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Pensar con la propia cabeza

Una de las tantas consecuencias de la privatización y desnacionalización del sector energético e hidrocarburífero a partir de 1989 fue el divorcio entre planificación energética e interés nacional. Desde entonces, y en sinergia con la destrucción del aparato estatal, fue el mercado el que pasó a gestionar, planificar y controlar el sector. Es preciso dimensionar correctamente el papel de las energías renovables.

Como no existe subordinación económica sin dominación cultural, el "mercadismo energético" trajo consigo su tropa de "libre pensadores". La profundización del modelo energético neoliberal demandó la proliferación de analistas con el punto de vista de los grandes países desarrollados; de lobbistas (mayormente ex funcionarios y periodistas) y de ecologistas de variado espectro, estos últimos en ciertos casos funcionales al desguace por su "internacionalismo ecologista-fundamentalista", esto es, su incapacidad para encuadrar su razonamiento en un proyecto nacional. Nacía así lo que podría llamarse un "mercadismo energético mediático" ajeno a los intereses del país.

Atrás la nefasta década del menemismo, la nueva coyuntura insta a redefinir el modelo energético. ¿Cómo pensar la energía en términos nacionales? ¿Es válido extrapolar moldes externos? ¿Qué provecho puede obtener el país con el desarrollo de las energías renovables? ¿Cuáles se ajustan a nuestra realidad y propia capacidad técnica?

En términos generales, la matriz energética de un país se compone mayoritariamente de energías de base, como las térmica y nuclear (no renovables), y en menor grado, la hidroeléctrica, la renovable de mayor disponibilidad y rendimiento. Tomemos a modo de ejemplo la matriz de consumo mundial por fuentes de energía primaria: el 88% proviene de los hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos; 6% de la nuclear e igual porcentaje de la hidroeléctrica. América Latina no es la excepción: la participación de combustibles fósiles se ubica en un 76%, aunque sí cobra gran relevancia la participación hidroeléctrica, con un 23%, la más alta del mundo 1.

La elevada utilización de combustibles fósiles no es caprichosa. La sustentabilidad energética y la estabilidad del suministro eléctrico se consiguen gracias al aporte exclusivo de aquellas fuentes que funcionan todo el día y todos los días del año, al margen de factores como el viento, la lluvia o el sol.

En cuanto a energías renovables como la eólica y la solar (por citar las de mayor aplicación mundial; hay otras, como la biomasa, geotermia y mareomotriz), ciertas limitaciones técnicas les impiden hasta ahora desempeñarse como energías de base. Por ejemplo, son inconstantes en el tiempo, presentan bajos niveles de eficiencia 2 y generan impactos medioambientales no despreciables 3, amén de requerir grandes inversiones por kilowatt/hora y de emplear tecnologías que en general el país no posee. Según autoridades de la Asociación Argentina de Energía Eólica (AAEE), las "energías fluctuantes como la eólica no deberían aportar más del 10 al 12% de la energía eléctrica total para no desestabilizar la red 4. De modo que las energías renovables -a excepción de la hidráulica- son complementarias y no sustitutivas o alternativas a las energías de base.

Necesidad de estudios serios

El país es hidrocarburífero-dependiente, puesto que el petróleo (40%) y el gas natural (50%) satisfacen el 90% de la oferta de energía primaria 5. Dispone de apenas 8 años de reservas de gas natural y petróleo, con una oferta eléctrica total a diciembre de 2006 provista en un 53% por generación térmica (alimentada por gas natural en un 83%), un 40% por hidráulica y 7% nuclear 6. El crítico panorama de reservas; el desequilibrio entre crecimiento de la demanda interna y generación eléctrica, agravado por la muy elevada dependencia hidrocarburífera, obliga a suplantar la generación termoeléctrica por fuentes alternativas como la nuclear e hidráulica, ya que ni la eólica ni la solar pueden considerarse aún como energías de base.

Puesto que además su desarrollo exige subsidios estatales considerables, dimensionar correctamente los proyectos de desarrollo y uso de las energía renovables permitirá concentrar el grueso de los presupuestos fiscales en aquellos proyectos requeridos por las energías de base alternativas, sin que esto implique descuidar el desarrollo de las renovables.

¿Es Europa, o las proposiciones del "fundamentalismo ecológico", el modelo a seguir? Los mensajes desorientadores clave del "mercadismo energético mediático" incluyen: 1) contaminación ambiental por emisiones de CO2; 2) crecimiento exponencial planetario de las energías eólica y solar con endiosamiento de Europa; 3) oposición virulenta a la energía nuclear.

