Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Kosovo, una bomba de tiempo

La última reunión de negociación sobre el estatuto futuro de Kosovo se inauguró en Viena el 21 de febrero de 2007. El jefe de la delegación kosovar Vetton Surroi exigió la independencia, que el parlamento serbio excluyó formalmente en su votación del 15 de febrero. Al enviado especial de Naciones Unidas Martti Ahtisaari le costará mucho lograr un consenso sobre “soberanía bajo vigilancia internacional”.

Si las propuestas del emisario especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Martti Ahtisaari, presentadas el 2 de febrero de 2007, sirven como base para una resolución del Consejo de Seguridad de este organismo, colocarán a Kosovo en una senda que conduce inequívocamente a la independencia. Kosovo redactará su Constitución, tendrá su propio himno y bandera, y sobre todo, podrá afiliarse a todas las organizaciones internacionales, empezando por la misma ONU. Por cierto que la palabra "independencia" no aparece en ninguna parte del texto de Ahtisaari. Sucede que decretarla no corresponde al Consejo de Seguridad, y de hacerlo, contradiría la Carta de la ONU. El acceso a la independencia resulta de dos acciones: su declaración, y su reconocimiento por otros países. Por último, el documento de Ahtisaari no incluye referencia alguna a la soberanía de Serbia: siendo que el derecho internacional no admite el vacío, eso significa la soberanía de Kosovo.

Los dirigentes albaneses recibieron con beneplácito el documento enviado por el emisario de la ONU, que constituye un paso importante en el sentido de su principal reivindicación. En cambio, las propuestas son inaceptables para Belgrado, y era esperable la reacción de rechazo categórico expresada por todos los responsables serbios, empezando por el Presidente de la República, Boris Tadic. Aunque muchos dirigentes de Belgrado no tienen sobre Kosovo más que un tibio interés, y explican en privado que al país le convendría deshacerse de ese "fardo" (a cambio de una promesa de acercamiento acelerado a la Unión Europea), cualquier político serbio que admitiera la soberanía de Kosovo estaría firmando su muerte política.

La posición de Belgrado se recordó reiteradamente: sí a la mayor autonomía posible, pero sin declaración formal de independencia. Recientemente, Vladeta Jankovic, consejero del primer ministro Vojislav Kostunica, mencionó incluso la fórmula "un solo Estado, dos sociedades distintas", que excluiría toda posibilidad de intervención de Serbia en la vida política interna de Kosovo 1.

Cabe evaluar que los argumentos serbios hostiles a la independencia reivindicada por Pristina son ilegítimos o no merecen ser tenidos en cuenta, o considerar que debe primar la voluntad de los albaneses -que representan la aplastante mayoría de la población de Kosovo-. Por otro lado, la honestidad intelectual obliga a reconocer que el texto de Ahtisaari no tiene nada de un texto de compromiso: no contempla en absoluto los argumentos de Belgrado.

Gravosa tutela internacional

El principio de una negociación que culmina en un compromiso supone que ambas partes renuncien a algunas de sus pretensiones para encontrar un terreno de acuerdo aceptable. En el caso de Kosovo, no hubo compromiso entre Belgrado y Pristina -tal vez fuera imposible encontrarlo-. Tampoco hubo verdaderas negociaciones. En el único encuentro de alto nivel, organizado en Viena el 24 de julio pasado 2, ambas partes se limitaron a exponer sus respectivas posiciones, que Ahtisaari escuchó. Después de lo cual elaboró solo el documento que debería someterse al Consejo de Seguridad en una fecha que sigue sin definir, y cuya consideración dependerá de la gran partida de póker diplomática iniciada con Rusia.

Es probable entonces que Kosovo acceda a una independencia formal. Independencia que no obstante se verá limitada de inmediato por la instauración de una gravosa tutela internacional, sin límite temporal, tanto o más pesada que la que impera desde el fin de la guerra en Bosnia-Herzegovina, con los decepcionantes resultados ya conocidos. En el documento enviado por Ahtisaari, los poderes conferidos al Representante Civil Internacional (ICR), que representa también a la Unión Europea, serían de naturaleza análoga a los poderes especiales, llamados "poderes de Bonn" 3. Estos se confieren al Alto Representante Internacional de Bosnia-Herzegovina, e incluyen ante todo la posibilidad de imponer o vetar leyes votadas por el Parlamento, o de destituir dirigentes políticos. El mandato del ICR finalizará solamente cuando el Grupo de Pilotaje Internacional (ISG), dirigido por el Consejo de Seguridad de la ONU, decida que Kosovo puede prescindir de esta tutela.

