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Los frutos amargos de la “banana dólar”

El 22 de marzo pasado se decretó el estado de emergencia en Ecuador, un país que vive al ritmo de importantes manifestaciones contra el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En los bananales, sometidos a una explotación sin límites, los ecuatorianos ya conocen los efectos de la mundialización. Los conflictos se multiplican en las plantaciones, pese a la caza de brujas sindical.

Entre Santo Domingo y Machala, en las tierras fértiles situadas al pie de los Andes ecuatorianos, los bananales se extienden a uno y otro lado de la ruta. Carteles con el nombre de la hacienda -"María Elisa", "La Julia", "Norma Gisela"- y garitas con guardias armados señalan la entrada a las plantaciones. A veces, volando al ras de la tierra, surge una avioneta que deja tras de sí una nube blanca de pesticidas.

Con un promedio anual de 4,3 millones de toneladas de bananas exportadas en los últimos cinco años, Ecuador se ubica a la cabeza de los países exportadores de esta fruta y abastece por sí solo al 25% del mercado mundial. 180.000 hectáreas de plantaciones, 250.000 empleos (un 14% de la población activa, si se consideran los empleos indirectos). A diferencia de la situación que prevalece en los demás países productores de "bananas dólar" 1, donde las tres grandes multinacionales que dominan el sector (Dole, Chiquita Brands y Del Monte) poseen sus propios cultivos, las frutas ecuatorianas provienen esencialmente de unos 6.000 productores nacionales.

Número uno de la agroindustria a nivel mundial, Dole firmó contrato con muchos de estos productores asegurándose aproximadamente el 25% de las exportaciones de bananas del país 2. Menos, sin embargo, que la compañía Bananera Noboa, que comercializa sus frutas bajo la marca Bonita y exporta alrededor de la mitad de las bananas ecuatorianas. Propiedad de Álvaro Noboa, una de las más grandes fortunas de América Latina y candidato -por tercera vez- en la próxima elección presidencial, la compañía es la pesadilla de los pequeños y medianos productores: "¡Son unos ladrones! -afirma Gustavo Pesantez, presidente de la Asociación de Productores Bananeros de Los Ríos (APROBAN)-. Para obligarnos a venderles nuestras frutas, iniciaron acciones judiciales contra 900 de nosotros y amenazan con quitarnos nuestras tierras", concluye.

También en litigio con Bananera Noboa, Enrique Feijoo, propietario de una plantación de treinta hectáreas, cuenta: "El contrato firmado con Noboa estipulaba que mis frutas se venderían a 3,20 dólares por caja, el precio oficial. En realidad, el pago se efectuaba en una sucursal del Banco del Litoral (propiedad del grupo Noboa) que me abonaba en efectivo. Yo debía entonces transferir al banco 0,80 dólares por caja, sin ningún justificativo, y Noboa podía rescindir el contrato en cualquier momento. Actualmente, soy yo el que no quiere venderle más... ¡entonces me inició un proceso judicial!". Bananera Noboa fue condenada en varias oportunidades por evasión fiscal y por infringir la legislación comercial, pero no todos los exportadores tienen una actitud tan brutal. La mayoría, sin embargo, se opone a los intentos de regulación de este sector por parte del Estado e impone precios ridículamente bajos a los productores, dejándoles la tarea de resolver los conflictos sociales generados por los salarios de miseria y las duras condiciones de trabajo en los bananales.

 La suerte de los asalariados

 Hacienda Ipanema (provincia de Los Ríos). Es cerca de mediodía, la hora del almuerzo para los equipos de tala. En el bananal hace un calor de invernadero. "Las jornadas de trabajo se extienden hasta que se despache el encargo, es decir, habitualmente más de doce horas -explica uno de los trabajadores-. ¿El salario? Varía entre 30 y 70 dólares por semana según los puestos 3. La empresa no provee la ropa de trabajo ni las herramientas. Y los gastos de transporte quedan a cargo nuestro." Esta situación prevalece en la mayoría de las plantaciones. Las horas extra no suelen pagarse y según la Federación Nacional de Trabajadores Agroindustriales, Campesinos e Indígenas Libres del Ecuador (FENACLE), única organización sindical presente en este sector, el 90% de las empresas no afilian a sus obreros a la IESS (seguridad social); sin embargo, descuentan de sus salarios el porcentaje de los aportes y nunca lo transfieren.

