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La CIA “terceriza” la tortura

Todos aplauden la acusación judicial contra los responsables de la última dictadura chilena y la labor de una comisión investigadora en Marruecos sobre los años de plomo en ese país. Pero en todo el mundo aún se practica la tortura. En operaciones de “tercerización”, la CIA envía detenidos al Magreb o a Medio Oriente, donde el suplicio es habitual.

Veamos una curiosa historia, en la que entran en juego un avión privado con base en Alemania, un secuestro en plena calle en un país europeo, torturas peores que las de Guantánamo y las de Abu Ghraib, un abogado, varios espías y un presunto terrorista. Se trata de una historia verídica, y si pudo ocurrir es porque "la noción de derechos humanos es muy amplia", como nos confió un ex agente de la CIA.

El caso comenzó en la tarde del 18-12-01, pocas semanas después de los atentados del 11-9-01 en Estados Unidos, en momentos en que Kjell Jönsson, un abogado sueco especialista en temas de inmigración, hablaba por teléfono con uno de sus clientes, Mohamed Al-Zery, que había presentado un pedido de asilo. "Repentinamente, oí una voz que le ordenaba a Al-Zery colgar el teléfono. Era la policía sueca que venía a detenerlo", recordó Jönsson. Sin embargo, el abogado había obtenido del gobierno sueco la promesa de que no se tomaría ninguna decisión repentina en relación a su cliente, y que el pedido de refugio sería cuidadosamente examinado, pues si Mohamed Al-Zery regresaba a El Cairo corría el riesgo de ser detenido y torturado. A pesar de eso, el doctor Kjell Jönsson afirma que en treinta años de carrera nunca vio una expulsión tan rápida.

Cinco horas después de su detención, Mohamed Al-Zery fue deportado desde el aeropuerto de Brömma, Estocolmo, junto a otro detenido egipcio, Ahmed Agiza. Esa operación, que sólo se conoció dos años más tarde, pudo desarrollarse en el mayor de los secretos gracias a la presencia en la pista de Brömma de un avión y de un equipo de agentes estadounidenses. Estos se hicieron cargo de los dos sospechosos, los esposaron, les colocaron un uniforme color naranja y los subieron al avión, no sin antes hacerles ingerir un especie de droga. ¿Quiénes eran esos agentes estadounidenses? "Llevaban capuchas negras, pero no uniforme. Vestían jeans. La policía sueca encargada de la seguridad afirmó que parecían muy profesionales. Es evidente que no era la primera vez que hacían ese trabajo", indicó el abogado. Toda la operación duró menos de diez minutos.

Durante meses, nada se supo sobre esos acontecimientos ni sobre la identidad de los agentes estadounidenses encapuchados. Pero como la inquietud crecía en Suecia, el Parlamento abrió una investigación. Los documentos publicados confirman lo ocurrido en el aeropuerto y la identidad de los agentes. En uno de los informes, Arne Andersson, que dirigió la operación del lado de los servicios de seguridad suecos, admitió que la noche en cuestión no había logrado conseguir un avión: "Acabamos por aceptar la proposición de nuestros amigos estadounidenses, nuestros colegas de la CIA, lo que hizo que pudiéramos disponer de un avión autorizado a sobrevolar directamente toda Europa y que podía encargarse de la expulsión muy rápidamente".

 "Restitución extraordinaria"

 El gobierno sueco, que había autorizado el traslado de los dos prisioneros a Egipto, dijo haber obtenido garantías diplomáticas de que ninguno de los dos hombres sería objeto de malos tratos y de que ambos podrían recibir visitas regulares de los diplomáticos del consulado sueco en El Cairo. Pero Suecia evitó revelar los malos tratos de que se quejaron los prisioneros. Al contrario, las autoridades suecas declararon ante el Parlamento y ante un comité de Naciones Unidas que los prisioneros jamás habían formulado esas acusaciones. Ocurre, sin embargo, que ambos hombres, desde la primera visita que se les hizo en la cárcel, afirmaron haber sido duramente torturados. Según el doctor Jönsson, su cliente había sufrido castigos de manera permanente durante cerca de dos meses. "Al-Zery fue víctima de torturas. Fue alojado en una celda minúscula y helada y fue golpeado. Pero las torturas más graves fueron con electricidad, por medio de electrodos que le colocaron en todas las partes sensibles del cuerpo, en varias ocasiones y bajo la vigilancia de un médico."

