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¿Desarrollar la industria maderera o exportar materia prima?

El conflicto entre Argentina y Uruguay, provocado por la instalación de dos industrias “pasteras” (Ence y Botnia, española y finlandesa, respectivamente) ubicadas en Fray Bentos, a orillas del río Uruguay, frente a la ciudad argentina de Gualeguaychú, tiene un trasfondo mucho más complejo que el que expresan partidarios y opositores. La explotación de las enormes potencialidades forestales de la región plantea una opción estratégica y un verdadero desafío para el  Mercosur, el ámbito en el que debería resolverse el conflicto y definirse una política común.

Transcurridos ya algunos meses desde el momento más álgido del conflicto es necesario revisar con una mirada más amplia la situación no sólo de la Mesopotomia argentina, sino también de toda la cuenca del Sistema Acuífero Guaraní 1, una joya en materia de reserva del agua potable mundial, pero también una de las zonas más fértiles del mundo para la explotación forestal y el desarrollo industrial ligado a la producción maderera y celulósica.

Botnia y Ence, las dos empresas que se instalan en Uruguay, son sólo la avanzada. Ya hay conversaciones -aunque oficialmente las autoridades gubernamentales lo nieguen- para establecer al menos seis plantas similares más en la región, dos de ellas posiblemente en la provincia argentina de Corrientes y otra en Misiones, provincias en las que esas empresas extranjeras ya han adquirido 225.000 y 267.000 hectáreas respectivamente 2, para la plantación de pinos y eucaliptos, especies ideales para los llamados bosques de cultivo.

Por un lado, es evidente que la región tiene todo para convertirse en un polo de producción agroindustrial, con una inserción precisa en el mercado internacional de la madera y el papel. Desde este punto de vista, cada país de la región, o ésta en su conjunto, debe decidirse por una producción que agregue valor o resignarse a seguir exportando materia prima. Para el caso, no exportar simplemente madera, sino también pasta de celulosa e incluso papel.

En un trabajo reciente, Claudia Peirano, de la Asociación Forestal Argentina, sostiene que "Argentina tiene el mayor potencial del Cono Sur para liderar el sector celulósico papelero de base forestal cultivado; las inversiones en Uruguay son un espejo de la oportunidad que tiene nuestro país". Agrega que las posibilidades de la región consisten en un "alto crecimiento potencial de los bosques de cultivo, disponibilidad de tierras que no compiten con la agricultura, un desarrollo tecnológico y de mercado importante en la última década", e insinúa que "la industria de base forestal puede ser sustentable social y ambientalmente y creadora de fuentes de empleo y bienestar en zonas rezagadas de nuestro país".

Peirano subraya la posibilidad de que el foco productor atraiga inversiones por más de 3.000 millones de dólares para la región, tanto en plantas de celulosa, como en industria de la madera, puertos e infraestructura y servicios, lo que redundaría en unos 12.000 nuevos puestos de trabajo y una mejora en el empleo indirecto: logística, transportes y servicios, entre otros. Peirano pone como ejemplo Uruguay: "Con sus tres plantas funcionando, el aumento de sus exportaciones superará los 1.000 millones de dólares y sólo la entrada en funcionamiento de Botnia significará un aumento del 1,5% en el PBI de ese país" 3.

 El negocio de la madera

 Argentina tiene actualmente 32 millones de hectáreas de bosques nativos y un 1,1 millón de bosques cultivados, en su mayoría con pinos, eucaliptos y salicáceas. Los primeros aportan el 10% de la producción total del sector; los segundos el 90%. La posibilidad de multiplicar la producción es elocuente.

A esto hay que sumarle que el 95% del árbol cultivado es aprovechable: 46% se deriva a la producción de pulpa y papel (para el producto final o como energía y calor); 46% para madera aserrada (del que se extraen los chips para la industria celulósica y una menor parte termina como aserrín y corteza); el resto se destina a combustible. La cadena de producción se descompone en celulosa, papeles, madera estructural para la construcción, remanufacturas de madera (puertas, ventanas, muebles, etc.), resinas, biocombustibles renovables y bienes y servicios ambientales, como la fijación de suelo y la producción de oxígeno.

