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India revisa la historia colonial

Nueva Delhi busca resolver los conflictos con sus enemigos de ayer, como Pakistán: a principios de enero se alcanzó un acuerdo para construir una segunda línea ferroviaria entre ambos países. Al mismo tiempo, algunos historiadores han reanudado sus trabajos sobre el período colonial, reactivando debates apasionados sobre el lugar de las mujeres en la sociedad, el sistema de castas o la cuestión de los lugares de culto.

En junio de 2005, durante la visita a Pakistán de Shri Lal Krishna Advani, presidente del partido hindú de derechas -el Bharatiya Janata (BJP)- y líder de la oposición en el Parlamento indio, pretendió que el padre fundador de Pakistán, Muhammad Ali Jinnah (1876-1948), se habría manifestado algunos días antes de la independencia de ese país, en agosto de 1947, a favor de la igualdad de derechos cívicos y religiosos para todos los paquistaníes, musulmanes, hindúes o cristianos. Para Advani, ese discurso probaría que Jinnah era partidario del laicismo. Esta observación suscitó un verdadero cimbronazo dentro del BJP, que siempre le imputó a Jinnah la responsabilidad principal por la división del subcontinente según fronteras religiosas. Por su audacia, Advani acaba de perder la dirección de su partido 1.

Algunos días más tarde, al recibir el título de doctor honoris causa en Oxford, el primer ministro Manmohan Sing declaró que aunque el reinado colonial británico en India había dado lugar a una explotación intensa, también había aportado algunos beneficios: las instituciones del Estado de derecho, un cuerpo profesional de funcionarios, una prensa libre, universidades y laboratorios de investigación modernos 2. Este discurso desencadenó a su vez un fuerte debate. Para unos, el Primer Ministro ensució la memoria de los mártires de la independencia, mientras otros veían en sus dichos un signo de la nueva confianza en sí misma de la nación india, capaz de examinar, sin falsa vergüenza, el verdadero balance de su pasado colonial.

Pero esto no es todo. La reivindicación que hace el Consejo de administración de los lugares de culto sunitas de un derecho de propiedad sobre el célebre Taj Mahal de Agra, monumento del patrimonio confiado a la Autoridad Arqueológica de India, suscitó una tercera polémica. La organización sunita afirma que en su origen, bajo el Imperio Mogol, la tumba revestía un carácter oficialmente religioso y que, desde su construcción en el siglo XVII, allí se rezan plegarias todos los viernes. No se trataría, entonces, de un monumento histórico, sino de una mezquita. Esta reivindicación ha sido cuestionada por varios historiadores que estudian los archivos del Imperio Mogol. Así, es posible que la controversia en torno a la legitimidad del derecho de propiedad del Estado sobre los lugares de culto de importancia histórica dure bastante tiempo.

Pero el debate más incendiario de estos últimos años se produjo acerca de los antecedentes históricos de la mezquita de Ayodhya, una pequeña ciudad del norte de India 3, donde han estallado muchos incidentes violentos entre hindúes y musulmanes que causaron miles de muertos y donde una sucesión ininterrumpida de batallas políticas y jurídicas ha provocado la caída de varios gobiernos. A todo ello se agregan innumerables debates, de alcance regional o nacional, relativos a los manuales escolares, los monumentos, las películas y novelas históricas, los festivales, los ritos, la bandera y el himno nacional... En resumen, la vida pública india está inmersa en controversias históricas. El trabajo de los historiadores está inevitablemente influenciado por tal mediatización y no hay nada de sorprendente en que las diferentes corrientes políticas se apropien de esos debates.

La historia "subalterna" 

Hace treinta años existían en India dos grandes escuelas de historiografía moderna. Una, principalmente integrada por investigadores con base en Cambridge, veían en el nacionalismo indio el esfuerzo de un puñado de hombres provenientes de las elites autóctonas para adueñarse del poder, apoyados en los vínculos tradicionales de casta y de comunidad, con el fin de sublevar a las masas contra el colonizador británico. Opuestos a esta tesis, los historiadores nacionalistas indios sostenían que las condiciones materiales de la explotación colonial habían preparado el terreno para una alianza entre las diferentes clases. El papel de los líderes habría sido entonces el de organizar la lucha común por la independencia.

En los años 1980 apareció una tercera corriente de pensamiento, con la creación del grupo denominado de estudios subalternos, de inspiración "poscolonial" 4. Basándose en los trabajos del marxista italiano Antonio Gramsci, estos historiadores no dieron la razón ni a la escuela de Cambridge ni a la escuela nacionalista, acusando a la primera de elitismo colonial y a la segunda de elitismo nacionalista 5. Ambas corrientes habrían reducido el movimiento anticolonial a las acciones de una elite, sin dar lugar, ni una ni otra, a las acciones políticas autónomas iniciadas por las clases "subalternas".

