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Frágil reconciliación en Marruecos

Única en el mundo árabe, la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) recoge los testimonios de las víctimas de tortura en la época del rey Hassan II. Pero con la condición de que no aparezcan los nombres de los verdugos, ya que muchos de ellos siguen en actividad. Después de los atentados del 16 de mayo de 2003, la represión contra el terrorismo islámico va acompañada de torturas…

Frente a un auditorio compuesto por unas cien personas -representantes de Organizaciones No Gubernamentales (ONG), militantes de asociaciones civiles, responsables de partidos políticos y miembros del gobierno- el 18 de diciembre de 2004 un hombre solo, provisto apenas de un micrófono y de su conciencia, relató las torturas padecidas en Marruecos durante los "años de plomo". En ese período tumultuoso, que duró más de treinta años, y en el marco propicio de la Guerra Fría, la represión erradicó todo tipo de oposición.

Ahmed Benmansur, que fue detenido el 13 de marzo de 1970, relató su calvario en Dar El Moqri, y su dolorosa estadía en Derb Moulay Cherif, dos de los centros de detención secretos que existieron durante el reino de Hassan II (1961-1999), y en los que pasó cuatro meses. Luego explicó su suplicio en la prisión militar de Kénitra, donde estuvieron encarcelados muchos militantes de izquierda en la década de 1970. Benmansur describió en detalle sus condiciones de detención, recordó los nombres de sus camaradas militantes y resistentes secuestrados y asesinados, las atrocidades sufridas, y -casi sin aliento- concluyó con una expresión altruista: "Sólo deseo una cosa: que nuestros hijos y nuestros nietos nunca sean víctimas de una represión como la que nosotros padecimos".

Con esa primera audición pública, transmitida en directo por la televisión y las radios oficiales, las autoridades marroquíes optaron por asumir el riesgo de organizar la necesaria catarsis que otras sociedades en transición ya experimentaron. Sin embargo, está prohibido citar los nombres de los torturadores. Ese aspecto concentra las principales críticas de las asociaciones de defensa de los derechos humanos, que consideran que esa medida fomentará la impunidad.

Según fuentes cercanas a los medios humanitarios, Fuad Ali El Himma, ministro delegado del Interior, nuevo hombre fuerte del régimen, no se oponía a priori a que se divulgara la identidad de los verdugos durante las audiencias de las víctimas. Al menos, así se lo habría dicho a Driss Benzekri, ex opositor y víctima de torturas, a quien el rey Mohammed VI nombró al frente de la Instancia Equidad y Reconciliación (IER).

De todas maneras, la prensa independiente ya había publicado los nombres de la mayoría de los torturadores. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) inauguró ese movimiento al publicar en 2001 una lista de 44 nombres, entre ellos el de una buena cantidad de altos mandos de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) aún en actividad en la cúpula del aparato de seguridad. Paralelamente, la publicación de testimonios y de libros históricos -muy vendidos- sobre los "años de plomo", contribuyó a sustentar las acusaciones. Por lo tanto, no es de extrañar que personajes como Yussfi Kadur, principal verdugo del mortífero centro de Derb Moulay Cherif, haya pensado en organizar un eventual comité de defensa de sus intereses, para hacer aceptar la idea de una responsabilidad diluida en la cadena de mando.

 Un caso aparte

 ¿Pero puede acaso la verdad provenir de los verdugos? La justicia de transición se caracteriza en general -si tomamos en cuenta las experiencias de otros países- por dejar poco espacio para las acciones legales: se adoptan leyes de amnistía, se otorgan indemnizaciones a las víctimas y se crean comisiones encargadas de establecer una versión histórica consensual. Sólo el mecanismo aplicado en Sudáfrica es diferente, pues se basa en el otorgamiento de la amnistía a cambio de la confesión del responsable de las exacciones. Según el sociólogo Alí Ababu, "no se puede comparar el caso de Sudáfrica -fundado sobre un sistema discriminatorio y racista como el apartheid- con el de Marruecos, más cercano a lo ocurrido en Sudamérica: dictaduras compulsivas con un fondo ideológico frágil".

