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Recuadros:

Antilaica, antifeminista y antisocial

Contrariamente a lo que dicen o dan a entender la mayoría de los partidarios de la ley, secundados en ese punto por los grandes medios de comunicación, no hay por una parte laicos necesariamente prohibicionistas y, por otra, "partidarios" o "defensores del velo". Al invitar exclusivamente a mujeres que llevan el velo o a líderes religiosos como representantes de la posición antiprohibicionista, los medios ocultan a las múltiples organizaciones laicas que se niegan a promover el laicismo por medio de la prohibición y la exclusión 1: la Liga de los Derechos Humanos, la Liga de la Enseñanza, el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad de los Pueblos (MRAP), al igual que las principales organizaciones de docentes y de padres de alumnos: la Federación Sindical Unitaria (FSU) y la Federación de Consejos de Padres de Alumnos (FCPE).

Se impone otra aclaración: la ley que prohíbe los "signos religiosos ostensibles" no es, como se pretende, un "recordatorio" necesario de los grandes principios laicos "olvidados". Al contrario, marca una ruptura. En realidad, lo que se ha olvidado es que el laicismo, tal como lo definen los textos fundadores (las leyes de 1881, 1882 y 1886), concierne a los locales, a los programas escolares y al personal docente, pero no a los alumnos.

Los alumnos deben respetar reglas, por supuesto, como la asiduidad a todos los cursos o el respeto a los demás. Pero no es legítimo aumentar las exigencias respecto de adolescentes que precisamente asisten a la escuela para formarse y transformarse. Si se olvida esto, el hecho pedagógico pierde todo su sentido: sea cual sea la idea que se tenga del velo y de la negativa a quitárselo en la escuela, esa negativa no justifica una medida tan grave como la exclusión definitiva del establecimiento. A pesar de sus deficiencias, el servicio público es un espacio irreemplazable, donde los alumnos pueden adquirir conocimientos, aptitudes y diplomas, herramientas que se cuentan entre los principales instrumentos de la emancipación.

También se impone una aclaración en cuanto al derecho de las mujeres. El diferendo en torno al velo en la escuela no enfrenta, como algunos pretenden, a feministas necesariamente prohibicionistas con antirracistas carcomidos por una "culpabilidad pos-colonial" 2 que los haría complacientes respecto del islamismo e indiferentes a la suerte de las "chicas de los barrios periféricos". Aunque los grandes medios les brindaron muy poca visibilidad, son muchas las organizaciones o personalidades feministas que se oponen a la prohibición 3.

Así, la asociación Femmes Publiques se desmarca de un "feminismo que se limita a la afirmación de los principios (‘No al velo, símbolo de opresión')" pero no se preocupa de los efectos concretos de esa posición: "Aunque esa posición aparente pureza y radicalidad, su consecuencia efectiva es aceptar la muerte escolar de las adolescentes, su aislamiento y su eventual abandono en manos de los religiosos y de la dominación masculina" 4.

A ese "feminismo de principios" oponen un "feminismo de la responsabilidad" preocupado por el futuro de las alumnas excluidas: "Si como les ocurre a otras personas, puede incomodarnos el hecho de ver un velo en una clase escolar, la desescolarización de una adolescente nos perturba aun más" 5. Y si esa pérdida de la escolarización es desastrosa cuando sanciona una conducta religiosa personal, un acto de afirmación de la identidad o una rebelión adolescente, lo es aun más cuando afecta a una alumna que se niega a quitarse el velo debido a las presiones a que está sometida. En este caso, la alumna excluida de la escuela es remitida al seno del medio que la oprime.

Sin embargo, durante estos últimos meses surgió un nuevo argumento: la desescolarización y el abandono de las jóvenes que se niegan a quitarse el velo sería un "mal necesario", pues constituiría el único medio de defender a todas las otras jóvenes, particularmente a las que un entorno "retrógrado" o "fanatizado" quisiera obligar a llevar el velo. Pero ese argumento no resiste mucho tiempo al análisis.

En primer lugar, una cosa es reconocer la existencia de tales situaciones, y otra cosa es generalizar, haciendo creer que todos los padres musulmanes quieren imponer el uso del velo a sus hijas. Si tal fuera el caso, las escuelas estarían llenas de chicas veladas; pero de acuerdo con las informaciones, esas alumnas serían entre 1.000 y 2.000 sobre más de dos millones de jóvenes escolarizadas.

