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Grave inquietud en las finanzas

Creado después de la Segunda Guerra Mundial y objeto de enérgicas impugnaciones en las últimas dos décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) espera volver a dorar sus blasones entreabriéndose a países emergentes cuyos derechos de voto van a aumentar ligeramente. Pero la multiplicación de productos especulativos vuelve prácticamente incontrolable al sistema financiero mundial. Las crisis suceden a otras crisis, hasta el punto de inquietar a los más altos dignatarios de las organizaciones internacionales.

No faltan razones para inquietarse. A mediados de septiembre, un importante fondo de inversiones estadounidense, Amaranth Advisors, perdió más de la mitad de su capital en un fin de semana. En 1998 la desintegración de un fondo de ese tipo, Long Term Capital Management, había obligado al Banco Central a intervenir para evitar un crack. Pero desde entonces las sumas en juego se incrementaron de manera considerable.

Nunca el sistema financiero mundial fue tan opaco. El monto diario de las operaciones cambiarias, similar al capital de un gran banco de Estados Unidos hace unas décadas, equivale ahora al capital acumulado de sus cien primeros bancos.

Los filibusteros de las finanzas inventan constantemente nuevos "productos" que desafían a la vez a los Estados-Nación y a los bancos internacionales. En mayo pasado, el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo de Rato, lamentó estos nuevos riesgos, fuertemente agravados por la debilidad del dólar y el déficit comercial de Estados Unidos. Sus temores reflejan el desconcierto, tanto estructural como intelectual, que invade actualmente al FMI.

Estructuralmente, los créditos y préstamos del organismo internacional pendientes de reembolso disminuyeron espectacularmente desde 2003, pasando de más de 70.000 millones a unos 20.000 millones de dólares a fines de julio de 2006, lo que redujo de manera sensible su influencia en la política económica de los países en desarrollo, e hizo caer sus ingresos por debajo del umbral requerido por sus altos costos de funcionamiento. El FMI reconoce haber sido "cuantitativamente marginado" 1.

Sus dificultades se deben en gran medida a la duplicación, desde 2003, de los precios mundiales de las materias primas (petróleo, cobre, plata, zinc, níquel, etc.) que tradicionalmente exportan los países en desarrollo, y que les permitieron pagar sus deudas con antelación, lo que redujo otro tanto los recursos del FMI.

Estas subas continuarán debido al rápido crecimiento económico de China, India y otros países, lo que genera una suba abrupta de la demanda que no existía cuando la balanza del comercio exterior era sistemáticamente favorable a los países ricos. Por lo demás, la posición relativa de Estados Unidos en términos de activos netos en el extranjero cayó en favor de Japón, los países emergentes de Asia y los países exportadores de petróleo, que consolidan su poder y se convierten cada día más en los acreedores de Washington. El aumento del déficit estadounidense presiona el dólar a la baja: 28% respecto del euro sólo en el período 2001-2005.

Intelectualmente, el FMI y el Banco Mundial se encuentran también a la defensiva, tras la seguidilla de derrumbes financieros en Asia Oriental, Rusia y otros lugares, entre 1997 y 2000. Muchos de sus dirigentes más conocidos afirman que ya no creen en las premisas del pensamiento económico clásico del laisser-faire, que hasta ahora inspiraron sus políticas. Muchos admiten actualmente que su "conocimiento del crecimiento económico es extremadamente limitado" y que deben dar muestras de "mayor humildad". Retomando la advertencia de Stephen Roach, economista jefe del Banco Morgan Stanley, el mundo "no ha hecho gran cosa para prepararse para lo que bien podría ser la próxima crisis" 2.

En rigor, la naturaleza misma del sistema financiero mundial ya nada tiene que ver con las políticas económicas nacionales "virtuosas" preconizadas por el FMI. Los gestores de carteras de fondos de inversión y los grandes bancos marginaron a los bancos nacionales y a los organismos internacionales. Aventurados operadores bursátiles (traders) les ganaron de mano a los banqueros tradicionales más prudentes, ya que la compra y venta de acciones, obligaciones y otros productos derivados 3 permiten obtener mayores ganancias, y actualmente la regla es asumir riesgos mucho más altos.

