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¿Kurdistán independiente o región autónoma iraquí?

El estatuto del Kurdistán es uno de los principales escollos en la discusión preparatoria para elaborar la ley fundamental iraquí. Los kurdos han abandonado el objetivo de la independencia pero exigen una Constitución federal que garantice su plena autonomía. Reivindican también la ciudad de Kirkuk y pretenden conservar su ejército, los peshmergas. El rechazo a estos reclamos sólo profundizaría su nacionalismo.

El Kurdistán iraquí, liberado durante la guerra del Golfo en 1991, vivió la guerra de 2003 separado del resto del país. Desde abril a diciembre, era posible viajar desde la frontera iraní hasta la frontera turca, pasando por Suleymanieh y Erbil, prácticamente sin ver un solo soldado estadounidense. Las primeras patrullas recién aparecerían en Kirkuk o en Mosul, las dos grandes ciudades del norte de Irak, liberadas el 10 y 11 de abril de 2003 por los peshmergas (guerrilleros kurdos). Poco después, en Chamchamal, un poblado situado ente Suleymanieh y Kirkuk, se eliminaron los puestos de control que desde hacía diez años impedían el acceso de los kurdos al resto del territorio iraquí y el paso de los otros iraquíes a las montañas kurdas.

Chamchamal está dominado por unas colinas donde el ejército iraquí acampaba desde 1991. "Antes vivíamos con miedo, los soldados disparaban contra nosotros regularmente. Ahora eso se acabó", se alegra Salah Hussein. En abril las calles estaban desiertas; a fines de noviembre se podía ver a los niños lanzándose barranca abajo con sus bicicletas, bajo los rayos del sol.

"La guerra fue una buena cosa para los kurdos. Nos salvó de la política de exterminio del partido Baas; nunca nos pasará nada peor", asegura Salah Ismail, vendedor de artículos domésticos en un mercado agitado como una colmena. Ahora quisiera poder volver a su tierra, Kirkuk. Muchas familias originarias de la capital petrolera del Norte viven en Chamchamal luego de haber sido expulsadas de su ciudad por la política de "arabización" desarrollada por el Baas en las últimas décadas. Pero por ahora "allá la situación no es segura".

Aquí la seguridad no parece ser una preocupación prioritaria. Desde hace doce años los peshmergas de las milicias de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) controlan la región, y "la población coopera, avisando a la policía en cuanto ve algo extraño". Hasta el 1 de febrero, prácticamente no se temían atentados. La doble explosión suicida que dejó más de cien muertos en Erbil durante la festividad del Aid, conmovió por cierto esa confianza 1. Sin embargo, consolidó la peculiaridad identitaria de la región, puesto que se la considera una agresión externa.

En Suleymanieh, capital de la región controlada por el UPK de Jalal Talabani, la caída de Saddam Hussein reactivó el nacionalismo kurdo. La población local dice sentirse más cerca de un kurdo turco o iraní que de un árabe de Bagdad. La política de alianza prioritaria con el partido chiita del difunto ayatollah Mohamed al-Hakim, Asamblea suprema de la revolución islámica en Irak (Asrii), implementada desde hace años por Talabani, genera escepticismo entre muchos de sus administrados. "Los árabes son un peligro para los demás, para las ‘minorías' y sus libertades. A nosotros nos trataron como lo hubiera hecho una potencia colonial. Si los chiitas llegan a tener mucho poder dentro del futuro gobierno, harán lo mismo. La única solución para los kurdos sería tener su propio país", insiste Khalid H. Ghareeb, que atiende la librería del café de los intelectuales.

En los últimos meses se formó un movimiento a favor de un referéndum. La petición, que ya recogió muchas firmas, reivindica el derecho de los kurdos a la autodeterminación. Pero el realismo político que predican los jefes kurdos Talabani y Barzani tiene sus partidarios. "Ninguno de nuestros vecinos aceptaría hoy en día un Kurdistán iraquí independiente. Quedaríamos encerrados en nuestras montañas. Un Irak unificado y democrático sería lo mejor por ahora", explica Rezza Ahmed, un vendedor de golosinas con físico de atleta.

Laboratorio de la unidad

Mosul, la gran ciudad del norte, cercana a Siria y a Turquía, es considerada como un laboratorio que permitirá medir la predisposición de los kurdos y de los árabes para trabajar juntos en la reconstrucción de Irak. La ciudad estaría compuesta por cerca de un 40% de kurdos, un 10% de turcomanos y un 50% de árabes. De esa metrópolis provenía la mayor parte de los cuadros del ejército iraquí. El antiguo régimen tenía profundas raíces, políticas y clánicas en Mosul.