La misma violencia

En segundo lugar, cuando esa presión del entorno existe, la prohibición y la exclusión constituyen una apuesta arriesgada: si el entorno de una alumna tiene los medios para imponerle el velo, no es seguro que ceda ante la amenaza de la exclusión. Es incluso probable que no vea ningún inconveniente en "recuperar" a la alumna excluida para casarla, o para escolarizarla en una estructura religiosa (escuela coránica o redes musulmanas de apoyo escolar).

Dicho de otro modo: para obtener una ventaja muy relativa (darle la posibilidad de quitarse el velo en la escuela a chicas que no lo quieren, pero que deberán ponérselo nuevamente al salir) se acepta un "sacrificio" tan grave como es la desescolarización de otras chicas veladas: las que eligieron llevarlo, pero también las que sufren una presión tan fuerte que no se atreven a quitárselo en la escuela.

¿No es preferible aceptar en la escuela pública a todas las chicas con velo, tanto a las que optaron por llevarlo como a las que son obligadas a hacerlo, y trabajar con éstas últimas para que logren mantenerse firmes frente a su entorno y sacarse el velo no sólo en la escuela sino también fuera de ella? Semejante labor requiere, por supuesto, tiempo y medios (fundamentalmente asistentes sociales) pero al menos permite brindar una ayuda real a todas aquellas jóvenes que la necesitan, sin correr el riesgo de excluir a algunas, ni de castigar a las que eligieron llevar el velo.

Una última razón feminista para oponerse a la prohibición del velo es la negativa a cualquier forma de coacción o de presión ejercida contra las mujeres, ya sea para obligarlas a ocultar su cuerpo como para obligarlas a mostrarlo. "Es la misma violencia", declara por ejemplo la dibujante Marjane Satrapi, que se vio obligada a llevar el velo durante su infancia en Irán. "Totalmente opuesta al velo", se manifiesta también opuesta a su prohibición, a la que considera "tan opresiva" como la obligación de llevarlo 6.

Riesgo de exclusión

En otros términos, la emancipación no se logra por medio de la humillación, la conminación y la represión. Se obtiene más bien a través de la conquista de los derechos. Es por eso que una ley que prohiba el velo en la escuela, lejos de inscribirse en la continuidad de los grandes combates feministas, marcaría una profunda ruptura. En efecto, los combates feministas hasta ahora nunca tomaron la forma de una demanda de represión contra las mujeres.

Por el contrario, las mujeres siempre lucharon para ganar nuevos derechos (votar, trabajar, disponer de su propio cuerpo). Y cuando apelaron a la sanción, fue contra violencias sexistas ejercidas por los hombres: la violación o el acoso sexual. ¡Qué extraño feminismo éste, que penaliza a las mujeres, y sólo a las mujeres, pues esta ley no afectará a ningún integrista barbudo!

Precisamente, ocupémonos de los integristas. Los prohibicionistas nos sugieren que no seamos ingenuos ni ciegos a la acción de los grupos que se ocultan "detrás" de las chicas con velo. Pero ese discurso de apariencia realista plantea un doble problema.

En primer lugar, suele vehiculizar temibles amalgamas: no todos los musulmanes que llevan barba son peligrosos integristas; y no todas las alumnas con velo son militantes integristas, ni víctimas de los integristas. Todos los sociólogos que indagaron a chicas que usan el velo subrayaron la diversidad de las situaciones: el peso del entorno es muy variable, al igual que las características de ese entorno y el sentido que le dan al velo las chicas que lo llevan 7.

Además, si bien ese tipo de grupos constituye el entorno de cierto porcentaje de chicas que usan el velo, los mismos están efectivamente "detrás" de ellas: es decir que son las jóvenes las que están en primera línea, y sólo ellas sufrirán los rigores de la ley. En cambio, los integristas saldrán indemnes. Peor aun, se aprovecharán de esta ley, pues se convertirán en los únicos interlocutores de las jóvenes excluidas. Así podrán ejercer más que nunca su control y su adoctrinamiento, creando sus propias escuelas coránicas o sus redes de apoyo escolar. Para colmo, la exclusión dará más credibilidad a su discurso, según el cual las chicas que llevan el velo tienen una sola "verdadera comunidad", la del islam, puesto que "la República rechaza a los musulmanes".

