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Un arma electoral para Mugabe

En vísperas de una elección legislativa de alto riesgo para el partido en el poder, Zimbabwe atraviesa una crisis sin precedentes. Enfrentado por vez primera a una oposición creíble, el jefe de Estado Robert Mugabe la emprende violentamente con los pocos miles de granjeros blancos, quienes aún poseen las mejores tierras cultivables. Esta estrategia alarma a los Estados vecinos, que temen el desmoronamiento de la segunda economía de Africa austral.

A priori, la causa parecía justa: desde el mes de febrero de 2000, antiguos combatientes zimbabwenses de la guerra contra el régimen racista han puesto en marcha una salvaje ocupación de las propiedades de granjeros blancos, quienes aún están en posesión de la mayoría de las mejores tierras del país, cuando de hecho su recuperación había sido la principal reivindicación de la lucha por la independencia. En la ex Rhodesia se ocuparon alrededor de mil explotaciones, de un total de aproximadamente 4.500, a menudo a costa de violencia y muerte.

Pero los "ex-combatientes" no siempre son tales, y cuentan con el apoyo de un jefe de Estado deseoso de popularidad. Robert Mugabe, en el poder desde hace veinte años, criticado unánimemente por su gestión, convirtió en argumento electoral la expropiación de los propietarios blancos ante la perspectiva de una derrota en las elecciones legislativas.

Sin embargo los numerosos traspiés que derivaron de ello están quebrantando el frágil equilibrio social que existe desde la independencia y acentúan la grave crisis económica y social del país. La situación preocupa especialmente a los vecinos de la antigua Rhodesia y a sus socios internacionales, para quienes el derrumbe de la segunda potencia de la región no puede tomarse a la ligera. Asimismo, la crisis es seguida de cerca en Sudáfrica, donde se impondría una reforma agraria de gran envergadura, aunque ésta aún no esté a la orden del día1.

Hasta no hace tanto, Zimbabwe era considerado un modelo en una Africa austral lacerada. Cuando logró su independencia, en abril de 1980, Rhodesia fue uno de los primeros países en conocer una transición pacífica, en una región particularmente agitada. Sudáfrica y Namibia vivían en un régimen de apartheid. Mozambique y Angola, rehenes de la guerra fría, estaban siendo desgarrados por sangrientas guerras civiles. Y Zambia se hundía en la crisis económica, como consecuencia de la caída del precio del cobre.

Independencia sin tierra

En un entorno tan perturbado, en diciembre de 1979, la firma de los acuerdos de Lancaster House, propiciados por el primer ministro blanco Ian Smith y por los guerrilleros negros dirigidos por Robert Mugabe y Joshua Nkomo, que habrían de permitir el acceso al poder de la mayoría negra, fue considerada como un éxito mayor. Pero la otra victoria fue que el cambio de régimen no provocó el derrumbe de la economía. "Después de haber comprobado los efectos de la súbita imposición de la política revolucionaria del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique) en Mozambique, los futuros dirigentes de Zimbabwe habían tomado conciencia de que las nacionalizaciones y los cambios económicos exigidos por el socialismo a la mozambiquense, así como su propia retórica, habrían tenido como consecuencia la huída de la población blanca y la desestabilización de la economía", tal como lo señala el politólogo estadounidense Jeffrey Herbst2. En la Constitución emanada de Lancaster House, los dirigentes de la oposición negra aceptaron pues la inclusión de un artículo que protegía a la propiedad privada, especialmente la de la tierra, así como la de una cláusula que prohibía cualquier modificación a la ley fundamental antes de un período de siete años, lo que logró tranquilizar los círculos de negocios y limitar el éxodo de la población blanca.

El compromiso era inmenso porque el principal anhelo de la comunidad negra, mayormente rural, era recuperar las tierras confiscadas por entonces a los africanos. Además, se contraponía con el discurso marxista ostentado por el futuro primer ministro, Robert Mugabe, líder de la Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (ZANU-PF). Pero el nuevo hombre fuerte del país, pragmático, estimó que era preferible satisfacer estas expectativas en forma progresiva, para evitar la desestabilización de un sector privado dinámico3. En cambio se puso el acento en la educación y la salud, sectores de los cuales los africanos habían sido casi totalmente privados en el régimen de Ian Smith.

En el curso de sus primeros diez años de independencia, frente a una Sudáfrica excluida de la comunidad internacional debido al apartheid, Zimbabwe se labró una excelente imagen en el exterior, así como una ubicación de primer orden en el Africa austral. Políticamente, Robert Mugabe, devenido presidente en 1987 gracias a una reforma constitucional, nunca fue un gran demócrata. Poco después de la independencia, ahogó en un mar de sangre la rebelión de sus opositores de la Unión Africana de los Pueblos de Zimbabwe (ZAPU), conducida por Joshua Nkomo. Pero fue lo suficientemente hábil para ofrecerles la "paz de los valientes", fusionando ambos movimientos.

En consecuencia, Zimbabwe se constituyó por largo tiempo en ejemplo, debido a una lograda transición entre el régimen blanco y los dirigentes negros.

Sin embargo, el "modelo Zimbabwe" no tardó en dejar traslucir sus limitaciones. Al principio de los años 90, la economía dio muestras de graves señales de agotamiento. En consecuencia, a partir del año 1991, Harare debió ceder ante el ajuste estructural, ya impuesto a un gran número de países africanos. Para Robert Mugabe, hasta entonces acérrimo opositor a los métodos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la decisión resultaba especialmente difícil.

