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Recuadros:

Acreedores discretos, unidos y todopoderosos

Una deuda acumulada que, en conjunto, llega a alrededor de dos billones y medio de dólares se ha convertido en una carga insoportable para los países del Sur. No basta para conmover al Club de París, opaco cartel de los países acreedores del Norte, encargado de renegociar la deuda pública bilateral de los países deudores con dificultades de pago. Su lógica fríamente financiera se suma a las del Fondo Monetario Internacional (FMI)?y el Banco Mundial (BM), que de hecho controlan muchas economías en desarrollo.

1955. Un golpe de Estado militar acaba de derrocar al presidente argentino Juan Domingo Perón. Deseoso de reubicarse en la escena internacional, el nuevo régimen busca acercarse enseguida al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM). Necesita solucionar el problema de su deuda y entrevistarse con los principales países acreedores. A propuesta del ministro de Economía francés, la reunión tiene lugar en París el 16 de mayo de 1956. Así nació el Club de París. Cincuenta años más tarde es un instrumento central en la estrategia de los países acreedores para lograr un total dominio de la economía mundial, lo mismo que el FMI y el Banco Mundial. Su objetivo es renegociar la deuda pública bilateral de los países del Sur con dificultades de pago. Inicialmente compuesto por once países, en la actualidad cuenta con diecinueve 1.

Ritual de negociación

Entre 1956 y fines de 1980, el Club firmó apenas treinta acuerdos. Antes de 1976, se mostraba reacio a reunirse con países cuya deuda consideraba demasiado reducida: en ese entonces sólo recibió a Argentina, Brasil, Chile, Indonesia, Perú, Camboya, Pakistán y Zaire. Después de la crisis de la deuda 2, se produjo una importante aceleración. Entre inicios de 1981 y abril de 2006, se celebraron 368 acuerdos con representantes de 81 países deudores diferentes. Senegal posee el triste récord (desde 1981 fue recibido 14 veces), delante de Madagascar (12 veces), Níger y la República Democrática del Congo (11 veces). El monto total de las deudas tratadas (reescalonadas o canceladas) supera los 500 mil millones de dólares.

El desarrollo de las reuniones plenarias, en general mensuales, linda con lo ritual 3. Las delegaciones del país sobreendeudado y sus acreedores toman asiento alrededor de la gran mesa de conferencia. Están presentes también instituciones multilaterales (FMI, Banco Mundial, Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED), bancos regionales de desarrollo, etc.). Abre la sesión el presidente del Club -a menudo el director del Tesoro francés- o un colaborador cercano. El jefe de la delegación del país endeudado expone de manera formal las razones de su presencia. Desde hace ya varios meses, las autoridades de su país se han puesto en contacto con el Club y han debido aceptar dos condiciones muy estrictas: presentar una petición de paso basada en la imposibilidad de seguir reembolsando en las condiciones actuales y celebrar un acuerdo con el FMI que garantice que pone todo de sí para evitar que vuelva a ocurrir. Por lo tanto, en el momento de su audiencia el país sobreendeudado ya debió someterse a las exigencias de sus acreedores, lo que reduce a nada su margen de maniobra el día de la reunión.

A continuación, el representante del FMI enumera las reformas previstas por el Fondo para sacar del apuro al país, antes de que los del Banco Mundial y la CNUCED completen el cuadro. La sesión de preguntas y respuestas puede comenzar. Al finalizar, se invita a la delegación del país endeudado a retirarse para que los miembros del Club "negocien" entre ellos. Una vez arribados a un área de acuerdo, el presidente informa de lo resuelto a la delegación del Sur, que debió esperar a distancia mientras se sellaba su suerte. Si la delegación no está conforme, puede hacer que se reanuden las discusiones, pero su poder de persuasión es insignificante. Después de firmar el acta, sólo le resta mostrarse ante los medios de comunicación satisfecha por el acuerdo obtenido y agradecer a los países acreedores.

Esta agencia de recaudación de fondos no tiene en cuenta las condiciones de vida de las poblaciones pobres: "Los acreedores del Club de París desean recuperar el máximo de sus créditos. Así pues, piden el pago inmediato de un importe lo más alto posible. Los importes que no pueden pagarse se reescalonan en condiciones que equilibran los pagos futuros, cuyo objetivo es minimizar el riesgo de que el deudor se vea obligado en lo sucesivo a volver ante los acreedores del Club de París con una petición adicional" 4.