Eso es lo que intentó decir a las autoridades francesas Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, célebre por haber combatido en Irán la obligación de llevar el velo: "Dejar sin escuela a las chicas que llevan el velo sólo servirá para convertirlas en presas más fáciles de los fundamentalistas. (...) Si los países democráticos olvidan los derechos humanos en nombre de la lucha contra el terrorismo, eso llevará agua al molino de los adversarios de los derechos humanos. (...) La única forma de luchar contra el fundamentalismo es el conocimiento, la cultura y la instrucción" 8.

Según se aborde el problema desde el prisma del laicismo, del feminismo o de la lucha contra el integrismo, se llega siempre a la misma pregunta, que con demasiada frecuencia resulta eludida: ¿qué será de una alumna con velo, una vez excluida de la escuela? Por otra parte, más allá de ese "sacrificio" injustificable, es necesario tomar conciencia de la magnitud de los daños causados por seis meses de discusiones en torno del velo, daños que la aprobación de una ley puede aun agravar. Además del perjuicio que se le causa a la alumna excluida, toda la comunidad escolar podría quedar sumida en un clima deletéreo: los alumnos restantes soportarán muy mal la señal que se les dirige, a la vez que se les niega toda posibilidad de expresar su reprobación bajo pena de verse calificados de integristas.

Por otra parte, ¿cómo no inquietarse ante el sentimiento anti-árabe y anti-musulmán que se instala y banaliza gracias a ese debate 9? En efecto, con la excusa de debatir sobre el laicismo y los signos religiosos, asistimos en realidad a un debate sobre el velo islámico y sobre el islam. Se trata de un hecho y no de una acusación prejuiciosa: desde hace seis meses el islam está en la tapa de las revistas, y en los argumentos a favor de la ley se habla únicamente del velo.

Hasta el punto de que cuesta comprender cómo esos argumentos acaban justificando un texto que se aplica a "todos los signos religiosos". ¿Por qué prohibir también las cruces o las kipás, sobre las cuales en los últimos seis meses nadie dijo que sean un problema? Se dice que es para no dar la impresión de que se apunta a una religión en particular. ¿Pero por qué ese temor si, como afirman los prohibicionistas, el problema es precisamente el de la opresión de las mujeres que vehiculiza el velo?

Hay que rendirse ante la evidencia: muchos militantes laicos luchan desde hace tiempo por la prohibición de todos los signos religiosos, pero fue la focalización sobre el velo -aunque no quieran admitirlo- lo que les valió tantos apoyos. Y es esencialmente el velo el que, en la práctica, será alcanzado por la ley, pues las cruces pueden disimularse fácilmente bajo una blusa 10.

Por último, cómo no ver que la alumna que lleva velo cumple la función de chivo expiatorio, objeto de ensañamiento que permite olvidar más fácilmente las lógicas de dominación y de exclusión que circulan en nuestra sociedad: liberalización de la economía, precarización general, aumento del control social y de las políticas de seguridad, persistencia de las discriminaciones y desigualdades entre hombres y mujeres. La propia escuela está atravesada por profundos problemas (personal insuficiente y precarizado, alumnos abandonados al fracaso escolar o a los sistemas de relegación) a los cuales es urgente dar soluciones, antes que encarnizarse contra un grupo de adolescentes.

  1. Cf. "¿Campus ou champ de bataille?".
  2. Veáse "Une loi pour interdire les signes religieux à l'école", Libération, París, 6-5-03.
  3. Entre esas feministas citemos a Françoise Gaspard, Christine Delphy, Monique Crinon y Catherine Albertini, al igual que a asociaciones como Femmes Publiques, Femmes Plurielles o Citoyennes des deux rives. Véase Charlotte Nordmann (dir.), Le Foulard islamique en question, ediciones Amsterdam, que será publicado el 16 de marzo próximo. Véase también la lista de los 1.000 primeros firmantes del llamado "Sí al laicismo, no a las leyes de excepción".
  4. "Etre féministe, ce n'est pas exclure", sysiphe.org.
  5. Idem.
  6. Marjane Satrapi, "Veiled threat", The Guardian, Londres, 12-12-03.
  7. Cf. Françoise Gaspard, Farhad Khosrokhavar, Le Foulard et la république, La Découverte, 1995; y Charlotte Nordmann (dir.), op. cit.
  8. AFP, 19-12-03.
  9. Vincent Geisser, La nouvelle islamophobie, La Découverte, París, 2003; al igual que el coloquio organizado por el MRAP en septiembre de 2003.
  10. También podría verse afectado, de manera igualmente injusta, el uso de la kipá, pero muy pocos alumnos la llevan en las escuelas públicas.