Estos operadores son remunerados sobre la base de ganancias declaradas -ficticias o reales- y habitualmente ponen en juego los fondos depositados en su establecimiento. Las bajas tasas de interés y los bancos que no piden más que prestar dinero a hedge funds (fondos especulativos de alto riesgo) y a establecimientos especializados en operaciones de fusiones-adquisiciones dieron a estos actores total libertad para jugar en el casino de las finanzas, tanto en Estados Unidos como en Japón y otras partes. Planificaron una serie de fusiones más que dudosas que en otra época se hubieran considerado temerarias. En algunos casos, recapitalizaciones financiadas por los préstamos (leveraged recapitalisations) 4 les permiten percibir enormes honorarios y dividendos que aumentan otro tanto el endeudamiento de la empresa. En cuanto a lo que suceda luego, ya no será asunto de ellos...

Alarma internacional

Desde comienzos de 2006, los bancos de inversión multiplicaron los préstamos destinados a la readquisición de empresas, excluyendo a los bancos comerciales que hasta entonces dominaban esta actividad. Para obtener en el mercado participaciones más importantes, los bancos de inversión "viven peligrosamente", según los términos del responsable de la calificación de préstamos bancarios de Standard & Poor's. Se lanzan a operaciones cada vez más riesgosas. Por eso, "los observadores prevén un sensible aumento del número de empresas fuertemente endeudadas que entrarán en cesación de pagos", tal como lo señalaba The Financial Times en julio pasado 5.

Pero como las cláusulas legales destinadas a proteger a los inversores se redujeron en cantidad, los prestamistas tienen menos posibilidades de obligar a las empresas mal administradas a declararse en estado de cesación de pagos. Conscientes de que sus apuestas son cada vez más riesgosas, los hedge funds se las arreglan para que sea mucho más difícil retirar el dinero con el que especulan. Los operadores se reposicionaron como intermediarios entre los prestatarios tradicionales -nacionales y privados- y los mercados; lo cual contribuye a desregular todavía un poco más la estructura financiera mundial y aumentar su vulnerabilidad a las crisis. Buscan un alto rendimiento de sus inversiones y asumen para ello riesgos cada vez mayores.

La situación es tan preocupante que en marzo pasado el FMI dio una inusual difusión a una obra de Garry J. Schinasi: Safeguarding Financial Stability 6. Este libro, alarmista, revela la angustia del FMI con una abundancia de detalles perturbadores. Esencialmente, la "desregulación y la liberalización" que el Fondo y los partidarios del "Consenso de Washington" 7 promueven desde hace décadas se han convertido en una pesadilla. Desde luego, afirma el autor, esta política produjo "beneficios sociales y privados fenomenales" 8, pero contiene también "un potencial (...) de fragilidad, inestabilidad, riesgo sistemático y consecuencias económicas desfavorables".

Magníficamente documentada, la obra de Schinasi concluye que el desarrollo irracional de las finanzas globalizadas, conjugado con la desregulación, "amplió el perímetro de la innovación en materia de finanzas e incrementó la movilidad de los riesgos". Schinasi y el FMI preconizan un marco radicalmente nuevo para seguir de cerca y prevenir los problemas que puedan aparecer. Pero, para lograrlo, es necesario "confiar en la suerte" así como en políticas adaptadas y el control de los mercados... Hubo un tiempo en que la economía no se encomendaba a la suerte para predecir el futuro.

Más alarmista aun, un estudio redactado por expertos del establishment financiero, publicado en la misma época y también recomendado por el FMI, analiza la miríada de problemas generados por la liberalización del sistema financiero mundial. Sus autores llegan a la conclusión de que "los sistemas financieros nacionales (son) cada vez más vulnerables a un riesgo sistémico también mayor, y a un creciente número de crisis financieras" 9. Los especialistas bancarios de la vieja escuela comparten cada vez más con el FMI la convicción de que esta precariedad es mucho mayor que antes.

El derrumbe financiero de Argentina (1998) demostró que los gobiernos que se resistían a las presiones del FMI y los bancos podían especular con las diferencias entre los Estados miembros de la institución para ignorar la mayoría de las exigencias extranjeras, si no todas. Entonces estaban en juego aproximadamente 140.000 millones de bonos del Estado en manos de acreedores privados y el FMI, que vencían a fines de 2001: la cesación de pagos de un Estado más importante en la historia. Los bancos que en los años '90 habían multiplicado los préstamos a Argentina terminaron pagando las consecuencias.

