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“El taller del mundo”

Mientras el crecimiento chino prosigue a un ritmo elevado, los movimientos de protesta en el ámbito rural no ceden, a pesar de la enérgica represión. Aunque la agricultura eludió mayormente la modernización capitalista, la ola de migrantes hacia las ciudades sigue siendo significativa. Después de ignorar las condiciones deplorables de vida de esos trabajadores, el poder acaba de elaborar una nueva política social.

¿El trabajo se está convirtiendo en el caballo de Troya de un nuevo "peligro amarillo"? Cabe imaginarlo a la luz de los análisis que ven en China el "taller del mundo", "nuestra pesadilla" o... "nuestro futuro". El trabajo "chino" se convirtió en el centro de todos los fantasmas: el del desempleo que originan las deslocalizaciones y el del regreso a un "infierno capitalista", tanto para China como, probablemente, para la humanidad en su conjunto. El análisis supone a la vez la existencia de un "poder" globalizado que se manifiesta en el Imperio del Medio bajo una forma "capitalista-comunista", donde se suma un régimen autoritario "de izquierda" a la explotación capitalista.

Pero es imposible resumir la realidad en una consigna o una especificidad cuasicultural que haría de los chinos gente industriosa por naturaleza. Sin necesidad de ponderar los "lados malos" del capitalismo chino con los "buenos", se trata de considerarlo como un conjunto heterogéneo -a veces contradictorio-  de elementos económicos, políticos y culturales. Las industrias que tienen una intensidad laboral fuerte y una explotación de tipo "revolución industrial" occidental afectan solamente a una franja de la población. Son la parte visible del iceberg, la que mantiene la rueda en marcha. Pero sólo pueden funcionar bien si se las articula con otros modos de trabajo.

El único ámbito que escapó, en lo fundamental, a toda transformación capitalista fue la agricultura. Allí, la mano de obra no sufrió mercantilización alguna. Ni el retorno a la pequeña explotación familiar ni la entrada a la Organización Mundial del Comercio (OMC) condujeron a la aparición de nuevas formas de explotación laboral. La continuidad de la propiedad colectiva de las tierras, aun cuando está siendo cuestionada por la aparición de un mercado de "derechos de explotación" 1, basta para ilustrar esta ambición "conservadora" que caracteriza a las autoridades públicas.

Por fuera de las consideraciones de seguridad alimentaria, la función del trabajo agrícola es de orden político. Esta actividad permite mantener quieta a una población que, si se viera privada de sus medios de producción y de un ámbito social propio, podría invadir las ciudades. El objetivo no es obstaculizar las migraciones sino regularlas, permitir en todo momento un regreso a la tierra en caso de que cambie la coyuntura. Y evitar cualquier urbanización brutal. Varias prácticas convergentes responden a esta estrategia. La mayoría de los migrantes no vive su partida como una ruptura sino como una experiencia multiforme, en la que se mezclan diferentes tiempos y espacios. El espacio agrícola se mantiene como "lugar de repliegue"; paralelamente, el medio social sirve para estructurar los desplazamientos de población, ya que la mayoría de los migrantes conocen a sus empleadores a través de amigos o miembros de la familia.

Estos fenómenos migratorios remiten a formas muy variadas de explotación laboral. La población destinada a sufrir una explotación capitalista "salvaje" se limita a una parte de los 120 o 150 millones de campesinos que migran. En efecto, poco más de la mitad de estos trabajadores-campesinos (mingong) son empleados del sector manufacturero o de la construcción. El resto se concentra en la gastronomía y la hotelería, el comercio, la vigilancia o incluso las actividades "independientes", como la recolección de basura 2.

Además, hay que aclarar que el 80% de los migrantes dejan la tierra sin abandonar el campo -son empleados en la industria rural-, y la mitad de ellos no sale de su provincia natal. En principio, se salvan de los "talleres del mundo". Sus condiciones de vida y de trabajo no son necesariamente muy superiores a las de sus congéneres empleados en los sweat-shops de la costa, pero tampoco remiten a las imágenes estereotipadas del "infierno capitalista". Excepción hecha de las explotaciones mineras 3.