Pero los efectos contraproducentes de la tutela internacional son ampliamente conocidos en Bosnia-Herzegovina. Ésta confina a los dirigentes políticos locales en la irresponsabilidad, permitiéndoles ceder a las bondades de la demagogia. Es asimismo generadora de una gestión opaca del dinero, que permite comprar la "sensatez" y "moderación" de los políticos locales 4. Es, entonces, estructuralmente productora de corrupción. Las mismas causas no dejarán de producir los mismos efectos en Kosovo.

La nueva tutela que ejercerá la Unión Europea entra en vigencia al cabo de casi ocho años de protectorado internacional de la ONU, de balance particularmente pobre. El objetivo de una sociedad multiétnica sigue siendo un deseo piadoso, la justicia ha colapsado, la situación económica y social sigue siendo catastrófica. Si bien en el documento de Ahtisaari no se establece nada al respecto, la tutela internacional sigue teniendo un carácter transitorio. ¿Pero hay algo que pueda hacernos creer que dentro de uno, dos o cinco años Kosovo será "más apto" que hoy para autogobernarse sin tutela?

¿Cabe asimismo pensar que los ciudadanos y políticos albaneses aceptarán de buena gana esta tutela de larga duración? En ocasión de su conferencia de prensa del 2 de febrero, los miembros del equipo unitario de negociación albanés ostentaban sonrisas forzadas, dado que habían comprendido perfectamente que la perspectiva de una independencia "plena" seguía siendo lejana.

Más radical, el dirigente del movimiento Vetëvendosje (Autodeterminación), Albin Kurti, subraya el carácter antidemocrático de la tutela internacional. El 10 de febrero, sus militantes manifestaron en las calles de Pristina, denunciando con virulencia las propuestas de Ahtisaari. En efecto, cada vez que la voluntad de los ciudadanos de Kosovo y sus legítimos representantes no coincida con las desiderata de la "comunidad internacional", ésta tendrá en todos los casos la última palabra. Es de temer que los conflictos no tarden en multiplicarse, y el Vetëvendosje tenga seguramente oportunidad de organizar muchas otras manifestaciones...

La coartada étnica

Kosovo padece una evidente falta de experiencia democrática. Pero no hay democracia sin responsabilidad de los representantes políticos, que deben asumir plenamente sus actos y consecuencias. Una cantidad creciente de albaneses toleran cada vez menos la arrogancia de "la pandilla de las 4x4 blancas", como llama el movimiento Vetëvendosje a los funcionarios de la ONU y otras oficinas internacionales. Una vez superado el eventual momento de gracia de la declaración de la independencia, este resentimiento no puede sino aumentar, dado que nada permite suponer que la situación económica y social de Kosovo pueda mejorar. Al mismo tiempo, las propuestas del emisario de la ONU conducirán a una nueva pulseada con Belgrado, de imprevisibles resultados y consecuencias.

El documento enviado por Ahtisaari insiste en el carácter "multiétnico" de la sociedad que debe construirse de aquí en más en Kosovo. Esta exhortación suena bastante poco creíble, cuando serbios y gitanos fueron víctimas de un éxodo masivo desde que las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) entraron allí en junio de 1999.

En 2003, el administrador de la ONU Michael Steiner había fijado ocho "estándares" que Kosovo debía alcanzar para que pudieran iniciarse las conversaciones sobre su estatuto final. Los más importantes de ellos preveían el derecho al regreso de los evacuados y refugiados, así como la libertad de circulación para todos los habitantes de Kosovo. Estos estándares no se alcanzaron en absoluto, pero las revueltas del 17 de marzo de 2004 y el temor de nuevas acciones violentas de los "extremistas" albaneses empujaron a la ONU a precipitar la apertura del proceso de definición del estatuto. La misma "comunidad internacional" renunció pues a respetar los principios que había fijado.

