Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

La AMIA y la comunidad

A punto de cumplirse 13 años desde el atentado que destruyó su sede social y provocó numerosas víctimas, la Asociación Mutual Israelita Argentina ha reconstruído el edificio en el mismo sitio y ampliado las ya notables prestaciones sociales que ofrece no sólo a judíos, sino a toda la comunidad. Entretanto, las opiniones sobre el grado de antisemitismo existente en Argentina divergen y el atentado sigue sin esclarecerse.

"Simplificando: el racismo clásico parte de una representación física o biológica de la alteridad para, ante todo, considerar inferiores a ciertas personas; el nuevo racismo tiene su origen en una representación cultural o religiosa de la alteridad para, ante todo, segregar, rechazar, incluso eliminar o destruir."

 

Michel Wieviorka 1

 

Nacida hace más de cien años, en 1894, la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en sus orígenes se dedicó a ayudar a huérfanos y viudas, a asesorar a inmigrantes judíos -provenientes en su mayoría de Europa Oriental- y a organizar sepelios. Tal es así que el primer nombre de la institución fue Jevrá Kedushá, que significa "sepultura honrosa". Es que hasta ese momento, en Argentina, sólo existían cementerios para los denominados disidentes, disponibles para todas las confesiones religiosas no católicas. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, la institución amplió sus servicios y funciones, volcándose a la ayuda social. "Había mucha gente que venía sola, sin familia; en ese momento la AMIA se transformó en un centro de integración y de reunión de toda la comunidad judía", dice Luis Grynwald, presidente de la AMIA.

Actualmente la institución cuenta con 22.000 familias asociadas y lleva adelante más de 150 programas sociales. Administra 5 cementerios y desarrolla tareas de ayuda social para sectores necesitados: asiste a 1.400 familias judías y no judías pobres. En la asociación existe, entre otros servicios, un área de recreación para mayores de edad, una de ayuda para discapacitados y una bolsa de trabajo. Además, tiene un espacio destinado a exhibiciones de arte, una editorial -Milá-, un centro de documentación del judaísmo y un moderno anfiteatro.

Si hubo un día que marcó un antes y un después en la historia de esta institución, es sin dudas el 18 de julio de 1994, cuando una bomba estalló en la sede central, destruyendo el edificio. El saldo es una herida profunda, abierta, que dejó 85 muertos, más de 300 heridos, y en los familiares y sobrevivientes, secuelas psicológicas graves, de esas que tocan cuerpo y alma. ¿Cómo fue el día después? ¿Cómo se recomienza? "Fue una situación muy difícil. Hubo dos áreas, la de empleo y la de sepelios, en las que la totalidad de los empleados fallecieron, de modo que se perdieron los saberes acerca de cómo hacer esa tarea", afirma Daniel Pomerantz, Director Ejecutivo de la AMIA. "No sabíamos cómo sepultar, cómo era el trámite administrativo", recuerda Grynwald.

Después del atentado, cuando aún no se sabía con certeza la cantidad de muertos y la prioridad era contener el desconsuelo de parientes y amigos, se tomó la decisión de reconstruir el edificio en el mismo sitio en el que estaba. "Esto significa -dice el presidente de la AMIA- que el terror no venció, que no nos doblegó, que estamos de vuelta y con el doble de funciones: se potenció el trabajo y el amor por la institución".

Hoy al ingresar al nuevo edificio, reinagurado en 1998 con extremas condiciones de seguridad, se percibe el dolor latente en una escultura cinética que invita, al recorrerla, a descubrir nuevas formas, colores, y acaso nuevas ilusiones. La esperanza de Grynwald es que el apoyo inicial de la sociedad civil, que después del atentado hizo sentir su contundente repudio, no se apague. Fueron justamente esas intensas muestras de solidaridad las que impulsaron un cambio: un viraje hacia el exterior en el que la AMIA, en lugar de replegarse sobre sí misma, decidió integrarse más activamente en la sociedad. "Tomamos la decisión de transformar el servicio de empleo en un servicio distinto: abierto a toda la comunidad y más profesionalizado, que permitiera una expansión mayor de la prestación", recuerda Pomerantz.