Desde entonces, las interpretaciones de la historia moderna de India han estado inscriptas en el marco de esos tres enfoques contradictorios. Un tema de debate esencial ha sido el papel de las masas campesinas dentro del movimiento nacionalista. Para los historiadores de los estudios subalternos, las clases dominadas, como los campesinos y los obreros, entraron en muchos casos a la arena política nacionalista. Sin embargo, también es verdad que, en muchos otros, se negaron o se retiraron después de haber aportado su apoyo inicial, a pesar de todos los esfuerzos de los dirigentes nacionalistas. En resumen, los objetivos, las estrategias y los métodos políticos de las capas sociales "subalternas" eran diferentes de las que tenían las elites. Y el nacionalismo de las elites no era igual al de las capas "subalternas".

La primera fase del trabajo de los estudios subalternos estuvo dominada por el tema de las revueltas campesinas, estudiadas en diferentes regiones del sur de Asia y en diferentes períodos, a partir de las mismas fuentes campesinas 6. Pero éstas eran muy escasas. De todas maneras, al releer desde el punto de vista de los campesinos rebelados los documentos oficiales -los informes redactados por los funcionarios-, los historiadores "subalternistas" revelaron que estos documentos podían arrojar una nueva luz sobre la conciencia de los rebeldes. También mostraron que los historiadores elitistas, aun cuando tenían simpatía por la causa, obviaron los elementos más poderosos y los más significativos de la conciencia "subalterna", rehusándose a tomar en cuenta lo que había, para su mirada, de mítico, de ilusorio, de milenarista o de utópico en las acciones de los rebeldes, o buscando en ellas una explicación "racional" y reductora. La consecuencia, a veces involuntaria, fue la integración forzada de los rasgos heterodoxos de la lucha de las clases subalternas en la grilla racionalista de la conciencia de elite. La historia autónoma, o más bien los rasgos distintivos de la acción subalterna sobre la historia, fue completamente ocultada por esta historiografía.

Los análisis realizados por los estudios subalternos sobre la resistencia campesina en la India colonizada constituían una requisitoria amarga contra la política nacionalista burguesa. El Estado nación poscolonial había incorporado efectivamente a las capas subalternas en el espacio imaginario de la nación, pero las había mantenido separadas del espacio político real del poder del Estado. En su primer período, este trabajo crítico fue comparado con frecuencia con el de los historiadores marxistas británicos que propugnaban una "historia desde abajo", como Christopher Hill, E.P. Thompson o Eric Hobsbawm, u otros investigadores de los History Workshops 7.

Pero los historiadores "subalternistas" se negaban a adherir a la ortodoxia historicista, según la cual todo lo que había pasado en Occidente se reproduciría necesariamente en India. Rechazaban el marco de la "modernización" como trama obligatoria de la historia de los países que habían sido colonizados. Las doxa establecidas, así como también las de las historiografías liberales-nacionalistas y marxistas, les inspiraban el mayor escepticismo. Sus trabajos acusaban de falsedad la tentación de escribir -y por lo tanto de construir- la historia de la India moderna como concreción de la modernidad tal como la habían imaginado los grandes teóricos del mundo occidental. Esta resistencia, visible desde los comienzos de los estudios subalternos, tomará más tarde la forma de una defensa de las "modernidades diferentes".

Lejos de la modernidad occidental

A partir del quinto y sexto volumen de la colección Estudios Subalternos, entre 1987 y 1989, nació una nueva orientación. Se comenzaba a admitir, de manera mucho más seria que antes, que las historias de la "subalternidad" eran fragmentarias, dispersas e incompletas, que la conciencia "subalterna" estaba dividida, compuesta de elementos extraídos tanto de las vivencias de las clases dominantes como de las dominadas. De la misma manera que los signos de autonomía manifestados por las personas comunes en los momentos de rebelión, las formas de conciencia "subalterna" sometidas al régimen cotidiano de la subordinación se volvieron un objeto de estudio. Una vez inscriptas estas cuestiones en el orden del día, la historia "subalternista" ya no podía limitarse al estudio de las revueltas campesinas. La cuestión ya no era "¿cuál es la forma auténtica de la ‘subalternidad'?", sino "¿cómo está representada?", tanto en el sentido de "re-presentada" como de "figurada". A consecuencia de lo cual se produjo una modificación de los objetos y de los métodos de investigación.