El documento de Ahtisaari prevé derechos específicos para los miembros de todas las comunidades nacionales y religiosas. Los futuros emblemas de Kosovo deberán incluir los "símbolos nacionales" de esas distintas comunidades. La perspectiva de una bandera con símbolos albaneses, serbios, gitanos, bosnios, turcos, ashkallis, egipcios, etc., es un verdadero desafío a la vexilología 5.

Si bien cabe alegrarse de que esos "pequeños pueblos" de Kosovo al menos una vez no hayan sido olvidados 6, esta atención llega bastante tarde. Además, el "sistema" instaurado por la "comunidad internacional" no deja de producir ciertos efectos perversos. Turcos y bosnios deben aceptar someterse a una cruel "albanización" para asegurarse un lugar dentro del espacio social de Kosovo, mientras que la administración de la ONU sigue promoviendo la lengua bosnia, cuando los bosnios de Kosovo hablan normalmente en serbio, y con el acento serbio de Kosovo. Asimismo, el sistema administrativo instaurado a partir de 1999 favoreció la fragmentación de la comunidad gitana y el desarrollo de nuevos grupos étnicos, los ashkallis y los egipcios. En el Kosovo "multiétnico" de mañana, ciertos dirigentes comunitarios ampliamente autoproclamados podrán seguir gozando de las prebendas del sistema, siempre que acepten ser funcionales a la coartada étnica.

Al igual que el resto de las sociedades de los Balcanes, la sociedad de Kosovo nunca fue "multiétnica", al menos en el sentido en que lo entienden las buenas conciencias internacionales. En cambio, distintas comunidades nacionales, lingüísticas y/o religiosas, supieron vivir durante siglos en este territorio, en relativa armonía. Su relación evolucionó ininterrumpidamente, y se redefinió siguiendo distintas lógicas de intereses, conflictos o cooperación. La experiencia histórica de los últimos veinte años -la violencia del régimen de Milosevic, el avance del nacionalismo albanés, la guerra, la triste posguera en la que hace casi ocho años languidece Kosovo- cortaron muchas de las relaciones intercomunitarias 7. Y el discurso internacional establecido sobre la "multietnicidad" tiene muy pocas probabilidades de restaurarlas.

Garantías en los papeles

La descentralización constituye por lo demás uno de los puntos salientes de las propuestas de Ahtisaari. En el doble discurso de la ONU, la palabra "descentralización" se convirtió en el modo políticamente correcto de aludir a las ventajas y privilegios acordados a los serbios de Kosovo para intentar convencerlos de que no abandonaran el territorio ni hicieran separatismo. Así es como las ventajas que el documento de Ahtisaari propone a las comunas serbias de Kosovo son netamente más sustanciales que la autonomía que otorga a la "Republika Srpska de Bosnia-Herzegovina". Los serbios de Kosovo tendrán, entre otros, el derecho a la doble ciudadanía, mientras que las comunas autónomas serbias podrán establecer relaciones entre sí y con Serbia. Se crea entonces una "Republika Srpska de Kosovo y Metohija", pero por supuesto, sin pronunciar su nombre. Hipocresía e ingenuidad van parejas en esta operación.

En efecto, es perfectamente ilusorio imaginar que los albaneses aceptarán sin resistencias esta amputación de una importante porción del territorio de Kosovo, que escaparía de hecho a la autoridad de Pristina. Más absurdo aun es pensar que las ventajas que se les prometen convencerán a los serbios de que acepten de buena gana convertirse en ciudadanos de un Kosovo independiente. En su crónica semanal del diario serbio Danas, el propio ex embajador de Estados Unidos en Belgrado William Montgomery reconoció que "los serbios de Kosovo no tienen motivo alguno para confiar en la comunidad internacional", y que las garantías prometidas a las minorías nacionales existen sólo en los papeles 8.

Recuperar el contexto regional

Según el mapa de las municipalidades propuesto por el informe de Ahtisaari, los problemas podrían concentrarse en tres sectores.

La región de Gnjilane/Gjilan, la gran ciudad del este de Kosovo, próxima a la frontera serbia, es la más afectada por la descentralización. La mayoría de las poblaciones que rodean a la ciudad son serbias, y se constituirían en nuevas comunas autónomas, o bien anexadas a la ya existente de Novo Brdo. Así, Gnjilane/Gjilan estaría "rodeada" por comunas serbias. El movimiento Vetëvendosje concentra su campaña contra la descentralización en esta zona, aprovechando el sentimiento de temor de los albaneses. Para estos militantes radicales, la descentralización lleva ineludiblemente a la partición de Kosovo.

