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La industria, eje del desarrollo

En general se acepta que con el desarrollo industrial la mayoría de las democracias lograron alcanzar los mejores niveles de desarrollo económico y humano. Pero en el caso argentino, la industria no ha tenido aún la posibilidad de corregir sus defectos y, en cambio, fue destruida paulatinamente a lo largo del último medio siglo. Aspectos esenciales de un detallado plan de reindustrialización.

En este marco, resulta imprescindible un programa de reconversión industrial que asegure su evolución en condiciones sustentables a largo plazo.

La competitividad industrial depende de la articulación de factores tales como el acceso a mercados, aspectos legales y normativos, situación macroeconómica y tecnológica, acceso a recursos críticos, los costos, la conformación de cadenas productivas o la articulación con otros sectores, la disponibilidad de recursos humanos capacitados, las acechanzas tecnológicas y comerciales, las estructuras y gestión empresariales y el acceso a bienes de capital y financiamiento.

Estos factores condicionan la evolución potencial de las ramas industriales; razón por la que deberían privilegiarse las de bienes de capital (producción de bienes que se destinan a fines productivos). A través del diseño y construcción de equipamiento, estos bienes juegan un rol articulador entre la innovación tecnológica y su aplicación, satisfaciendo demandas de las distintas industrias usuarias. Esto los convierte en estratégicos en la investigación y desarrollo y la aplicación tecnológica. Permite, a su vez, la modernización productiva de los sectores que son sus usuarios y el avance en la diferenciación de sus productos o en la ocupación de nichos de mercado mediante equipamiento especializado.

Intereses nacionales

La producción industrial argentina en 2005 muestra que los productos alimenticios tuvieron una incidencia del 31,1%; la industria química y petroquímica el 19,9% y la producción de bienes de capital el 18,8%. La vocación industrial argentina se centra pues en estos tres sectores. La industria de bienes de capital interviene en forma horizontal en prácticamente todo proceso productivo.

Dentro del sector de bienes de capital, tres ramas explican el 57% del conjunto: fabricación de vehículos automotores (19%), de maquinaria de uso especial (27%) y de otros productos elaborados de metal (11%). Las dos últimas son las más relevantes en una política de industrialización. En materia de bienes de capital, el país debe recuperar las capacidades que alguna vez tuvo, actualizadas de acuerdo con las nuevas tecnologías predominantes.

Por otra parte, debe priorizarse a la industria alimentaria, dadas sus importantes ventajas comparativas. Es una industria que suscita un fuerte interés del capital externo; además, con las modernas tecnologías, los recursos naturales que utiliza también son empleados en la generación de energía (etanol y biodiesel).

Dos de los elementos esenciales para la industria son los mercados y la infraestructura. Todo desarrollo industrial se basa en los mercados. En el interno, el incremento salarial y del empleo aumenta con fuerza el consumo, y tanto el sector alimentario como el de vestimenta pueden ser abastecidos por la industria nacional. En cuanto al sector externo, su expansión no es tan evidente, dada la presencia de competidores muy activos (en especial China y Brasil). Una política adecuada implica una presencia activa en el apoyo a la industria local y en la defensa de los intereses nacionales en las negociaciones externas.

Asimismo, el desarrollo industrial necesita de dos infraestructuras: la física y la humana. La primera está compuesta sobre todo por energía y transporte, y en ella se debe hacer con urgencia un replanteo estratégico del cual no estará ausente la industria de bienes de capital. La infraestructura humana también precisa de una capacitación estratégica que normalmente insume mucho tiempo. No sólo se trata de la educación media o técnica, sino también de la capacitación en el trabajo.

Fortalezas y debilidades

Para efectuar un análisis estratégico destinado al sector industrial, es necesario considerar las fortalezas y debilidades que enfrenta. Debe tenerse en cuenta su heterogeneidad, ya que abarca una amplia gama de producciones, desde la de commodities –metalúrgicas básicas, químicos o petroquímicos– hasta la de productos con alta diferenciación como equipos (bienes de capital) especializados, confecciones textiles o del cuero, pasando por la de alimentos y farmoquímicas.
A ello debe agregarse la particular situación de empresas que, aun dentro de un mismo sector, presentan diferencias sustantivas en su tamaño, estructura y formas de gestión que las llevan a situaciones competitivas diferentes, así como a distintas estrategias de toda índole, en particular tecnológicas.
Sin embargo, puede determinarse un conjunto de fortalezas y debilidades comunes a todo el sector industrial actual, aunque en distintas ramas se manifiesten con intensidad diferente, lo que lleva a la formulación de cursos de acción no siempre idénticos para mejorar su competitividad.