Finalmente, Mohamed Al-Zery quedó en libertad sin que se lo acusara formalmente de nada, pero no tiene derecho a salir de Egipto ni a hablar públicamente sobre el período que pasó en la cárcel. Ahmed Agiza aún está detenido. Su madre, Hamida Shalibai, que lo vio en la cárcel varias veces, nos dijo durante una entrevista en El Cairo: "Cuando lo trajeron a Egipto, lo llevaron encapuchado y esposado al sótano de un edificio. Allí comenzaron los interrogatorios y las torturas. Cada vez que no obtenían respuesta a una pregunta le administraban descargas eléctricas y lo golpeaban. (...) Durante el primer mes de interrogatorio estuvo completamente desnudo y casi muere de frío".

La confirmación de la participación de agentes estadounidenses en este caso iniciado en Suecia y la comprobación de los actos de tortura consiguientes fueron la primera prueba concreta de lo que se sospechaba desde el 11 de septiembre: Estados Unidos está implicado en la organización de un tráfico mundial de prisioneros. En efecto, las investigaciones oficiales y periodísticas realizadas en todo el mundo demuestran que Estados Unidos organiza sistemáticamente la deportación de militantes islamistas hacia los países del Magreb y de Medio Oriente, donde pueden ser sometidos a los enérgicos interrogatorios que los agentes estadounidenses no están autorizados a ejecutar directamente. Algunos califican a ese sistema como "tortura por mandato".

Los traslados de presuntos terroristas secuestrados por los estadounidenses no sólo ocurrieron en zonas de conflicto, como Afganistán o Irak, sino en todo el mundo, ya sea en Bosnia, Croacia, Macedonia, Albania, Libia, Sudán, Kenia, Zambia, Pakistán, Indonesia o Malasia. El término empleado oficialmente por la CIA para designar ese sistema es el de "restitución extraordinaria", y ningún responsable estadounidense en funciones se atreve a abordar el tema en público. En cambio, un ex responsable jerárquico de la CIA, Michael Scheuer, que a fines de la década de 1990 dirigió la unidad encargada de perseguir a Osama Ben Laden y que dejó la agencia en noviembre pasado, dio una explicación detallada durante una entrevista difundida por la BBC 1, confirmando que el caso sueco forma parte de un sistema mucho más amplio.

A su entender, "el sistema consistente en interceptar a las personas y trasladarlas a terceros países fue creado cuando el Ejecutivo nos asignó la tarea de desorganizar y desmantelar las células terroristas y detener a sus integrantes. Cuando después la CIA preguntó a los que deciden dónde deseaban poner a esos terroristas, se le respondió: eso es asunto de ustedes. Así fue que organizamos este sistema para ayudar a los países cuya justicia está en busca de personas acusadas o condenadas: detenemos a esas personas en el exterior y las trasladamos a los países donde son buscadas".

Barbara Olshansky, abogada del Centro para los Derechos Constitucionales (Centre for Constitutional Rights), forma parte del grupo que investiga las "restituciones extraordinarias", tanto en lo referente a casos particulares como en lo que hace a las bases jurídicas del sistema. Estados Unidos, afirma la abogada, no sólo utiliza terceros países para interrogar a los prisioneros, sino también centros de detención off-shore dirigidos por la CIA. Y añade que la práctica de interceptar a los fugitivos fuera de su jurisdicción y trasladarlos luego a su territorio para enjuiciarlos está en vigor en Estados Unidos desde hace más de un siglo. El ex presidente de Panamá, Manuel Antonio Noriega, es un ejemplo evidente 2, aunque en su caso se trató de una "restitución" corriente.