Entre los servicios que presta hoy la institución, el de la bolsa de empleos es clave. Se trata de una red que agrupa a una decena de oficinas de empleo en todo el país, con una base de datos de 350.000 personas y 6.000 pymes. En 2006, hubo 2.500 personas que consiguieron empleo por medio de esta red. "Más del 90% de quienes participan en este programa no son judíos. Y esto lo sabemos por inferencia, porque a nadie se le pregunta si es judío o no", explica Pomerantz.

Perfil de un discriminador

Etiquetar, señalar, demonizar y excluir a un grupo de la sociedad; a eso apuntan las prácticas discriminatorias. Una violencia que en ocasiones se manifiesta explícita y virulenta y, en otras, velada y sutil, pero que en todos los casos busca silenciar derechos, denostar, estigmatizar al otro, vivido como alteridad degradada, especie de imagen ominosa.

En Argentina este señalamiento al judío es de antigua data. Ya en los años veinte, las cédulas de identidad de los inmigrantes judíos eran marcadas con una estrella de David punteada 2. Y lo más curioso del caso es que "los documentos de los nacidos en el país después de esa fecha también se señalaban con una estrella", recuerda Mario Feferbaum, director del CES -Centro de Estudios Sociales de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas)- y del Museo del Holocausto.

En la actualidad, la discriminación hacia los judíos se monta sobre múltiples dimensiones, que apuntan a aspectos religiosos, étnicos y culturales. "Se advierte una amplitud en la forma de discriminar", advierten desde el CES y agregan que esta clase de discriminación presenta rasgos comunes con la ejercida contra la comunidad gitana como grupo étnico.

Pero, ¿quién es este sujeto que discrimina? ¿Es posible establecer una especie de perfil del discriminador? "En toda discriminación hay un prejuicio que siempre es ignorancia o un conocimiento falso. En otros casos está la necesidad de subestimar a los otros para valorarse a sí mismo. Es una cultura dicotómica en la que el sujeto se afirma en detrimento del otro: sólo se es por el conflicto con el otro", considera María José Lubertino, presidenta del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo).

Para los integrantes del CES, no es exagerado afirmar que en la República Argentina existe una cultura discriminatoria. En eso coinciden plenamente. "Este tipo de discurso discriminatorio antisemita está tamizado en toda la sociedad. No se puede separar por clases. Sólo se modifica la forma del comentario", explica Marisa Braylan, coordinadora del CES, refiriéndose a la mayor o menor rusticidad del discurso discriminatorio.

Muy por el contrario, José Nun, secretario de Cultura de la Nación, considera que hablar de una "cultura discriminatoria" en Argentina implica una fuerte generalización: "No creo -dice- que hoy el antisemitismo constituya una variable muy decisiva en la vida argentina: hubiera sido absolutamente impensable, hace 20 años, que el ministro de Educación de Argentina, el secretario de Cultura de la Nación -refiriéndose a él mismo- o el jefe de Gobierno de la Ciudad fueran judíos".