Desde entonces, con la suba de los precios de las materias primas, los países emergentes (China, países del Sudeste Asiático y de América Latina) tuvieron en 2004 y 2005 tasas de crecimiento dos veces más altas que las de los países ricos. En 2003, estos países emergentes generaban el 37% de las inversiones directas extranjeras (IDE) en los demás países en desarrollo. China incide enormemente en este crecimiento, lo que significa también que el FMI y los ricos banqueros de Nueva York, Tokio y Londres tienen mucha menos influencia que antes. De hecho, a pesar de sus acertadas decisiones de mayor prudencia en el futuro, como consecuencia de las crisis financieras de fines de los años '90 en los países emergentes, la exposición de los bancos a los riesgos de las acciones y obligaciones de los mercados emergentes nunca fue tan grande debido a los rendimientos que generan en algunos países (como Filipinas o Zambia) y al exceso de liquidez. Tal como lo señala un trader, "comenzó una historia de amor" 10.

La creciente complejidad de la economía mundial y las eternas negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) no pudieron acabar con los subsidios y las medidas proteccionistas que obstaculizan un acuerdo global de libre comercio y el fin de las amenazas de guerras comerciales. El planeta económico vive ahora bajo la amenaza de una inestabilidad mucho mayor, y de peligros más importantes para los ricos.

El problema financiero global que se perfila se vuelve inextricable debido al rápido agravamiento del déficit comercial y presupuestario de Estados Unidos. Desde que asumió en 2001, el presidente George W. Bush superó en más de 3 billones de dólares el techo de préstamo federal, que actualmente ronda los 9 billones de dólares. Mientras el billete verde siga devaluándose, los bancos y los operadores tratarán de proteger sus activos y las aventuras financieras de alto riesgo resultarán cada vez más atractivas. Es cierto que Washington preconizaba una mayor desregulación financiera mucho antes de que su moneda se debilitara.

Armas de destrucción masiva 

Existen al menos 10.000 hedge funds, el 80% de los cuales tiene domicilio en las Islas Caimán. Sin embargo, 400 de ellos, cada uno de los cuales administra al menos 1.000 millones de dólares, realizan por sí solos el 80% de las operaciones. Actualmente, no existe ninguna manera de regularlos. Estos fondos especulativos poseen activos por más de 1,5 billones de dólares, y el volumen de negocios diario de sus operaciones con los productos derivados globales alcanza los 6 billones de dólares, es decir, la mitad del Producto Bruto Interno de Estados Unidos. En el clima de euforia de los últimos cinco años, la mayoría ganó, pero otros perdieron. Así, en un año (de agosto de 2005 a agosto de 2006), surgieron alrededor de 1.900 hedge funds, pero otros 575 fueron liquidados. La agencia de calificación Standard & Poor's desearía evaluar su solvencia, pero todavía no lo hizo. Los más importantes de ellos afirman que utilizan modelos informáticos para efectuar sus transacciones.

En el otoño de 1998, la economía mundial rozó una de las crisis más graves de la posguerra al producirse la quiebra de Long-Term Capital Management (LTCM) 11, hedge fund famoso por su utilización de técnicas matemáticas concebidas por dos premios Nobel, Myron Scholes y Robert Merton. Los esfuerzos conjuntos de Washington y Wall Street impidieron el desastre, pero actualmente los fondos especulativos son mucho más importantes y no es posible sacarlos de apuros con tanta facilidad.

En salvaje competencia entre ellos y jugadores inveterados por naturaleza, estos fondos son atraídos por los productos derivados del crédito 12 y otros procedimientos imaginados para ganar dinero. El mercado de estos productos, que en 2001 prácticamente no existía, se desarrolló muy lentamente hasta 2004 (era entonces de 5 billones de dólares), antes de alcanzar la altura estratosférica de 17,3 billones de dólares a fines de 2005. Los instrumentos financieros se multiplican, y ya se perfilan en el horizonte mercados de contratos a plazo de derivados crediticios, credit default swaps (canjes de incumplimiento crediticio) 13 y otros.

Nadie puede decir exactamente qué son los productos derivados crediticios. Ni siquiera Gillian Tett, principal responsable de los mercados de capitales de The Financial Times, pese a haberlo investigado. El producto nació hace unos diez años en una reunión de algunos dirigentes del Banco J. P. Morgan, en Boca Raton, Florida: entre cóctel y cóctel, y antes de empujarse unos a otros a la piscina, se les ocurrió la idea de un nuevo instrumento financiero que querían que fuera lo suficientemente complejo como para no ser fácilmente imitado (el copyright no rige para las ideas en materia de finanzas) y les reportara grandes ganancias.