Las sanciones arbitrarias -multas, despidos sin causa- son moneda corriente y la precarización del empleo se agrava con el recurso a la tercerización: "De un mes a otro -explica un obrero que pasó por múltiples empleadores- un trabajador puede ser remunerado por diferentes empresas subcontratistas, mientras sigue trabajando para la misma hacienda y en el mismo puesto. Es una jugarreta destinada a hacerle perder su derecho a la antigüedad". La exposición de los obreros a los productos químicos que se emplean masivamente es también objeto de reiteradas denuncias: "Se utilizan sustancias tóxicas sin la protección adecuada y en todos mis años de trabajo no conocí una sola empresa que hiciera salir a los trabajadores de la plantación durante las fumigaciones aéreas", cuenta Alfredo Rosalbal, de la pequeña explotación El Zapote.

En 2002, en respuesta a un informe de la asociación humanitaria Human Rights Watch (HRW) 4, el Congreso estadounidense había establecido la erradicación del trabajo infantil en los bananales como condición previa para la apertura de las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC), cuya próxima firma, sin otro proceso, provoca grandes movilizaciones populares. Sin embargo, cuando HRW estimó que pocas cosas habían cambiado, Eduardo Ledesma, director de la Asociación de Exportadores de Banano del Ecuador (AEBE) reaccionó indignado: ¿acaso la ley ecuatoriana no autoriza el trabajo de menores a partir de los quince años?

El 22 y 23 de enero pasado, por invitación de la AEBE, la flor y nata de los exportadores y productores de bananas se reunió en los salones del Hotel Sheraton de Guayaquil para debatir sobre los "nuevos desafíos del mercado bananero". Entre dos mesas redondas dedicadas al análisis de los mercados y a la productividad, se destinó una mañana al tema de las "conquistas sociales de la industria bananera". En representación de los principales productores, los disertantes se felicitaron unos a otros. "Tres dispensarios y una unidad médica móvil ofrecen prestaciones gratuitas a los empleados de la compañía", anunció la responsable de comunicación de Dole. "Nuestra fundación construyó diez escuelas y subsidia a otras veintiuna", redobló la apuesta el vocero de Reybanpac, señalando al pasar: "pese a la oposición del sindicato docente que denunciaba una privatización de la educación". Alexandra Moncada, representante del Proyecto SOY 5, mencionó avances alentadores en el terreno de la erradicación del trabajo infantil.

Nota discordante en este concierto de alabanzas, Joaquín Orrantia, quien intervino en nombre de los productores, reconoció con una brutal franqueza que el monocultivo bananero tiene un impacto negativo en el medio ambiente, que acelera la erosión y la degradación de los suelos, que los productos químicos y las frutas desechadas generan contaminación. "Pero es culpa de los exportadores -se defendió- que nos imponen precios insuficientes para implementar las medidas medioambientales necesarias." La mesa redonda se cerró sin embargo con una noticia optimista: Eduardo Ledesma presentó los proyectos sociales de la AEBE y anunció que la patronal contempla organizar ¡un campeonato de fútbol interprovincial de empresas bananeras! En cuanto a la cuestión de los salarios, no se la mencionó nunca, salvo para señalar que todo aumento afectaría la competitividad. Ningún representante de los trabajadores hizo uso de la palabra. ¿Acaso los sindicatos no pretenden con sus "reivindicaciones extremistas" la "desaparición de la empresa", según la AEBE 6?

 Resurgimiento sindical

 En la hacienda Josefa no se puede acusar sin embargo a los "extremistas" de la FENACLE de excederse, ya que sus reivindicaciones se limitan a reclamar la aplicación del Código de Trabajo: pago de las cargas sociales y respeto del derecho a organizarse sindicalmente. Lo que continúa siendo demasiado para el propietario de esta plantación que produce para Dole, quien, siguiendo las sugerencias de un técnico de la multinacional, decidió en enero último despedir a 10 obreros, entre ellos 4 dirigentes de la joven sección sindical. Se votó por ir a la huelga; los 85 empleados que ocupaban la empresa colgaron sus hamacas bajo el alero del taller de envasado de frutas. La ocupación llevaba un mes cuando, el 11 de febrero de 2006, la policía intervino para desalojar a los huelguistas. Al oficial de policía, que vino en compañía del propietario de la plantación, le pidieron que mostrara la orden de desalojo firmada por un juez. El funcionario se negó a hacerlo. Y con razón: la decisión fue tomada ilegalmente, para complacer a un propietario que sabrá, en su momento, mostrarse agradecido 7.