La excepción francesa

Vidal, Dominique

"¿Cómo es posible? ¿Cómo Francia, considerada la patria de los derechos humanos y de la democracia moderna, puede practicar semejante discriminación?"1. Tal es, según el diario de Varsovia Gazeta Wyborcza, la reacción de los polacos ante la cuestión del velo. Ciertamente se la podría descalificar invocando el peso de la iglesia católica en Polonia. Pero la casi totalidad de los vecinos europeos se sorprende de la vivacidad del debate francés sobre esta cuestión. A muchos de ellos, recurrir a la ley para prohibir el uso del pañuelo incluso les parece incongruente.

Pero, a decir verdad, no hay motivo para sorprenderse. Porque el "laicismo a la francesa" no tiene émulos. En Europa hay muchos Estados que no escapan enteramente a la influencia de la religión, para no mencionar la del monarca reinante. Además, la cuestión de la inmigración islámica no se plantea en los mismos términos, bien porque el peso de la comunidad musulmana sigue siendo marginal, o porque la naturalización por la vía del ius soli está excluida y el comunitarismo suele prevalecer sobre la integración.

Sólo algunos länder (provincias) de Alemania Federal, que tiene 3,2 millones de musulmanes (3,8% de la población), en su mayoría turcos (o kurdos) 2, recurren a la ley en la cuestión del pañuelo. Sorprendida por una docente de origen afgano, la Corte Constitucional de Karlsruhe decidió, el 24-12-03, que las autoridades de Baden-Wurtemberg se habían equivocado al prohibirle llevar el velo en clase: el land, explicaban los jueces, debió haber legislado esforzándose por encontrar "una reglamentación aceptable para todos". Transcurridos cuatro meses, diez länder todavía no lo han hecho. Tres (Sarre, Hesse y Berlín) quieren prohibir legalmente el uso del velo en todas las actividades de la función pública, y otros tres (Baden-Wurtemberg, Baviera y Baja Sajonia) sólo en la escuela pública, pero sin incluir en eso a los símbolos cristianos y judíos.

Bélgica, entre Alemania y Gran Bretaña 

Este procedimiento ha suscitado, naturalmente, una viva polémica. En una carta escrita a los dirigentes de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) Ángela Merkel rechazaba la prohibición de los signos religiosos en el espacio público, pensando que las tradiciones de inspiración cristiana forman parte de "nuestra cultura". "Este proceso podría culminar en una separación exagerada del Estado y la Iglesia", agregó el ministro de Justicia de Sajonia, Thomas de Maizière. Mientras recordaba que "en principio, el Estado tiene un deber de neutralidad en su relación con las religiones", el presidente (socialdemócrata) del Bundestag, Wolfgang Thierse, precisaba que "la cruz no es un símbolo de represión mientras que el velo sí lo es para las musulmanas". Pero el presidente de la República, Johannes Rau, opinó de otra manera, diciendo que la prohibición debería extenderse a los símbolos cristianos.

No hizo falta más para que las iglesias intervinieran en la polémica. No se puede poner a la cruz en el mismo plano que el velo, replicó el cardenal Karl Lehman, que dirige la conferencia episcopal. Y el cardenal Ratzinger, jefe de la Congregación para la doctrina de la fe del Vaticano y consejero cercano de Juan Pablo II, tomó oficialmente posición durante la misa de año nuevo: "Yo no prohibiría a una musulmana llevar el velo, pero mucho menos dejaría que nadie prohibiera la cruz como símbolo público de reconciliación" 3.

Estas contradicciones remiten en realidad al ambiguo estatuto de la religión en Alemania. La Ley fundamental de 1949 retomó un artículo de la Constitución de la República de Weimar (1919) que no separaba claramente al Estado y la Iglesia. Se limita a afirmar que "no hay una Iglesia del Estado" y garantiza un "tratamiento igual a cada religión". Más aun: el preámbulo de la actual Constitución indica que ha sido redactada "con conciencia de la responsabilidad del pueblo alemán ante Dios y el hombre". De hecho, en las escuelas públicas las religiosas tienen derecho a enseñar con hábito, los crucifijos están autorizados en las aulas y en los programas deben figurar cursos facultativos de religión. Y lo que es más, el Estado le cobra a 55 millones de cristianos un impuesto que luego entrega a las iglesias.

