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Recuadros:

Falso debate a la francesa

Un proverbio italiano afirma: "Traduttore, tradittore" (traductor, traidor). Y cabe aplicar esa fórmula a quien tradujo como "discriminación positiva" las expresiones estadounidenses affirmative action o positive action, que en aquel país designan las políticas contra las desigualdades que afectan a las mujeres y a las minorías visibles (véase el artículo de John Skrentny, pág. 26).  Independientemente de lo que se piense sobre el fondo de la cuestión, es difícil imaginar formalmente cómo movilizar al movimiento democrático en favor... ¡de una discriminación!

Fue el 20 de noviembre de 2003, durante la emisión del programa televisivo "100 minutes pour convaincre" (Convencer en 100 minutos), donde fue a menudo el invitado de honor, que Nicolas Sarkozy,  luego de haber admitido que (ya) pensaba en la presidencia de la República (y no sólo al afeitarse por la mañana) se pronunció a favor de la "discriminación positiva". Pocas semanas después, la expresión tomó un sentido muy particular cuando Sarkozy, ministro del Interior, puso en escena la designación de un "prefecto musulmán". A partir de ese momento, cada cual se vio obligado a tomar posición, a favor o en contra de esa iniciativa, que entre tanto el candidato de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) archivó junto a otras chucherías en su depósito de accesorios electoralistas, y que sólo exhuma en sus escasas y breves apariciones en los barrios suburbanos.

¿No estaremos ante el prototipo del falso debate a la francesa? A pesar de que actualmente se la evoca en todos los medios, la "discriminación positiva" no tiene casi partidarios declarados: aparte del Instituto Montaigne -cuyo presidente Claude Bebear se ocupa ahora de la suerte de los negros y de los árabes, luego de haberse alarmado ante el "suicidio" de la "raza blanca" 1-  sólo el Consejo Representativo de las Asociaciones Negras de Francia (CRAN) milita abiertamente en favor de esa medida.

"Las razas no existen -afirma el fundador del CRAN, Patrick Lozès-, pero la sociedad francesa hace como si existieran: nadie puede negar que el color de la piel es un factor de discriminación que es importante superar." Razón por la cual el CRAN libra un doble combate: "En primer lugar para mostrar a nuestros conciudadanos la realidad de las discriminaciones, que afectan directamente a los antillanos y a los africanos; de allí la necesidad de ‘estadísticas sobre la diversidad' (véase recuadro: ¿Cuáles estadísticas...?, pág. 25). Y además, para crear sistemas de compensación en el terreno del empleo, la vivienda, la escuela, etc."  Sin embargo, el CRAN no se considera un "CRIF 2 negro", ni una asociación de "negros que luchan contra los blancos": "Somos como los movimientos gays o feministas, que exigen simplemente la igualdad que proclama la Constitución, pero en un plazo razonable". Durante la hora que duró nuestra entrevista, nuestro interlocutor no pronunció nunca la palabra "cupo"...  

Al principio, en la década de 1990, se produjo una toma de conciencia masiva por parte de la opinión pública del aumento de las desigualdades -sociales, regionales, sexuales, y también de origen- que literalmente desgarraban el tejido social. Como prueba de ello se puede citar, entre otros muchos ejemplos, el informe publicado en marzo de 2007 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre 4.880 candidaturas a ofertas de empleos válidamente probados en las ciudades de Lila, Lyon, Marsella, Nantes, París y Estrasburgo 3. El resultado fue que en casi cuatro casos sobre cinco, el empleador francés optó por un candidato de "origen francés" en lugar de un candidato "de origen negroafricano"; en tres casos sobre cinco, en lugar de un candidato de "origen magrebí"; en dos casos sobre cinco, cuando este último candidato era de sexo femenino... Y la OIT subrayó que "casi el 90 por ciento de la discriminación global se registró aun antes de que los empleadores se hubieran tomado el trabajo de realizar entrevistas con los diferentes candidatos".  

¿Cómo luchar contra esas desigualdades, tenaces, que padecen los hijos de los inmigrantes? ¿Habrá que inventar soluciones específicas, y en tal caso, cuáles? El artículo 1 de la Constitución de 1958 -según el cual la República "garantiza la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, sin distinción de origen, de raza o de religión"-  excluye que se utilicen criterios étnico-religiosos. Pero no prohíbe en absoluto recurrir a medidas basadas en otros criterios. Hasta el punto de que en 1996 el Consejo de Estado reconoció la existencia de "ciertas discriminaciones positivas ‘a la francesa' cuyo objetivo es reducir las desigualdades de hecho" 4.

En realidad, ese informe no creaba sino que ratificaba mecanismos ya existentes -con base social y territorial- aplicados desde hacía tiempo por los sucesivos gobiernos franceses. Comenzando por el impuesto progresivo; las leyes de la década de 1960 que daban prioridad a los repatriados del norte de África para acceder a los empleos públicos; los mecanismos que favorecen la contratación de franceses provenientes de territorios y departamentos de ultramar, o la introducción en 1987 de un cupo de 6% de empleos destinados a los discapacitados en los organismos oficiales... Posteriormente, en la misma línea, y luego de algunas idas y vueltas, el Consejo Constitucional validó la ley de 1999 sobre la paridad política entre hombres y mujeres.