Pero desde que la CIA está dedicada a la lucha contra Al Qaeda -y sobre todo desde el 11 de septiembre- se impuso la noción de "restitución extraordinaria". Según la misma, la persona ya no es detenida para ser enviada a Estados Unidos, sino para ser trasladada a otro sitio. Barbara Olshansky explica: "La práctica de la restitución comenzó inicialmente en los años 1880. Estados Unidos recurría a todos los medios para apoderarse de una persona que deseaba hacer juzgar por sus tribunales. Lo importante era que la persona compareciera ante un tribunal. Hoy en día la idea está totalmente desvirtuada. La restitución extraordinaria significa que Estados Unidos detiene a las personas y las traslada a países donde son interrogadas bajo tortura: se entrega a los prisioneros para sacarles información, sin que esté prevista ninguna intervención de la justicia".

 Vuelos privados

 Pero hay un hecho sorprendente: la CIA y otros servicios estadounidenses utilizaron frecuentemente aviones privados para transportar a los sospechosos detenidos. He obtenido el diario de a bordo de uno de esos aviones, un Gulfstream V, aparato privado de largo alcance, que parece estar en el centro de esas operaciones. Desde 2001 ese avión circuló por todo el mundo y arribó a 49 destinos diferentes fuera del territorio de Estados Unidos. Voló frecuentemente a Jordania, Egipto, Arabia Saudita, Marruecos y Uzbekistán, países a los cuales Estados Unidos transfirió sospechosos para hacerlos encarcelar.

Ese avión, de color blanco, tiene como única inscripción exterior su matrícula de aparato civil, que hasta hace poco era N379P. Está probado que fue la máquina utilizada para expulsar a los egipcios en el caso sueco, en diciembre de 2001. El avión también fue visto en Karachi, Pakistán, en octubre de 2001, donde varios testigos presenciaron cómo se embarcaba a un presunto terrorista con destino a Jordania.

Según Robert Baer, ex oficial clandestino de la CIA que tuvo conocimiento del citado diario de a bordo, el Gulfstream está efectivamente implicado en las operaciones de "restitución": "Esos vuelos tienen como último destino lugares donde se tortura", declaró. El oficial, que estuvo al servicio de la CIA en Medio Oriente durante 21 años, hasta su retiro de la agencia a mediados de la década de 1990, explicó que ese tipo de aviones civiles resultaba útil a la central de inteligencia estadounidense pues no exhibía ninguna inscripción militar. "Estos aparatos se hacen funcionar mediante una sociedad pantalla. Se arman, luego se desarman cuando alguien se da cuenta. Todo se hace en una noche y en caso necesario se cambia de avión. Es un sistema bastante corriente".

Según Baer, la "restitución" no consiste únicamente en hacer encarcelar a los presuntos terroristas en países como Egipto. Cada país presenta un interés particular. "Si se envía un detenido a Jordania, el interrogatorio será mejor. Si se lo envía a Egipto, por ejemplo, probablemente no se lo volverá a ver jamás. Lo mismo puede decirse de Siria." Países como Siria aparecen como enemigos de Estados Unidos, pero siguen siendo aliados en la guerra secreta contra los militantes islamistas. "En Medio Oriente la regla es muy simple: el enemigo de mi enemigo es mi amigo, y es así como funcionan las cosas. Todos esos países se enfrentan, de una u otra manera, al integrismo islamista, a la militancia islámica", afirma Baer. Durante años, los sirios propusieron a los estadounidenses trabajar juntos contra los islamistas. "Esas propuestas fueron siempre rechazadas, hasta el 11 de septiembre. En general evitamos trabajar con los egipcios y con los sirios, porque son muy brutales." El ex agente de la CIA estimó que la agencia utiliza el sistema de "restituciones" desde hace años, pero que luego de los atentados contra el World Trade Center se volvió una práctica sistemática y a gran escala. Según Baer, el número de personas secuestradas y trasladadas por Estados Unidos a las mazmorras de Medio Oriente sería de varios centenares, superando a las enviadas a Guantánamo. "El 11 de septiembre fue el pretexto para dejar de aplicar la Convención de Ginebra. Esa fecha marcó el fin de la primacía del derecho tal como lo conocíamos en Occidente", afirma Baer.

