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Una generación bisagra

En 1964 Bélgica y Marruecos firmaron un acuerdo bilateral que regulaba la llegada de trabajadores marroquíes al país europeo. Hoy en día los hijos de esos inmigrantes, de nacionalidad belga, sufren discriminaciones y una identidad partida entre dos naciones que los rechazan. Pero a pesar de las dificultades, la nueva generación de belgas-marroquíes ocupa un lugar importante en la sociedad.

"¿Usted sueña con venir a trabajar a Bélgica? ¿Ya ha tomado la "gran decisión"? Nosotros, los belgas, nos alegramos de que venga a aportar su energía y su inteligencia. (...) Y reiteramos que los trabajadores del Mediterráneo son bienvenidos en Bélgica" 1. Poco antes de esa declaración de amor publicitaria, Bruselas y Rabat habían firmado, en febrero de 1964, un acuerdo que regulaba la llegada de trabajadores marroquíes a Bélgica. Por entonces, miles de ellos hacían el viaje en busca de una vida mejor 2. Sobre todo, esperaban ahorrar lo suficiente para retornar "ricos" a su país. Ni Bélgica, ni Marruecos, ni esos trabajadores imaginaban ese desarraigo como algo definitivo.

"El Estado marroquí excluía toda integración de sus ciudadanos en el país anfitrión", explica Abdel Abbad, periodista del Journal de Tanger. El rey "Hassan II se oponía abiertamentre a que sus súbditos reivindicaran derechos en el país que los acogía. Se consideraba que los inmigrantes no habían ido para siempre, sino para traer de regreso nuevos conocimientos y divisas". Sin embargo, esos inmigrantes construyeron su vida en suelo belga y allí tuvieron a sus hijos: belgas de padres marroquíes. Cuarenta años después, empantanado en una crisis económica e institucional, el país que acogió a los padres y a las madres, ¿quiere verdaderamente a sus hijos y sus hijas?

Discriminación e identidad 

En todo caso, el discurso oficial cambió radicalmente. "La criminalidad juvenil evidentemente no es monopolio de los jóvenes de origen extranjero. Pero la honestidad obliga a reconocer que éstos cometen más actos criminales que los jóvenes autóctonos" 3, declaró por ejemplo Yves Leterme, ministro-presidente de la Región Flamenca, y en tal carácter, una de las personalidades políticas más importantes del reino. A la criminalista Fabienne Brion no le cuesta mucho responderle que si bien es cierto que casi la mitad de los detenidos en Bélgica son de origen extranjero, los jóvenes de familias magrebíes no comenten más delitos que los otros cuando son de un medio social comparable 4.

Pero la delincuencia no es lo único que se cuestiona: la "energía" y la "inteligencia" de los belgas de origen marroquí tampoco son bienvenidas. La firma Feryn, una empresa instalada en Flandre, se negó a emplear personas de origen marroquí, afirmando que a sus clientes no les agradan esas personas. Interrogado sobre ese caso de claro racismo, el presidente de la Federación de Empresas belgas, Jean-Claude Daoust, estimó que la firma en cuestión "tiene y no tiene razón" en ese caso "complejo" 5. En síntesis, la inmigración ya no es una ventaja, sino un problema que hay que resolver.

Resulta difícil estimar en cifras las discriminaciones que padece la nueva generación de belgas de origen marroquí -unas 200.000 personas- pues las estadísticas no la distinguen de los belgas "de pura cepa". Sin embargo, se puede suponer que su suerte es parecida a la de los marroquíes residentes en Bélgica. Pero si bien es cierto que el desempleo afecta más a los no-belgas, los marroquíes y los turcos constituyen por sí solos el 33,7% de los desempleados extranjeros, cuando representan apenas el 18,9% de los extranjeros 6.