Una vez señalada la cuestión de la "representación de los ‘subalterno'", se abrió todo el campo de la difusión de los conocimientos modernos en la India colonial. Problemáticas como la gobernabilidad colonial, el sistema de educación inglés, los movimientos de reforma religiosa y social y el auge del nacionalismo fueron sometidos a nuevos cuestionamientos. Las investigaciones se centraron en el Estado moderno y en las instituciones públicas gracias a las cuales las ideas de racionalidad y de ciencia, así como el régimen moderno del poder, fueron difundidos en la India colonial y poscolonial. Dicho de otra manera, instituciones como la escuela y la universidad, los diarios y las editoriales, los hospitales, los médicos, los sistemas de salud, el censo, los procesos de producción industrial, las instituciones científicas y los museos se convirtieron en objetos de estudio de la escuela crítica.

Una tesis importante, que apareció durante el último período en y alrededor de los estudios subalternos, es la de las modernidades alternativas o híbridas. Esta tesis parte de la difusión de las ideas, de las prácticas y de las instituciones de la modernidad occidental durante la colonización. En el marco de la teoría clásica de la modernización, la historia de la modernidad en los países colonizados es invariablemente percibida en términos de retraso o de recuperación. Según la célebre frase del historiador Dipesh Chakrabarty, estas sociedades parecen haber sido asignadas, de una vez para todas, "a la sala de espera de la historia".

Ahora bien, la pretensión universalizadora de la modernidad occidental oculta el hecho de que, como toda historia, es el fruto de condiciones locales. Traspuesta a otras épocas y lugares, será necesariamente modificada por las diferentes condiciones locales. ¿Qué ocurre cuando los elementos de la modernidad occidental se adoptan en otros lugares? ¿Toman formas diferentes y nuevas, que ya no pertenecen al original? Y en caso afirmativo, ¿debemos ver en esos cambios otras tantas alteraciones? ¿Otras tantas brechas con relación a un tipo ideal? ¿O bien serán, por el contrario, ejemplos legítimos de una modernidad diferente?

Defender esta última posición equivale al mismo tiempo a "provincializar Europa" y afirmar la identidad de otras culturas, en el mismo momento en que éstas participan en la supuesta universalidad de la modernidad. Dipesh Chakrabarty, Gyan Prakash y Gayatri Chakravorty Spivak, por ejemplo, han explorado diversos aspectos de este proceso de "traducción" de los conocimientos, de las tecnologías y de las instituciones, esforzándose por mostrar que el encuentro entre formas occidentales de la modernidad y culturas no occidentales colonizadas no ha sido la simple superposición de una sobre las otras y no ha terminado en formas corrompidas o defectuosas de la modernidad 8. Podría, más bien, haber dado nacimiento a formas de modernidad en las cuales la marca de su diferencia sigue siendo todavía hoy objeto de luchas de poder.

Las intervenciones de los historiadores poscoloniales han aportado nuevas perspectivas sobre las controversias contemporáneas en India, por ejemplo sobre el sistema de castas, la posición social de las mujeres o la cuestión de los lugares de culto. En este último ámbito, el debate ha estado tradicionalmente polarizado entre los hinduistas chauvinistas por un lado y los sostenedores del laicismo por otro. Pero las investigaciones poscoloniales mostraron que la oposición entre laicidad y comunalismo no equivalía a una oposición entre modernidad y retraso, ya que ambas posiciones políticas están firmemente enraizadas en el campo estatal y político moderno.

Estado y autonomía 

Con estrategias diferentes, ambos grupos persiguen en realidad el mismo objetivo, que es la consolidación del Estado nación moderno. Las dos estrategias siguen siendo elitistas, pero recurren a dos modos diferentes de representación y de apropiación de la "subalternidad". Frente a estos objetivos elitistas rivales, los grupos subalternos de India preparan, cada uno a su manera, estrategias independientes.

Esto también es cierto en lo que hace a las castas. La política referida a ellas se ha modificado desde los años 1990. El fundamento "religioso" de las divisiones en castas ha desaparecido totalmente del debate público. En la actualidad, los conflictos están centrados casi exclusivamente en las posiciones relativas ocupadas por cada una de ellas frente al Estado. El debate para saber si la pertenencia de casta debe ser reconocida como criterio de discriminación positiva refleja, también en este caso, dos estrategias elitistas de representación y de apropiación de lo subalterno: una que privilegia la igualdad de oportunidades y la meritocracia y otra que preconiza un período de discriminación positiva para compensar los siglos de privación sufridos por las castas inferiores.

Los propios grupos subalternos, en sus luchas por la justicia social y el reconocimiento, elaboran diversas estrategias dirigidas al mismo tiempo a garantizar su autonomía, mientras aprovechan las posibilidades ofrecidas por el Estado 9. Alianzas estratégicas entre las castas medias e inferiores y otros grupos oprimidos, como por ejemplo las minorías religiosas o tribales, han dado lugar a victorias electorales significativas. Pero con la emergencia de nuevas elites políticas entre las capas "subalternas", la cuestión de saber "quién representa a quién" y "con qué propósito" se plantea con nueva agudeza.