Para algunos defensores de la "restitución" en el gobierno estadounidense, se trata de un método que sólo apunta a erradicar el terrorismo. Una vez que un presunto terrorista es enviado a Egipto, por ejemplo, Estados Unidos ya no se interesa más por lo que le ocurra. Pero el caso de un sospechoso australiano, Mamduh Habib, muestra que esas "restituciones" tienen también como objetivo conseguir informaciones por medio de actos de tortura, a los que los agentes estadounidenses no están oficialmente autorizados. Mamduh Habib, que era entonces gerente de un café en Sydney, Australia, fue detenido un mes después del 11 de septiembre en Pakistán, cerca de la frontera afgana. A pesar de ser ciudadano australiano, Habib fue rápidamente entregado a agentes estadounidenses que lo trasladaron a El Cairo, donde fue torturado de manera ininterrumpida durante seis meses, según explica su abogado estadounidense, el profesor Joe Margulies, del MacArthur Justice Center de la Universidad de Chicago.

"No hay palabras para describir esos castigos", afirma Margulies, quien explica: "Habib era golpeado regularmente. Se lo introducía esposado en una pieza, que se llenaba de agua hasta la altura de su mentón. Usted puede imaginar el terror que causa saber que uno no puede escapar de esa situación". En otra ocasión fue colgado de una pared. "Sus pies apoyaban en un tambor atravesado por una barra metálica. Cada vez que los torturadores hacían pasar corriente eléctrica por el tambor, Habib recibía una descarga que lo obligaba a levantar los pies y quedar suspendido de las manos. Esa tortura continuó hasta que perdió el conocimiento. Durante el interrogatorio, Mamduh Habib confesó pertenecer a Al Qaeda y firmó todos los documentos que le presentaron."

El hombre fue luego entregado como detenido a los estadounidenses en Afganistán y posteriormente trasladado a Guantánamo. La confesión que había firmado en Egipto fue utilizada en su contra por los tribunales militares. Según su abogado estadounidense, "esos tribunales, que estudian la situación legal de los combatientes detenidos, se basaron en los elementos obtenidos en Egipto para mantenerlo detenido".

A raíz de las protestas públicas formuladas por su abogado y por otras personas ante las torturas de que había sido objeto, Habib finalmente fue liberado de la base de Guantánamo en enero de 2005 y regresó a Australia. El gobierno australiano afirmó que no se presentarán cargos en su contra, a pesar de que los agentes de informaciones siguen acusándolo de pertenecer a Al Qaeda.

La mayoría de los sospechosos enviados por Estados Unidos a prisiones de Medio Oriente tienen prohibido revelar esos hechos y la forma en que fueron tratados entonces. Pero el relato de un canadiense, Maher Arar, un técnico en teléfonos celulares que los estadounidenses hicieron encarcelar en una prisión siria y que actualmente puede hablar libremente, confirma que los prisioneros son enviados al exterior con el objeto de ser interrogados. En septiembre de 2002, Arar llegó al aeropuerto J. F. Kennedy de Nueva York para cambiar de avión, de regreso a su casa, en Ottawa, luego de haber pasado unas vacaciones en Túnez. En esa ocasión fue detenido y llevado a una sala de interrogación, y luego al Metropolitan Detention Center, una prisión para inmigrantes situada en Brooklyn 3. Nacido en Siria pero con nacionalidad canadiense, Arar pensaba que sería liberado rápidamente. Pero luego de doce días de detención se encontró encadenado, a bordo de un avión privado. "En ese avión equipado con asientos de cuero yo me preguntaba por qué se me daba semejante trato preferencial y qué tipo de información esperaban obtener de mí. Cuando me sirvieron una buena cena, pensé en la tradición musulmana del l'Aid El-Kebir, que consiste en engordar un animal antes de sacrificarlo, y me dije que estaba precisamente en esa situación. No podía dejar de preguntarme cómo hacer para que no me torturaran, pues a esa altura ya estaba convencido de que el único motivo por el que me enviaban a otro lugar era para interrogarme por medio de torturas. Estaba cien por ciento convencido de ello."

