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El sentido de una conmemoración

Todos los años, el séptimo día del mes de abril Ruanda conmemora el genocidio de alrededor de un millón de tutsis y de hutus de la oposición entre abril y julio de 1994 1. Sin embargo, antes de devenir un asunto del pasado la realidad misma de este genocidio fue cuestionada, con el objeto de poner en tela de juicio la legitimidad del nuevo poder ruandés, compuesto por una coalición de miembros del Frente Patriótico Ruandés (FPR) y representantes de los partidos que se habían opuesto a la "solución final". En efecto, algunas potencias europeas (véase el artículo de Colette Braeckman) estuvieron tentadas de imponer a Ruanda una salida de crisis "negociada" entre los vencedores de la guerra de 1990-1994 (el FPR y su ejército venido de Uganda) y los representantes del régimen depuesto y responsable del crimen. Un año después de los hechos se hablaba todavía de masacres indiscriminadas o de un "doble genocidio".

Así, en este contexto de incomprensión, el primer aniversario del genocidio fue conmemorado en medio de la confusión, al punto de que la elección de la fecha estuvo sometida a una agitada discusión: el 6 de abril, fecha del comienzo de los asesinatos y también de la muerte del presidente Juvenal Habyarimana, o el 4 de julio, fecha oficial de la terminación del genocidio merced a la intervención armada del FPR. En realidad, este debate disimulaba una cuestión más amplia: ¿había que asociar a las víctimas tutsis y hutus en el mismo recuerdo? Al elegir el 7 de abril, la memoria de éstos últimos quedaba incluida. Esta fecha simbólica permitía, además, afianzar (al menos virtualmente) al nuevo equipo gubernamental, en el cual el Presidente de la república (Pasteur Bizimungu), el Primer Ministro y los ministros de Relaciones Exteriores, del Interior y de Información eran hutus; los tutsis estaban dedicados especialmente a mantener el control del ejército, en particular Paul Kagame, vicepresidente y ministro de Defensa.

Posteriormente, las disonancias semánticas traicionaron un verdadero conflicto de memoria. Hablando del genocidio, el jefe de Estado utilizaba preferentemente dos términos: ishyano (o, en plural, amahano) e itsembatsemba. El primero sólo denota una noción imprecisa de desgracia y el segundo es una onomatopeya formada a partir del verbo gutsemba, que significa exterminar, erradicar. En sus discursos mencionaba el exterminio, pero sin precisar el objeto de genocidio, salvo en largas perífrasis. Fue necesaria la Primera Conferencia Internacional sobre el Genocidio, en noviembre de 1995 en Kigali, para disipar los equívocos. Este encuentro fue para los ruandeses el signo de que el mundo entero reconocía finalmente la tragedia que habían padecido.

A partir de 1996 se diseñó una verdadera "política" de la memoria. Esta segunda conmemoración tuvo lugar en Muhororo, en la región originaria del nuevo jefe de Estado, que había sido un bastión del extremismo hutu y donde las masacres fueron despiadadas. El presidente Bizimungu pronunció un discurso para la circunstancia, recordando las causas de la tragedia. En realidad, fue una interpretación oficial de la historia, que insistía en las responsabilidades de la comunidad internacional (la colonización, el apoyo al régimen responsable del genocidio, la evacuación de la fuerza de interposición de Naciones Unidas durante las masacres). Dirigiéndose a un pequeño grupo de campesinos que seguía de lejos la ceremonia y que evidentemente no comprendía nada, fustigó colectivamente a los hutus: "¡Con sus actos, con su crueldad, ustedes mostraron que todos nosotros, los hutus, somos animales!".

El 7 de abril de 1997 el sitio elegido para la tercera conmemoración fue Murambi, donde se encuentra un inmenso osario. La comuna está situada en la prefectura de Gikongoro, en la antigua zona de la operación Turquesa, en el sur del país, donde el ejército francés se había "interpuesto" entre los genocidas y sus víctimas. Bizimungu (famoso por no tener ningún sentido de los matices) trajo a colación la historia de un elefante que atacaba a una hormiga, contando sólo con su peso para aplastar al insecto. Pero el resultado de la batalla fue muy diferente al esperado: "¿Dónde está hoy el elefante? ¡La hormiga sigue allí!", concluyó el jefe de Estado. Los organizadores de la ceremonia invitaron a la tribuna a un sobreviviente, y los que no habían captado bien la metáfora animal comprendieron entonces que el elefante en cuestión era Francia y la hormiga, Ruanda. El testigo acusó formalmente a los militares franceses de haber ocultado las matanzas y de haber intentado disimular el osario de Murambi instalando allí una cancha de voley. El segundo momento fuerte de la ceremonia fue la requisitoria dirigida por el presidente Bizimungu, en presencia del interesado, contra el obispo de Gikongoro, monseñor Augustin Misago, acusado de genocidio y de haber huido del país con el ejército francés.

Tensas relaciones

Algunos, sobre todo en Francia, no vieron en esos cuestionamientos al extranjero más que una extorsión a la comunidad internacional y una manipulación política destinada a sostener al poder instalado. Se trata de una interpretación esquemática: si bien es cierto que las autoridades ruandesas se dirigen al mismo tiempo a la opinión mundial y a la población local, falta comprender por qué y con qué propósito.