En Argentina hay 69 empresas dedicadas a la producción de celulosa y papel -en el Noroeste, en la Cuenca del Paraná, en Misiones y en la Provincia de Buenos Aires-; 20 dedicadas a la fabricación de tableros y 9 al faqueado. Resulta interesante analizar los datos proporcionados por FAIMA 4, según los cuales existen 7.600 establecimientos de producción de madera: 32% corresponden a aserraderos y remanufacturas de madera y 39% a muebles y carpinterías. El sector emplea a poco más de 52.000 personas en forma directa. Claro está que la cadena de valor agregado se incrementa considerablemente entre el rollizo y la mueblería y los muebles de alto diseño y entre la pasta de celulosa y el papel. Es por eso que la elección del tipo de producción para determinada región es estratégica.

Argentina tiene una gran diferencia de competitividad entre la industria de la celulosa y la del papel. Mientras es exportadora de celulosa, es netamente importadora de papel, lo que delinea una producción deficitaria en términos de intercambio y, sobre todo, la dependencia productiva.

Por su potencial forestal, Argentina es un objetivo interesante para las inversiones internacionales del sector, y hasta el conflicto con Uruguay era tenida muy en cuenta. Europa y Estados Unidos concentran la exportación neta de la producción de papel y pasta de celulosa -12.400 y 4.000 toneladas, respectivamente-, mientras que China y América Latina son los principales importadores netos, con 3.600 y 11.600 toneladas respectivamente 5. En China, el sector aumentó un 26% entre 1998 y 2003. Todos los indicadores económicos sugieren que la tendencia a la producción y el consumo de papel seguirán creciendo al mismo ritmo que el actual.

En el Cono Sur, Brasil aumentó su producción de celulosa de 4.000 toneladas en 1990 a 10.000 en 2006 y proyecta 15.000 para 2010. Uruguay, gracias a su política de promoción para la forestación y la industria del sector, pasó de 1.000 a casi 3.000 toneladas, mientras que en el mismo período Argentina se mantuvo en 1.000 toneladas.

El ingeniero Luis María Mestres, director de Recursos Forestales de la Provincia de Corrientes, opina sobre la posibilidad de desarrollar un polo productivo en la zona: "Desde ya que sí. De las casi 1.200.000 hectáreas que tiene forestadas el país, el 70% está en la Región Mesopotámica (840.000 hectáreas), que está considerada como una de las mejores zonas del mundo para el desarrollo de esta actividad. Misiones, con mucha más historia forestal por la presencia de sus Bosques Nativos, es hoy la más desarrollada en la industria respecto a Corrientes y Entre Ríos y la que menos terreno tiene disponible para crecer en aumento de superficie forestada (Bosques Cultivados): unas 350.000 hectáreas. Corrientes tiene por lo menos 3.000.000  de hectáreas para incrementar su patrimonio forestal, (hoy de 350.000), sin competir con otras actividades primarias como agricultura y ganadería (...) El ciclo es a mediano-largo plazo, dependiendo de zona y género y puede ir de 10 a 20 años, que es el tiempo que hay que esperar para cosecharlos. No son industrias golondrina; cuando se instalan lo hacen por un buen tiempo, décadas. Las ventajas son el desarrollo del empleo, infraestructura, rentabilidad y en definitiva, calidad de vida. Chile, con 2.100.000 hectáreas cultivadas, exporta productos por 3.800 millones de dólares. Corrientes puede aspirar a tener cultivadas 3.000.000 de hectáreas. Los chilenos aseguran que los pinos aquí crecen 3 veces más. Aquí crece de 8 a 10 veces más que en Canadá, Finlandia y Suecia, que son potencias mundiales en la industria forestal. Hay ejemplos mundiales de polos industriales forestales desarrollados. Eso queremos hacer aquí; que no haya un crecimiento desordenado, es función del Estado lograr eso en la medida de lo posible. No encuentro desventajas. Hoy por hoy, nadie habló oficialmente de querer instalar una industria de este tipo en Corrientes. Sólo Bosques del Plata, del Grupo CMPC de Chile, anunció en 1992/93 un proyecto de planta de celulosa de 500.000 toneladas por año. Por ahora anunciaron un mega aserradero y la industria celulósica para más adelante, sin definir fecha. Sabemos, además, que hay tecnología disponible para producir celulosa en condiciones ambientales admitidas. Hay que tener legislación adecuada y organismos de control capacitados y con presupuesto acorde para ello. Eso es lo que queremos para Corrientes" 6.