Arar explica que fue llevado al cuartel general de la policía secreta siria, encerrado en una celda apenas más grande que un ataúd, donde permaneció más de diez meses, y relata cómo fue torturado. "La persona que me interrogaba me dijo que abriera la mano derecha y entonces me golpeó de manera salvaje. El dolor era tal que me puse a llorar. Me ordenó entonces abrir la mano izquierda. Esta vez erró y recibí el golpe en la muñeca. Comenzó a hacerme preguntas y cuando consideraba que yo no decía la verdad, volvía a golpearme. Eso podía durar una hora o dos. A veces me dejaban solo en una habitación, desde donde yo podía oír a las personas que torturaban."

Casi exactamente un año después de su "restitución" a Siria, Arar fue liberado y trasladado a Ottawa por avión. Ni Siria ni Canadá presentaron acusaciones en su contra. En Canadá, su caso provocó un escándalo político y obligó a la apertura de una investigación oficial. Como muchas víctimas de las torturas modernas, Arar no presenta huellas físicas de los tormentos padecidos. Los interrogadores profesionales saben cómo evitar esas marcas. Sus cicatrices son sobre todo psicológicas.

Alex Neve, responsable de Amnesty International en Canadá, está convencido, por varios motivos, de que Arar dice la verdad sobre la forma en que fue tratado: "Le pedí una cantidad enorme de detalles. Durante los muchos años que llevo trabajando para Amnesty International, interrogué a muchas víctimas de torturas que se hallaban en campamentos de refugiados aquí, en Canadá, personas que acababan de salir de la cárcel, y vi que la experiencia personal (de Arar) corresponde a lo que yo ya sabía y a lo que aprendí hablando con otras víctimas".

 Grados de hipocresía

 ¿Quién es responsable del sistema de "restitución extraordinaria"? ¿Quién lo sostiene entre bambalinas desde el poder, en Washington? Para interiorizarme en las tácticas empleadas en la guerra contra el terrorismo, viajé a Fall's Church, en Virginia, donde vive Michael Scheuer. Le pregunté por qué, cuando dirigía la unidad de la CIA encargada de hallar a Osama Ben Laden, se adoptó la táctica de la restitución. Scheuer suele decir lo que piensa: es autor de dos libros críticos sobre Al Qaeda -bajo la firma de "Anónimo" mientras pertenecía a la CIA-, el último de los cuales se titula Imperial Hubris (Arrogancia imperial), pero nunca antes se había expresado con tanta franqueza sobre un tema tan delicado.

Scheuer subrayó que todas las operaciones de "restitución" eran aprobadas por abogados. "Dentro de la CIA existe un importante servicio jurídico, y una sección del Departamento de Justicia tiene por tarea fundamentar jurídicamente el trabajo de los servicios secretos. Además, existe también un equipo de letrados dentro del Consejo Nacional de Seguridad. De una u otra manera, esos abogados trabajan en todos esos casos y validan el procedimiento a seguir. La idea de que se trataría de un método fuera de la ley, imaginado por alguna persona, es simplemente absurda." Y Scheuer recuerda que cuando organizaba ese tipo de operaciones, la autorización debía venir del director de la CIA o de su adjunto. "Eran simplemente el número uno y el número dos de la comunidad de informaciones quienes firmaban."

Cada vez que se desarrollaba una operación de "restitución" el ex agente secreto estaba convencido de que la persona concernida "merecía que se la sacara de circulación". Pero "es imposible no cometer errores en el trabajo de espionaje y de informaciones. Esas operaciones nunca fueron desarrolladas a la ligera. Se trataba de un trabajo extremadamente serio, y si uno se equivocaba, se equivocaba. Los hechos se volvían en contra nuestra".