A esta discriminación en la contratación de personal -que tiene que ver con la discriminación existente en el nivel de la formación- se suman las frustraciones cotidianas. Mohammed Allouchi, 27 años, siempre vivió en el centro de Bruselas. Asistente social, actor y director teatral, se siente belga, salvo cuando se ve "marroquí en la mirada de los otros". Entre sus 18 y 24 años infinidad de veces fue objeto de controles policiales: "Y entiendo que si los datos de la persona que buscan indican ‘joven de origen marroquí', no van a detener a los rubios".

Otra humillación: "Cuando ya tuve edad de ir a una discoteca, padecí el peor de los racismos. Por entonces hacía teatro, lo que me parece algo positivo. Además, siempre pagué mis cuentas. Cumplía con todas mis obligaciones para con la sociedad. Pero cuando llegaba el momento de divertirme, se me negaba ese derecho". Las salidas nocturnas de Mohammed nunca tenían éxito: el Bal, el Claridge, el Carré o el Sphinx, o bien habían "cambiado de clientela", o bien estaban "completos". En los últimos años, el equipo de básquet del que formaba parte solía reunirse en un café de moda de la capital, llamado el Conways, pero Mohammed no iba con sus compañeros: jamás lo habían dejado entrar...

Antes de empezar a participar en los movimientos sociales, cuando trabajaba en telemarketing, Mohammed sufrió otro tipo de vejaciones. Era el mejor vendedor, al punto de haber ganado un viaje a Italia como premio a su trabajo. Pero el jefe le exigía que al contactar a sus clientes no se presentara como Mohammed Allouchi, sino como un tal... "Luc Somers". "Aún hoy en día, cuando a raíz de nuestras actividades tengo que hacer reservas en un refugio o en un campamento, no doy mi nombre sino el de nuestro coordinador, Serge Noel."

Refiriéndose a esos jóvenes belgas considerados como inmigrantes, Ahmed Medhoune, investigador de la Universidad Libre de Bruselas (ULB), habla de "identidades estropeadas". Pues "la identidad se construye a la vez en la familia y en la escuela, pero sobre todo a partir de la mirada de los otros. Hay que imaginar a esos hombres y mujeres en una galería de espejos: la imagen que pueden ver es despreciativa. No hay construcción positiva, amor propio".

Y el sociólogo añade: "Los marroquíes son en general inmigrantes económicos. Se sitúan en la parte baja de la escala económica por provenir de un país en desarrollo. A pesar de lo cual mejoran rápidamente de situación. Son víctimas de muchos clichés. Los escolares marroquíes viven una situación particular: su capital simbólico difiere del de un alumno belga, incluso si éste viene de un medio pobre, en la medida en que acumula la inmigración económica y la cultura musulmana". Amhed Medhoune estima que "para esos alumnos, la escuela no es equitativa, es ineficaz y cara, a tal punto que no tendrán una formación igual a la de los demás, ni en conocimientos ni en conducta".

El sociólogo señala que es este último elemento el que "más discrimina. A capacidades profesionales idénticas, el empleador preferirá la connivencia cultural. Durante una entrevista de empleo, la decisión puede depender del físico, del aspecto. Hay que mostrar que se conocen los códigos, las normas, las actitudes de los más afortunados: el humor, la forma de caminar, de mirar, de vestirse; no mostrarse vehemente. Pero esos jóvenes que viven entre ellos, socialmente y étnicamente, no tienen ninguna posibilidad de interiorizar esas conductas, ni en la escuela ni fuera de ella".

Dos nacionalidades 

De hecho, el 45% de los marroquíes que viven en Bélgica están concentrados en siete comunas de Bruselas, particularmente en el centro de la capital, en Saint-Josse ten Noode y en Molenbeek-Saint-Jean. "En realidad, no vivimos con los belgas", confirma Hanane, que sin embargo posee esa nacionalidad. "Vivimos entre nosotros, marroquíes, paquistaníes, africanos. De hecho, el Vlaams Blok 7 sostiene que esta concentración transforma a Molenbeek en un problema urgente." Hanane, que cursa el último año de Humanidades en el ateneo Serge Creuz, en Molenbeek-Saint-Jean, tiene como condiscípulos a Samy, Ussama, Abdeljalil, Sabahat, Hanan, Najiha, Souad, Ihsan, Anissa, Wiame, Meral, Rola, Idrus, Djalel, Samir, Tomy y Jean, un... ruandés. En síntesis, la mayoría de los alumnos son belgas de origen marroquí.