Aproximadamente 4.500 granjeros seguían en posesión de más de un tercio de las tierras cultivables en las zonas más fértiles, bajo la forma de amplias explotaciones comerciales, mientras que más de 700.000 familias de campesinos negros compartían el resto en las "tierras comunales", regiones mucho menos propicias para el cultivo. Entonces comenzaron las primeras ocupaciones de granjas blancas por parte de campesinos pobres y de jóvenes rurales. El jefe de Estado decidió relanzar la reforma agraria, esbozada en el momento de la independencia, pero que, en una década, sólo había favorecido a 62.000 familias de las 162.000 previstas.

Desde entonces, Robert Mugabe no dejó de anunciarles a los campesinos negros "la gran victoria", mientras adoptaba un doble discurso, por momentos violentamente anti-blancos y por momentos tranquilizante para los zimbabwenses de origen europeo. En febrero de 1992, el Parlamento votó una ley que le otorgaba al gobierno el derecho de apropiarse de cualquier propiedad agrícola a un precio fijado unilateralmente por el Estado. Pero debió hacer marcha atrás, frente al Sindicato de Granjeros Comerciales (CFU), en su mayoría blancos, y a las presiones del exterior. Cuando finalmente, en 1993, se puso en marcha la primera fase del programa de redistribución que abarcaba a 70 explotaciones, no fueron campesinos sin tierras, sino ministros o allegados al poder quienes resultaron beneficiados…

No obstante, en las elecciones presidenciales de marzo de 1996, Mugabe fue reelecto por tercera vez para la conducción del país, con facilidad, dado que no se le enfrentó ningún opositor creíble. Pero la endeblez de la participación, apenas el 31,75% de los electores, puso claramente de manifiesto el hartazgo de la población. En agosto de 1996, una primera gran manifestación de empleados que reclamaban incrementos salariales y una serie de huelgas en la administración y los servicios públicos paralizaron el país.

Pero fue el descubrimiento, el año siguiente, de un escándalo relacionado con el desvío de pensiones destinadas a los ex-combatientes en beneficio de dignatarios del régimen, lo que provocó el estallido. Los ex-guerrilleros, hasta entonces considerados como los niños mimados del régimen, realizaron violentas manifestaciones por más de un mes, llegando hasta sitiar la presidencia para lograr sus fines. Acorralado, el presidente no tuvo otra salida que anunciar medidas excepcionales en favor de éstos, aunque sólo solucionó el primero de una larga lista de expedientes. Frente al continuo desmoronamiento del nivel de vida, Zimbabwe experimentó en lo sucesivo sus peores movimientos sociales desde la independencia. Se endureció el conflicto después del envío, en agosto de 1998, primero de 6.000 y luego de 11.000 soldados al Congo-Kinshasa para apoyar al Presidente Laurent Désiré Kabila, quien enfrentaba una rebelión apoyada por Uganda y Ruanda. Los sindicatos, indignados por el costo de esta intervención militar, evaluada en un millón de dólares diarios, fortalecieron su movimiento y fueron sostenidos, algunos meses más tarde, por el FMI, cuando éste acusó a las autoridades de Harare de mentir en cuanto a sus gastos militares para obtener un préstamo…

Un modelo sepultado

Esta ola de protestas también favoreció el advenimiento del primer auténtico partido de oposición al ZANU-PF en el poder, el Movimiento para el cambio democrático (MDC), conducido por Morgan Tsvangirai, Secretario general de la Confederación de Sindicatos de Zimbabwe (ZCTU). Creado hace menos de un año, el nuevo partido ya logró su primer triunfo al obtener la victoria del "no" en el referendum constitucional organizado en febrero de 2000.

Valiéndose de este primer resultado, la oposición augura una victoria en las próximas elecciones legislativas. Pero Mugabe, tal como lo declaró públicamente, está decidido a todo para impedírlo. A sabiendas de que aún puede contar con cierto apoyo en las zonas rurales, el jefe de Estado propició activamente, y hasta organizó, de acuerdo a algunas voces, el movimiento de ocupación de las granjas blancas. Además, hizo que se votara en el parlamento la enmienda constitucional sobre la expropiación que había sido rechazada, junto a la reforma constitucional, algunas semanas antes.

Paralelamente, arreciaron las intimidaciones en contra de los militantes de la oposición, quienes prevén una manipulación en el próximo acto electoral. Sus dirigentes son acusados por el partido en el poder de complicidad con los "racistas blancos", dado que miembros de esta comunidad proclamaron abiertamente su apoyo al MDC. Los blancos empezaron a abandonar el país, un hecho que preocupa a los socios internacionales de Zimbabwe. Estos, en su gran mayoría, suspendieron sus relaciones con Harare, a la espera de un gesto apaciguador del presidente, a la vez que reclaman la organización de un acto electoral libre y honesto. Sea como fuere, esta nueva crisis de hecho sepultó lo que quedaba del "modelo Zimbabwe".

  1. Ver Le Monde diplomatique, París, marzo 1999.
  2. Jeffery Herbst, State Politics in Zimbabwe, University Zimbabwe Publications, Harare, 1990.
  3. La nueva nación independiente heredó una agricultura competente, un sector manufacturero desarrollado y una poderosa industria minera, pero bajo absoluto control de la minoría blanca.
Autor/es Christophe Champin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:15
Traducción Dominique Guthmann
Temas Conflictos Armados, Minorías, Agricultura, Deuda Externa, Estado (Justicia), Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Angola, Congo, Mozambique, Namibia, Ruanda, Sudáfrica, Uganda, Zambia, Zimbabwe