En cuanto al riesgo de ser torturados que corrían los sospechosos, Scheuer parece no tener problemas de conciencia. "El nudo del problema es el siguiente: sacar de circulación a una persona que uno está seguro que está implicada -o que piensa implicarse- en operaciones que pueden causar víctimas estadounidenses es una acción que vale la pena." ¿Aún si la persona corre el riesgo de ser torturada?, le pregunté. "No seremos nosotros quienes la habrán torturado. Además, el cuadro que se pinta sobre la tortura en Egipto y en Arabia Saudita está muy influenciado por Hollywood. Es bastante hipócrita preocuparse por lo que los egipcios hacen a personas que son terroristas y a la vez no condenar a los israelíes por lo que hacen a personas que consideran terroristas. La noción de derechos humanos es muy amplia. Todo depende del grado de hipocresía que uno adopte tal o cual día."

Para ser justos con Scheuer, hay que decir que a pesar de todo se interroga sobre la "restitución" como táctica a largo plazo. Estima que si existe un extremismo islamista es, en parte, a causa de regímenes dictatoriales como los de Egipto y Jordania, y que, desde un punto de vista estratégico, no tiene mucho sentido trabajar en tan estrecha colaboración con esos países. "La detención de cualquier sospechoso es un éxito técnico, pero perdemos en el plano estratégico, fundamentalmente a causa de nuestro apoyo a las dictaduras del mundo musulmán."

Sin embargo, añade, ¿qué puede hacer Estados Unidos de esos detenidos? Los dirigentes políticos no desean que los terroristas sean llevados a territorio estadounidense y juzgados por tribunales de ese país. "Hay muchas situaciones en el mundo en las que nos vemos limitados y a veces estamos forzados a trabajar con el diablo." Hasta tanto los responsables políticos no se pronuncien sobre la manera de tratar a esos prisioneros en el marco del sistema jurídico estadounidense, la CIA no tiene otra opción que "hacer lo que puede con los medios de que dispone".

Según Scheuer, la cantidad de "restituciones" de presuntos terroristas sunitas realizadas por la CIA sería un centenar. Otras personas, como Robert Baer, estiman que en realidad la cifra es muy superior. Estos últimos consideran que a raíz del 11 de septiembre el Departamento de Defensa, dirigido por Donald Rumsfeld, organizó traslados de detenidos en todo el mundo, y que el ejército estadounidense envió cientos de prisioneros a las mazmorras de Medio Oriente.

El departamento de Defensa y la CIA se niegan a hablar sobre el sistema de "restituciones". Entrevisté a Danielle Pletka, vicepresidenta del American Enterprise Institute, un grupo de reflexión que comparte las ideas de la administración Bush. "Yo no soy verdaderamente una partidaria fanática de la tortura", nos dijo, precisando que desaprobaba la manera en que Siria o Egipto manejaban a sus prisioneros y a sus sistemas de seguridad. Pero "existen casos, en tiempos de guerra, en que es necesario hacer las cosas de una manera que es totalmente rechazada por la mayoría de las personas honestas. No quiero decir que Estados Unidos practica sistemáticamente este tipo de métodos, pues no creo de ninguna manera que sea algo sistemático. Dicho esto, si en un momento dado necesitamos absolutamente obtener determinada cosa, esa cosa deberá ser obtenida de todas maneras, y no es en el ‘Club Med' que eso se hará".

Si se dejan de lado por un momento las consideraciones de orden moral o las relativas a los beneficios tácticos, es posible sin embargo preguntarse en qué medida esas operaciones son legales. Danielle Pletka nos respondió que, al no ser abogada, no podía pronunciarse sobre ese punto. La Convención de Naciones Unidas contra la Tortura, ratificada por Estados Unidos y apoyada por el presidente George W. Bush, estipula que "ningún Estado parte procederá a la expulsión, devolución o extradición de una persona a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura". Y todos los años el Departamento de Estado estadounidense condena las violaciones a los derechos humanos y los actos de tortura cometidos en países como Egipto, Siria y Arabia Saudita. El informe del año pasado sobre Egipto, por ejemplo, señalaba que en ese país la tortura era "habitual y persistente".

