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El pasado que vuelve…

Desde el 24 de marzo de 2004, cuando el presidente Néstor Kirchner pidió “perdón en nombre del Estado”, y ante la inminencia del 30º aniversario del último golpe de Estado militar, se ha producido un aluvión de publicaciones, debates, jornadas y documentales referidos a la Argentina de los años ‘70, en los cuales ocupan un lugar central las organizaciones armadas que pusieron su impronta a la época.

La experiencia me pertenece. Su sentido no es patrimonio mío.

Eduardo Anguita

Lucha armada es el título de una revista trimestral que apareció en febrero de 2005, dirigida por Gabriel Rot y Sergio Bufano, según quienes "asumir los actos del pasado desde una conciencia crítica que rescate lo bueno y lo malo contribuirá a evitar la autocomplacencia o la denigración, la épica o la demonización". En la empresa participan ex militantes, intelectuales, investigadores jóvenes, con análisis que no se circunscriben a las organizaciones político-militares prevalecientes, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros, sino que se extienden a otras precursoras o que no alcanzaron tanto desarrollo, como Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP); Grupo Obrero Revolucionario (GOR); Fuerzas Armadas de Liberación (FAL); Ejército de Liberación Nacional (ELN); Movimiento Revolucionario 17 de octubre (MR17), ERP 22. La voluntad crítica y de conocimiento reflejada en esta revista sintoniza con la que alienta otros trabajos (libros, artículos) aparecidos recientemente. Algunos provienen de ex militantes: Pilar Calveyro, José Amorín; otros de investigadores jóvenes ávidos de poner a prueba las versiones recibidas. A su luz cobran relevancia trabajos anteriores: por ejemplo, La guerrilla del Che y Masetti en Salta. 1964, de Daniel Ávalos 1, retoma, para corroborarlas o refutarlas, las tesis de Los orígenes perdidos de la guerrilla argentina, de Gabriel Rot 2. Entre ellas la de que "el EGP preludia los errores y virtudes de las organizaciones armadas que experimentaron un auge a fines de los '60 y principios de los '70...". Atendiendo al conjunto de esos análisis, esas fallas podrían sintetizarse diciendo que estas organizaciones sacrificaron la política a la lógica jerárquica y organizativa militar, razón por la cual ya estaban derrotadas políticamente cuando empezó su aniquilamiento físico. "A medida que crecía se iba pareciendo más al ejército que pretendía combatir", dice Gustavo Plis Sterenberg refiriéndose al ERP 3. En su último libro 4, Pilar Calveyro también apunta que las organizaciones guerrilleras llegaron a encarnar proyectos políticos alternativos, pero fueron reproduciendo en su seno rasgos del poder político vigente internalizado. Montoneros: la buena historia, de José Amorín, ex miembro del grupo Sabino Navarro 5, polemiza e intercambia fecundamente con Organizaciones político-militares en Argentina (1968-1976), de Carlos Flaskamp, procedente a su vez de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) 6, en el esfuerzo común por explicar la derrota de la organización Montoneros, en la que ambos grupos confluirían: ¿el foquismo guevarista en el origen de las FAR; el verticalismo del grupo Abal Medina; la asunción tardía y forzada de la noción leninista de partido revolucionario de vanguardia por una conducción verticalista que sofocaba el disenso?

Este último fenómeno está en el centro del análisis, tan doloroso como pasible de controversia, de Calveyro. Plis Sterenberg, que en su estudio sobre el operativo de Monte Chingolo muestra que Santucho lo lanzó pese a que se sabía que era una operación"cantada" por un delator, atribuye a "la desesperación política" de esa conducción que haya mantenido la acción. "Nadie se atreve a decir eso porque la figura de Santucho es casi sagrada... Pero no es Dios, y entonces acerca de Monte Chingolo hay que decir la verdad." Los riesgos del poder de las direcciones de organizaciones clandestinas carentes de contrapeso y de recambio son señalados por Jorge Pérez al evocar su experiencia de dirección en las FAL, poniendo en evidencia que esa fue también una constante en organizaciones de menor desarrollo 7.