Gillian Tett es extremadamente crítica respecto del mecanismo que, según ella, corre el riesgo de provocar una reacción en cadena de pérdidas que devore los fondos especulativos que se aventuraron en este mercado. "En estos tiempos de fácil liquidez", los banqueros se volvieron "hipercreativos (...) en sus esfuerzos por redistribuir el riesgo tras haberlo cortado en pedacitos", señala Tett en The Financial Times. El influyente diario financiero publicó además, estos últimos meses, una serie de artículos sobre esta "magia financiera", sin ocultar su escepticismo respecto de los medios y los fines de estas innovaciones 14.

Las bajas tasas de interés llevaron a los inversores a especular en los mercados con dinero prestado, estima Avinash Persaud, un gurú de las finanzas, y "una dolorosa reducción del coeficiente de endeudamiento es tan inevitable como que la noche suceda al día (...). La única cuestión es saber en qué momento se producirá". Para los hedge funds, que rápidamente se volvieron más complejos para garantizar su seguridad, la hora de la verdad estaría cerca y se verán "obligados a vender sus inversiones más líquidas". "No apostaría un centavo a una salida tan feliz", señala Tett, tras haber analizado algunos intentos tardíos de salvar estos fondos de sus propios extravíos 15.

A los ojos del inversor estadounidense Warren Buffet, bien ubicado para conocer todos los entresijos de las finanzas, los derivados crediticios son "armas financieras de destrucción masiva". Aunque teóricamente representan una garantía contra el riesgo de falta de pago, alientan apuestas aun más peligrosas y una nueva expansión de los préstamos. Enron 16 los utilizó en abundancia, lo que constituyó uno de los secretos tanto de su éxito como de su bancarrota final, que se tradujo en un agujero de 100.000 millones de dólares. Totalmente opacos, los derivados crediticios no son objeto de ningún control real. Muchos de estos "productos" innovadores, según un director financiero, "sólo existen en el ciberespacio, y son únicamente medios que permiten a los ultra ricos evadir impuestos" 17.

Avanzando a ciegas 

En realidad, ni los altos responsables de los bancos y la regulación financiera entienden cómo funciona la cadena de exposición a los riesgos, y no saben "quién posee qué". Estos fondos pretenden ser honestos. Eso no impide que quienes los manejan reciban remuneraciones basadas en las ganancias que obtienen, y que implican la asunción de riesgos. Muchos recaban información confidencial, una práctica técnicamente ilegal pero sin embargo corriente.

Si la persistencia de los déficits presupuestarios nacionales, causados por un incremento de los gastos y reducciones impositivas para los más ricos, se coloca entre paréntesis, no se puede hacer lo mismo con la inestabilidad de los mercados financieros y las materias primas. Ésta ya provocó una caída de los rendimientos de los fondos especulativos en mayo pasado, la más importante desde hace más de un año. Los hedge funds siguen acumulando ganancias considerables, pero de manera cada vez más acrobática.

Sería prematuro medir el impacto del hundimiento de Amaranth Advisors, uno de los grandes hedge funds estadounidenses 18, que a mediados de septiembre perdió 4.600 millones de dólares en un fin de semana; el 60% de su capital se evaporó. La cuestión resultó aun más escandalosa en la medida en que en Estados Unidos Amaranth Advisors tenía estrechos vínculos con sociedades de inversión como Morgan Stanley o Goldman Sachs... Muchos se preguntan si este crash no anuncia otros.

Los problemas son estructurales, tal como lo demuestran los coeficientes de endeudamiento de las empresas trasladados a sus beneficios sobre fondos propios, que pasaron de cuatro a seis desde el año pasado. Mientras las tasas de interés eran bajas, los préstamos con efecto de apalancamiento 19 se presentaban como la solución. Y con los hedge funds y los demás instrumentos financieros existe actualmente un mercado para las empresas mal administradas y cubiertas de deudas. A comienzos de septiembre de 2006, la Ford Motor Company anunció que perdía 7.000 millones de dólares por año: la cotización de sus acciones subió un 20%. Ya no rigen tampoco las normas que algunos asociaban antes con el capitalismo, como la ganancia.