A pesar de sus limitaciones, lo que ocurre en Marruecos es importante. "Las limitaciones de que se habla son clásicas", subraya el politólogo Mohamed Tozy. Clásicas, sin duda, pero opacan considerablemente el trabajo de memoria. En la mayoría de las sociedades que concretaron la transición democrática (Argentina, Chile, Uruguay, Sudáfrica) esas medidas son el resultado de la relación de fuerza entre las nuevas autoridades y las salientes. Pero Marruecos es un caso aparte, pues hay una continuidad, al menos formal, entre el antiguo y el nuevo régimen.

El investigador Mohamed Berduzi, que es además miembro de la IER, considera que la experiencia marroquí se distingue no sólo por haber sido desencadenada "en frío" y no impuesta por una crisis, sino también porque cuenta con "una voluntad colectiva de todas las fuerzas existentes para tratar el tema desde un ángulo diferente, original". Ese consenso no es evidente: voces discordantes se alzan tanto en el seno de la AMDH como de numerosas víctimas.

Encontramos algunas de estas últimas en los desolados pasillos de un hotel del barrio Hassan, en Rabat. Se trata de testigos que han declarado, de familias de víctimas, o de las propias víctimas de las exacciones. La represión no hacía diferencias regionales: esas personas son originarias de todas las zonas del país y hablan todos los dialectos locales. Parecen diferentes, pero a primera vista les descubrimos rasgos comunes: una mirada apagada, en el fondo de la cual se adivina a veces una chispa de locura, la locura de la barbarie que los atormentó.

Abdallâh Agau, por ejemplo, es el representante de los detenidos de Tazmamart, el presidio tristemente célebre, erigido en una zona desértica del sur de Marruecos, y cuya existencia el rey Hassan II había negado permanentemente. El 16 de agosto de 1972, Agau (entonces suboficial) fue quien suministró los cartuchos para armar los aviones de caza que trataron de derribar el aparato en que volaba el monarca. Con aire altivo y voz clara, se prepara para declarar esa tarde. Tiene una opinión mesurada sobre el "proceso de reconciliación" al que considera como la menos mala de las soluciones. "No podemos sentirnos satisfechos con el modo en que la IER negoció esta fase. Pero estábamos dispuestos a colaborar y por lo tanto aceptamos callar el nombre de los responsables durante las audiencias públicas, pues consideramos que este proceso debe ser encarado a largo plazo".

Para las víctimas, el fin del ciclo de represión no puede concluir con esas audiencias. A continuación debe venir la tarea de los tribunales. "¿Con quién quiere usted que me reconcilie?", insiste Agau. "La reconciliación y el perdón son cosas que actualmente nos superan. Es la sociedad civil la que debe continuar la tarea y ayudarnos en nuestra lucha. No puedo menos que sonreír cuando me dicen: ‘preséntese ante la justicia para que podamos definir las responsabilidades efectivas de quienes abusaron del poder'. Yo mismo fui condenado por esa justicia a tres años de cárcel, que por medio de un pase de magia se transformaron en veintidós años de calvario. Todos conocemos el servilismo de nuestra justicia... Por lo tanto, es fundamental que la sociedad civil y los medios apoyen nuestra acción".

El capitán Salah Hachad, que junto al escritor Abdelhak Serhan es autor del polémico Kabazal, que narra en detalle las angustias de los detenidos de Tazmamart, estaba entre los pilotos que participaron del intento de golpe de Estado de 1972. Sus ojos de un azul profundo se ensombrecen cuando se trata de definir las responsabilidades. Sentado a la misma mesa que Agau, toma la palabra: "De todos modos, se sabe quiénes son los responsables. En mi libro evoco muy claramente ciertas personalidades hoy fallecidas o aún en actividad. El capitán M'barek Touil, detenido junto a nosotros en Tazmamart, evocó ampliamente su imprevisto encuentro con los generales Bensliman, Iburk y Zerhuni, cuando en 1982 fue sacado de Tazmamart. Por entonces había logrado entrevistarse con el embajador de Estados Unidos, gracias a presiones de su esposa estadounidense, antes de que lo llevaran de nuevo a Tazmamart".

