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Acabar con el apartheid a la francesa

"No nos queríamos, por eso todo nos daba lo mismo.

No nos querían, por eso hicimos daño".

Magyd Cherfi, cantante, ex líder del grupo Zebda.

 

Para que un polvorín explote, se necesitan al mismo tiempo pólvora y un detonador. Sin detonador, la pólvora no explotaría. Sin pólvora, el detonador fallaría. Lo que sucede en los suburbios franceses desde fines del mes de octubre responde ante todo a esta simple evidencia.

Inducido por su ambición presidencial a una puja permanente tanto con el primer ministro Dominique de Villepin como con los dirigentes rivales de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen y Philippe de Villiers, el ministro del Interior Nicolas Sarkozy claramente encendió la mecha para jactarse después de apagar mejor el fuego. Y su provocación verbal sonó como aliento a la provocación práctica en los oídos de algunos policías tentados de comportarse como un ejército colonial en suburbios habitados mayoritariamente por poblaciones francesas, pero de origen árabe o africano. "Genio y figura hasta la sepultura": qué simbólica, en efecto, resulta la elección, como fundamento del recurso al toque de queda, de una ley de emergencia de 1955, que permitió entre otras cosas la masacre de varias decenas de argelinos de la región parisina el 17-10-1961, y la de diecinueve militantes canacos en la gruta de Uvea, en Nueva Caledonia, el 5-5-1988.

Fue pues el anuncio de "limpieza con la Kärcher"1 de la "escoria" de los suburbios, seguido, en Clichy-sous-Bois, por la muerte de dos adolescentes en un generador de EDF 2 y de una granada arrojada en la mezquita Bilal, lo que desató la escalada. Sin duda, el ministro del Interior la habría detenido de inmediato si se hubiera dirigido al lugar para disculparse.

Sin embargo, una cosa es señalar la enorme responsabilidad de Sarkozy, y otra es considerarlo el único culpable. Los dirigentes socialistas se atrevieron a hacerlo, no sin una buena dosis de hipocresía. Hace un año, el muy oficial Tribunal de Cuentas les había respondido de antemano: "Esta situación de crisis no es producto de la inmigración. Es el resultado de la manera en que se la abordó (...). Los poderes públicos se enfrentan a una situación que se ha generado progresivamente durante las últimas décadas" 3.

No podría expresarse mejor el fracaso de treinta años de gobiernos de derecha, pero también -a pesar de algunos esfuerzos marginales- de izquierda: los suburbios concentran todos los males que padecen los sectores populares.

Algunos ideólogos, enfermos de "complotitis", pretendieron descubrir detrás de los tumultos la mano del crimen organizado y de los islamitas. Casi todos los observadores insistieron en cambio en el carácter espontáneo de la explosión. En cuanto a los responsables religiosos, desempeñaron el papel de mediadores, hasta el punto de esa extraña fatwa antiviolencia de la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF) 4. Pero sobre todo, ¿quién podría responsabilizar a algunos pícaros o a algunos "hermanos" del confinamiento en guetos de 752 Zonas Urbanas Sensibles (ZUS), donde viven unos cinco millones de personas? Conjugado con la discriminación y el racismo que afectan a los jóvenes árabes y negros, este apartheid urbano, negación brutal del "modelo francés de integración", basta, tal como lo señala Laurent Bonelli (pág. 4), para explicar la actual explosión. En síntesis, todo lo que el asunto del velo islámico ocultaba, aparece finalmente a la vista de todos.

Una integración fallida

Los acontecimientos de Clichy-sous-Bois no habrían tenido nunca una repercusión semejante si los llamados barrios sensibles no se hubieran encontrado en el cruce de tres crisis exacerbadas: una crisis social, una crisis poscolonial y una crisis de representación política, las cuales exigen ahora soluciones globales, que rompan con la lógica neoliberal aplicada por la derecha, tras haberlo sido por buena parte de la izquierda...

Sin duda, ésta es la razón por la cual la clase política, que en su inmensa mayoría adhiere al lema gubernamental "orden y justicia", se mostró mucho más prolija con respecto al primer principio que al segundo. Esta tendencia a eludir la decisiva cuestión, ¿podrá perdurar una vez que se restablezca -provisoriamente- la calma? El futuro de los suburbios merece en todo caso reflexión, debate y acción.

Cuando en los años 1980 apareció el término "integración", resultaba seductor: contrariamente a la "asimilación", parecía admitir el respeto a la cultura, las tradiciones, el idioma y la religión de los nuevos ciudadanos franceses. Pero puesto en práctica resultó engañoso. Dado que la integración no funcionaba, el dedo acusador apuntó efectivamente a los jóvenes de los suburbios, como preguntándoles: "¿Por qué no hacen un esfuerzo por integrarse?", en lugar de apuntar a una sociedad incapaz de garantizar la igualdad de derechos y oportunidades a todos sus habitantes, cualesquiera sean su origen, el color de su piel, la pronunciación de su nombre y apellido, su confesión.