Nun sostiene que es necesario analizar el grado de información y de educación, el nivel cultural y social de los sectores a los que uno se refiere. En relación a este punto, basándose en el estudio de Gino Germani sobre antisemitismo en  Argentina -un clásico donde el autor establece una tricotomía entre clase alta, media y baja-, Nun analiza la situación actual. Germani, entre otros puntos clave, "llegó a la conclusión -señala Nun- de que un tercio de los respondentes de clase baja expresaban actitudes antisemitas, el porcentaje bajaba en la clase media y no superaba el 6 o 7% entre los entrevistados de clase alta". Para Nun, es necesario hacer foco en este último sector, cuyo universo simbólico juega un papel muy central en la discriminación que se extiende a otras dimensiones de la vida social. "Hay -explica Nun- un paradigma que los diferencia del resto: son los verdaderos antisemitas. Se trata de un antisemitismo muy difícil de erradicar porque alcanza también a otros sectores. Es una posición en la vida que diferencia entre la elite y el resto". Por esta razón, Nun sostiene que hay que establecer una profunda diferencia entre el antisemita con un nivel educativo alto y el antisemita con un nivel educativo medio o bajo, al que considera un caso marginal. "Por la solidez y por la dureza de sus convicciones, el caso peligroso -dice- en términos de discriminación sigue siendo el primero. Se trata de un modo de construir la realidad social en el que reserva un lugar negativo para ciertos grupos sociales. Y esto no se cambia con meras demostraciones científicas probatorias de la falta de sustento de esa actitud porque tiene más que ver con valores. En el otro caso, en cambio, es mucho más instrumental y menos ligado a valores".

"Dar la batalla"

Hoy, ¿con qué características se asocia al judío?, ¿qué valores se le atribuyen? Entre los muchos rótulos que circulan, el judío es etiquetado como avaro, comunista, banquero o dueño de los medios de comunicación. Se lo considera además más leal al Estado de Israel que a Argentina, informan desde el CES. Y si hablamos de cantidad de casos, en la Argentina, la suma total de hechos discriminatorios hacia miembros de la comunidad judía en 2005 3 fue el doble de los registrados en 2004. Y en 2006 se observa la misma tendencia, aunque es interesante destacar que el aumento total de los casos 4 se debe al incremento de las pintadas (muchas relacionadas con el conflicto de Medio Oriente asocian a Israel con un Estado nazi), y a la mayor cantidad de denuncias públicas realizadas. En 2005, de los 373 hechos discriminatorios antisemitas registrados, 241 corresponden a pintadas con inscripciones realizadas en la vía pública o en propiedades pertenecientes a miembros de la comunidad judía. Mientras que en 2006, de los 586 casos registrados, el 40% corresponde a pintadas.

Lo cierto es que la cantidad de hechos registrados en los dos últimos años aumentó significativamente 5. Pero lo más curioso del caso es que todas las denuncias fueron realizadas exclusivamente por judíos. No hubo ningún episodio en el que una persona de otro credo decidiera tomar cartas en el asunto. En muchas oportunidades, dibujos de esvásticas, pintadas antisemitas y nazis permanecieron largo tiempo en frentes de casas e instituciones educativas hasta que un miembro de la comunidad judía hizo la denuncia. "Hubo casos de escuelas públicas que tuvieron pintadas con esvásticas durante meses. Es impensable que ningún padre se haya quejado y haya pedido que las tapen", opina Claudio Avruj, Director Ejecutivo de DAIA. Se podría pensar, entonces, que no impera una mirada social atenta que señale y condene rápidamente la discriminación como accionar repudiable. En el mismo sentido, Avruj considera que si bien en un primer momento el atentado a la AMIA conmocionó a la población, con el tiempo ese ímpetu inicial se apagó: "Poco a poco la sociedad lo fue desplazando hacia un tema exclusivo de los judíos", dice.

El del fútbol es sin dudas uno de los espacios en el que se condensan prácticas discriminatorias; entre ellas las antisemitas. Por este motivo, se autorizó a los árbitros, en caso de observar manifestaciones discriminatorias, a suspender los partidos. Claro que esta tarea, se sabe, no resulta nada fácil y muchas veces la suspensión del juego puede despertar una violencia incontrolable.

Banderas con esvásticas y violentos cantos antisemitas son moneda corriente en muchos partidos. Pero el caso más perturbador se registró el 26 de febrero de 2000, en el partido entre Defensores de Belgrano y Atlanta, este último identificado en el ámbito futbolístico con la comunidad judía. En esa oportunidad Defensores de Belgrano recibió al equipo contrario tirándole jabones, en alusión a las pavorosas prácticas nazis. Escalofriante.