Pero ocurre que: 1) Argentina produce sólo el 1,05% del total de emisiones de CO2 provenientes de países OCDE. América Latina es la segunda región del mundo que menos contamina 7 y la primera en participación de renovables (hidroeléctrica) en la matriz de consumo energético por fuentes primarias. Si bien es cierto que Europa lidera mundialmente la capacidad instalada eólica con 40.932 MW 8, un 80% de la energía que consume proviene todavía de los combustibles fósiles, mientras que un 35% de su generación eléctrica es nuclear. Alemania, donde las energías renovables aportaron en el año 2005 un 4,6% del consumo de energía primaria y participaron con un 10,2% en el consumo bruto total de corriente eléctrica 9, basa el 87% de su matriz de consumo primaria en combustibles fósiles y el 31% de la generación eléctrica en centrales nucleares.

Pero en Argentina, dadas las enormes extensiones de tierra y adecuadas condiciones agroecológicas, ¿no conviene centrar esfuerzos en el desarrollo de la biomasa antes que las energías eólica y solar? El especialista Juan Manuel García plantea con agudeza la situación argentina: "las comparaciones con Europa deben tomarse con pinzas. Ellos cuentan con un óptimo grado de desarrollo tecnológico, subsidios millonarios, compañías locales y multinacionales consolidadas y una interconexión energética a nivel local y regional de la que carecemos. Nuestra situación es completamente distinta. Aquí las fuentes renovables representan en la actualidad un 0,1% de la potencia instalada total (27 MW eólicos y 6,5 MW solares). No obstante, y a diferencia de Europa, contamos con ventajas únicas en materia de renovables, razón por la cual ninguna fuente renovable debería monopolizar los esfuerzos nacionales de investigación y desarrollo".

Otro experto, Miguel Ángel Lara, investigador del CONICET, director grupo de energía solar FCEIA-IFIR y vocal titular de la Asociación Argentina de Energías Renovables, concluye que "en la actualidad, si bien ningún programa de desarrollo en renovables es demasiado ambicioso, es perentorio adaptarlos al país real sin que ello implique quedarnos a la retaguardia. El punto de partida debería ser un estudio serio, acorde a las fuentes primarias y necesidades de desarrollo socioeconómico de cada zona del país. Por ejemplo, la eólica en la Patagonia; la solar térmica en el Noroeste; la hidráulica en el Centro y así sucesivamente" 10.

Unos dos millones de argentinos carecen de suministro eléctrico; 15 millones no acceden al gas natural por redes. En la resolución de semejante injusticia, así como en el desarrollo industrial, las energías renovables tendrán un papel tan estratégico como patriótico, siempre que el país sepa adaptarlas a sus necesidades y posibilidades. 

  1. Primary energy, BP Statistical Review of World Energy, 2006. Otras participaciones hidroeléctricas por región: Europa/Eurasia 6%; África 6%; EE.UU. y Canadá 5%; Asia Pacífico 5% y Medio Oriente 1%.
  2. Eficiencia o factor de carga: energía real entregada por una máquina de generación eléctrica. La eficiencia de las centrales térmicas y nucleares en Argentina oscila entre el 80 y el 90%, la de las centrales hidroeléctricas alrededor del 60%. La de la eólica se ubica entre el 40 y el 45% (un 50% por encima del promedio mundial) y la solar en un 15%.
  3. Son incomparables con los generados por los combustibles fósiles. No obstante, a la hora de evaluar potenciales contaminaciones, debe contemplarse la cadena energética completa (producción de equipos, generación eléctrica) para cada tipo de energía. En este sentido, resulta ilustrativo el estudio de emisión de CO2 por tipo de energía en: "Lo que el viento se trae... energía eólica: una oportunidad para el desarrollo industrial argentino", INTI, http://www.inti.gov.ar/sabercomo/sc32/inti9.php
  4. Entrevista del autor al Dr. Erico Spinadel, presidente de la AAEE, el 14-11-06.
  5. Balance Energético Nacional Serie 1960-2005, Secretaría de Energía, noviembre de 2006.
  6. Síntesis del Mercado Eléctrico Mayorista (MEM), CNEA, diciembre de 2006. La participación de las renovables eólica y la solar en la generación fue de 0,06% y 0,014%, respectivamente. Cabe señalar que no están conectadas al mercado eléctrico mayorista.
  7. África está en primer lugar con el 3,1%; le siguen América Latina con el 3,4%; EE.UU., el 22%; China, el 18%; Francia, Alemania, España e Inglaterra, el 8%; Argentina el 0,51%. Key World Energy Statistics. International Energy Agency, 2006, www.iea.org.
  8. Según informó la World Wind Energy Association (WWEA), la participación de la energía eólica a nivel mundial viene creciendo sostenidamente. En 2004, 21%; en 2005, 24%.
  9. Ministerio Federal de Economía y Tecnología, República Federal de Alemania. A fines de 2005, Alemania contaba con una potencia instalada de 18.427 MW eólicos. España le sigue con 10.027 MW y EE.UU. con 9.149 MW. WWEA, Worldwide Wind Energy Boom in 2005, marzo de 2006.
  10. Ambos entrevistados por el autor.
Autor/es Federico Bernal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 92 - Febrero 2007
Páginas:32
Temas Medioambiente, Economía