Social-capitalistas y liberales

Por lo demás, hubo un profundo cambio en la manera en que las autoridades públicas perciben estas migraciones. Los años '80 y el principio de la década siguiente estuvieron marcados por un desprecio casi absoluto por la "cuestión social" de las migraciones; un desprecio que se inscribe a la vez en cierta utopía liberal en cuanto a la administración del empleo y en la certeza de que esas migraciones no serían ni masivas ni definitivas. Los acontecimientos más recientes y las decisiones políticas -sobre todo la entrada a la OMC- agudizaron el planteo de la cuestión del trabajo rural. El estancamiento de la agricultura, así como la creciente importancia de sectores débilmente capitalistas (sectores de baja inversión de capital que utilizan mucha mano de obra) y de la construcción, dieron a estas migraciones una importancia estratégica. Numerosos investigadores y funcionarios prevén, de ahora en más, la progresiva urbanización de una parte importante de la población; algunos incluso llaman a un mejoramiento de su nivel de vida, con el objeto de reactivar una demanda interna estancada. Las autoridades públicas pasaron a encarar una "economía política" de las migraciones.

¿Cómo alojar a los migrantes en ciudades donde la especulación inmobiliaria los excluye de entrada? ¿Cómo garantizar la salud pública frente a una población sin protección social? ¿Cómo asegurar la educación de los hijos de los migrantes que, en su mayoría, no pueden acceder al sistema educativo urbano? ¿Cómo obligar a los empleadores, no sólo a los arquetipos del capitalismo neoliberal sino también a los responsables de las empresas públicas de construcción a... pagarles a sus obreros?

Resulta evidente que no se trata aquí de grandes principios filosóficos a priori, ni de un efecto de presiones externas con pretensiones civilizadoras del desorden chino. La cuestión hace a las condiciones de la búsqueda del crecimiento en un clima de relativa estabilidad social. Pero, a la inversa, no hay que ver en las discusiones y los debates sobre el lugar de los migrantes que atraviesan actualmente la sociedad china un simple efecto del utilitarismo dominante.

Así, se advierte la aparición de una corriente que podríamos llamar "capitalismo social", que reúne a sociólogos, periodistas, diputados, funcionarios y simples miembros del Partido Comunista Chino (PCC) alrededor de la idea de que aunque el capitalismo es algo bueno, no puede funcionar correctamente sin políticas sociales. La introducción de un mecanismo de redistribución de la riqueza les parece indispensable; una revalorización de los salarios bajos reactivaría según ellos una demanda interna suficiente y aseguraría así una menor dependencia respecto de la demanda externa. También defienden con frecuencia la idea de una "clasemedianización" de la sociedad china, único freno posible a una guerra de clases entre ricos y pobres, y  estiman que parte de los migrantes debería acceder a este nuevo estrato medio. Esta corriente se opone, a veces ásperamente pero en general de manera bastante apagada, al clan de los "liberales", poco proclive a escuchar la voz de lo social.

No se trata sin embargo de dos grupos constituidos alrededor de una división reforma/conservación. Entre los "social-capitalistas", algunos tienen una concepción muy nacional del capitalismo y sueñan con multinacionales públicas listas para reinar sobre el resto del mundo; otros son partidarios de un capitalismo más "mercantilizado". Los liberales no son más homogéneos: algunos son "ultras", otros ligeramente sociales. Las posturas políticas son igualmente diversas. Un liberal de línea dura en economía resultará ser un antidemócrata convencido -al estimar que sólo un gobierno fuerte puede imponer el "mercado"-, e incluso un halcón en materia de relaciones internacionales.

En pocas palabras, la cuestión del trabajo se inscribe en un movimiento general de diversificación de opiniones en el seno de una elite limitada, que incluye no sólo a los líderes del Partido Comunista y a los altos funcionarios, sino también a los "representantes", los responsables de los movimientos de masa y la intelligentsia.

Desocupación y trabajo en negro

Eso no impide que la adopción de políticas sociales a favor de los migrantes resulte problemática por razones vinculadas con los excedentes financieros, pero también con el impacto de esa "prodigalidad" en la prosecución del "milagro" chino. Muchos dirigentes se preguntan si el encarecimiento del costo del trabajo y los beneficios sociales no harán peligrar la competitividad de la economía. Algunos adelantan un nuevo fenómeno: la falta de mano de obra no calificada en ciertas zonas de la provincia de Guangdong. ¿Se trata de un rechazo de las condiciones de trabajo y remuneración propuestas por los "talleres del mundo", de la consecuencia de las inversiones masivas destinadas a hacer despegar el oeste del país y que ofrecen nuevas oportunidades de empleo, o más bien de un simple efecto demográfico debido a la política del hijo único? 4 Sin duda, un poco de cada una de esas razones.