La zona serbia del norte de Kosovo constituye el otro punto oscuro. Las propuestas de Ahtisaari plantean congelar la situación imperante en el lugar. El río Ibar marca una frontera que separa el norte de Kosovo, contiguo a Serbia, del resto del territorio. No obstante, dentro del actual estado de cosas, las posiciones de los dirigentes serbios locales permiten pensar que en caso de independencia formal de Kosovo, esta zona proclamaría su propia secesión de esta última, y podría convertirse en un importante foco de tensiones.

Si se produjeran estallidos de violencia provocados por elementos radicales albaneses o serbios, los serbios de los enclaves situados al sur del río Ibar se encontrarían en la situación más complicada. Ninguna forma de autonomía está prevista para estos enclaves, como las aldeas de Gorazdevak y Velika Hoka o el gueto serbio de Orahovac/Rahovec. También en el sur de Kosovo se encuentran los más prestigiosos monasterios serbios, como Visoki Decani, y la sede patriarcal de la Iglesia Ortodoxa de Pec/Peja. Para las iglesias y monasterios, está previsto un estatuto extraordinario, acompañado por vastas "zonas de seguridad", cosa que disgusta a muchos albaneses.

Las experiencias de junio de 1999 y marzo de 2004 mostraron cuánta confianza podía otorgarse a las tropas de la OTAN en la protección de los santuarios medievales o las poblaciones civiles... Nuevas destrucciones, así como un nuevo éxodo de los serbios de los enclaves, constituyen escenarios que no habría que descartar. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) elabora por otra parte en secreto, desde hace meses, algunos mecanismos que permitan hacer frente a la afluencia de nuevos desplazados a Serbia.

Ahtisaari parece hacer suyos dos principios erróneos y contraproducentes que orientaron la gestión de la comunidad internacional en las guerras yugoslavas de los años '90: separar los problemas y ganar tiempo difiriendo su resolución.

Sin embargo, no se hallará ninguna solución aceptable a la cuestión de Kosovo mientras se la abstraiga del contexto regional, y en particular de la existencia de una cuestión nacional albanesa transfronteriza. Por el contrario, la construcción institucional que propone Ahtisaari para Kosovo, al que "aisló" de su contexto regional como si fuera un producto de laboratorio, corre el riesgo de desencadenar una nueva conflagración regional, ya que provocará un sinnúmero de frustraciones, tanto entre los serbios como entre los albaneses.

Dado que un 60% de la población de Kosovo tiene menos de 25 años, y el desempleo afecta oficialmente a más de la mitad de la población activa, frustraciones sociales y sueños nacionales podrían componer un cóctel explosivo. Dentro del sistema de tutela que debería instaurarse, correspondería a la Unión Europea seguir pagando el precio de pesadas misiones civiles y militares, unos programas de reconstrucción vastos e inoperantes, sin olvidar los jugosos honorarios de innumerables legiones de expertos. Esta administración neocolonial no tardará en atraer el resentimiento de las poblaciones.

Brilla por su ausencia lo esencial, a saber, una verdadera estrategia de desarrollo económico en Kosovo, que supone una integración regional asociada a una perspectiva creíble de integración europea. A falta de lo cual Kosovo corre grandes riesgos de seguir siendo un polvorín por mucho tiempo.

  1. Declaraciones difundidas por el sitio de la Radio B92, 10-2-07.
  2. Véase "Statut du Kosovo : une valse pour rien à Vienne?", Le Courrier des Balkans, 24-7-06.
  3. El texto íntegro enviado por Ahtisaari puede consultarse en el sitio de la Unosek.
  4. Véase Christophe Solioz, L'après-guerre dans les Balkans. L'appropriation des processus de transition et de démocratisation, Karthala, París, 2003.
  5. Véase Veton Musliu, "Hymne, drapeau : quels symboles pour le Kosovo ?", Le Courrier des Balkans, 4-2-07.
  6. Véase "Les ‘petits peuples' oubliés des Balkans", Le Monde diplomatique, París, julio de 2003.
  7. Véase "Le mythe d'un Kosovo multiethnique", Etudes, París, enero de 2007.
  8. Véase "Kosovski Srbi nemaju razloga da veruju medjunarodnoj zajednici", Danas, 10-2-07.