Entre las fortalezas

Alta competitividad en el área de productos básicos (commodities); parque industrial relativamente actualizado; buen nivel tecnológico relativo; experiencia y disponibilidad de tecnologías: procesos, biotecnología, metalúrgica, metalmecánica, informática; dotación de recursos y acceso a materias primas a costos competitivos; en el caso de las industrias de bienes de capital, buena inserción en comunidades locales; protección relativa de los mercados nacionales debido a los fletes; certificación de productos que permiten su comercialización internacional; capacidad de adecuación a las necesidades del mercado local y a las demandas de mercados externos; capacidad de adaptación a circunstancias macroeconómicas cambiantes, y disponibilidad de infraestructura: comunicaciones, transportes, energética.

Entre las debilidades

Falta de estrategias industriales nacionales y regionales a largo plazo; debilidades en la gestión de programas de apoyo a la industria; regiones del interior del país con baja capacidad de apoyo al sistema productivo; baja diferenciación de productos en sectores de alto valor agregado; mercado interno de reducido tamaño para economías de escala elevadas; cadenas de comercialización internacional de productos diferenciados débiles; bajo aprovechamiento de nichos de mercado internacionales; baja oferta nacional de bienes de capital; escasa velocidad de incorporación de innovaciones tecnológicas; escaso nivel de decisión tecnológica local en grandes empresas; baja articulación con el sistema de ciencia y tecnología; baja capacidad en investigación y desarrollo dentro del sistema productivo y el de ciencia y tecnología; escaso y costoso acceso al financiamiento de bienes de capital y gastos operativos; falta de financiación específica para exportaciones; escala de producción adaptada al mercado local, pero baja para mercados internacionales; bajas barreras de protección aduaneras ante competencia exterior; tendencia a inversiones de rápido repago por temor a nuevos ciclos recesivos; cantidades limitadas de recursos humanos capacitados técnicamente; debilidades en la gestión empresaria, en especial en su planeamiento, eficiencia y diseño de productos; bajo nivel de asociatividad empresaria, y escasa atención a la protección del medio ambiente.

La nueva industrialización

La reindustrialización no implica el retorno al perfil de industrialización anterior. Hay nuevas tecnologías con desarrollo muy dinámico que deben ser insertadas en los nuevos perfiles productivos, como ya ocurre en muchos casos. En estas condiciones estarían las siguientes industrias: bienes de capital, con especial énfasis en metalmecánica y maquinaria agrícola; alimentaria; farmacéutica; aplicaciones industriales de la biotecnología; textil; industrias de origen nuclear, que aprovechen la experiencia de más de medio siglo de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la del INVAP, así como la calidad y la influencia científica de los técnicos formados, en la investigación, desarrollo y aplicación de tecnologías novísimas, como la nanotecnología y la optoelectrónica.
Hasta aquí se reseñaron algunos rasgos fundamentales del proceso de reindustrialización que deberá encarar Argentina si realmente quiere ubicarse en el concierto de las democracias desarrolladas. Sobre estas bases u otras que también se sustenten en el interés nacional, el bienestar de la población y la elevación de la jerarquía del sistema productivo, deberá elaborarse un plan detallado de reindustrialización. Naturalmente, el desarrollo deberá ser homogéneo, pues no se trata sólo de cuestiones productivas, sino de un conjunto de factores –educacionales, sanitarios, institucionales y otros– que, juntos, definen la cabal noción de desarrollo.
Sólo así se superará el retroceso que aplastó durante un cuarto de siglo el progreso industrial y se podrá aspirar a afirmarse durante el siglo XXI como país desarrollado.

Autor/es Jorge L. Albertoni
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 89 - Noviembre 2006
Páginas:7
Temas Desarrollo
Países Argentina