Zonas de Educación Prioritaria

Pero la experiencia emblemática, tanto por sus avances como por sus limitaciones, fue la creación en 1982 de las Zonas de Educación Prioritaria (ZEP) por iniciativa de Alain Savary. El secretario de colegios del Sindicato Nacional de la Enseñanza Secundaria (SNES), Bruno Meir, defiende ese principio: "Se trata de promover zonas y no individuos, sobre la base de criterios socio-económicos y no étnicos". Sin las ZEP, insiste, las Zonas Urbanas Sensibles (ZUS) 5 hubieran sufrido una catástrofe, "como lo admite el último informe de su Observatorio".

El sindicalista, que es docente en el barrio de Val fourré (en Mantes-la-Jolie),  reconoce sin embargo que el balance de la experiencia es "moderado, esencialmente por falta de medios financieros y pedagógicos suficientes. Pero, en lugar de aumentarlos masivamente, la reforma Robien, aplicada en diciembre de 2005, concentra lo poco que hay en la mitad de los establecimientos en cuestión, a los que se denomina "colegios con ‘ambición de éxito'". Meir propone que en el futuro se haga exactamente lo contrario: "Frente a la pauperización y a las discriminaciones, las ZEP sólo mantendrán su legitimidad si apuntan al éxito de todos, para lo cual se requiere que inviertan el dinero y la fuerza humana necesarios para garantizar la miscibilidad social". En efecto, todos los informes así lo indican: sólo un presupuesto mayor permitirá contar con más docentes, y pagarles más, para que así puedan ocuparse de clases menos numerosas, con alumnos que gocen de suficiente ayuda social...

"Se habla de ‘discriminación positiva' como si se hubiera inventado algo nuevo, aun añadiéndole ‘a la francesa'", afirma François Vourc'h. Para este sociólogo a cargo de investigaciones en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), el Estado acepta finalmente "organizar tratos diferenciados" pues ese sistema cuesta "infinitamente más barato que realizar reformas de fondo a largo plazo". A su entender, la discriminación positiva es como un "taparrabos" ya que disimula "el esfuerzo que sería necesario para terminar con el orden social racista. Como se empezó a hacer con el orden social sexista". Por supuesto, no se trata de rechazar las "políticas voluntaristas" destinadas a "aliviar la situación de individuos o de grupos que sufren", pero a condición de "articularlas" con la "búsqueda de soluciones duraderas"...

Eso no tiene nada de teórico, como lo muestra nuestro interlocutor, dando algunos ejemplos. En un barrio de Marsella se le pidió a un gran supermercado que contratara gente del lugar: "Pero había que evitar el efecto de selección, que lo llevaba a tomar primero a los blancos, luego a los árabes y por último a los negros". Para François Vourc'h, la convención firmada entre la Escuela de Ciencias Políticas y las ZEP es positiva, pues abre las puertas a decenas de jóvenes de barrios populares. Pero "es útil sobre todo en la primera parte de la cadena, por la movilización que genera en los liceos, en sus docentes y sobre todo en los alumnos, y en el final de la cadena, por su posible extensión a todas las grandes escuelas".  Vourc'h estima igualmente innovadora la idea del currículum vitae anónimo, que "da a las personas en cuestión el rango de empleables". Ese sistema le recuerda el caso relatado por Hyacinthe Ravet 6, sobre una selección de músicos para una orquesta: sólo la instalación de una cortina que ocultaba a los aspirantes permitió la elección de... varias candidatas. Sin olvidar que "la lucha contra la discriminación en la contratación laboral debe prolongarse con acciones contra las discriminaciones a lo largo de toda la carrera, que obedecen a los mismos mecanismos"...

Otro sociólogo, Smain Laacher, se pronuncia a favor de cualquier medida que pueda "ayudar a hombres y mujeres discriminados a causa del color de su piel, de su nombre y/o de su lugar de nacimiento, tres marcadores de identidad que se asignan para toda la vida". Sin embargo, teme que "al no atacar las causas del problema, se finja movilizar el interés público y su generosidad únicamente para combatir los efectos". Y se pregunta si con "todas esas cosas" que se proponen no se acabará  "escogiendo la flor y nata" de aquellos a quienes se pretende promover, pues son "ajenas a la lógica de la masificación".

Otrora, prosigue Laacher, "la escuela garantizaba tanto la separación (respecto de la comunidad de origen) como la incorporación (a otros grupos sociales). Debido a la tendencia a crear guetos y a su propia falta de medios, le cuesta cada vez más alcanzar esos objetivos". Ante tales desafíos, la "discriminación positiva" tal como la entienden algunos "parece a la vez patética e irrisoria. Abdica frente a los problemas múltiples y acumulados". Para Laacher, lo que se requiere actualmente es "una total reestructuración de la política educativa, del empleo y de la vida en la ciudad". 