"Los árabes nos maltrataron mucho", resume Omar Azzo, un kurdo, profesor de inglés y miembro del UPK, que acaba de regresar a su ciudad natal, de la que debió escapar en 2000. A su entender, los árabes apoyaron el régimen de Saddam Hussein hasta la década de 1980. Luego las cosas cambiaron con la guerra contra Irán, la guerra del Golfo en 1991 y la política de represión generalizada. Muchos fueron perseguidos y tuvieron que exiliarse, algunos en el Kurdistán. "Nosotros les brindamos nuestra ayuda humanitaria y financiera. Eso hace que hoy en día sea posible una alianza entre árabes y kurdos".

Kairy Hassan, de unos sesenta años, cara redonda, calvicie avanzada y boca desdentada, es el presidente del Partido del Bienestar, una de las numerosas formaciones árabes que participan -junto a partidos kurdos, turcomanos y cristianos asirios- en el renacimiento político de la ciudad. Kairy Hassan es árabe sunita, de profesión docente y en la década de 1950 participó en la fundación del partido Baas: "Queríamos construir un nuevo partido popular para servir al pueblo", afirma. Ante la acumulación de poder por parte de Saddam Hussein y su clan, decidió pasarse al Baas pro sirio y en 1969 terminó en la cárcel. Los dientes que le faltan los perdió en la tortura. "Ni la presencia de kurdos, ni las diferencias étnicas existentes en el país impiden la unidad de Irak. Fue la dirección del partido Baas la que creó el problema dirigiendo la violencia contra la población", añade.

Kairy Hassan se entrevistó por primera vez con Talabani en 1998, en la región de Suleymanieh, a donde viajó en seis oportunidades. "Hice ese trayecto a pie, en auto y hasta a lomo de mula. Era algo muy peligroso: una vez casi me liquida una unidad iraquí". Asegura que el UPK "no busca la independencia del Kurdistán. Sus líderes afirman que son parte del pueblo iraquí". Se manifiesta partidario de un Irak unificado, que no tenga en cuenta para nada las diferencias entre kurdos, árabes y turcomanos: "Irak para los iraquíes".

Pero las fuerzas de ocupación de la región (la 101ª división aerotransportada) no favorecen esa dinámica. El mayor-general David H. Petraeus confió el cargo de gobernador al ex general Ghanem Al-Basso, dirigente del Baas hasta 1993 2, que conservó en torno suyo una parte importante de la ex administración baasista.

En julio, las fuerzas de ocupación presentaban a Mosul como el modelo de la gestión estadounidense de la posguerra. Después, el ejemplo se transformó en su contrario. "El partido Baas sigue funcionando como tal en toda la ciudad. Sus células se reúnen regularmente para preparar sus acciones", comprobaba un responsable de la seguridad del UPK a fines de noviembre. Como por otra parte varios jefes integristas llegaron en el otoño para reforzar sus propias redes, los dos grupos trabajan de común acuerdo y serían los responsables de los atentados que padece Mosul casi todos los días.

A comienzos de noviembre, los primeros ataques contra helicópteros estadounidenses por parte de la Resistencia desataron una enérgica respuesta de las fuerzas de ocupación, destinada a intimidar a la guerrilla. Pero en realidad la operación Iron Hammer (martillo de hierro) no hizo más que exasperar a la población. "Los estadounidenses allanan las casas, violan nuestra intimidad, nos roban el dinero, los objetos de valor. La guerra no fue nada bueno. Lo único positivo fue la caída de Saddam", resume Arif, un árabe sunita.

El 1 de enero, el mayor-general Petraeus anunció la rendición de una docena de ex líderes del Baas. La captura previa de Saddam Hussein el 13 de diciembre, en un escondite del poblado de Dawr, cerca de Tikrit, conmocionó a sus partidarios. "Ahora, esas personas quieren participar en el nuevo Irak", señala el jefe de la 101ª división. Más de mil ex miembros y oficiales de los servicios secretos del pasado régimen participaron el 26 de enero en una curiosa ceremonia organizada por las fuerzas de ocupación estadounidenses, durante la cual abjuraron de su pertenencia al partido Baas 3.

En este contexto, la corriente islamista integrista de los wahabitas aumenta progresivamente su influencia en los barrios de la margen norte del Tigris. Mahdy Al-Shamary, rostro fino y mirada luminosa, nos dice que no quiere ser gobernado por los chiitas: "No es mi tradición. Únicamente los árabes sunitas pueden llegar a controlar el país, porque están unidos a los kurdos por la religión y a los chiitas porque son árabes".

"Eso era pura propaganda de Saddam", replica Mowahfak Al-Rubai, ex responsable del partido islamista al-Dawa, que estuvo durante mucho tiempo exilado en Londres y ahora es miembro del Consejo de Gobierno Provisorio instalado en Bagdad. Y añade: "Al contrario, sólo una alianza entre los kurdos y los chiitas, que son mayoría en el país, puede garantizar su unidad. Si no logramos un Irak democrático nunca podremos vivir juntos". Falta definir cómo.