Un conflicto de larga data

1389. Batalla del Campo de los Mirlos: fin del imperio serbio, luego de la derrota sufrida frente a los turcos. El imperio otomano conquista Kosovo.
1918. Kosovo forma parte del nuevo Estado yugoslavo, Reino de los serbios, croatas y eslovenos.
31 de enero de 1946. Nacimiento de la República Popular Federativa de Yugoslavia, donde Kosovo es una “región autónoma”, pero muy subordinada a Belgrado.
1974. Nueva Constitución yugoslava, que refuerza la autonomía de Kosovo, dotado de instituciones políticas propias.
1981. En la primavera boreal, decenas de miles de albaneses de Kosovo reclaman el estatuto de República. Represión sangrienta.
23 de marzo de 1989. Una reforma de la Constitución serbia limita el estatuto de autonomía de Kosovo y Voivodina.
Julio de 1990. Serbia disuelve las instituciones políticas de Kosovo.
Febrero - marzo de 1998.  Aparición del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) e inicio de los enfrentamientos con los serbios, que causan cerca de 2.000 víctimas y 250.000 refugiados.
Marzo - junio de 1999. Guerra aérea de la OTAN contra la República Federal de Yugoslavia. 800.000 albaneses se refugian en los países vecinos.
Junio de 1999. Retirada de las tropas serbias de Kosovo. 250.000 serbios y gitanos huyen a Kosovo. Emplazamiento en la región de una administración provisoria de las Naciones Unidas (MINUK) y despliegue de la “Kosovo Force” (KFOR) de la OTAN.
Febrero de 2002. Ibrahim Rugova es (re)electo presidente de Kosovo.
Febrero de 2004. Violencias interétnicas: 19 muertos, 20 iglesias ortodoxas destruidas.
Enero de 2006. Fallecimiento del presidente Rugova.
Octubre de 2006. La nueva constitución serbia, aprobada por referéndum, considera a Kosovo parte integrante del país.
Febrero de 2007. Propuestas del enviado especial de la ONU, Martti Ahtisaari, sobre el estatuto.


La última pieza del rompecabezas balcánico

Derens, Jean-Arnault

La fórmula se ha reiterado con excesiva frecuencia: “El estallido de Yugoslavia empezó en Kosovo y terminará en Kosovo”. No hay duda de que Slobodan Milosevic utilizó ampliamente el tema de Kosovo para su ascenso político, en los años ‘80. Según una metáfora muy en boga en determinados círculos diplomáticos, la independencia de Kosovo representaría “la colocación de la última pieza del rompecabezas balcánico”. Esta independencia debería entonces cerrar la era de las fracturas y divisiones. Sin embargo, nada hay menos seguro que eso.
La independencia de Kosovo significaría una ruptura con la lógica que orientó la disolución de la URSS y de Yugoslavia, una lógica que preveía la posibilidad de un acceso a la independencia de las repúblicas federadas (que era el caso, por ejemplo, de Montenegro), pero no para las provincias, repúblicas y otras entidades simplemente autónomas (como Kosovo, pero también, en el Cáucaso, Chechenia o Abjasia). Esta independencia constituiría entonces un precedente incuestionable.
Hace meses que la diplomacia rusa explica que la solución de la cuestión de Kosovo debe fundarse en principios “universales”: si se reconoce la independencia de Kosovo, ¿por qué no la de Transnistria? Los partidarios de la independencia sostienen, por el contrario, que Kosovo representa “un caso específico”, pero no han logrado convencer realmente de la pertinencia de su argumento.
Diversos países temen “el efecto de arrastre” que podría tener la independencia de Kosovo. En la Unión Europea, España se opone rotundamente a la independencia porque piensa en el País Vasco y en Cataluña. Lo mismo sucede con Rumania, que piensa por su parte en su minoría húngara de Transilvania.
El “endurecimiento” de la posición rusa constatado hace meses por todos los diplomáticos se explica probablemente por la voluntad del Kremlin de mostrar su nueva fuerza en la escena internacional. Moscú rechaza toda solución que no sea “aceptable” para ambas partes, Belgrado y Pristina. El mito de la “fraternidad eslavo-ortodoxa” entre Rusia y Serbia cuenta mucho menos que la voluntad de Vladimir Putin de mostrar su capacidad de entablar una pulseada con los países occidentales, una actitud que pudo verificarse en ocasión de su discurso en Munich, el 10 de febrero...
A nivel regional, el acceso de Kosovo a la independencia no carecerá de consecuencias en Bosnia-Herzegovina. Los dirigentes de la Republika Srpska, la “entidad serbia” de ese país aún dividido, no dejan de subrayar que la independencia de Kosovo sentaría un precedente que justificaría sus aspiraciones a la secesión. Belgrado tampoco renuncia a esgrimir esa carta, aunque la hipótesis de un “trueque” de Kosovo contra la Republika Srpska, que volvería a unirse a Serbia, parece difícil de encarar.  

