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Todo es cuestión de energía

El llamado del gobierno a la población argentina para que no consuma derivados del petróleo en las compañías Shell y Esso debido a los aumentos de precios, puede interpretarse de dos maneras: como el inicio de una campaña de recuperación por el Estado del control de sus recursos naturales estratégicos con apoyo de la población, o como un intento de desviar la atención de la verdadera raíz del problema.

Es de esperar que se trate de lo primero, porque comparado con el agotamiento de las reservas de hidrocarburos, que al ritmo y en las condiciones de explotación actuales se concretará en poco más de una década, el problema de la deuda externa va a parecer una pamplina. En efecto, el Estado argentino no sólo sigue sin captar gran parte de la renta que corresponde a la Nación por la explotación de esos recursos naturales, sino que está tolerando una situación que en muy poco tiempo provocará una crisis de proporciones colosales de la cual, salga como salga, el país quedará en una situación de dependencia intolerable.

Como se demuestra en las páginas siguientes, de petróleo y gas –insumos que cubren el 90% del consumo energético del país– en el territorio nacional sólo existen reservas comprobadas para 11 y 15 años respectivamente. También resulta claro que a pesar de los aspavientos de las compañías privadas respecto a las retenciones y regalías, éstas siguen obteniendo ganancias extraordinarias, gozando de privilegios exorbitantes e incluso ilegales y aplicando la única regla válida de gestión capitalista actual: obtener el mayor beneficio lo más rápidamente posible, sin importar las consecuencias ulteriores.

No se trata de que no haya más reservas, sino de que hay que buscarlas y la prospección es cara. Las compañías que actualmente extraen y comercializan hidrocarburos en Argentina lo hacen en base a las reservas detectadas por la ex estatal YPF y limitan al máximo, casi pour la galerie, la exploración de nuevos yacimientos. Cuando los actuales estén a punto de agotarse, verán si les conviene invertir en la exploración o si en función de los precios y la situación internacional, sus alianzas en otros países, etc., les convendrá anunciar, compungidas, que las reservas argentinas se acabaron y no les queda más remedio que volver a casa.

Pero esa perspectiva apocalíptica ni siquiera tiene como compensación los beneficios inmediatos de cualquier despilfarro, que en este caso sería que el Estado captase la enorme renta petrolera y gasífera que determinan los precios internacionales actuales y que los ciudadanos y las industrias del país disfrutasen de energía a bajo precio, lo que sería una forma de distribuir la renta y hacer más competitiva a la producción nacional. No sólo no es así, sino que mientras las compañías privadas ganan fortunas exportando a mansalva, el Estado debe invertirlas cada invierno para evitar el desabastecimiento: 700 millones de dólares el año pasado, 1.000 millones el actual 1.

Todos contra todos

 Lo esencial de los conflictos y tensiones internacionales actuales pasa por la apropiación o el control de las reservas comprobadas y su explotación. Estados Unidos, con el 5% de la población y un tercio del Producto Bruto mundial, es el primer consumidor del planeta. Este año, sus importaciones de energía representarán el 38% del consumo, contra 27% en 2004. Su producción disminuye y sus reservas de petróleo corresponden a 11 años de producción, lo que explica los esfuerzos de George W. Bush por obtener del Congreso autorización para prospectar en las reservas naturales protegidas de Alaska 2.

Otro gigante insaciable, China, impulsa los precios y la carrera por el control de yacimientos. Cuando China inició su espectacular crecimiento se estimaba que se convertiría en uno de los principales productores de crudo, pero lo cierto es que sus compras no dejan de aumentar: un tercio el año pasado 3.

La Unión Europea es totalmente dependiente de los flujos de gas y petróleo rusos (112.000 millones de metros cúbicos/año y 4 millones de barriles/día, respectivamente, en 2002) y en menor medida de África y Oriente Medio. Japón, que parece recuperar un buen ritmo de crecimiento, trata por su parte de curarse en salud mitigando su dependencia de los flujos de Oriente Medio mediante alianzas estratégicas con Rusia, lo mismo que China 4.

La política de acumulación de ganancias en el corto plazo que aplican las compañías multinacionales no sólo se expresa en la falta de inversiones en prospección, sino también en el refinado. Citando un informe de marzo pasado de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el director de la revista Pétrole et gaz arabes, Nicolas Sarkis, afirma que “el consumo de petróleo alcanzó las capacidades instaladas de producción y refinado (mundiales)”. Mientras el crecimiento del consumo de barriles de crudo entre 1999 y 2002 fue de 660.000 barriles por día, en 2003 fue de 2,3 millones y en 2004 de 2,6 millones diarios, mientras que el aumento de las capacidades de refinado fue cuatro veces menor. A este ritmo el techo de la capacidad de refinado podría tocarse a finales de este año. Según la AIE, para que no se produzca un colapso en este sector las inversiones mundiales de aquí a 2030 deberían alcanzar los 412.000 millones de dólares. Pero a pesar de que el magnate petrolero y vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney llamó en 2001 a construir nuevas refinerías (la última se inauguró en 1978), no hay actualmente ninguna en construcción en ese país... 5.