Es evidente que el aumento de los salarios y los beneficios sociales, sobre todo en Shanghai y en la provincia de Fujian -donde los empleadores parecen no quejarse (o quejarse menos) de una escasez de trabajadores- alientan a numerosos migrantes a abandonar Guangdong en dirección hacia el norte. En esta tendencia cabe leer los efectos de un conocimiento más profundo del mercado por parte de los campesinos. Asimismo, el anunciado aumento del 23% en el salario mínimo en la ciudad de Shenzhen demuestra que el nivel de ingresos de la nueva clase obrera se ha convertido en una preocupación mayor. En cambio, el regreso masivo de los migrantes a los campos sigue siendo hipotético. Por un lado, las encuestas muestran que muchos campesinos consideran que su futuro está en las ciudades; por otro lado, el desarrollo del oeste recién empieza.

A la vez asistimos, probablemente, a una diversificación geográfica debida a un cambio de los tipos de producción en las zonas costeras. Las industrias ávidas de mano de obra se desplazarían hacia las regiones centrales, y las provincias orientales se inclinarían a actividades de mayor valor agregado. Este reacomodo explicaría la emergencia de iniciativas locales de protección social: las empresas de la costa necesitarían una mano de obra mejor calificada y más estable.

Pero en el "taller del mundo" también reina el desempleo. No es algo que deba olvidarse en un momento en que se ve a China como un "imperio del trabajo". Cierto que la tasa de desempleo oficial es muy baja (4,1% de la población urbana a fines de 2006), pero no incluye ni a los migrantes sin trabajo, ni a los trabajadores que perdieron su empleo pero dependen todavía de su empresa o del sistema de protección social (los famosos xiagang-zhigong) 5, ni a los desempleados con el período de indemnización vencido ni, por último, a los jóvenes sin trabajo que nunca hicieron aportes y que no tienen derecho a la indemnización.

Lo mismo ocurre cuando se anuncia un alza significativa de la demanda de empleos desde 2004: éstos incluyen en su gran mayoría puestos "informales" (feizhenggui) sin contrato y sin protección social. La proporción de empleos "formales" pasó a ser minoritaria en las zonas urbanas 6. Muchos ex empleados públicos están inactivos o sólo consiguen empleos en el sector no comercial, como auxiliares de la policía de tránsito, vigilantes, etcétera 7.

Las últimas estimaciones en la materia revelan una situación muy tensa. En 2006, China hubiera debido proveer 25 millones de puestos de trabajo a los habitantes de las ciudades: 9 millones de ellos a los nuevos ingresantes al mercado laboral, 3 millones a los migrantes (la mención de esta categoría demuestra una vez más el cambio del discurso oficial) y 13 millones a los trabajadores que perdieron su puesto debido sobre todo a la reestructuración del sector público 8. En realidad, en 2006 sólo se crearon 11,84 millones de empleos contractuales y con acceso a la seguridad social. Para 2007 se anuncian 24 millones de nuevos ingresantes y sólo 12 millones de nuevos empleos en blanco (teniendo en cuenta las jubilaciones) 9. Como de costumbre, la brecha se completará con el empleo informal.