Efectos en la comunidad albanesa. La situación es peligrosa en la medida en que Bosnia-Herzegovina sigue en un atolladero político. Todos los intentos de reforma de la Constitución emanada de los acuerdos de paz de Dayton fracasaron. Mientras los partidos bosnios y croatas siguen divididos, el primer ministro de la Republika Srpska, Milorad Dodik, logró reunificar el bando serbio. Su partido de los socialdemócratas independientes (SNSD) consiguió más del 50% de los votos serbios y ejerce absoluto dominio sobre todos los centros de poder de Banja Luka. El SNSD es también el partido político más poderoso de Bosnia. Había centrado su campaña en la reivindicación del derecho de la Republika Srpska a organizar un referéndum de autodeterminación. Recordemos que la carrera política de Dodik, iniciada después del final de la guerra, se debe en gran medida al apoyo de Estados Unidos. El jefe de los socialdemócratas serbios era entonces naturalmente presentado como un “moderado”.
La evolución del estatuto de Kosovo tendrá igualmente ineluctables consecuencias en el mundo albanés en su conjunto. Algunos comentaristas albaneses consideran ya la posibilidad de un acceso de Kosovo a la independencia como “una revancha sobre la historia”: las divisiones infligidas por las grandes potencias a la nación albanesa, en particular luego del despedazamiento del Imperio Otomano, estarían a punto de superarse. Pese a las garantías formales planteadas en el documento de Ahtisaari, que prohíben a Kosovo toda pretensión territorial o posibilidad de unión con alguno de sus vecinos, la cuestión nacional albanesa sigue indudablemente abierta.
Las autoridades macedonias estiman que es mejor que la cuestión de Kosovo se resuelva lo antes posible, por temor a eventuales repercusiones en el país, aún frágil a seis años de la conclusión de los acuerdos de paz de Ohrid con la guerrilla albanesa. ¿Pero qué atractivo podría tener un Kosovo independiente para los albaneses de Macedonia, que representan la cuarta parte de la población del país?
Deliberadamente, el documento de Ahtisaari no hace mención alguna al Valle de Presevo, en el sur de Serbia, donde viven alrededor de 100.000 albaneses. Estos designan esa región como el “Kosovo Oriental” y siguen soñando con unirse a un Kosovo independiente. En 2001, se expandió por la región una guerrilla. Creer que un problema desaparecerá si uno se abstiene de mencionarlo remite a la muy conocida política del avestruz.
La cuestión de Kosovo no puede hallar una solución satisfactoria mientras se haga abstracción de las dos grandes cuestiones nacionales transfronterizas que se plantean hoy en los Balcanes: la cuestión nacional albanesa y la cuestión nacional serbia. Para estas dos cuestiones, que de nada sirve transformar en tabúes, no hay más que dos tipos de soluciones. O bien se resolverán mediante modificaciones fronterizas, que inevitablemente acarrearán nuevos conflictos, y hasta una nueva guerra, o bien mediante la integración europea más rápida posible de la región en su conjunto, que tendrá justamente como consecuencia “relativizar” y hacer desaparecer progresivamente la importancia de las fronteras 1.

  1. Véase Jean-Arnault Dérens y Laurent Geslin, “Los desafíos de Serbia”, y “¿Ha llegado la hora de la ‘Gran Albania’?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2006.


Autor/es Jean-Arnault Derens
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 93 - Marzo 2007
Páginas:15,16,17
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Política internacional
Países Serbia (ver Yugoslavia)