Y la simple moral coincide aquí con el interés nacional. Porque los hijos e hijas de los inmigrantes de ayer no tienen demasiadas posibilidades de vivir y hacer que sus descendientes vivan una vida decente, si no ocupan plenamente su lugar en la sociedad francesa. Al mismo tiempo, esta última tampoco tiene demasiadas posibilidades de salir de la crisis global que atraviesa si se priva del aporte, la energía y la capacidad de la décima parte de su población. Éste es uno de los desafíos decisivos para las próximas décadas.

¿Cómo lograrlo? Por lo pronto, no reduciendo los medios asignados al funcionamiento y a la renovación. Desde que Jacques Chirac asumió como Presidente de la República, en mayo de 2002, los suburbios fueron las primeras víctimas de los recortes presupuestarios realizados en nombre del sacrosanto Pacto de Estabilidad de la Unión Europea. Los gobiernos de derechas redujeron los créditos destinados a la reconstrucción de las viviendas más deterioradas; suprimieron los cientos de miles de "empleos para jóvenes" y "subsidios a la educación"; disminuyeron la cantidad de docentes y otros funcionarios; eliminaron los subsidios a las asociaciones; reemplazaron la policía de proximidad por el despliegue de fuerzas de intervención, etc. El "plan" anunciado el 8 de noviembre pasado por el primer ministro Dominique de Villepin se limita a restablecer una pequeña parte de estos créditos eliminados por su predecesor, ¡y aprovecha para cuestionar la escolaridad obligatoria hasta los 16 años instaurada por el general de Gaulle en 1959!

Por otro lado, para la mayoría de los políticos la solución radicaría en la promoción de una pequeña elite de origen inmigrante, cuyos miembros, a cambio de sus conquistas sociales, se encargarían de mantener el orden entre los suyos. Nadie formuló esta concepción mejor que Sarkozy: a la manera del Doctor Jekyll y Mister Hyde, el hombre del orden también pretende ser el del cambio: padrino del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), vacilante respecto de la ley anti-velo, defensor de la "discriminación positiva" e incluso del derecho de voto de los inmigrantes en las elecciones municipales. En comparación, el "informe secreto" del secretario del Partido Socialista a cargo de la inmigración, Malek Boutih, parecía particularmente reaccionario, a tal punto que fue finalmente archivado en la sede del partido 5.

Necesidad de reformas radicales

Evidentemente, no se trata de despreciar los "pequeños cambios", siempre y cuando, por supuesto, vayan en el buen sentido. Como el acuerdo firmado entre el Instituto de Estudios Políticos de París y varios liceos de las Zonas de Educación Prioritaria (ZEP). Algunos temían que, al ingresar sin examen de admisión, los jóvenes provenientes de los suburbios se volvieran estudiantes de segunda categoría. Nada de eso ocurrió: todos o casi todos figuraron rápidamente entre los alumnos más brillantes de Ciencias Políticas; resta saber si su ingreso en la vida profesional será igualmente exitoso. Y el resultado de esta experiencia despertó en los liceos de barrios desfavorecidos cierta esperanza, alimentada por la tutela que garantizan muchos de estos "hermanos mayores". No es difícil imaginar el avance que representaría la generalización de esta discriminación positiva -sobre bases sociales, y no étnicas- en las universidades más prestigiosas. Pero no conviene exagerar su alcance: se limitaría en todo caso a unos cientos de estudiantes del millón de jóvenes confinados en los guetos.

Para responder a la expectativa de la inmensa mayoría de las poblaciones de los suburbios, lo que está a la orden del día no es una suma de "ayudas", sino, retomando la expresión del diputado comunista de Seine-Saint-Denis Patrick Braouezec, un "Grenelle de los suburbios" 6. El reciente informe del Observatorio Nacional de las ZUS confirma que con respecto al promedio nacional, tanto la tasa de desempleo como el fracaso escolar son allí dos veces más altos; la renta fiscal promedio es inferior en un 40%; los "establecimientos de atención médica" son dos veces menos numerosos, la delincuencia es superior en un 50% 7... ¿Cómo revertir estas tendencias sin realizar reformas radicales que cuenten, además, con un financiamiento masivo?

Acabar con el confinamiento en guetos supone a la vez acelerar considerablemente la renovación de las ciudades pobres y el desarrollo de la diversidad en las ciudades ricas, lo que exige a la vez decenas de miles de millones de euros y una voluntad política que se traduzca en mecanismos capaces de imponer la Ley de Solidaridad y Renovación Urbana (SRU), respecto de la cual el diputado-alcalde (UMP) de Argenteuil Georges Monthron declaraba recientemente: "Si no se la aplica (...), vamos hacia un estallido urbano" 8. Además, ¿cómo acabar con el fracaso escolar en los suburbios sin desplegar recursos materiales y humanos considerables? Asimismo, la indispensable ofensiva contra la desocupación implica un formidable esfuerzo de creación de empleos públicos y privados, más allá de estas zonas francas urbanas (ZUF) que aportan más exenciones impositivas que contratos de trabajo locales. Aunque económicamente no cueste nada, la lucha contra el racismo en su expresión verbal y física, pero también a través de las discriminaciones de todo tipo supone una determinación sin fallas, a contrapelo de los reflejos arraigados en la historia... Objetivos esenciales, sobre los cuales debiera centrarse el debate, con el fin de definir propuestas precisas que permitan alcanzarlos lo más rápidamente posible.