La tercera cuestión gira en torno a la posición social de las mujeres. En un sentido, todas las mujeres que viven en una sociedad patriarcal ocupan una posición "subalterna". Y, sin embargo, la mujer posee también una identidad de clase, de "raza", de casta y de comunidad. Por lo tanto, de la misma manera que es legítimo analizar la subordinación de las mujeres en una sociedad regida por los hombres, también es necesario detectar la manera en que la construcción de las relaciones sociales de género se hace más compleja por la interacción entre las identidades de clase, de "raza", de casta y de comunidad. Los debates recientes se han centrado en los movimientos de reforma social del siglo XIX y sobre todo en los destinados a garantizar mejor los derechos de las mujeres en un contexto regido por la política del Estado colonialista y por las fuerzas nacionalistas. Los escritos feministas que vienen de la esfera de influencia "subalternista" han cuestionado la pertinencia de un programa de reformas jurídicas decididas en la cumbre sin tomar en cuenta la necesidad de reformar las estructuras efectivas del poder patriarcal, que siguen prosperando dentro de las comunidades locales, despreciando las leyes 10.

A causa de sus ramificaciones, los escritos recientes de los historiadores indios "subalternistas" han alimentado la historiografía de la modernidad en otras regiones del mundo, también colonizadas en su momento, con debates sobre el nacionalismo y las relaciones sociales de género en Medio Oriente, por ejemplo, o sobre las luchas políticas de los campesinos y de las poblaciones indígenas de América Latina. Habiendo emigrado de Italia a India, la idea de una historia de lo "subalterno" produjo un enfoque crítico de la historiografía moderna que puede llegar a ser un instrumento fértil para volver a conceptualizar, en todas partes, viejas ideas modernistas como "nación", "ciudadanía" o "democracia".

  1. A fin de diciembre de 2005, Advani renunció a sus funciones como presidente del BJP por la presión de los ultras.
  2. Sobre la revisión de la historia colonial en el Reino Unido, véase Seumas Milne, "Rehabilitation du colonialisme", Le Monde diplomatique, París, mayo de 2005.
  3. Véase Christophe Jaffrelot, "L'Inde entre les mains du nationalisme hindou", y Teesta Setalvad, "Les nationalistes hindous, menace pour la démocratie", Le Monde diplomatique, París, junio de 1998 y julio de 1997, respectivamente.
  4. Los estudios "poscoloniales" están dirigidos a una reevaluación de la historia de los países que habían sido colonizados por fuera de los marcos conceptuales heredados de las naciones colonizadoras. Los estudios subalternos indios se inscribían en esta tendencia, privilegiando el estudio de lo vivido por la "gente sin importancia" (n. de la r.).
  5. Entre las doce recopilaciones de ensayos publicados hasta ahora, puede mencionarse: Ranajit Guha (ed.), Subaltern Studies I-VI (Oxford University Press, Delhi, 1982-89); David Arnold y David Hardiman (eds.), Subaltern Studies VIII (Oxford University Press, Delhi, 1992); Shahid Amin y Dipesh Chakrabarty (eds.), Subaltern Studies IX (Oxford University Press, Delhi, 1996); Shail Mayaram, M. S. S. Pandian y Ajay Skaria (eds.), Subaltern Studies XII (Permanent Black, Delhi, 2005).  
  6. La obra emblemática de estos estudios es Ranajit Guha, Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India, Oxford University Press, Delhi, 1983. 
  7. Gayatri Chakravorty Spivak, "Subaltern Studies: Deconstructing Historiography", en Ranajit Guha (ed.), Subaltern Studies IV (Oxford University Press, Delhi,1987), pp. 338-63; G. C. Spivak, "Can the Subaltern Speak?", en Cary Nelson y Lawrence Grossberg (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture (University of Illinois Press, Urbana, Illinois, 1988). 
  8. Gyan Prakash, Another Reason, Princeton University Press, Princeton, 1999; Gayatri Chakravorty Spivak, A Critique of Postcolonial Reason, Harvard University Press, Cambridge, 1999; Dipesh Chakrabarty, Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference, Princeton University Press, 2000.
  9. Shail Mayaram, M. S. S. Pandian y Ajay Skaria (eds.), Subaltern Studies XII, op. cit.  
  10. Nivedita Menon (ed.), Gender and Politics in India, Oxford University Press, Delhi, 1999; Flavia Agnes, Law and Gender Inequality: The Politics of Women's Rights in India, Oxford University Press, Delhi, 2001; Nivedita Menon, Recovering Subversion: Feminist Politics Beyond the Law, Permanent Black, Delhi 2004.
Autor/es Partha Chatterjee
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:16,17
Traducción Lucía Vera
Temas Colonialismo, Sexismo, Geopolítica, Sectas y Comunidades
Países India, Pakistán