Así, cuando todavía no han dejado de sentirse los efectos de la gran restructuración industrial de la segunda mitad de la década del '90 (que contribuyó al despido de varias decenas de millones de trabajadores) 10, el peligro del desempleo urbano ya no acecha solamente a las generaciones de trabajadores acostumbrados a la política del "plato de arroz de hierro" (la seguridad del empleo y los privilegios sociales asociados de los que gozaban los trabajadores de las empresas del Estado). El discurso y las prácticas que apuntaban a deshacerse de estos trabajadores se apoyaban en un análisis demográfico: poco proclives al cambio, estas generaciones "sobrantes" debían desaparecer para dejar su lugar a jóvenes mejor educados y adaptados al mercado. Ahora bien, una investigación efectuada en 2005 en cuatro ciudades -Dalian, Tianjin, Changsha y Liuzhou- indicó que el desempleo de los jóvenes (de entre 15 y 29 años) alcanzaba allí el 9%, contra el 6,1% del conjunto de la población urbana. Además, según Shen Jie, "la mayoría de los empleos juveniles no tienen protección social ni estabilidad; trabajan muchas horas por salarios bajos" 11. Se trata fundamentalmente de personas sin calificación que salen del sistema escolar con un nivel equivalente al bachillerato. No les interesa "competir" con los migrantes dedicándose a "trabajos sucios", y tampoco tienen la formación necesaria para conseguir un empleo en los nuevos sectores. Así es como resurgen ejércitos de jóvenes "a la espera de un empleo", de quienes se hacen más o menos cargo los comités de residentes y las "oficinas de calle" (el nivel más bajo de la administración). Se encargan de tareas más o menos temporarias en el sector no comercial "comunitario" (vigilancia, mantenimiento) u ocupan empleos de bajo nivel en las nuevas actividades comerciales que se desarrollan en los barrios (hoteles, grandes restaurantes, negocios). Se les reservan cupos para cubrir funciones subalternas pero mejor remuneradas y mejor "consideradas" que aquellas que se les confían a los migrantes. Poco a poco, van constituyendo una especie de "proletariado" asistido, intermediario entre la clase media y los migrantes. Algunos se niegan a ocupar estos empleos desclasados y viven a costa de sus padres; los más afortunados de los cuales envían a sus retoños al exterior para que consigan un título en una escuela de comercio de segunda clase o en una escuela de hotelería.

Desempleados educados

Pero el desempleo también afecta a los egresados de la educación superior. El número de diplomados pasó de 1,07 millones en 2000 a 4,13 millones en 2006, es decir un 13% de la franja etaria cada año 12. En 2010, la proporción debería alcanzar el 23% 13. A la economía china le cuesta absorber semejante cifra, que corresponde a casi la mitad de los 9 millones de "ingresantes" al mercado laboral en 2006 que esperan obtener un empleo en el "nuevo sector" 14. Se estima ya que el 60% de los recibidos en 2006 no encontraron trabajo durante el año. Es preciso advertir aquí  la existencia de una paradoja. Por un lado, las grandes empresas chinas y extranjeras se quejan de no disponer de una mano de obra high tech; por otro, los jóvenes recibidos viven situaciones dramáticas. Los empleadores hablan de formación poco adaptada a las necesidades, de falta de movilidad de los solicitantes de empleo. En realidad, se está llegando al límite de un modo de desarrollo sólidamente fundado sobre las industrias que utilizan mucha mano de obra no calificada. Por lo demás, el nivel medio de remuneración de los primeros empleos sigue siendo bajo. Según una investigación realizada en 2005, más de un profesional de cada cinco (el 20,3%) gana menos de 1.000 yuanes (100 euros) por mes, y cerca de dos tercios (65,4%) gana entre 1.000 y 2.000 yuanes 15. Un dato que parece poco compatible con un proyecto de "clasemedianización" de la sociedad china.

Ante la gravedad de la situación, la Asamblea Nacional debatió en su última sesión una ley sobre la promoción del empleo. Esta ley se plantea objetivos mayores: una mejor coordinación entre las ciudades y el campo, la gratuidad total de los servicios de agencias de empleo, la desaparición de toda forma de segregación en la contratación de empleados, una atención particular para los jóvenes que no tienen títulos (universitarios ni de escuela secundaria), un desarrollo de la formación profesional y, por último, una mayor ayuda a los jóvenes profesionales para su primer trabajo. La realización de estos objetivos dependerá de las medidas concretas que adopten las autoridades nacionales y locales.