A la hora de mencionar publicaciones antisemitas, los miembros del CES no vacilan: los periódicos Patria Argentina y Cabildo son algunos de ellos. Y entre las muchas páginas con ideología discriminadora que pueden rastrearse en internet, http://www.paraguayns.tk/.es 6 es una de las que abiertamente defienden la ideología nazi. En este sitio, entre imágenes de esvásticas, Hitler es celebrado como un "héroe de Occidente" y "líder del sacrificio personal". Además, se niega el Holocausto, al que se denomina "holocuento" y se acusa a los judíos de "ser hijos del diablo dispuestos a dominar el mundo".

Ante estos inquietantes casos, es difícil dejar de preguntarse cómo frenar la discriminación, cómo evitar que se propague -y acaso se instale- el odio de estos grupos. María José Lubertino afirma que es necesario "dar una batalla cultural, ya que la mayoría de la gente no registra con atención este tema". Y agrega que para solucionar estos hechos de discriminación, la institución que preside prioriza "la resolución rápida de los conflictos". Claro que hay casos en los que es preciso recurrir a la instancia judicial 7. Además, es necesario aclarar que en Argentina la venta de símbolos nazis no está penada 8. De este modo, estatuillas con la imagen del Führer y esvásticas pueden venderse con absoluta libertad y hasta exhibirse en las vidrieras de los negocios. Y si de prohibir se trata, Lubertino no considera que ésta sea la solución: "No creo -afirma- que la restricción de objetos cambie los contextos ideológicos". Y agrega: "Es necesario que la propia sociedad genere los anticuerpos necesarios para repeler este tipo de conductas".

Es inevitable interrogarse sobre cuál es el límite de tolerancia que admite un sistema democrático. ¿Qué margen de tolerancia admiten estas expresiones -ya sea en formato de publicaciones, contenidos en sites o merchandising del nazismo- sin ofender al credo judío y sin atacar, al mismo tiempo, la pretendida libertad de quienes sostienen estas prácticas? ¿Es posible modificar la ideología de los antisemitas? A la hora de pensar en un cambio, Nun considera fundamental analizar las ideologías discriminatorias cristalizadas: "Es muy difícil transformar a un nazi, cambiar su actitud, porque para que haya diálogo es necesario que haya valores y una visión del mundo compartida". Por eso, para Nun, si se espera un cambio en el plano ideológico, habrá que tratar de modificar la cosmovisión de los hijos de esos nazis.

En relación a este punto clave, Nun recuerda la impactante, perturbadora historia de Simón Wiesenthal, austríaco de origen judío sobreviviente de los campos de concentración y exterminio nazis, que luego de ser liberado se dedicó a llevar ante la justicia a criminales nazis de todo el mundo. En Los límites del perdón, Wiesenthal cuenta una experiencia escalofriante: siendo prisionero en un campo de concentración, fue llevado ante un soldado alemán moribundo, miembro de la SS, que después de confesarle sus brutales crímenes, le pidió su perdón. Ante esta solicitud, Wiesenthal se retiró silenciosamente. Sin embargo, luego de su liberación, cumplió con el último pedido del soldado: visitar a su madre y llevarle sus pertenencias. Tiempo después, Wiesenthal le pidió a distintas personalidades su opinión sobre lo ocurrido. ¿Qué hubieran hecho en su lugar? ¿Hubieran perdonado? Las opiniones registradas, desde luego, son muy distintas. Se podría pensar que hizo bien, que pedir el perdón a un judío elegido al azar, en un campo de concentración, implica una actitud plenamente antisemita: etiquetar y homogeneizar a todos los judíos, considerar, en suma, que el perdón de uno equivale al de todos. En esta línea, Primo Levi sostiene que para el nazi el perdón hubiera significado "una especie de consagración, una purificación que habría liberado su tardía conciencia religiosa del terror al castigo eterno". Para otros, en cambio, el arrepentimiento imponía el perdón. Distintas miradas que Wiesenthal, el gran cazador de nazis, echó a la luz. Y de eso se trató esta experiencia: hubo, desde luego, distintos criterios, pero "hubo sobre todo -como dice Nun- posibilidad de diálogo y de argumentación". 