Gerhard Schröder, el primer canciller que no invocó a Dios al prestar juramento, señaló poco antes de Navidad que Alemania no era "laica, sino secularizada" y que estaba impregnada de la "religión judeo-cristiana". También declaró: "Los pañuelos no tienen cabida entre las personas empleadas por el Estado, incluidas las docentes. Pero no se le puede prohibir a una chica que vaya a la escuela con un pañuelo".

Más radicales, las setenta mujeres del colectivo lanzado por Marieluise Beck, a quien se le encomendó el tema de la integración en el gobierno federal, aseguran: "Si prohibimos el acceso a la enseñanza de las mujeres con velo en general, sin conocer sus motivaciones individuales, perjudicamos en primer lugar a las mujeres que quieren tomar el camino de la emancipación a través del trabajo".

"La cultura y la historia de Francia hacen que los franceses tengan un punto de vista diferente del nuestro sobre el laicismo y el uso de símbolos religiosos. (...) En Gran Bretaña nos sentimos cómodos con la expresión de la religión, tanto si se manifiesta llevando velo, un crucifijo o la kipá. (...) La integración no exige la asimilación. (...) La identidad británica contiene diferentes nacionalidades y tradiciones religiosas. (...) La diversidad forma parte de nuestra fuerza. (...) Estamos orgullosos de nuestro país multicultural" 4. Esta declaración del secretario de Estado del Foreign Office, Mike O'Brien, no podría expresar mejor el abismo que separa la visión británica de la problemática francesa.

En el Reino Unido (que tiene 2 millones de musulmanes, esencialmente de origen indo-pakistaní, el 3,4% de la población), los directores de establecimientos escolares públicos tienen libertad para dictar el reglamento interno. La mayoría de ellos autorizan el pañuelo, la kipá y el turbante sikh. En los hospitales se tolera la vestimenta islámica cuando es objeto de una demanda explícita. Incluso la policía acepta en su seno el pañuelo y el turbante... John Henley, en The Guardian, considera al laicismo como un "concepto abstracto, incluso absurdo, para quienes están habituados a la noción del multiculturalismo británico o estadounidense". Y John Lichfield, en The Independent, califica el debate francés sobre el velo como "esotérico".

Bélgica (con 300.000 musulmanes, 2,9% de la población) está ubicada, en la cuestión del velo, entre Alemania y Gran Bretaña 5. No tiene una legislación federal para las escuelas, pero éstas son libres de dictar sus propios reglamentos internos y, dado el caso, prohibir el velo. Hasta ahora los escasos conflictos -sobre todo dentro de la comunidad francesa- se han solucionado amigablemente. Sin embargo, aumentaron después de la prohibición del velo en una escuela de Bruselas y de las protestas que suscitó dentro de la comunidad musulmana.

Desde entonces, dos parlamentarios francófonos (la socialista Anne-Marie Lizin y el liberal Alain Destexhe) presentaron una propuesta de ley referida a la prohibición de la vestimenta religiosa en las escuelas y para los agentes de la función pública. Pero el gobierno no parece dispuesto a apoyarlos en pleno período electoral... Para el presidente del Partido Socialista, Elio di Rupo, "hay que dejar madurar la reflexión, sin prejuicios".

Tolerancia en Holanda, Dinamarca y España 

Holanda (300.000 musulmanes, el 1,9% de la población) pretende ser todavía más tolerante: la ley prohíbe allí toda discriminación religiosa y el velo se lleva en las escuelas públicas. Lo mismo ocurre en los países escandinavos que, en nombre de la libertad de culto, toleran el velo en la enseñanza, tanto pública como privada. En Suecia (350.000 musulmanes, 4% de la población), sólo se rechazó la exigencia de llevar la burka por parte de dos alumnas de origen somalí del Liceo Göteborg, porque impide a los docentes reconocer a sus alumnos. En Dinamarca (170.000 musulmanes entre 5,3 millones de habitantes) el Partido del Pueblo Danés (de extrema derecha) propuso, en el verano de 2003, una ley de prohibición del velo. La coalición conservadora-liberal endureció su discurso contra el velo, pero sin recurrir a la ley. "Digan lo que quieran sobre el velo, pero no estoy a favor de una prohibición nacional. Es algo que se opone al principio de libertad de expresión", declaró el ministro de Integración, Bertel Haarder.