 Un problema estratégico 

Ante este panorama, cualquier análisis racional sugeriría una estrategia mundial concertada y multidireccional de diversificación de fuentes de energía (en particular las menos contaminantes), disminución del consumo, nuevas prospecciones, control y preservación de recursos, etc. En última instancia, un cambio de rumbo en los modos de producción y consumo, en la concepción misma de desarrollo, porque en definitiva, ¿adónde conduce esta fuga hacia adelante, sino a un colapso económico y ecológico mundial, al agravamiento y multiplicación de los conflictos?

Pero para el capitalismo en su fase neoliberal el sentido común es más que nunca el menos común de los sentidos. La “estrategia” energética de los principales países consumidores es cada cual contra todos, si es necesario con los ejércitos por delante, como prueban la invasión a Irak; las actuales presiones de Estados Unidos sobre Irán (que se topan con el apoyo de China a ese país); la desestabilización permanente de los Estados ribereños del pletórico Mar Caspio que antiguamente orbitaban en la URSS –Azerbaiyán, Turkmenistán y Kazajstán– y la insensata tela de araña de oleoductos que construyen y se disputan allí las multinacionales anglosajonas, Rusia, China, Irán... Un mundo de locos.

Para América Latina el cuadro no es menos preocupante. Contrariamente a una opinión extendida, el subcontinente es el principal proveedor de petróleo de Estados Unidos. De los 12,24 millones de barriles diarios que importa ese país, México aporta el 13,4%; América Central y del Sur el 20,1% (total 33,5%) y sigue Oriente Medio con el 20,7%... 6.

De allí que los actuales neoconservadores en el gobierno de Estados Unidos, cuya única política exterior parece ser la amenaza o la agresión 7, tengan los pelos de punta ante la propagación de gobiernos con pujos o al menos retórica soberanista en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay y quizá pronto México (donde el monopolio de la exploración, la producción, el transporte y la comercialización de los recursos energéticos por la compañía estatal Pemex está inserto en la Constitución), más la crónica inestabilidad de Colombia y la crisis política en Bolivia a causa justamente del control de los recursos hidrocarburíferos (pág. 8).

El venezolano Hugo Chávez, seguramente el Presidente en ejercicio más plebiscitado del mundo, soporta acusaciones y amenazas y pudo superar, gracias al apoyo popular y de sus fuerzas armadas, un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos y España, mientras la Unión Europea miraba hacia otro lado. ¿La razón principal?: Chávez impidió la privatización “a la argentina” de la empresa petrolera estatal PDVSA.

Pero aunque sinuoso y plagado de tropiezos y vacilaciones, el proceso de unidad soberanista de la región sigue su marcha. Los esfuerzos estadounidenses por generar un conflicto armado o al menos una situación de inestabilidad permanente entre Colombia y Venezuela acaban de sufrir un revés estruendoso, luego de la reunión en Venezuela de los presidentes Chávez, Álvaro Uribe de Colombia, Lula da Silva de Brasil y el jefe de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. La firmeza de Chávez ante el incidente provocado por los servicios de inteligencia colombianos y la CIA al secuestrar en Caracas a un jefe guerrillero colombiano 8 y el apoyo de Brasil y esta vez de España con su nuevo gobierno socialista, obligaron a Uribe, de buena o mala gana, a normalizar la situación. Allí se habló de “luchar contra el hambre y el terror” 9, pero sobre todo de integración regional, defensa y proyectos comunes y explotación nacional de los recursos naturales.

Los gobiernos más sólidos y las dirigencias más arraigadas en sus países se toman muy en serio el problema estratégico que plantea la energía. Una muestra: el 15 de marzo pasado, Brasil entregó a un productor agropecuario el primer avión –fabricado por Embraer– propulsado a alcohol producido a partir de caña de azúcar “renovable, cinco veces menos caro y 7% más potente que la gasolina” 10.

Mientras tanto, y a pesar de que es el único país que ha alienado totalmente y de la peor manera todos sus recursos hidrocarburíferos; a pesar de que corre el riesgo cierto de una crisis energética grave en el breve plazo, Argentina es el menos activo y decidido en este terreno, al menos si se lo compara con Brasil y Venezuela. Ni el gobierno ni la sociedad parecen haber tomado nota de la gravedad del problema. 

  1. Antonio Rossi, “Energía: habría que gastar  $ 3.000 millones para pasar el invierno”, Clarín, 28-3-05.
  2. “L'envolée des prix du pétrole provoque une course aux ressources”, Service International, Le Monde, París, 19-3-05.
  3. Ibid.
  4. “La Chine et les Etats-Unis tirent la demande d'hydrocarbures”, Le Monde, París, 19-3-05.
  5. Jean-Michel Bezat, “Pétrole: les capacités de raffinage risquent d'atteindre leurs limites fin 2005”, Le Monde, París, 29-3-05.
  6. Agencia Internacional de Energía; véase Babette Stern, “Le pétrole pèse sur les relations entre Washington et ses voisins du Sud”, Le Monde, París, 11-3-05.
  7. Adolfo Gilly, “Un sujeto político no identificado”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, junio de 2004.
  8. Dossier “Conmociones en América del Sur”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2005.
  9. Peru Egurbide, “La cumbre de Venezuela...”, El País, Madrid, 30-3-05.
  10. “Le Brésil mise sur la canne à sucre et le soja”, Le Monde, París, 19-3-05.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:3
Temas Estado (Política), Consumo
Países Argentina