Si bien esta vez se evitó el enfrentamiento, dado que los trabajadores aceptaron retirarse pacíficamente, no siempre es así. "En 2002, durante el conflicto de Los Álamos -recuerda Guillermo Touma, presidente de la FENACLE-, la intervención de las fuerzas policiales, apoyadas por 200 matones a sueldo de Noboa, fue extremadamente violenta y causó un muerto y varios heridos, uno de los cuales sufrió la amputación de una pierna." El conflicto, sin embargo, había desembocado en algunos acuerdos (las principales compañías -Noboa, Dole, Reybanpac...- aceptaron en adelante pagar las cargas sociales de sus empleados permanentes) y marcado el resurgimiento del movimiento sindical en los bananales: "Hoy estamos organizados en 22 plantaciones, explica Touma, 7 de las cuales cuentan con una sección sindical inscripta legalmente".

Sin embargo, la caza de brujas sindical continúa y el recurso a las empresas subcontratistas sigue siendo un arma cada vez más utilizada. El Código de Trabajo ecuatoriano establece en efecto un mínimo de 30 afiliados para poder conformar un sindicato de empresa y la contratación de los empleados a través de varias empresas subcontratistas impide alcanzar este cupo. "Se trata a menudo de empresas fantasmas, precisa Touma, varias decenas de las cuales pueden concentrarse en una misma oficina, con un mismo número de teléfono, donde cuando uno llama responden: ‘Bananera Noboa, en qué puedo servirle...'" 8.

A pesar de las estrategias antisindicales de la patronal, los conflictos se multiplican en las plantaciones -El Zapote, La Josefa, San Luis, María Elisa, El Tesoro, Maravilla...- pero se mantienen aislados, ya que la FENACLE prefiere negociar individualmente cada caso en vez de intentar extender y radicalizar el movimiento. Si bien apenas cuenta con la solidaridad local, espera en cambio mucho de sus apoyos internacionales: "Durante los acontecimientos de Los Álamos, las denuncias de organizaciones como la Coordinadora Latinoamericana de Sindicatos Bananeros (COLSIBA), la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (CIOSL / ORIT), el US-LEAP o Banana Link 9, hicieron que este conflicto tuviera repercusión internacional -señala Touma- y las campañas de información sobre las actividades de multinacionales como Chiquita o Dole constituyen un apoyo inapreciable para nuestras luchas" 10.

En Europa, un impuesto único de 178 dólares por tonelada reemplazó en enero de 2006 al anterior sistema de cupos y certificaciones que regulaba mal que mal el acceso de las bananas al mercado comunitario. "COLSIBA reclama que una parte de este impuesto se destine a mejorar las condiciones de vida y promover el derecho sindical en los bananales", explica Touma. "Por qué no -concede Maude Feral, de la organización no gubernamental Peuple Solidaire- pero es probable que la nueva reglamentación europea se traduzca primero en una presión creciente sobre los salarios. Las grandes multinacionales de la agroindustria y los supermercados desempeñan un papel determinante en las condiciones de trabajo impuestas a los empleados de la industria bananera; es sobre ellos que hay que ejercer presión, en Europa o Estados Unidos".

  1. Nombre dado a las bananas que exportan los países de América Central y del Sur. Véase "La banane, fruit de toutes les convoitises", Le Monde diplomatique, París, octubre de 1996.
  2. Desde 2002, Dole adquirió una veintena de plantaciones en Ecuador.
  3. Los salarios representan del 1,5% al 2% del precio de una banana dólar vendida en un supermercado europeo, la parte del productor del 10% al 15%; el supermercado, por su parte, se queda con el 40% del precio de la fruta.
  4. http://www.hrw.org/reports/2002/ecuador/
  5. El Proyecto SOY "de apoyo a nuestra juventud" es financiado por las ONG Care, Save the Children, Children Relief Service, así como por la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y la empresa Reybanpac. También cuenta con el generoso aporte del United States Department of Labor (USDOL). Obligados por el Congreso de Estados Unidos a presentar una imagen aceptable, los exportadores de bananas implementaron desde 2002 una serie de medidas cosméticas.
  6. AEBE: "Jornaleros y estibadores del banano", http://www.aebe.com.ec/Desktop.aspx?Id=59
  7. Considerado sin duda un testigo molesto, el autor de este artículo, presente en el lugar, fue interrogado y detenido durante 48 horas.
  8. Un informe reciente del Ministerio de Trabajo registra 4.264 empresas subcontratistas de las cuales sólo 920 están debidamente inscriptas.
  9. COLSIBA: www.colsiba.org/; US-LEAP: www.usleap.org/; Banana Link: www.bananalink.org.uk/
  10. Véase especialmente: DOLE, derrière l'écran de fumée, investigación en las plantaciones de bananas de América Latina que acaba de publicar Peuples Solidaires: www.peuples-solidaires.org/
Autor/es Philippe Revelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 83 - Mayo 2006
Páginas:6,7
Traducción Gustavo Recalde
Temas Mundialización (Economía), Mercosur y ALCA
Países Ecuador