"Desiertos políticos"

Además, estas sugerencias debieran convertirse en objeto de una movilización social a nivel nacional, tanto en los suburbios como fuera de ellos (la lucha por la vivienda, la educación, el empleo, el servicio público reúne a todas las fuerzas populares), pero también en las mismas municipalidades. Pero éstas constituyen verdaderos "desiertos políticos", salvo unas pocas excepciones. La izquierda tradicional las ha abandonado, aunque el Partido Comunista conserve en ellas bastiones más institucionales que militantes 9.

El altermundialismo no echó raíces, y dos décadas después de la Marcha por la Igualdad de 1983, el movimiento asociativo autónomo sigue estando poco organizado y profundamente dividido. Es sin duda por eso que la reacción al drama de Clichy tomó la forma de una explosión de violencia contra todos los símbolos del confinamiento en guetos, a falta de un espacio político donde pudieran converger las aspiraciones de estos jóvenes y las de las fuerzas progresistas en su conjunto. Pero esta nueva clase de "revueltas" responde también al "muro" que opone a las reivindicaciones un poder condenado desde hace años, tanto en las urnas como en la calle...

Esta debilidad estructural es grave, más aun cuando el tiempo apremia. La cuestión de los suburbios debiera convertirse de ahora en más en una de las principales preocupaciones de la vida política francesa. Postergar las reformas indispensables significaría correr el riesgo de ampliar la fractura entre la Francia integrada y la Francia de los guetos (inmigrante y francesa "de pura cepa"), con el peligro a término de una suerte de guerrilla creciente, con la que indudablemente no acabará la represión tradicional. Como decía hace unos meses Tarek, uno de los afortunados elegidos para la carrera de Ciencias Políticas: "Que permitan a la segunda y tercera generaciones gozar finalmente de iguales derechos. De lo contrario, un día, Ma 6T va crack-er 10 ya no será una película sino la pavorosa realidad de barrios que se descomponen" (11).

En noviembre de 2005 comenzó la cuenta regresiva.

  1. "Kärcher": marca de una hidrolavadora de alta presión (N. del T.)
  2. La investigación en curso deberá determinar si los dos adolescentes muertos, Zyed y Bouna, eran perseguidos por policías el 27 de octubre pasado, cuando ingresaron a un transformador de EDF (tal como afirma el sobreviviente, Muhttin), y si las autoridades policiales, informadas al respecto, hicieron lo necesario para salvarlos.
  3. www.ccomptes.fr/Cour-des-comptes/publications/rapports/immigration/immigration.pdf
  4. "Les responsables de l'UOIF expliqueraient-ils la violence des casseurs par leur islamité?", Le Monde, París, 7-11-05.
  5. El ex presidente de SOS Racisme proponía especialmente la organización en los países de origen de pasantías previas a la inmigración, la implementación de cupos, la eliminación de la doble nacionalidad y el reagrupamiento familiar, la creación de un permiso de residencia de alcance variable. Tanto es así que France d'abord, diario del Frente Nacional, alabó su "sentido común" (13-5-05).
  6. Alusión a los acuerdos de Grenelle, las negociaciones que se llevaron a cabo entre gobierno, patronales y sindicatos el 25-5-1968, en plena crisis de mayo del ‘68, en la sede del Ministerio de Trabajo, en la calle Grenelle, París. En esa reunión se acordó un aumento del salario mínimo del 35% y una semana laboral de 40 horas, entre otras cosas. Por un "Grenelle de ..." se entiende una convocatoria donde las partes involucradas en una situación de crisis se reúnan y produzcan cambios que permitan su resolución (NdlR).
  7. www.ville.gouv.fr/index.htm
  8. Le Figaro, París, 4-11-05. En Neuilly-sur-Seine, por ejemplo, el porcentaje de viviendas sociales es de 2,6%. Además de las multas, aparentemente ineficaces, impuestas a las ciudades que se niegan a respetar la ley de SRU, ¿por qué no encarar la inhabilitación de sus alcaldes para ocupar cargos electivos?
  9. Olivier Masclet, La Gauche et les cités. Enquête sur un rendez-vous manqué, La Dispute, París, 2003.
  10. Película "de culto" de Jean-François Richet. Productores: Actes prolétariens y Why not productions. Fecha de estreno: 2-7-97.
  11. Dominique Vidal y Karim Bourtel, Le Mal-être arabe. Enfants de la colonisation, Agone, Marsella, 2005.
Autor/es Dominique Vidal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 78 - Diciembre 2005
Páginas:6,7
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Minorías, Discriminación, Estado (Política)
Países Francia