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Reseñas de libros

Categorías de lo impolítico

De Roberto Esposito

Editorial:
Katz editores
Cantidad de páginas:
332
Lugar de publicación:
Buenos Aires
Fecha de publicación:
Septiembre de 2006
Precio:
58 pesos
A partir del cruce de dos grandes textos que, cada uno a su modo, informan la concepción política del siglo XX –Consideraciones de un apolítico, de Thomas Mann, y Las categorías de lo político, de Carl Schmitt–, el filósofo e historiador italiano Roberto Esposito acuña el término de “impolítico” en este ensayo que conoció su primera edición original hace una década y que aparece ahora por primera vez en castellano. Pero, ¿qué es, precisamente, lo impolítico como cifra y clave de la modernidad o como aire de una época saturada de discursos aparentemente políticos? Esposito, como Pascal, manifiesta una tendencia predominante a definir el concepto, en principio, por vía negativa. No es un debilitamiento, como se podría creer, o una caída del interés por lo estrictamente político, sino más bien una radicalización de lo político; es la forma extrema, póstuma y acabada de la política moderna. Lo impolítico vendría a afirmar, con su sola presencia en el mundo de los discursos, que no hay otra política que la política, pero que justamente por ello la política está encerrada y determinada por la identidad consigo misma, no es otra cosa que sí misma y su potencia está limitada a lo que es. Lo impolítico se rebelaría contra un signo de los tiempos que anuncian (o, en ocasiones, celebran) la muerte de las ideologías: la conjunción de despolitización y teología, de técnica y valor, de nihilismo y apología. Pero es probable que la conceptualización de Esposito se clarifique en los autores que estudia y toma como paradigmas.
La teología política de Romano Guardini y de Carl Schmitt, por ejemplo, leídas como una superación del dualismo moderno entre poder y fe acompañadas por un concepto ideal de la técnica. La idea de la irrepresentabilidad de la política a la cual arriba Hannah Arendt en la fase final de su búsqueda expresa de modo manifiesto la caída de todo nexo entre política y concepto. Es claro en Arendt que el término “impolítico” se halla absolutamente ajeno al término “despolitización”: cuando la situación política se torna crítica, la función innovadora de lo político se refugia en el ámbito impolítico del pensamiento, que asume de ese modo un papel de control. El pluralismo político al que llega Arendt es positivamente irrepresentable; en este sentido, afirma Esposito, la política no puede sino ser nombrada en negativo, como aquello de lo que se siente la exigencia pero que ya no es posible representar positivamente. No es menos fecundo y susceptible de apasionado disenso el análisis que ensaya Esposito a propósito de la obra de Canetti y el concepto de poder que dimana de la misma, la confluencia entre política y revolución en los textos de Simone Weil y, en especial, el minucioso estudio que realiza de la novela La muerte de Virgilio, de Hermann Broch.
Acaso quepa añadir, con todo, que esa irrepresentabilidad que Esposito observa en ciertos momentos del desarrollo político no es exclusiva de esta esfera, ni el resto inexpresado y envuelto en silencio es excluyente del poder. En tanto y en cuanto que el duro núcleo que sostiene al lenguaje en su constitución es, precisamente, un núcleo de inefabilidad, el cual contiene, pero también trasciende, el ámbito político.
Autor/es de esta reseña Osvaldo Gallone
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 90 - Diciembre 2006