¿Es acaso una casualidad que a menudo se establezcan puentes entre el Club y los grandes bancos? En julio de 2005 Jean-Pierre Jouyet dejó la presidencia del Club para ocupar el cargo de presidente no ejecutivo de la filial francesa del banco Barclays. En enero de 2006 el anterior secretario general del Club, Emmanuel Moulin, asumió sus nuevas funciones en el Citibank, primer grupo bancario mundial...

Doble rasero

El propio Club de París se presenta a sí mismo como un grupo informal, una "no-institución". Carece tanto de existencia legal como de estatutos. En teoría, las conclusiones de sus debates consisten en simples recomendaciones. Sólo se tornan efectivas cuando los Estados acreedores, de manera independiente, deciden ponerlas en práctica mediante acuerdos bilaterales. Sólo los acuerdos tienen un valor jurídico. Sin embargo, los Estados miembros del Club siguen sistemáticamente estas recomendaciones, con las que se comprometen en virtud del principio de solidaridad que los une. Una manera hábil de diluir las responsabilidades: el Club de París no es responsable, ya que de ningún modo obliga a los Estados, pero paralelamente estos Estados no hacen más que aplicar las recomendaciones que decidió el Club. Además, desempeña un papel fundamental porque permite presentar un frente unido para el cobro de las deudas bilaterales. En cambio, los Estados del Sur quedan aislados. La situación de estos países se estudia caso por caso en función de datos que proporciona el FMI, cuyas previsiones suelen ser exageradamente optimistas 5.

Pronto a predicar la "buena gobernanza" a los demás, el Club no se siente obligado a practicarla. El orden del día de las sesiones nunca se hizo público con anticipación; tampoco se conoce el contenido de las discusiones internas y el posicionamiento de los distintos miembros; las reuniones se desarrollan a puertas cerradas, sin la presencia de ningún observador. Inclinado a la confidencialidad, el Club sólo aparece en la escena mediática de mala gana. Sin embargo, en estos últimos años fue noticia de actualidad en tres ocasiones.

En noviembre de 2004, la deuda de Irak fue objeto de negociaciones desacostumbradamente largas. Estados Unidos y sus aliados en la invasión militar de marzo de 2003 reclamaban la anulación del 95% de los créditos que los países del Club otorgaron a Irak. Francia, Rusia y Alemania no querían superar el 50%. El acuerdo se cerró en el 80% y en tres veces, es decir, 31 mil millones de dólares de los 39 mil millones en créditos en poder de los países del Club 6. Cancelar una deuda es pues posible cuando están en juego fuertes intereses geoestratégicos. Ya había sucedido en abril de 1991 con Egipto, cuando apoyó a Washington en la primera guerra del Golfo; en mayo de 1991 con Polonia, que dejó el Pacto de Varsovia; en diciembre de 2001 con Pakistán, cuando aceptó ayudar a Estados Unidos en su intervención en Afganistán.

En enero de 2005, después del tsunami que destruyó las costas de Indonesia -más de 220.000 muertos-, numerosas asociaciones se movilizaron para exigir la anulación de la deuda de los países afectados. Debido al eco mediático que tuvo esta reivindicación, el Club de París decidió una moratoria de un año para Indonesia y Sri Lanka. Entre 2007 y 2010 estos dos países tendrán que pagar lo que debían reembolsar en 2005. No sólo no se decidió ninguna anulación sino que, por tratarse de una moratoria, los países acreedores pueden aplicar intereses suplementarios.

En octubre de 2005 el Club de París aceptó borrar dos tercios de la deuda que Nigeria, primer productor africano de petróleo, tenía con él (o sea 18 mil millones de un total de 30 mil millones de dólares). Es el mismo tipo de falsa buena noticia: para que un tercio del total sea cancelado, en seis meses Nigeria debe reembolsar a los países del Club sus pagos atrasados. Para conseguir la cancelación del otro tercio, tiene que esperar que el FMI le envíe un certificado de satisfacción y realizar otros reembolsos. De modo que Nigeria se va a someter aun más a las exigencias del FMI y desembolsará 12.400 millones de dólares en el lapso de unos meses, a pesar de que los atrasos datan de la dictadura militar de los años 1990 y constituyen una "deuda odiosa" (es decir, contraída por regímenes no democráticos). Según Farouk Lawan, presidente del Comité de Finanzas de la Cámara de Representantes de Nigeria, es "inconcebible que en el curso de los dos últimos años Nigeria haya pagado 5,14 mil millones de euros por el servicio de su deuda, pero que al mismo tiempo el peso de esta deuda haya aumentado en 5,73 mil millones de dólares sin haber recurrido a un nuevo empréstito. Esto no puede continuar. Debemos rechazar esta deuda" 7.