Estas críticas políticas no entrañan necesariamente una condena de la violencia política en sí misma. En una entrevista a propósito de la presentación de su último libro, Calveyro señala cómo la condena a la violencia insurgente, tan propia de nuestra época, encubre la enorme dosis de violencia implícita en los poderes constituidos: "se plantea la política como institucional, y la máxima expresión de esa institucionalidad es el Estado como producto de un pacto... Pero se soslaya que en la base de ese pacto hay una relación de fuerzas que no implica la desaparición de la violencia sino su institucionalización..." 8. La crítica a la conducción de Mario Firmenich en Montoneros, quien persistió más allá de toda sensatez en una espiral de violencia en lugar de preservar del exterminio a sus bases -especialmente dura en Calveyro- es un rasgo confluyente en estos análisis. Pero tanto el historiador de la resistencia peronista Ernesto Salas 9 como el ex militante Amorín proceden, a través de la investigación el primero y de la experiencia vivida y datos propios el segundo, a una refutación de la versión difundida por protagonistas de la Revolución Libertadora y entusiastamente retomada por izquierda y derecha políticas, que convierte el asesinato del general Pedro E. Aramburu en 1970 por el comando Juan José Valle en un episodio de la interna militar entre nacionalistas y liberales, y a sus ejecutores en mercenarios. El periodista y ex montonero Juan Gasparini exhibe la misma voluntad esclarecedora respecto de la acusación arrojada contra Firmenich por el periodista estadounidense Martin Andersen, quien sostiene que se trataría de un doble agente 10. Desde la vereda de enfrente, las sospechas contra la conducción de Montoneros son reactualizadas en el reciente libro de Juan Alonso ¿Quién mató a Aramburu? 11, una investigación que no logra responder a su título.

Un buen ejemplo del trabajo de investigadores jóvenes que observan esa época con el desprejuicio de quienes no fueron sus protagonistas ni sus adversarios contemporáneos, pero desconfían de las versiones recibidas y se muestran ávidos por comprender una época regida por valores ajenos a la actual, es el estudio de Lucas Lanusse, sobrino nieto del general Alejandro Lanusse, sobre el origen de Montoneros, Montoneros, el mito de sus 12 fundadores 12.

Mea culpa 

Es de destacar que ese "vaciamiento de la política" en que los analistas coinciden cuando reconstruyen la evolución de la guerra de guerrillas en el país está presente también en el mea culpa de Oscar Del Barco, "No matarás", publicado en el número 17 de la revista La Intemperie 13, inaugurando un debate que se prolonga todavía. En las revistas La Intemperie y Lucha armada, y en el mencionado libro de Ávalos, se difundieron testimonios de Héctor Jouvet, miembro del Ejército Guerrillero del Pueblo, inspirado por Ernesto Guevara y comandado por Jorge Masetti en Salta, que incluyen el fusilamiento de dos miembros del grupo en 1963 y 1964. A propósito de esos testimonios, Oscar del Barco, que en su momento apoyó al EGP, lo mismo que Héctor Schmucler, José Aricó y otros que intervenían en la revista marxista Pasado y presente, se asume culpable de esos asesinatos, que en su opinión igualan a los miembros de las organizaciones guerrilleras con los de las fuerzas de seguridad que los exterminaron: "¿En qué se funda el derecho a matar? ¿Qué diferencia hay entre Santucho, Firmenich, Quieto y Galimberti por una parte y Menéndez,Videla o Massera por otra?", pregunta. "El que mata es un asesino, el que participa es un asesino, el que apoya aunque sólo sea con su simpatía es un asesino. Y mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente...". Su evaluación se extiende a la totalidad de la cultura revolucionaria moderna: "Creo que parte del fracaso de los movimientos revolucionarios que produjeron cientos de millones de muertos... se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotsky, Stalin y Mao hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara...". Resulta difícil polemizar con del Barco, puesto que escribe: "Sé... que el principio de no matar, así como el de amar al prójimo, son principios imposibles... Pero también sé que sostener ese principio imposible es lo único posible...".

De todos modos, parece evidente la inadecuación de la categoría de "asesino serial" para calificar a representantes de una política, incluso de una política criminal; la falacia de equiparar la violencia de los terrorismos de Estado de cualquier signo con la violencia de grupos insurgentes; la tergiversación de calificar como terroristas a organizaciones que incurrieron en asesinatos selectivos, pero que no alentaron una política de inducción al terror y que tampoco fueron, como sus enemigos, torturadores ni violadores, lo que establece una diferencia demasiado relevante como para ser ignorada. Al respecto, es significativo el espacio que tanto Flaskamp como Eduardo Anguita, en su evocación novelada de episodios de la lucha guerrillera rural del ERP en Tucumán 14, dan a la polémica entre militantes acerca del uso de la tortura contra el enemigo, siempre saldada finalmente con una rotunda negativa a esa práctica. Por otra parte, el universal mandato "No matarás" topa enseguida con restricciones igualmente universales: matar en legítima defensa, matar en defensa de la propia supervivencia, de la propia integridad y de la de otros, y además la antigua polémica sobre la justicia de reaccionar contra la opresión, sobre el carácter justo de ciertas guerras, la infinita dificultad de esa distinción, etc... Oscar del Barco se refiere a una "salvación" que se parece demasiado a la salvación personal de un pecador arrepentido, no a la de una práctica política superadora, pacifista u otra.