La misma situación se da en España (300.000 musulmanes, el 0,7% de la población), donde el velo se lleva tanto en las escuelas públicas como privadas 6. Sólo en Madrid hubo un conflicto serio, hace dos años: la dirección del liceo privado Juan de Herrera se opuso a que una marroquí de 13 años llevara el velo en clase; la niña fue simplemente transferida a una escuela pública. Pilar Castillo, ministra de Educación, opinó a fines de diciembre de 2003 en el diario El País que, si bien la demostración de signos religiosos en las escuelas no es "apropiada", tampoco debe ser "prohibida". Si el gobierno de Aznar mantiene reserva al respecto, explica el diario madrileño, es porque las cruces ya han sido retiradas de la mayoría de los centros públicos de enseñanza y, sobre todo, porque los consejos escolares tienen suficiente autonomía como para tomar decisiones sobre este tema...

Velos y cruces en Italia, laicismo turco

En Italia (800.000 musulmanes, el 1,4% de la población), la cuestión del velo tampoco es un tema de actualidad. La inmigración, reciente, no ha llegado todavía al estadío del reagrupamiento de las familias, y comprende entonces una proporción reducida de mujeres y niñas. Paradójicamente, fue la presencia de un crucifijo en un aula de la escuela primaria de Ofena, una pequeña población de los Abruzzos, lo que generó un escándalo. El juez Mario Montanaro, interpelado por el padre de un alumno musulmán, Adel Smith, fundador del Partido Islámico Italiano que alimenta las crónicas desde hace dos años, a fin de octubre de 2003 ordenó descolgarlo: "El crucifijo -aseguró- expresa una adhesión implícita a valores que no forman parte de la herencia común de todos los ciudadanos".

Este juicio provocó un clamor de protesta general, que llegó al presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, quien insistió en el "símbolo de los valores que están en la base de nuestra identidad". Y el Papa, pensando que "el reconocimiento del patrimonio religioso específico de una sociedad exige el reconocimiento de los símbolos que la califican", afirmó: suprimirlos "en nombre de una interpretación incorrecta del principio de igualdad" puede convertirse en "un factor de inestabilidad y, en consecuencia, de conflicto". No sólo el crucifijo del aula de Ofena volvió a su lugar sino que la escuela está ahora ornada con otro, gigante, regalo de un convento vecino. Preciso es decir que la polémica no tiene nada de nuevo, y con razón, porque, si bien desde la Segunda Guerra Mundial el catolicismo ya no es religión del Estado, una ley que data de 1923 prevé la presencia de crucifijos en las escuelas...

Si los parlamentarios franceses votan la ley que se les ha propuesto, la política de Francia en materia de signos religiosos se parecerá sobre todo a la de Turquía, país musulmán pero de un estricto laicismo. La ley prohíbe allí llevar pañuelo en las escuelas y universidades, y en los edificios públicos. Las autoridades se muestran tradicionalmente muy vigilantes con relación a esta cuestión porque la reivindicación de llevar libremente el velo suele significar una forma de apoyo activo al islam político.

Surgido de esa corriente, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, que llegó al poder en noviembre de 2002, retomó sin embargo la herencia laica de Kemal Ataturk, pero no al punto de justificar la prohibición de llevar el pañuelo ante la Corte Europea de Justicia. En 1998 una estudiante apegada a su pañuelo, Leyla Sahin, que por esa causa no pudo terminar sus estudios, se presentó ante la Corte, que acusó efectivamente a Ankara de atentar contra las libertades 7. ¿Será condenada Turquía por aplicar una ley que en Francia pronto estará vigente?

  1. La Croix, París, 9-1-04.
  2. Las estadísticas relativas a los musulmanes varían mucho según la definición del término "musulmán". Sobre Alemania, cf. AFP, 9 y 21-12-03; y 1 y 5-1-04.
  3. Reuters, 5-1-04.
  4. Associated Press, 18-12-03.
  5. Sobre Bélgica, cf. AFP, 5-1-04.
  6. Sobre España, cf. AFP, 22-12-03.
  7. Sobre Turquía, cf. AFP, 23-12-03.


Autor/es Pierre Tevanian
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 56 - Febrero 2004
Páginas:33,34
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Derechos Humanos, Estado (Política), Islamismo, Educación