 El impacto ambiental

 Pero la opción de desarrollar la industria forestal, ¿no supone abrir la caja de Pandora ambiental? (Carrere, pág. 34). Respecto al conflicto con Uruguay por las pasteras, el gobernador de la provincia argentina de Entre Ríos presentó una denuncia en la que advierte "que el volumen de producción de pasta de celulosa de ambas plantas será el más grande del mundo, con una capacidad de producción de 500.000 toneladas por año en el caso de Celulosas de M'Boricua y 1.000.000 de toneladas por año por parte de Botnia. Que los denunciados planean operar estas plantas (...) durante un período de 40 años de manera ininterrumpida, por lo que los vertidos de efluentes líquidos al Río Uruguay y la contaminación del aire y del suelo calculados anualmente deberán multiplicarse por cuarenta. Por ejemplo, solamente una de las plantas operadas por los denunciados verterá al Río Uruguay más de 100 millones de metros cúbicos de efluentes líquidos tóxicos altamente contaminantes al cabo de 40 años de producción. Que los denunciados verterán al suelo, aire y agua diferentes residuos sólidos, líquidos y gaseosos que se consideran peligrosos conforme a la Ley Nacional 24.051 (...) Que la industria de pasta de celulosa está calificada legislativamente en la Unión Europea como actividad industrial con "elevado potencial de contaminación" y se establece la obligación de "considerar sitios alternativos para la radicación con el objeto de minimizar el impacto en el ambiente y en la salud". Que conforme a la legislación europea, los denunciados no podrían instalar en Europa estas plantas principalmente debido a la tecnología utilizada y al lugar de radicación. Que la tecnología de procesamiento que utilizarán los denunciados, es el denominado ECF o KRAFT, que utiliza un derivado del cloro elemental altamente contaminante y que produce (...) afectaciones a la salud (sigue detalle) (...). Que existe tecnología ambientalmente superior que minimizaría los impactos ambientales y evitaría el vertimiento de efluentes líquidos al Río Uruguay, pero que no será utilizada por los denunciados por meramente razones económicas" 7.

También del lado uruguayo hay serios cuestionamientos, no sólo respecto a la instalación de industrias pasteras, sino también a la formación de bosques cultivados. En un trabajo académico presentado por la geógrafa Raquel Alvarado, se reconocen las principales objeciones: "1) La gran masa forestal implantada afectaría el balance hídrico, ya que absorbería grandes volúmenes de agua, lo cual afectaría la disponibilidad de agua subsuperficial para otros cultivos adyacentes, produciendo a mediano plazo un proceso de desertificación; 2) el eucalipto provocaría un efecto desecante sobre el suelo y afectaría la provisión de nutrientes de modo tal que quedarían inutilizados para otra producción; 3) el hecho de ser plantaciones monoespecíficas redunda en escasa biodiversidad, dado que no ofrecen posibilidades de sustento a las especies autóctonas y a la vez permiten desarrollarse allí algunas especies consideradas plagas, como la cotorra, el zorro y el jabalí, facilitando además la propagación de plagas y del fuego". Sin embargo, Alvarado reconoce que "pasados ya más de quince años desde el inicio de las plantaciones, las afectaciones ambientales en lo que refiere a los recursos hídricos han sido muy puntuales, si bien los resultados sólo podrán verse en el largo plazo" 8.

 ¿Una alternativa de desarrollo?

 Como siempre, las oportunidades económicas sorprenden al Estado argentino con la guardia baja. Mientras que Brasil y Uruguay llevan una política de más de 15 años de incentivos y protección para el sector, Argentina todavía no se ha preguntado si es necesario o no desarrollar un polo industrial alrededor de la madera. Obviamente, las asociaciones ligadas a la forestación reclaman una mayor planificación por parte del Estado y un marco regulatorio para su actividad. Se suman los pedidos de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, la que a través de su presidente Pedro Reyna, sostuvo que "es necesaria una política de Estado, pero si hay que decidir hacia dónde apuntar el desarrollo industrial, más conveniente que las empresas pasteras son las papeleras, porque son las que mayor valor agregado suman. Además, hay que tener en cuenta que las industrias del mueble son las que más mano de obra absorben" 9.