Pese a éste y otros reparos, sería difícil no acordar en la necesidad de revisar prácticas tales como el fusilamiento de traidores o desertores reales o supuestos en el interior de grupos revolucionarios, o el sentido o sinsentido de los asesinatos políticos. Y más allá de eso, no cabe sino constatar que el eco despertado por la carta de Del Barco da cuenta de la vigencia de un interrogante central: ¿es una metodología de acción o son las premisas teóricas subyacentes a ella lo que cabe analizar críticamente? Interrogante no sólo inducido por la derrota local, sino también por el destino real de los países donde triunfó una opción revolucionaria. Juan Chaneton, al final de su estudio sobre las huelgas de los obreros que construían El Chocón en el verano 1969-1970, liderados por dirigentes comunistas que contaron con el apoyo de monseñor Jaime de Nevares y otros sacerdotes enrolados en la Teología de la Liberación 15, escribe: "La aporía consiste en que el triunfo del proyecto antisistémico hubiera dado a luz a una nueva sociedad... (que) no hubiera escapado a la lógica de hierro de la Guerra Fría: (que) hubiese erigido un edificio social con grietas semejantes a las que hicieron colapsar al que por más de medio siglo se llamó ‘el campo socialista'. Ello no legitima al capitalismo, sino que nos obliga a inventar los modos y métodos en que planificación y libertad ya no sean términos antagónicos..."

En ciertos medios de comunicación se hace evidente una particular complacencia en presentar el cuestionamiento a los movimientos insurgentes de hace 30 años como formas atractivas de lo políticamente incorrecto. En efecto, durante mucho tiempo, y fundadamente, la historia de esos años fue patrimonio de los organismos de derechos humanos que pusieron el acento en la represión y sus métodos, dejando en suspenso la identidad militante de muertos, desaparecidos y sobrevivientes. Abordada esa identidad, surgen no sólo las discrepancias políticas entre las distintas vertientes de la resistencia popular, sino también el abismo que separa los supuestos de hace treinta años de los de la actualidad; supuestos que entran en conflicto en quienes hemos atravesado las dos épocas y somos y no somos los mismos a un tiempo.

Vae victis 

Los desgarramientos, incertidumbres y reflexiones de quienes pertenecen al campo de los derrotados brillan por su ausencia en el de los triunfadores. Además del mencionado libro de Juan Alonso, se acaba de publicar una biografía de Aramburu, obra de Rosendo Fraga y Rodolfo Pandolfi 16, quienes se niegan a inscribir al golpe militar de septiembre de 1955 en la serie de golpes de Estado militares que determinaron el destino del país desde 1930 hasta 1983: el dictador militar responsable de ese golpe, de la proscripción y persecución del peronismo, de los fusilamientos de 1956, del secuestro y vejación del cadáver de Eva Perón y sobre todo de la involución de las conquistas sociales y el nivel de vida de los asalariados, de la apertura económica retomada luego por las sucesivas dictaduras militares y por el menemismo (todo lo cual culminó en el colapso nacional de 2001), es presentado por sus biógrafos como un paladín de la democracia y promotor de una primavera cultural. Sin proponérselo, nos recuerdan que, para evaluarlas, es preciso insertar las lógicas y acciones de las organizaciones político-militares y sus frentes de masas en el paisaje prefigurado por las lógicas y acciones de poderosos enemigos y en el horizonte de posibilidades que les abrió un tiempo sombrío y exultante.

  1. La Intemperie, Córdoba, 2005.
  2. El cielo por asalto, Buenos Aires, 2000.
  3. Entrevista en Lucha armada nº 4, noviembre de 2005. Plis Sterenberg es autor de Monte Chingolo, Planeta, Buenos Aires, 2003.
  4. Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años '70, Editorial Norma, Buenos Aires, 2005.
  5. Catálogos, Buenos Aires, 2005.
  6. Ediciones Nuevos Tiempos, Buenos Aires, 2002.
  7. Idem nota nº 3.
  8. Página/12, Suplemento Radar, Buenos Aires, 2-10-05.
  9. "El falso enigma del caso Aramburu", en Lucha armada nº 2, mayo de 2005.
  10. Juan A. Gasparini, Montoneros. Final de cuentas, ediciones de la Campana, La Plata, 1999.
  11. Sudamericana, Buenos Aires, 2005.
  12. Ediciones B Argentina, Buenos Aires, 2005. Véase reseña en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, octubre de 2005.
  13. La Intemperie, Córdoba, Diciembre 2004.
  14. La compañía de monte, Planeta, Buenos Aires, 2005.
  15. Juan Chaneton, Dios y el diablo en la tierra del viento, Catálogos, Buenos Aires, 2005.
  16. Rosendo Fraga y Rodolfo Pandolfi, Aramburu. La biografía, Ediciones B Argentina, Buenos Aires, 2005.
Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 78 - Diciembre 2005
Páginas:34,35
Temas Estado (Justicia), Estado (Política)