Todos saben que tendrán más dificultades que los demás para encontrar un trabajo. Sin embargo, y a pesar de las frases racistas y del desarrollo de la extrema derecha, muy pocos piensan prolongar el mito del regreso que alimentaron sus padres. Es cierto que Ussama, que nunca salió de Bélgica y que no habla bien el árabe, a veces piensa en esa posibilidad: "Nos sentimos agredidos, es como si no tuviéramos derecho a estar aquí, como si aún fuéramos inmigrantes. En esos momentos sí, uno piensa en irse". Amhed Medhoune conoce ese tipo de discurso: como la vida del joven Ussama -afirma- "comienza con la emigración de sus padres, siempre existe un aquí y un allá. Y ese allá tiene mucha fuerza. Marruecos pasa a ser una tierra de alternativa en caso de que aquí la situación se agrave". Sin embargo, Ussama dice con ironía: "Cuando estamos en Bélgica somos marroquíes, y en Marruecos somos belgas".

Tánger, fines de agosto y de las vacaciones de 2005. La partida de marroquíes residentes en el exterior (MRE) parece sin fin. Uno tras otro abordan los barcos que los llevarán de regreso a España o a otros países europeos. Oficialmente, el reino jerifiano estima que dos millones y medio de sus ciudadanos viven fuera del país. Pero el número real podría ser superior. Según estimaciones, la cantidad de vehículos que pasó por este gran puerto en 2005 fue un 10% superior que en 2004, pero el flujo de pasajeros disminuyó un 17% en el mismo período 8.

Aquí temen que los lazos entre el reino y la nueva generación nacida en el exterior se aflojen. Ben Abdelkarim, ingeniero en estadísticas en la Dirección Regional de Planeamiento de Tánger, está preocupado: "Los jóvenes marroquíes que viven en el exterior venden las casas que sus padres compraron en Marruecos para adquirir edificios (sic) en el país donde viven". Lo mismo dicen en el Banco Popular, uno de cuyos responsables afirma percibir cierto movimiento en las transferencias financieras: "Habrá que esperar varios años para poder interpretar la conducta de la nueva generación. Pero ya este año el crédito inmobiliario bajó. Habitualmente abrimos ventanillas especiales para los créditos a los MRE. Pero actualmente ya no debemos organizar ese refuerzo, o lo hacemos por cuestiones de imagen. La nueva generación de MRE nació en el exterior, en un país que se convirtió en su país de origen, mientras que ahora el país de acogida es Marruecos".

Sin embargo, Marruecos se esfuerza en consolidar la relación con los exiliados, y más aun con los hijos de estos. Así, la Fundación Hassan II y la Fundación Mohammed V 9 se ocupan de que su "estadía en el país" se desarrolle en buenas condiciones. En 2002, se creó el Ministerio de los Marroquíes Residentes en el Exterior; se dedicó un día nacional en su memoria, el 10 de agosto; las empresas locales prepararon estrategias comerciales particularmente dirigidas a ellos, mientras que en el Banco Popular hay ventanillas especiales para recibir sus propuestas de inversión. "Incluso la policía tiene orden de ser más tolerante con ellos", afirma Abdel Abbad, del Journal de Tanger.

Y más aun. Hasta ahora los belgas de origen marroquí sólo podían votar en las elecciones belgas. Pero el rey Mohammed VI acaba de anunciar su decisión de conceder a los MRE "la posibilidad de hacerse representar debidamente en la Cámara de representantes" 10. Y ello a pesar de que en julio de 2003 la Corte Suprema había rechazado -por considerarlo contrario al Código Electoral- un pedido para votar en Marruecos presentado por cuatro organizaciones de marroquíes residentes en Francia.