Endeudados, uníos

Desde hace poco se multiplican los pedidos de reembolso anticipado al Club de París. En el verano boreal de 2005 Rusia reembolsó 15 mil millones de dólares (de una deuda total de 40 mil millones de dólares). En 2006, cuando reciba a la cumbre del G-8, se propone reincidir con el pago de otros 12 mil millones de dólares. En diciembre de 2005 Brasil anunciaba el pago anticipado de la totalidad de lo que debía (2.600 millones de dólares). En marzo de 2006 Argelia proponía también reembolsar 8 mil millones de dólares. Recientemente Brasil y Argentina hicieron lo mismo con el FMI, reembolsando de un golpe respectivamente 15.500 y 9.800 millones de dólares. Se mantiene su dependencia global en relación con la deuda, puesto que sólo pudieron realizar esta operación (en el caso de Argentina) pidiendo prestado, o sea a costa de nuevas deudas con otros acreedores. Pero esto les permite liquidar su dependencia del FMI y del Club y escapar a sus diktats en lo referente a sus políticas económicas (y en consecuencia sociales). La coyuntura es favorable. En efecto, la combinación de tasas de interés bastante reducidas, primas de riesgo en baja y precios de las materias primas en alza produjeron un muy fuerte aumento de las reservas de divisas en los países en desarrollo: cerca de 1 billón 600 mil millones de dólares a fines de 2004 8, tanto como su deuda externa pública.

El argumento según el cual estos países deben endeudarse para financiar su desarrollo es insostenible. Recurrir al empréstito sirve esencialmente para garantizar la continuidad de los reembolsos. Frente a este atolladero, surgió la idea de que los países en desarrollo pongan en común una parte de sus reservas a fin de constituir su propio banco de desarrollo y su propio fondo monetario.

La creación de un Banco del Sur fue uno de los temas que se consideró en una reunión de presidentes de los bancos centrales de Venezuela, Brasil y Argentina, celebrada en marzo de 2006 en Caracas, ante la mirada expectante de otros países de América del Sur. Por otra parte, Venezuela compró más de dos mil millones de dólares de títulos de la deuda argentina. De tener que concurrir próximamente a una sesión del Club de París, Venezuela deberá ser invitada como acreedor... Si algunos países endeudados se organizaran para prestarse asistencia mutua, neutralizarían la lógica que defiende el Club de París.

  1. Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Rusia, Suecia, Suiza. Ocasionalmente se les pueden unir otros países acreedores.
  2. En agosto de 1982, México declaró una moratoria en el pago de intereses de su deuda; otros países de América Latina hicieron lo mismo, pero al cabo de algunos meses todos volvieron al redil.
  3. David Lawson, Le Club de París. Sortir de l'engrenage de la dette, L'Harmattan, París, 2004.
  4. www.clubdeparis.org/fr/presentation/presentation php?BATCH=B01WP06
  5. Por ejemplo, en agosto de 1997 un informe del FMI y el Banco Mundial sobre Burkina Faso tomó como base, para el período 2000-2019, un crecimiento del monto total de las exportaciones del 8% por año. Después de la caída del 35% de la cotización del algodón de 2001, el monto de las exportaciones bajó un 14% entre 1998 y 2002. Ver Damien Millet, L'Afrique sans dette, CADTM-Syllepse, París, 2005.
  6. Apreciemos la habilidad de los acreedores en esta oportunidad. La mitad de la deuda de 39 mil millones de dólares procedía de atrasos en los pagos desde la primera guerra del Golfo, en momentos en que un embargo financiero impedía a Saddam Hussein efectuar el reembolso.
  7. Courrier international, París, 27-4-05.
  8. World Bank, Global Development Finance 2005, Washington, abril de 2005. China, Malasia, Tailandia, India, Corea del Sur tienen reservas de divisas superiores a su deuda externa pública, así como países del Norte de África y Medio Oriente.