Los problemas son también inherentes a la velocidad y la complejidad de estas operaciones financieras. A fines de mayo, la International Swaps and Derivatives Association reveló que una de cada cinco transacciones con derivados crediticios, muchos de ellos por miles de millones de dólares, contenía errores importantes, que aumentaron con el volumen de las transacciones. Más del 90% de todos los contratos celebrados en Estados Unidos se consignaban en papel, a menudo en trozos de papel, y además no se registraban correctamente.

En 2004, Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal estadounidense, reconoció estar "francamente impactado" por esta situación. Las primeras medidas para remediar semejante incuria se tomaron sólo en junio de 2006 y están lejos de poder resolver un fenómeno que pone en juego sumas colosales. Peor aun; debido a la desregulación y la multiplicación de los instrumentos financieros, ya no es posible recoger ni cuantificar datos sin embargo esenciales, puesto que la realidad escapa tanto a los banqueros como a los gobiernos. Tal vez vivamos una "nueva era de las finanzas", pero no existe duda alguna de que avanzamos con los ojos vendados.

Así, Stephen Roach pudo escribir el 24 de abril pasado que se perfilaba una importante crisis financiera y que las instituciones mundiales (desde el FMI y el Banco Mundial hasta otros mecanismos de la arquitectura financiera internacional) estaban totalmente desarmadas para enfrentarla 20. A su vez, el jefe de Gobierno de Hong Kong, Rafael Hui Si-yan, lamentó, a comienzos de junio, los peligros que presentan los hedge funds. Al mismo tiempo, el economista jefe del FMI, el iconoclasta Raghuram Rajan, advirtió sobre la estructura misma de compensación de estos fondos, que lleva a asumir riesgos aun mayores y a poner de esta manera en peligro el sistema financiero en su conjunto. A fines de junio, Stephen Roach se mostró aun más pesimista: "Cierta sensación de anarquía" domina las comunidades universitaria y política que se revelan "incapaces de explicar cómo funciona el mundo nuevo" 21.

Reina el misterio. Recientemente, el propio FMI estimaba que el riesgo de una desaceleración seria de la economía mundial no había sido tan grande desde 2001, debido esencialmente a la caída del mercado inmobiliario en Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa Occidental. A lo que Roach agrega la disminución de los ingresos reales de los asalariados y la insuficiencia del poder adquisitivo en Estados Unidos 22. Pero aunque el año próximo se mantenga el nivel actual de prosperidad y resulte que todos estos especialistas se equivocaron, la transformación del sistema financiero mundial constituye una amenaza.

Finanzas incontrolables

La realidad escapa a todo control. La "extensión y el campo de operaciones de los mercados financieros internacionales" y la "arquitectura" del sistema "evolucionaron según los caprichos del azar", y su regulación, prácticamente inexistente, es "ineficaz", según expertos del establishment 23.

La liberalización financiera engendró un monstruo, y quienes lamentan los controles a la obtención de beneficios están mal ubicados para resolver los múltiples problemas que aparecieron. El informe anual del Banco de Pagos Internacionales (BRI), publicado a fines de junio de 2006, menciona el triunfo de los comportamientos económicos depredadores y estas orientaciones a las que es "difícil encontrar una explicación lógica". Los tiburones de las finanzas se mostraron más astutos que los banqueros tradicionales. "Dada la compleja situación y los límites de nuestros conocimientos, es extremadamente difícil prever el giro que tomará todo esto" 24, explica el BRI, que no desea que sus temores generen pánico y permanece pues del lado de los no alarmistas. Pero admite que un big bang podría hacer tambalear los mercados, y considera que existen "varias razones para preocuparse por cierto nivel de desorden".

No nos encontramos en una situación de fuerte probabilidad de un derrumbe, señala el informe, pero es prudente "esperar lo mejor, preparándose para lo peor". Y precisa: dado que a lo largo de una década las tendencias económicas globales y los "desequilibrios financieros" generaron peligros crecientes, "es fundamental pues comprender cómo llegamos hasta aquí, para elegir las políticas susceptibles de reducir los riesgos actuales" 25. El BRI está preocupado, muy preocupado.