  1. L'Humanité, París, 31-8-02.
  2. Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia.
  3. www.ilo.org/public/french/bureau/inf/download/discrim_france.pdf
  4. Consejo de Estado, Sur le principe d'égalité, La Documentation française, colección "Études et documents", n° 48, París, 1997.
  5. Las 752 ZUS, que suman cerca de cinco millones de habitantes, registran un atraso escolar dos veces superior al del promedio nacional.
  6. "Professionalisation féminine et féminisation d'une profession. Les artistes interprètes de musique", Travail, Genre et sociétés, n° 9, L'Harmattan, París, abril de 2003.

¿Cuáles estadísticas étnicas?

Vidal, Dominique

Las “estadísticas étnicas”, igual que la “discriminación positiva”, son objeto de una de esas polémicas formales a las que son afectos los medios franceses. En Francia, como en el resto de Europa, las discriminaciones afectan particularmente a las personas de extracción inmigratoria, ya sea que ellas mismas se reconozcan de ese origen, o que se sientan así consideradas por los demás. Sólo estadísticas fiables pueden dar cuenta de esas desigualdades y dar una idea de su dimensión. Por lo tanto, la pregunta que se impone no es: “¿se necesitan estadísticas étnicas?”, sino: “¿qué tipo de estadísticas pueden dar cuenta de las discriminaciones de tipo étnico?”
Al respecto, algunos parecen descubrir la luna. Desde 1999 investigaciones oficiales del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) integraron el país de origen y la nacionalidad de las personas. El estudio anual de 2005 sobre el empleo, realizado sobre 40.000 personas, incluía los grupos “Maghreb” y “Europa del sur”. Georges Felouzis, en su famosa investigación sobre la segregación en la escuela, utilizó los nombres de pila que figuraban en los ficheros de los colegios 1. Sin olvidar, en materia de empleo o de vivienda, que el sistema de testing también recurre a nombres de pila: es el caso de las investigaciones del Observatorio de las Discriminaciones.

Medición de las discriminaciones.

El presidente de ese organismo, Jean-François Amadieu, profesor en la Universidad de París-I, recientemente tomó la iniciativa de lanzar un petitorio contra el uso de “estadísticas etno-raciales” 2. A su entender, son “inútiles”: las informaciones actualmente disponibles –nacionalidad de las personas, de sus padres y abuelos, ídem respecto del lugar de nacimiento, de residencia, nombres de pila–“alcanzan para medir de manera fiable las discriminaciones. En realidad, el método es inseparable del objetivo perseguido. Los que exigen más datos  –estima Amadieu– tienen otra idea en la cabeza: las estadísticas étnicas representan para ellos el medio de imponer la discriminación positiva. Las estadísticas son su caballo de Troya. ¿De qué sirve saber cuántos empleados negros o árabes tiene una empresa, sino para imponer cupos?”
En general el profesor Amadieu invoca fundamentalmente los principios de la República 3. Esta vez cambió de argumento y reprochó a los partidarios de las “estadísticas étnicas” querer introducir una metodología redundante, considerando que los criterios actuales alcanzan para poner en evidencia las discriminaciones. En realidad, el argumento puede ser invertido fácilmente: si el Observatorio de las Discriminaciones ya utiliza estadísticas casi étnicas, ¿por qué no perfeccionarlas?
En todo caso, Patrick Simon, investigador en el Instituto Nacional de Estudios Demográficos, duda de la pertinencia del “método Amadieu”. “Hasta ahora nunca vi en su sitio publicaciones científicas serias. La utilización de los nombres de pila funciona más o menos en el caso de los árabes –aunque la proporción de nombres ‘franceses’ en las familias de origen magrebí aumenta sensiblemente– pero no funciona en el caso de los africanos ni de los antillanos. ¡Si vamos a utilizar estadísticas, al menos que sean serias!“
¿Estadísticas étnicas? “Nunca me manifesté a favor de ellas”, prosigue Simon. “Lo que digo es que para combatir las discriminaciones hay que medirlas, de una manera o de otra.” Las estadísticas,  explica-materializan las desigualdades de trato y por lo tanto permiten orientar la política oficial para combatirlas. Y concluye: “Entre mi palabra y la de alguien que niega la existencia de discriminaciones, sólo las cifras pueden mostrar quién tiene razón. Queda por definir cuál será el mejor método. Ya es hora de reflexionar sobre el tema”. 

  1. Véase Georges Felouzis y Joëlle Perroton, “Exclusión y racismo en las escuelas”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2005.
  2. Libération, París, 23-2-07.
  3. Commune autarisme
  4. Véase Marie-France Valetas y Arnaud Bringé, “Prénom des enfants d’ immigrés en France”, en Mélanges à Thèrése Locoh, éditions de l’ INED (de próxima aparición). Sin olvidar el creciente número de “franceses de estirpe” que tienen un nombre de pila árabe...


Autor/es Dominique Vidal
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 95 - Mayo 2007
Páginas:24,25
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Discriminación, Estado (Política)
Países Francia