Así, en 1996 las expresiones del presidente Bizimungu se ubicaron en el contexto muy complejo del momento inmediatamente posterior al genocidio. El dolor de los sobrevivientes, los miedos y los rencores eran todavía muy agudos, al punto que nadie osaba aventurarse por el campo ruandés. Y fuera del país, especialmente en los campos de refugiados ubicados al este de la actual República Democrática del Congo (en esa época Zaire), las ex fuerzas armadas ruandesas y las milicias reconstituidas amenazaban con reconquistar el poder y "terminar el trabajo" 2. Sin duda, el discurso aterrorizador del jefe de Estado constituía una advertencia contra cualquier tentación de alianza con las redes extremistas sospechosas de tener ramificaciones en el país.

El lenguaje enérgico de 1997 se inscribe en un contexto de tensiones bastante agudas entre Ruanda y Francia. Los ruandeses sospechaban que París seguía ayudando a los extremistas del viejo régimen, refugiados en Zaire, y comenzaban a preparar la opinión internacional ante la invasión del gigante de los Grandes Lagos 3. Por otro lado, a medida que se iba acentuando el cuestionamiento a la Iglesia católica (por su complicidad con el régimen anterior y la participación de algunos de sus miembros en el genocidio), se deterioraban las relaciones entre el gobierno ruandés y el Vaticano. El violento cuestionamiento de Monseñor Misago suena entonces a desafío.

Aunque la personalidad y el estilo de comunicación del actual jefe de Estado ruandés, Kagame, difieren notablemente de los de su antecesor, su discurso sigue dirigido tanto a la comunidad internacional como a la opinión interna, en un tono sin duda amortiguado, pero siempre firme. Así, en ocasión de la conmemoración de abril de 2003, el Presidente ironizó sobre el "nunca más" declarado por la comunidad internacional desde la Shoah, para recordar que el pueblo ruandés había sido abandonado en 1994 4. Ante Louis Michel, ministro belga de Relaciones Exteriores, señaló la firme determinación de su gobierno: "No ahorraremos ningún esfuerzo para combatir a aquellos que, de cerca o de lejos, quieran hacernos volver a semejante situación. Nuestro ‘nunca más' debe traducirse en actos". Se adivina fácilmente que el presidente Kagame hacía alusión al papel que su país cumplió y podría verse tentado de volver a cumplir en el Congo. Como se anunciaban importantes fechas electorales (presidenciales y legislativas) para el verano de 2003, la segunda parte del mensaje estuvo dirigida a los candidatos de la oposición. "De día hacen discursos positivos sobre los valores y los derechos humanos, sobre la necesidad de construir la unidad y la reconciliación (...). De noche, las mismas personas cambian de lenguaje y sostienen expresiones divisionistas". Sin sorpresa, a fines de agosto Kagame fue reelecto con el 95% de los votos, después de que su principal oponente fuera apartado por su propaganda étnica.

Reafirmar la soberanía

La próxima conmemoración, el 7 de abril de 2004, reviste un brillo muy particular. Diez años después de los hechos, ya se habla de un balance. ¿Pero de qué? Sin duda habrá que hablar del retiro de las tropas ruandesas de la República Democrática del Congo, de las elecciones pasadas, de la buena gestión económica (restauración de la infraestructura, de la administración y de los servicios públicos), de la creación de jurisdicciones descentralizadas para acelerar el juicio de los presuntos autores del genocidio 5 y de la reconciliación nacional 6. Tratándose del genocidio, año tras año los sobrevivientes y el gobierno ruandés experimentan el sentimiento de haber logrado el reconocimiento internacional. Fue espectacular el pedido de perdón del primer ministro belga Guy Verhofstadt, en ocasión de la conmemoración del año 2000. De los países implicados en la historia del genocidio, sólo Francia se ha mostrado reservada 7.

El deliberadamente ruidoso recuerdo de las responsabilidades internacionales parece tener como finalidad última la reafirmación de la soberanía nacional; una manera de decir: "Después de lo que pasó, y vista la manera en que ustedes se comportaron, no pueden darnos lecciones de moral". Se trata menos de culpabilizar que de postular la posibilidad de otro tipo de relaciones políticas con las antiguas potencias coloniales. Queda la dolorosa cuestión de la memoria, individual o colectiva, que evidentemente no puede resolverse ni mediante una puesta en escena oficial ni a corto plazo.

  1. La controversia referida a la cantidad de víctimas hace oscilar las cifras entre 800.000 y 1.500.000.
  2. En el siniestro código lingüístico de los asesinos de 1994, "trabajar" era masacrar a los tutsis.
  3. Véase Colette Braeckman, Le Soir, 7 y 9-4-1997.
  4. Véase Colette Braeckman, "Du Rwanda au Zaïre, l'onde de choc d'un génocide", Le Monde diplomatique, París, diciembre de 1996; y Philippe Leymarie, "La politique de France au Rwanda en question", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 1998.
  5. Una ley de marzo de 2001 instituye jurisdicciones denominadas gacaca, en referencia a las prácticas tradicionales de la justicia. Fueron creadas para hacer frente a la imposibilidad de juzgar a una cantidad muy elevada de detenidos -120.000 a la espera de juicio en 2003- y hay más de 8.000 en todo el país.
  6. Véase Anne-Cécile Robert, "Convivir con el genocidio en Ruanda", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2000.
  7. En la época en que Alain Juppé era Primer Ministro, Xavier Emmanuelli realizó un viaje para recoger información, que se mantuvo en reserva. Véase Philippe Leymarie, "La politique de France au Rwanda en questions", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 1998.
Autor/es José Kagabo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:22,23
Traducción Lucía Vera
Temas Genocidio, Estado (Política)
Países Ruanda