Concesión del poder, la decisión de "dar a las nuevas generaciones de nuestra querida comunidad en el exterior el derecho a votar y ser candidato en las elecciones" es sin embargo parte de una estrategia más antigua. Ya en 2003, en una nota de la ministro a cargo de los MRE, Nouzha Chekrouni, se manifestaba la voluntad del reino de "garantizar el derecho a la plena ciudadanía, por medio de una mayor participación política de la comunidad marroquí residente en el exterior" 11. Si la medida se confirma, los belgas de origen marroquí podrán votar y presentarse como candidatos en ambos países. "Dado que esas situaciones son cada vez más frecuentes -estima el politólogo Hassan Boussetta- el marco nacional debe ser repensado en el plano jurídico, en función de dicha evolución. En un caso extremo, podría ocurrir que algunas personas sean elegidas en dos parlamentos a la vez."

En general, los exiliados perciben esos guiños como acciones interesadas. Hay que tener presente que las transferencias financieras de los MRE son una fuente esencial de ingresos para Marruecos, más aun que el turismo: en 2003, su monto fue de 37.600 millones de dirhams (3.440 millones de euros), es decir, un 10% del Producto Bruto Interno (PBI) 12.

Regreso al país 

Ese dinero es bienvenido, pero los marroquíes del exterior lo son menos. Así, el reino no acepta que posean doble nacionalidad, negando de esa forma los nuevos lazos que establecieron los hijos de la primera ola inmigratoria. Según las autoridades, mientras se hallen en suelo marroquí los "nuevos" belgas serán considerados únicamente como marroquíes. Sólo el rey puede quitarle la nacionalidad a uno de sus súbditos. "Es cuestionable ese vínculo de perpetua sumisión al soberano", analiza Hassan Boussetta. "Ese estatuto de súbdito del rey no puede ser la base de la nacionalidad."

A raíz de esa situación, la embajada belga encuentra serias dificultades para intervenir cuando individuos binacionales tienen problemas en suelo marroquí. Hasta hace poco, el belga de origen marroquí era considerado belga ante las urnas pero marroquí ante los tribunales. A fines de agosto de 2005, en las cárceles de Tánger había cuarenta y cuatro personas en esa situación, y las autoridades marroquíes consideraban la insistencia belga en defender a sus ciudadanos como una injerencia en los asuntos internos del país. "La actitud de Marruecos puede resultar políticamente chocante, pero es coherente con su visión de la nacionalidad", señala Boussetta. "Más aun teniendo en cuenta que Bélgica no se ocupa mucho de ejercer su protección consular. Un puñado de conciudadanos pesa menos que los intereses comerciales y diplomáticos."

Por otra parte, en Tánger no se preocupan demasiado del bienestar de los MRE durante su estadía. "Nos soportamos mutuamente", comenta Rachid Taferssiti, autor de Tanger, réalité d'un mythe (Tanger, realidad de un mito). La ciudad cambia de aspecto en julio-agosto. Para los marroquíes de Bélgica es un lugar de paso obligado, más aun dado que los que emigraron a Bélgica a comienzos de la década de 1960 provenían en su mayoría de la región de Tánger, Tetuán y Oujda. El regreso de los hijos no pasa desapercibido.

Los tangerinos, que identifican fácilmente a los que llegan del exterior por las patentes de sus vehículos, les reprochan su manera de conducir. "Observar cómo andan en medio del tránsito es un verdadero calvario", prosigue Taferssiti. En general se les reprocha a los MRE su falta de civismo. Un obrero tangerino que saborea su té a la menta en la terraza de un café del centro trona contra esos "engreídos": "No tienen educación. Quizás en su país hagan un esfuerzo, dado que son extranjeros, pero aquí se relajan". De su lado, el señor Bakkali, un comerciante de cabello entrecano, elegantemente vestido con su chilaba, añade: "Si quieren sentirse como en su casa en Marruecos, tienen que hablar árabe. Además, se nota que se sienten superiores y a veces hasta se burlan de nosotros". De su lado, Othman, un aprendiz pastelero de 18 años, mitiga ese juicio: "Hay que tener en cuenta los celos. Los más pobres, y en particular la gente del campo, envidian a esos MRE".