La deuda argentina no se negocia

Sevares, Julio

Ante la histórica dureza del Club de París, el actual gobierno argentino estaría dispuesto a aplicar el mismo método que con el Fondo Monetario Internacional: cancelar la deuda y olvidar sus “consejos”.

El Club de París fue creado, como recuerdan en esta página Millet y Toussaint, para ayudar a una dictadura militar argentina a conseguir financiamiento externo. Décadas más tarde, el Club no fue tan contemplativo con un gobierno democrático y le hizo saber que con Europa pueden acordarse muchas cosas, pero que la deuda externa no será objeto de negociación.
Alentado por las cercanías ideológicas, el gobierno de Raúl Alfonsín creyó que los países europeos gobernados por socialdemócratas contribuirían a administrar el problema de la deuda externa heredada de la dictadura. En consecuencia, solicitó a algunos países miembros del Club de París abrir negociaciones sobre la deuda bilateral y que oficiaran de abogados de Argentina ante los organismos financieros internacionales y el gobierno de Estados Unidos, en las negociaciones con esos acreedores.
En enero de 1984 el canciller Dante Caputo viajó a Italia para encontrarse con su primer ministro, el socialista Bettino Craxi. El canciller recogió elogios por la política de derechos humanos y comenzaron las conversaciones por un acuerdo económico, pero no hubo ningún avance en materia de deuda externa. Más aun, en octubre, poco antes de que Alfonsín visitara Italia, el gobierno peninsular emitió un comunicado en el que sostenía que Argentina debía acordar con el FMI si esperaba recibir créditos e inversiones de Italia y de otros países europeos.
En junio de ese año, Alfonsín viajó a España, gobernada por el Partido Socialista Obrero Español de Felipe González. En esa ocasión, los mandatarios firmaron una declaración conjunta en la que se apoyaba la democracia, se repudiaba la violencia, se reconocía la dimensión política de la deuda externa y se apoyaban las gestiones del Grupo Contadora para resolver el problema. Pero cuando pidió nuevo financiamiento, el gobierno argentino sólo obtuvo la reactivación de un crédito que había sido otorgado por el Club de París en 1979, es decir en plena dictadura militar. La delegación argentina fue notificada por el “socialismo obrero” de que, si quería nuevo financiamiento, debía someterse primero al FMI. Y cuando Alfonsín le pidió a Felipe González que intercediera, el Primer Ministro le contestó: “Argentina no necesita abogados”.
“A partir de ese momento, el gobierno radical bajó notoriamente sus expectativas respecto de la posibilidad de que las socialdemocracias europeo-occidentales presionaran a Estados Unidos y a los organismos internacionales de crédito para que adoptaran una actitud tolerante hacia el gobierno argentino”, relata una historia de las relaciones exteriores 1.

Dura respuesta. Si ese gobierno guardaba alguna esperanza sobre la posición europea, ésta se terminó de diluir con su contacto con el gobierno socialdemócrata de Francia. En julio de 1984, el canciller francés Claude Cheysson visitó Buenos Aires y comunicó al gobierno argentino que, para recibir inversiones y abrir negociaciones por la deuda argentina con el Club de París, el gobierno debía comparecer primero ante el FMI. En octubre de ese año, Alfonsín se reunió con el presidente François Mitterrand, quien bendijo la política argentina sobre derechos humanos, pero ratificó la postura de su canciller: primero, el FMI.
El gobierno conservador alemán de Helmut Kohl contribuyó por su parte a que la pared con la que chocó Argentina tuviera diversidad ideológica: también informó que no oficiaría de abogado del país ante los acreedores externos.
La dureza ante la deuda no impidió que todos esos gobiernos firmaran tratados de amistad y cooperación de características diversas, aunque en el caso de la cooperación económica los tratados estaban orientados a facilitar la participación de empresas europeas en inversiones públicas y privadas de Argentina.
Hoy, a cincuenta años de su acercamiento al Club, que hoy forman 19 países, Argentina estaría planeando terminar la relación con la “no-institución”, como la llaman Millet y Toussaint, pagándole la deuda de 4.000 millones de dólares.

  1. Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina.


Autor/es Eric Toussaint, Damien Millet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 84 - Junio 2006
Páginas:18,19
Traducción Teresa Garufi
Temas Deuda Externa, Política internacional
Países Argelia