"Y también podemos citar al director del presidio, Cadi Mohamed, y al coronel Feddul", agrega tímidamente Agau. Es el momento que elige la señora Fatéma Dik para insistir en su punto de vista sobre la definición de las responsabilidades. Se trata de la hija de Jilali Dik, un especialista en explosivos muerto en la cárcel de Tazmamart. Para Fatéma Dik la etapa judicial es vital. "En toda la cadena de responsabilidades, cualquier persona que aunque más no sea haya ideado la manera de destruir lentamente a mi padre, es culpable. Si queremos dar vuelta la página del pasado, sólo la justicia nos permitirá vivir. Mi padre fue encarcelado cuando yo tenía siete meses, lo único que me queda de él es una foto descolorida y el apellido".

El sistema de audiencias, que pecaba de falta de credibilidad, tal vez haya llegado gradualmente a su límite. Y ello a raíz de las exacciones que siguen cometiendo los cuerpos represivos luego de los ataques terroristas del 16 de mayo de 2003 en Casablanca. Las ONG internacionales y la prensa independiente denunciaron esas exacciones, que pusieron de manifiesto los métodos ilegales utilizados por las autoridades contra los islamistas.

Al respecto, la iniciativa marroquí de búsqueda de la verdad sobre la represión ilegal, caso único en el mundo árabe, se vio así debilitada por las torpes declaraciones del secretario general de la IER, Ahmed Benzekri, quien negó categóricamente la existencia de torturas en el marco de la investigación sobre el atentado del 16 de mayo de 2003, y calificó de "mafias" a las ONG que las denunciaron en sus informes.

Salah El Uadie, otra víctima de los años negros, y miembro importante de la IER, se muestra pragmático: "Estamos en un proceso de transición. Es como un avión que despega. Los atentados del 16 de mayo produjeron turbulencias y el aparato se vio obligado a bajar en picada. Ahora está recuperando altura, mientras la IER realiza este saludable trabajo de memoria. Al término del mandato de la IER estaremos verdaderamente en una nueva era. Entonces sí los excesos serán inaceptables". Una posición difícil de sostener en momentos en que el gobierno no se decide a avanzar en un proyecto cuyo resultado ya no controla.

 El fantasma de Ben Barka

 Sin embargo, la principal contribución de la IER será sin dudas la recopilación de toda esa información que deberá ser entregada a los historiadores. "La historia está directamente vinculada con el Estado, y condiciona la modernidad política" subraya el politólogo Mohamed Tozy. Y esa modernidad sólo tiene sentido si se logran desatar los nudos de los casos emblemáticos del pasado régimen. Lo que es particularmente cierto en el caso Ben Barka.

Al respecto, la primera salva vino desde muy arriba. En una entrevista concedida por el rey Mohammed VI al diario francés Le Figaro del 4-9-01, el monarca declaró que la familia de Ben Barka tenía derecho a conocer toda la verdad sobre la desaparición de ese opositor político, ocurrida en París el 29 de octubre de 1965.

Pocas semanas después, la Unión Socialista de las Fuerzas Populares (USFP), presentó -de manera muy oficial- un pedido ante la IER "reclamando la verdad" sobre el caso. Pero el gesto más evidente y más simbólico fue sin duda la visita a la sede de la IER de la familia de Mehdi Ben Barka, representada por sus dos hijos, Mansur y Bachir, acompañados por el decano del Colegio de Abogados de Rabat y por el abogado de la familia, Maurice Butin.

Durante esa entrevista, Bachir Ben Barka se mostró conciliador y exigente a la vez. Por un lado estimó que la acción de la IER significaba un aporte positivo para la solución del tema de violaciones graves a los derechos humanos y para la preservación de la memoria colectiva del pueblo marroquí. Pero también dijo que los estatutos de la IER sobre la desaparición forzada debían aplicarse al caso de Mehdi Ben Barka, secuestrado con la complicidad de los franceses, y casi seguramente asesinado en una casa de Fontenay-le-Vicomte por oficiales de la policía marroquí.