La polémica está instalada. El Estado argentino debe analizar con toda seriedad qué rol le compete al país en este rubro, y cualquiera sea la decisión, asumir las consecuencias: si de exportar sólo madera se trata, que el valor agregado será mínimo; si se desarrolla la industria, que habrá que planificar y establecer controles  extremadamente estrictos. Las empresas más contaminantes son severamente controladas, tanto en su ubicación como funcionamiento, en sus países de origen: al fin y al cabo, no puede decirse que Suecia, Canadá y Finlandia, grandes productores, sean países que se destaquen por su nivel de contaminación, sino todo lo contrario.

Parte de las críticas al proyecto industrial se basan en que los países centrales exportarían sus industrias contaminantes (y hay mucha verdad en eso), pero no se trata sólo de una cuestión ambiental, sino fundamentalmente económica. Por una mayor cercanía entre la materia prima (los bosques) y el primer proceso de valor agregado (las pasteras) y debido al encarecimiento del transporte, es más económico que las industrias se encuentren cerca de las plantaciones.

Sólo con un Estado fuerte, estricto y atento sería posible que el polo productivo resulte realmente beneficioso para los países del Mercosur. Si va a tratarse de los consabidos planes de promoción industrial, en los que las empresas generan algunos trabajos temporarios en el rubro de la construcción durante el período de instalación, para luego ofrecer un mínimo de puestos permanentes y aprovechar las exenciones impositivas, puertos propios (o francos), concesiones laborales y ambientales, etc., no vale la pena siquiera considerar la situación.

Lo que parece claro es que la disyuntiva existe. Las condiciones naturales son óptimas; por lo tanto ¿qué hacer con ellas? El conflicto entre Argentina y Uruguay por las pasteras ha venido a dejar al descubierto las debilidades del Mercosur, que parece aturullado ante el entredicho puntual y no atina a trazar una estrategia común.

Porque tal vez la solución consista en realizar el proceso completo en la región y de manera conjunta, estableciendo estrictísimas condiciones ambientales y otras y definiendo los lugares de ubicación de la industria -numerosos en una inmensa región escasamente poblada- de manera de limitar al máximo los daños ecológicos y al paisaje.

En cuanto a Argentina -que dicho sea de paso tiene en funcionamiento en su territorio desde hace décadas siete pasteras altamente contaminantes- de seguir así puede que en el futuro sea proveedora de materias primas no ya a los mercados centrales, sino a sus vecinos. Y lo peor que le puede pasar es que la contaminación se produzca igual por la producción ajena, sin que el país reciba beneficio alguno.

  1. Ver Martín Latorraca y Maximiliano Martínez, "La sed de apropiarse del agua", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto de 2005.                 
  2. Ver Alberto F. Amato y Tomás Pont Borges, "La extranjerización de los recursos naturales", Caras y Caretas, julio de 2006.
  3. Claudia Peirano, dirigente de la Asociación Forestal Argentina. Los datos son extraídos del trabajo Capacitación para el sector Foresto Industrial (entrevista con el autor en mayo de 2006, Buenos Aires).
  4. Información aportada al autor por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA).
  5. Datos extraídos de la página www.swedishtrade.com
  6. Entrevista con Luis María Mestres, director de Recursos Forestales de la Provincia de Corrientes.
  7. Fórmula de denuncia penal por la posible comisión del delito tipificado en el Art. 55 de la Ley 14.051, en grado de tentativa, presentada el 19-1-05 frente a la Fiscalía de Gualeguaychú y respaldada por la Fundación Centro de Derechos Humanos y Ambiente.
  8. Datos aportados por la geógrafa uruguaya Raquel Alvarado, cuya tesis final versó sobre el plan de forestación de Uruguay.
  9. Reportaje a Pedro Reyna, presidente de FAIMA.
Autor/es Hernán Brienza
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 87 - Septiembre 2006
Páginas:34,35,36
Temas Desarrollo, Política internacional
Países Argentina, Uruguay