrollo agrícola y servicios de alta productividad, donde funcione un Estado de Bienestar en democracia?

  1. Debe destacarse la labor del Plan Fénix de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, que durante varios años ha analizado la situación argentina y elaborado soluciones alternativas.
  2. Ver (varios autores), los dossiers "Argentina camino a un colapso energético"; "El sector hidrocarburífero argentino" y "La crisis energética argentina", en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur de abril de 2005 y abril y octubre de 2006, respectivamente.
  3. Varios autores, "La crisis energética argentina", ibid.
  4. El Carem es un reactor nuclear de baja potencia (27 a 350 megavatios), de tecnología de avanzada, que puede ser fabricado en grandes series y se adecua a las necesidades de países subdesarrollados; un Carem chico de 25 megavatios puede dar electricidad a una ciudad de 100.000 habitantes. Fue creado por INVAP y está en la etapa de construcción del prototipo.         
  5. Ernest Gellner, Naciones y nacionalismo, Alianza Editorial, Madrid, 1988.
  6. Ernesto Laclau, La razón populista, FCE, 2005.
  7. Carlos Gabetta, "Populismos", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2006.
  8. Relatado al autor por el Dr. Arturo E. Sampay.
Autor/es Alfredo Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 89 - Noviembre 2006
Páginas:4,5
Temas Ciencias Políticas, Crítica
Países Argentina