Pero al afirmar que el Estado marroquí era políticamente responsable de lo ocurrido, y que debía presentar sus excusas públicas y revelar oficialmente toda la verdad sobre el caso, el hijo mayor de Mehdi Ben Barka puso a prueba la credibilidad de la IER. A partir de entonces no se dio a conocer ninguna nueva información, y los dirigentes de ese organismo desean que sus conclusiones figuren prioritariamente en el informe final.

En efecto, las expectativas son enormes. Mohamed Benyahia, dirigente de la USFP y ex consejero del Primer Ministro socialista Abderahman Yussufi, considera que no se puede poner ese caso en el mismo plano que las otras exacciones. "Se trata de un asesinato, no de un disfuncionamiento del sistema. Esperamos que la IER revele dónde fue enterrado Mehdi Ben Barka, quiénes lo asesinaron y en qué circunstancias".

Para la USFP, que siempre mantuvo vivo el recuerdo y la memoria del dirigente asesinado, la revelación de la verdad permitirá dar un nuevo impulso al partido, que podrá entonces dejar de lado los fantasmas del pasado. El conocimiento de la verdad permitirá también instaurar nuevas relaciones entre el Palacio y el Partido Socialista, las que aún sufren de un déficit de confianza mutua, que la experiencia de la alternancia política de 1998 no alcanzó a eliminar.

Así, la juventud socialista de la USFP consideró que el restablecimiento de toda la verdad sobre la desaparición de Mehdi Ben Barka y su inclusión en el informe final de la IER sería la expresión más convincente de la credibilidad de ese documento. En este caso, simbólico y muy sensible, la verdad deberá incluir nombres concretos. Y la jerarquía de las personas implicadas directa o indirectamente en ese asesinato seguramente abrirá la caja de Pandora sobre otras desapariciones forzadas.

Para el ex ministro de Educación Abdallah Saaf, "si el proceso depende de la resolución de casos espectaculares como el de Ben Barka, la lógica del tratamiento político permitiría ir más lejos en los casos de menor importancia política. Creo que la sociedad está actualmente en condiciones de recibir ese tipo de informaciones sin el menor problema. Hemos avanzado tanto, gracias al mecanismo implementado por la IER, que detenerse en mitad de camino ya no tiene sentido".

La Instancia Equidad y Reconciliación se halla frente a una disyuntiva fundamental. Luego de la experiencia de la catarsis, la IER debe completar el rompecabezas de la historia de los suplicios en la época de Hassan II.

Pero la dinámica de ese proceso, aún experimental, es frágil. El nuevo régimen lo ha transformado en una vitrina mediática para uso externo y en un medio para tranquilizar una sociedad en plena ebullición. Sin embargo, no parece haber renunciado a sus métodos de seguridad y represión, como se puede ver desde los atentados del 16 de mayo de 2003.

Las violaciones de los derechos humanos, la justicia de ejecución contra los islamistas detenidos en las grandes operaciones de 2003, la cooperación con los servios estadounidenses en su programa secreto de tercerización de la tortura sobre prisioneros de Guantánamo, son todos ejemplos de regresión que relativizan el alcance del mecanismo de reconciliación. El núcleo del poder aún no se vio afectado por una "transición democrática", proceso que tarda en concretarse, desde la desaparición del rey Hassan II, hace ya casi cinco años.

Por el contrario: muchos responsables de los años de represión siguen en sus cargos, y ciertos personajes centrales del régimen actual cargan con una gran culpabilidad en las torturas infligidas en el pasado. Si el proceso de denuncia se acelera y la gente se decide verdaderamente a hablar, la propia monarquía deberá sin dudas reconocer sus responsabilidades.

Si el rey Mohammed VI no se libera institucionalmente del período de Hassan II por medio de nuevas reformas políticas, cortando así el cordón umbilical que aún lo vincula con el régimen precedente, una crisis política de magnitud parece inevitable. Ella será el signo precursor del fracaso de Marruecos en su tarea de asumir definitivamente la vía de la democracia.

Autor/es Ali Amar, Younès Alami
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 70 - Abril 2005
Páginas:24,25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Estado (Política), Islamismo, Políticas religiosas
Países Marruecos