Para explicar la incomprensión y el rencor existentes hay que hablar de dinero. Cada habitante de la región de Tánger-Tetuán gasta anualmente 8.300 dirhams 13 (unos 760 euros), más del 75% de los cuales está destinado a la alimentación, a la vestimenta y a la vivienda. Por lo tanto, se entiende que los marroquíes vean a sus hermanos "del norte" como un reflejo de esa "Europa Eldorado" que los hace soñar: los MRE vuelven al país conduciendo autos de marca, vestidos con ropa de calidad, luciendo bellos relojes en la muñeca, etc. Lo que provoca una inevitable confrontación.

A los 24 años, un futuro ingeniero electromecánico -que llamaremos Nabil- está cerca de terminar sus estudios, que le costaron a sus padres muchos sacrificios. Pero durante los meses de julio y agosto sufre. "Me siento otra persona. La relación con mis padres se tensa, les pido más dinero. Aquí, la mayoría de la gente no tiene una buena situación. Cuando los marroquíes del exterior llegan con sus autos, es como si nos provocaran. A veces me digo ¿y por qué yo no podré?"

Envidiados y a veces despreciados, esos que son tratados de "turistas" siguen siendo no obstante marroquíes: en eso todos, o casi todos, están de acuerdo. Paradójicamente, se considera que el gobierno debería mejorar su situación. Lejos de rechazarlos, se insiste en la necesidad de establecer una nueva relación. "Cuando se habla de esos marroquíes, se evoca la edad, la generación, pero no se habla de sus cualidades. Esa generación pierde el contacto con nosotros porque tiene expectativas y necesidades diferentes", estima Fouad, del Banco Popular. Y Ben Abdelkarim agrega: "Podrían participar en la gobernabilidad, en las asociaciones". Y como un eco del joven Ussama de Molenbeek, el tangerino Hicham, 37 años, concluye: "Aquí no se sienten en su casa y en Bélgica tampoco. Yo no sé dónde se sentirán en su casa".

A esa pregunta la señora Fadila Laanan tiene una respuesta, simple y clara: "El futuro de esos jóvenes belgas nacidos de la inmigración marroquí se inscribe indudablemente en el país que los vio nacer, es decir aquí, en Bélgica". Para ella, el mito del regreso ya murió y Marruecos se equivoca "al generar una terrible ambigüedad en torno a la nacionalidad". La categoría MRE significaba que "una porción del pueblo marroquí viviría en el exterior temporariamente. Eso implica ignorar los valores esenciales afirmados en el proyecto migratorio de esa población inmigrante: la voluntad de cada uno de salir adelante, de buscar un bienestar para ellos y para su descendencia. Los proyectos de retorno al país de origen son tan escasos como azarosos y conciernen casi exclusivamente a la primera generación".

La joven belga que se expresa de esa manera es un verdadero símbolo. A los 36 años se convirtió en ministro de Cultura, de la Juventud y del Audiovisual de la Comunidad francesa de Bélgica. Un gesto que tiene un sentido particular: "Mi presencia a ese nivel -estimó- es un dato de una realidad verdaderamente nueva. En Francia sería inimaginable que a una persona de origen extranjero se le confiara la cartera de Cultura, dado que la ‘cultura francesa' evoca siempre la ‘grandeza' de la República".

Garantizar la cohabitación

Por otra parte, entre los candidatos a las elecciones se ven cada vez más belgas de origen extranjero, sobre todo marroquí: es el caso del 10% de los representantes electos y de siete alcaldes adjuntos de las 19 comunas del Gran Bruselas 14. "La integración política de los marroquíes es un indicador significativo", insiste Amhed Medhoune. "La flexibilización de las condiciones para obtener la nacionalidad es una gran particularidad de Bélgica. Ello permite al grupo adquirir una influencia sobre la vida política, lo que permite a su vez tener más en cuenta las diferentes sensibilidades. Además, combate el racismo, que se ha vuelto más solapado. Ahora se habla de los marroquíes de manera menos chocante. La inseguridad jurídica desapareció, y con ella las medidas de retorno al país."