¿Cómo podría ser legal la "restitución"? En el Departamento de Justicia estadounidense nadie aceptó responder esa pregunta. Por ahora, el fundamento jurídico que Washington asigna a ese sistema es un secreto de Estado. Pero la actitud oficialmente evasiva de las autoridades estadounidenses podría deberse al creciente riesgo de tener que rendir cuentas ante los tribunales. A las posibilidades de enjuiciamiento por la justicia nacional, se suma la apertura de varias investigaciones sobre presuntos secuestros realizados por la CIA en territorio europeo. Alemania funciona como una base clave para los aviones de la CIA que efectúan las expulsiones en el marco del sistema de "restituciones". Los diarios de a bordo consultados señalan numerosas escalas en el aeropuerto de Frankfurt del citado Gulfstream y de un Boeing 737 utilizado con los mismos fines.

En Alemania se abrió una investigación judicial sobre el caso de Khaled El-Masri, un ciudadano alemán residente en la ciudad de Ulm, que afirma haber sido secuestrado en Skopje, Macedonia, el 31-12-03. Tres semanas más tarde se lo trasladó por avión a una prisión estadounidense en Afganistán, donde fue objeto de golpes en numerosas ocasiones. Finalmente, fue liberado cuatro meses después, abandonado en una ruta de Albania. Al principio sus afirmaciones parecieron poco plausibles, pero los diarios de a bordo indican claramente que, en efecto, fue transportado a Skopje el 23-1-04 a bordo del Boeing 737 de la CIA. Esos documentos prueban que el avión, que provenía de Mallorca, embarcó a Khaled El-Masri en Kabul vía Bagdad. Esos hechos pueden poner a la CIA en una situación delicada respecto de sus homólogos alemanes, que posiblemente se vean obligados a tratar el caso de El-Masri como un secuestro ilegal.

Por otra parte, en Italia se lleva a cabo una investigación judicial sobre el secuestro en una calle de Milán, y en pleno día, de un presunto militante de Al Qaeda. Se sospecha que agentes estadounidenses secuestraron a esa persona sin ninguna orden judicial, en un país que forma parte de los más fieles aliados europeos de Estados Unidos. El egipcio Abu Omar desapareció el mediodía del 16-2-03 en la Via Guerzona, en Milán, cuando salía de su domicilio para dirigirse a la mezquita, situada a muy corta distancia. Según un testigo, el hombre fue detenido en la calle por tres hombres blancos que habían estacionado una camioneta sobre la acera. Abu Omar era vigilado por las autoridades italianas, pero las mismas negaron haber participado de ninguna manera en ese acontecimiento. Se sospecha que fue detenido por agentes estadounidenses, trasladado a la base aérea que Estados Unidos posee en Aviano y de allí llevado a Egipto.

El fiscal adjunto de Milán, Armando Spataro, encargado de la investigación, hasta ahora se niega a acusar a los estadounidenses. Toma el caso como si se tratara de un simple secuestro y afirma estar seguro de que Omar se halla actualmente en Egipto. Una participación estadounidense en esa operación, nos dijo Spataro, "representaría una grave violación del derecho italiano. Sería algo absolutamente ilegal".

Para vencer la amenaza terrorista a nivel mundial, es fundamental que los países cooperen entre ellos y compartan las informaciones que poseen. Pero eso debe producirse dentro del marco de la ley.

  1. Entrevista en el programa radial File on 4 de la BBC, 8-2-05.
  2. El general Noriega, "hombre fuerte" de Panamá, ex agente de la CIA y vinculado con el narcotráfico, fue detenido el 3-1-1990 y luego transferido a Florida, durante la invasión estadounidense a Panamá, llamada "Operación causa justa". Juzgado en condiciones dudosas, Noriega fue condenado en julio de 1992 a 40 años de cárcel.
  3. Michel Gourd, "Quand l'arbitraire policier s'impose au Canada", Le Monde diplomatique, París, febrero de 2005.
Autor/es Stephen Grey
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:20,21,22
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Derechos Humanos, Estado (Política)
Países Estados Unidos