Pero este pesimismo incita a los bancos de inversión a imaginar nuevos instrumentos para sacar provecho de la inminente catástrofe económica, de una crisis que, a sus ojos, es cuestión de tiempo y no de principios. Más aun cuando los especialistas coinciden en pensar que las cesaciones de pagos aumentarán sustancialmente en un futuro muy cercano. De modo que se puede hacer dinero. En consecuencia, los especialistas en deudas incobrables y reestructuración de empresas quebradas o a punto de estarlo son cada vez más solicitados en Wall Street.

  1. IMF Survey, Washington DC, 29-5-06; IMF in Focus, Washington DC, septiembre de 2006.
  2. Roberto Zagha y otros, "Rethinking Growth", Finance & Development, Washington DC, marzo de 2006; Morgan Stanley Bank, Global Economic Forum, Nueva York, 16-6-06.
  3. El principio de los productos derivados es prevenirse contra un riesgo de variación en los precios, las tasas de cambio, etc, y atañe tanto a las materias primas, las monedas, como a las acciones, las obligaciones... Es una apuesta a futuro que puede reportar grandes ganancias. Véase Ibrahim Warde, "La dérive des nouveaux produits financiers", Le Monde diplomatique, París, julio de 1994.
  4. Estos aumentos de capital permiten presentar balances con grandes beneficios sobre los cuales se calculan honorarios y dividendos.
  5. The Financial Times, Londres, 17-7-06, 14-8-06.
  6. Garry J. Schinasi, Safeguarding Financial Stability: Theory and Practice, FMI, Washington DC, 2006.
  7. La expresión pertenece al economista John Williamson, en 1989, y resume las "recomendaciones" hechas a los Estados, entre ellas la reducción de impuestos, la liberalización del comercio, las privatizaciones y la desregulación financiera. El FMI condiciona sus préstamos a la adopción de estas medidas. Véase Moisés Naim, "Ordre du FMI, ‘Consensus de Washington'", Manière de Voir, N° 72, diciembre de 2003-enero de 2004.
  8. Esta cita y las siguientes fueron extraídas de Garry J. Schinasi, Safeguarding Financial Stability, op. cit.
  9. Kern Alexander, Rahul Dhumale y John Eatwell, Global Governance of Financial Systems: The International Regulation of Systemic Risk, Oxford University Press, Oxford, 2005.
  10. The Financial Times, Londres, 27-7-06.
  11. LTCM había asumido compromisos en los mercados por 100.000 millones de dólares, mientras que los fondos administrados ascendían a... 5.000 millones de dólares. Para evitar un derrumbe del sistema, el Banco Central estadounidense salvó las cajas con 3.600 millones de dólares.
  12. Al igual que para todos los productos derivados, los operadores apuestan a riesgos previsibles, pero en este caso son créditos (obligaciones, deudas...) los que se negocian.
  13. El vendedor se compromete a cambio del pago de una prima a indemnizar al cliente en caso de falta de pago o simplemente degradación de la calidad de sus deudores.
  14. Gillian Tett, "The dream machine", The Financial Times, Londres, 24/25-3-06; The Financial Times, 10 y 19-7-06, 14, 24 y 29 -8-06.
  15. The Financial Times, Londres, 23, 24 y 25-6-06.
  16. Conglomerado del sector energético alabado en el mundo de las finanzas, Enron se desmoronó al revelarse sus prácticas de fraude contable, operaciones basadas en información privilegiada...Véase Tom Franck, "Las mil y una estafas de la Enron", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, febrero de 2002.
  17. The Financial Times, Londres, 17-7-06. Ver también las ediciones del 31-5 y 8-6-06.
  18. Este fondo estadounidense con sede en Connecticut debe sus abismales pérdidas a una especulación sobre la evolución del precio del gas natural.
  19. Estos préstamos (LBO o LBI) permiten comprar una empresa con un aporte de capital muy bajo y préstamos a tasas inferiores a la rentabilidad esperada.
  20. Morgan Stanley Bank, Global Economic Forum, 24-4-06.
  21. Morgan Stanley Bank, Global Economic Forum, 23-6 y 5-9-06.
  22. The Financial Times, Londres, 6-9-06.
  23. K. Alexander, R. Dhumale y J. Eatwell, op. cit.
  24. Banco de Pagos Internacionales, "76th Annual Report", Basilea, 26-6-06.
  25. "76th Annual Report", op. cit.
Autor/es Gabriel Kolko
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 88 - Octubre 2006
Páginas:30,31,32
Traducción Gustavo Recalde
Temas Mundialización (Economía), Política internacional