Pero la política no es el único campo donde emergen los belgas de origen marroquí: muchos de ellos se afirman también progresivamente como periodistas, economistas, actores, deportistas, cantantes, sociólogos o empresarios. Así, el cuadragésimo aniversario del acuerdo bilateral de mano de obra belga-marroquí vio la clara reivindicación de esa exitosa alquimia entre ambas culturas.

Prueba de ese éxito es la segunda edición de la guía de la comunidad belga-marroquí, titulada Bruxelles à la menthe 15, [Bruselas a la menta] publicada en 2005. El editor, Said El Maliji, rememora allí su época de escolar en la gemeenteschool (escuela comunal) de Zaventem. Otro ejemplo de la afirmación de identidades múltiples es la revista oriental Afrah 16, que cuenta con secciones del tipo "cómo comer de manera inteligente durante el Ramadán" y publica fotos de moda donde se ven atuendos musulmanes. Hecho raro en Bélgica, ambas publicaciones son bilingües, alternando los artículos en francés y en holandés.

En su One human show, el actor Sam Touzani expresó su identidad múltiple. Allí relataba la llegada de su padre "que partió de Marruecos sin pensarlo demasiado, aunque pensándolo con el estómago" y su vida de "nuevo belga" con cara de árabe. "Yo tengo a veces una pesadilla en la que se me acusa de ser de origen marroquí. Anoche la tuve de nuevo, ¡pero me acusaban de ser belga! Y yo les respondía: ‘Soy belga, quiero decir marroquí, beréber... no, rifeño, norteafricano, pero europeo... no, ciudadano del mundo... Soy todo lo que quieran; ¡pero déjenme tranquilo de una vez!'"

Como muchos otros, Sam Touzani sabe que si es importante plantear la cuestión de las identidades, no es decisivo darle una respuesta. En todo caso, no una respuesta tajante. La identidad cultural no es un partido de fútbol, donde el inmigrante, desde la tribuna, debe alentar al país que lo recibe contra su país de origen, como en la llamada prueba de integración popularizada por el "test del cricket" de Lord Tebbit en Gran Bretaña 17. Esa lógica en la cual la victoria de un bando implica inevitablemente la derrota del otro no puede aplicarse a la identidad. ¡Como si el gusto por los mejillones con papas fritas excluyera el gusto por el couscous! Convertirse en belga no implica dejar de ser marroquí.

Como muchas otras naciones europeas, Bélgica se torna cada vez más multicultural, evolución que se ve acelerada por los matrimonios mixtos 18. "El nombre que se da más frecuentemente a los recién nacidos en Bruselas es Mohammed", señala Fadila Laanan. "Es un signo de la creciente diversidad de la sociedad belga, en Bruselas sobre todo. Tenemos que hallar los medios de garantizar la cohabitación, para poder vivir juntos, en paz, respetando la libertad de cada uno."

Luego del 11 de septiembre de 2001 se utiliza la identidad religiosa de los belgas de origen marroquí para explicar sus dificultades para integrarse. Unos no dudan en afirmar la superioridad de la civilización occidental; otros pretenden que el islam es incompatible con los valores democráticos. Los alumnos del ateneo Serge Creuz afirman: "Por supuesto que es posible ser belga y musulmán. El islam que vemos aquí no se parece en nada al que muestran los informativos en la televisión".

Evidentemente, se plantea el tema de la integración. Adaptarse a una sociedad con profundos cambios es una tarea exigente. Y como lo comprueban los propios belgas de origen marroquí, los jóvenes también utilizan el problema del "racismo" para justificar su inercia y no asumir sus responsabilidades.