  1. La Vanguardia, 20-3-06.
  2. Véanse imágenes en Nuestra Memoria, Año XII, Número 27, Fundación Memoria del Holocausto, Buenos Aires, junio de 2006.
  3. Del Informe sobre Antisemitismo en la Argentina en 2005, elaborado por el CES. Para realizar este informe se toman como fuente: las denuncias recibidas por el Departamento de Asistencia Comunitaria y por el Departamento de Asuntos Jurídicos de la DAIA; las denuncias realizadas ante el INADI y los casos consignados en medios gráficos, radiales y televisivos. Es importante destacar que este informe es tomado como fuente por el Anual Report on Internacional Religious Freedom del Departamento de Estado deEstados Unidos y por el Anti-Semitism Worldwide de la Universidad de Tel Aviv.
  4. Véase Nuestra Memoria, Año XII, Número 27, Fundación Memoria del Holocausto, Buenos Aires, junio de 2006, página 238.
  5. Uno de los casos más relevantes en 2006 fue la aparición de carteles y pintadas antisemitas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ver Clarín, Buenos Aires, 30-8-06.
  6. Quienes escriben en este site se presentan como "el primer Movimiento Nacional Socialista del Paraguay".
  7. En 2006 la Justicia condenó a una mujer por negarel alquiler a una pareja judía. A partir de este fallo, la dueña de la propiedad deberá indemnizar al matrimonio. Véase Página/12, Buenos Aires, 24-11-06.
  8. El Artículo 3 de la Ley 23.592 de penalización de actos discriminactorios establece que "serán reprimidos con prisión de un mes a tres años los que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial".

Trece años y ninguna respuesta

Oybin, Marina

A más de una década, muy poco se conoce acerca de quiénes fueron los culpables del atentado a la AMIA. Son, se sabe, más las conjeturas que los datos precisos. Es que desde sus inicios, la investigación del atentado estuvo plagada de sorpresas e irregularidades. En enero de 1998, Pedro Fonseca, suboficial retirado del Ejército, fue detenido por el juez Juan José Galeano por falso testimonio. Es que en 1995, a partir de las declaraciones de Fonseca se habían iniciado una serie de acciones judiciales. Todo fue en vano: en 1998 Fonseca cambió sus declaraciones y acusó al ex comisario Juan José Ribelli. Además, Hugo Anzorreguy, ex titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) durante el menemismo, admitió ante la justicia haber entregado, por intermedio del organismo que presidía, 400.000 dólares al ex juez federal Juan José Galeano –al frente de la causa AMIA–, quien, a su vez, entregó este dinero a uno de los principales imputados para que incriminara a policías bonaerenses. Aseguró, también, que ese envío de fondos se realizó por decisión del ex presidente Carlos Menem. Debido a una serie de irregularidades, en agosto de 2005, Galeano fue separado de la causa AMIA.
Hoy, 13 años después, las principales presunciones acerca de quiénes podrían ser los culpables del atentado son dos: una se centra en la idea de un complot interno con apoyo y conexión externa. La otra apunta exclusivamente a la denominada “pista iraní” 1. Lo cierto es que Interpol ha recibido de un juez argentino el pedido de captura de seis ex altos funcionarios iraníes y un libanés. Los funcionarios iraníes que quedaron fuera del pedido de extradición son: el ex presidente Alí Hashemi Rafsanjani, el ex canciller Alí Akbar Velayati y el ex embajador iraní en Argentina Hadi Soleimanpour, ya detenido y liberado en Londres en 2003, cuando el gobierno de Blair rechazó el pedido de extradición solicitado por Argentina.

  1. Ver Ignacio Klich, “Relaciones tumultuosas con Irán”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, marzo de 2007.


Autor/es Marina Oybin
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 95 - Mayo 2007
Páginas:42,43,44
Temas Sociología, Judaísmo, Sociedad
Países Argentina