En Kirkuk, en una austera residencia, una foto de Gamal Abdel-Nasser luce en la oficina regional del Partido Socialista de Vanguardia Naserista (PSVN). Saed Kamal Muhamad, dirigente de esa formación, muestra un rostro altivo. Desde la década de 1960 luchó contra el Baas y en 1991 tomó contacto con los partidos kurdos. "Hemos sufrido igual que ellos. Los kurdos forman parte del pueblo iraquí. Nosotros somos partidarios de la libertad para todos, y ellos tendrán derecho a elegir lo que desean". Pero a su entender, no hay diferencia entre "la nación iraquí y la nación árabe". Afirmación que dejaría estupefacto a un kurdo, al verse así "arabizado".

Sin embargo, apenas liberada, Kirkuk se llenó de banderas kurdas, rojas, verdes y blancas, bajo un sol resplandeciente. "No estamos en contra de los árabes. Queremos vivir con ellos. Pero esperamos que el Irak del futuro tenga al menos un sistema federal. Así tendremos nuestra región autónoma, con Kirkuk como capital", afirma Muhamad Karim Rasul, un restaurador de 50 años.

El nuevo gobernador de Kirkuk, Abdull Rahman Mustafa Fata, también es kurdo. Tiene cabellos y bigote oscuro y una mirada franca tras sus anteojos redondos con armazón dorado. Una buena parte de sus esfuerzos está destinada a evitar cualquier tipo de disputa étnica: "Yo debo representar a todos: kurdos, árabes, turcomanos o asirios". Y añade: "Esperamos poder lograr aquí lo que no fue posible en Yugoslavia: hacer que pueblos diferentes puedan vivir juntos."

Desafío federalista

Al grito de "Kirkuk, Kirkuk, corazón del Kurdistán" miles de kurdos, liderados por el UPK y el PDK desfilaron el 22 de diciembre por las calles de la ciudad. Al día siguiente, en la universidad, se producían incidentes entre estudiantes árabes y turcomanos por un lado y kurdos por otro, porque éstos se negaban a ver izar la bandera iraquí. El 31 de diciembre, una contramanifestación árabe-turca degeneró en choques frente a los locales del UPK, causando al menos seis muertos. Fue una manifestación extraña, en la que se mezclaban nostálgicos de Saddam Hussein llegados de los pueblos "arabizados" de los alrededores exhibiendo fotos del dictador; representantes del movimiento chiita radical del ayatollah Motassadeq Al-Sadr y tropas del Frente turcomano iraquí, una organización telecomandada desde Ankara y cuestionada entre los turcomanos.

Erfa Irafan Karkukli, secretario general del Partido Popular de los Turcomanos iraquíes y vicegobernador de Kirkuk, subraya que él no tiene "nada que ver con el Frente. Aquí sabemos que una familia turcomana vivía mejor en la región kurda autónoma en los últimos diez años, que en Kirkuk bajo control de Saddam". En su opinión, tanto los kurdos como los turcomanos, víctimas de la política de "arabización" del pasado régimen, tienen "un derecho inalienable a regresar a su tierra". En cuanto a los árabes llegados desde el sur para apropiarse de sus casas y de sus tierras, "tendrán que retornar". Entonces, Kirkuk volverá a ser indiscutiblemente una ciudad de mayoría kurda y turcomana.

Pero es en Bagdad donde se negocia el Irak del futuro. En el seno del Consejo de Gobierno Provisorio, dominado por los kurdos y los chiitas, se da por sentada la instauración de un sistema federal. Sin embargo, existen dos posiciones opuestas. Una se basa en la concepción de un Estado iraquí federal, donde las regiones tendrían fronteras geográficas y administrativas, en lo que sería un modelo similar al de Estados Unidos o Alemania. La otra propone un federalismo que una diferentes pueblos y etnias, inspirado en el sistema suizo, canadiense o británico. Sólo este último cuenta con el apoyo de los líderes kurdos.

Así, el Kurdistán autónomo sería a Irak "lo que Escocia es a Gran Bretaña" 4. De no llegarse a un acuerdo sobre ese punto, el nacionalismo kurdo redoblará su fervor. "Nos enfrentamos a la prueba más importante de nuestra historia -subraya Ahmed Bamarni, quien durante mucho tiempo fue el representante del UPK en París- y son muy pocos los que nos desean éxito".

  1. Ambos atentados fueron reivindicados por un grupo cercano a Ansar al Islam, organización vinculada con Al-Qaeda, e implantada desde antes de la guerra en torno de Halabja, en el Kurdistán iraquí.
  2. Saddam Hussein decapitó entonces a su clan e hizo matar a su hermano y a su primo.
  3. Cada uno de los participantes debió jurar ante Dios su compromiso de proteger y reconstruir Irak, antes de afirmar: "No estoy vinculado con el partido Baas y nunca me uniré a él. A partir de ahora soy independiente, y pongo a Dios por testigo".
  4. Al respecto ver el sitio: www.kdp.info.
Autor/es Michel Verrier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:16,17
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Movimientos de Liberación, Estado (Política), Geopolítica
Países Irak, Kurdistán (Irak)