Una visión rígida de la identidad nacional puede llevar a terribles frustraciones. A la inversa, el estudio sobre la identidad cultural contenido en el informe 2004 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 19 afirma que "las políticas multiculturales no sólo son deseables, sino también realizables y necesarias". Lejos de ser una amenaza para la unidad del Estado, "el multiculturalismo habla de construir un compromiso común respecto de los valores fundamentales no negociables", los derechos humanos.

En el ateneo Serge Creuz los estudiantes se concentran en sus cuadernos. Conscientes de que la escuela discrimina, saben sin embargo que es el principal pasaporte para su futuro éxito en la vida. Nadie podrá decir qué relación, una vez adultos, mantendrán con su país de origen. Salvo que será diferente de la establecida por sus padres. Lo que es indudable es que mañana esos belgas serán y harán Bélgica.

  1. "Vivre et travailler en Belgique", Institut Belge d'Informations et de Documentation, 1965, citado por Andréa Réa y Marco Martiniello, Et si on racontait... une histoire de l'immigration en Belgique, Comunidad Walonia-Bruselas, Bruselas, 2001.
  2. Cf. Nouria Ouali (dir), Trajectoire et dynamiques migratoires de l'immigration marocaine de Belgique, Academia Bruylant, Bruselas, 2004.
  3. Yves Leterme, "Vergijzing en verkleuring" (canas y coloración), citado por el diario Le Soir, Bruselas, 17-6-05.
  4. "Près d'un détenu sur deux est étranger", La Libre Belgique, 17-6-05.
  5. Pierre Loppe, "Daoust: Feryn n'a ni tort ni raison ", La Libre Belgique, Bruselas, 1-5-05.
  6. Dirección General del Empleo y Mercado del Trabajo, "L'immigration en Belgique - Effectif, mouvement et marché du travail", informe 2001, Bruselas, mayo de 2003.
  7. Antiguo nombre de un partido político de extrema derecha, denominado ahora Vlaams Belang.
  8. Le Journal de Tanger, 17-9-05.
  9. Creada en 1990, la Fundación Hassan II se ocupa exclusivamente de "mantener y reforzar los lazos fundamentales con los marroquíes residentes en el extranjero", mientras que la Fundación Mohammed V (rey de Marruecos hasta 1961) para la solidaridad, creada en 1999, "lucha contra la pobreza" y, en el marco humanitario, "participa cada año durante el período estival en la acogida de los marroquíes residentes en el extranjero".
  10. Agencia Maghreb Arabe Presse (MAP), Rabat, 6-11-05.
  11. Cf. www.marocainsdumonde.gov.ma/strategie.asp
  12. Olivia Marsaud, "L'économie chérifienne menacée. Evolution des comportements des Marocains résidant à l'étranger", Afrik.com, 27-8-03.
  13. Ato comisariado para el plan, Dirección regional de Tánger-Tetuán, "Résultats de l'ENCDM 2000/2001 du niveau de la région Tanger-Tétouan".
  14. Trajectoire et dynamiques migratoires de l'immigration marocaine de Belgique, bajo la dirección de Nouria Ouali, Academia Bruylant, Bruselas, 2004.
  15. Mint asbl (Rue du Drapeau, 47, 1070, Bruxelles).
  16. www.afrah.be
  17. Popularizado por el inglés Lord Tebbit, este test demostraría que un inmigrante "legítimo" es aquél que, durante un partido de cricket, apoya al equipo de Inglaterra contra el equipo de su país de origen.
  18. Según la Universidad de Gand, si la mayoría de los belgas de origen marroquí se casan con un compañero del mismo origen, el 40% de los niños nacidos en Bélgica optan por una belga de nacimiento (contra un 20% en la primera generación). En cambio, las niñas de segunda generación se casan más que las de la primera con marroquíes de Marruecos: cf. Le Soir, 5-11-05.
  19. www.undp.org/annualreports/2004/spanish/
Autor/es Olivier Bailly
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 79 - Enero 2006
Páginas:28,29,30
TraducciónCarlos Alberto Zito
Temas Minorías, Discriminación, Estado (Política), Migraciones
Países Marruecos, Bélgica