El objetivo de la estabilidad

Todavía no se conoce bien el ámbito laboral "chino". Las investigaciones son poco frecuentes y parciales, las categorías utilizadas por las estadísticas oficiales rara vez son confiables. Parecería, sin embargo, que la diversidad en las formas de utilización de la mano de obra se inscribe en una lógica de economía política cuya motivación primordial es la estabilidad. La existencia de un "sector subvencionado" por el Estado pone un límite a la competencia de los trabajadores urbanos con los migrantes; la continuidad de un "sector tradicional" en el campo permite fijar una parte de la población potencialmente migrante y liberar a otra parte que no llega a la ciudad sin albergue. Simultáneamente, el trabajo calificado como "moderno" que se desarrolla en los nuevos sectores (telecomunicaciones, finanzas, publicidad) permite nivelar "para arriba" a una parte de los hijos e hijas de los obreros del Estado desclasados por la reestructuración de la economía pública, así como cubrir las necesidades de un futuro (o ya iniciado) "seguimiento de ramificaciones" hacia producciones más sofisticadas.

Tal configuración no puede encararse en el marco de una gestión centralizada y omnisciente del trabajo, a la cual responde una agitación cada vez más intensa. Así, en relación con las condiciones de vida de los migrantes ¿en qué se diferencia la concepción de estabilidad social que tiene la policía de la que tienen los cuadros encargados de la política económica o de la administración de la protección social, para no hablar de la opinión que tienen los líderes ideológicos o los sindicatos oficiales? Estas eventuales divergencias ofrecen posibilidades de acción, por ejemplo, a los responsables de asociaciones que defienden los derechos de los migrantes. Pueden explicar que la mejor estrategia sería demostrar a los gobiernos locales y a los patrones que una mano de obra bien tratada es a la vez más eficaz y estable. En este terreno, dichas asociaciones reciben muchas veces el apoyo de algunos sindicalistas que esperan que los conflictos entre obreros y patrones privados les otorguen una nueva legitimidad. Puesto que -así lo explica uno de ellos- "oponerse al proceder ilegal de los capitalistas no es oponerse a una política de gobierno; es, por el contrario, defender la ley". 

  1. La tierra sigue siendo propiedad colectiva, pero los campesinos son los titulares de los derechos de uso y pueden de facto alquilar sus tierras.
  2. La limpieza de las grandes ciudades chinas se debe en gran medida a los cartoneros que recorren sin cesar las grandes arterias en busca de desperdicios que luego revenden (por precios muy bajos) a empresas de reciclaje.
  3. Así como las explotaciones mineras se caracterizan por sus condiciones de trabajo terribles, muchas empresas rurales son en realidad pequeños talleres en los cuales la ausencia de protección va de la mano con modos de producción familiares.
  4. Este debate está muy vivo entre los economistas chinos. International Herald Tribune, 8-4-06 y Financial Times, 18-4-06 y el 23-5-06.
  5. Se trata de obreros despedidos, pero que conservan un vínculo salarial con la empresa. Categoría en camino a desaparecer, y los xiagang zhigong se van sumando progresivamente a las cohortes de desempleados.
  6. Según las estadísticas chinas, el número sería más cercano al 40%. Pero estos cálculos excluyen las empresas privadas e individuales. Wang Luolin y Wei Houkai, Dongbeidiqu jingji zhenxing zhanlüe yu zhengce (Políticas y estrategias de desarrollo de la región del Noreste), Shehui kexue wenxian chubanshe, Beijing, 2005.
  7. Véase Martine Bulard, "Las dos caras de China", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2006.
  8. Informe del Gobierno 2006.
  9. Informe del Gobierno 2007.
  10. Antoine Kernen, La Chine vers l'économie de marché. Les privatisations à Shenyang, Karthala, París, 2004.
  11. Shen Jie, "La situación de la juventud en 2005", en Ru Xin, Lu Xueyi y Li Peilin, Shehui lanpishu 2006 (Libro Azul 2006 de la sociedad china), Shehui kexue wenxian chubanshe, Beijing, 2005.
  12. South China Morning Post,  Hong Kong, 8-5-06. El Ministerio de Trabajo prevé que el número de diplomados alcanzará en 2007 los 4,95 millones.
  13. International Herald Tribune, 25-4-06.
  14. Véase China Daily, 20-2-06.
  15. Wang Ke, China.org.cn, 15-2-06. A título de comparación, el ingreso mensual medio de los habitantes de las ciudades es inferior a 1.000 yuanes.
Autor/es Jean-Louis Rocca
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 95 - Mayo 2007
Páginas:22,23
Traducción Mariana Saúl
Temas Migraciones, Salud, Trabajo (Política)
Países China