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Los pobres, forzados al éxodo en Shanghai

El paso a la economía de mercado y el reconocimiento de la propiedad privada han abierto las puertas a una feroz especulación inmobiliaria, que avanza de la mano de la corrupción estatal. Los perjudicados: los asalariados, cuya vivienda era garantizada por las políticas sociales del Estado. Hoy, el barrio proletario de Zhabei, cuna de sindicatos, es testigo del avance de las excavadoras y de expropiaciones brutales.

Obreros que se afanan. Una joven flota sobre una onda azul y rosa; una poderosa fuerza aspira su cuerpo en el voluptuoso remolino de sifones sanitarios y descargas de agua; los inodoros surgen con frescura de arrecifes: "American Standard", anuncia el nuevo cartel publicitario desde el borde de la periferia. Algunos metros más abajo, un grupo de curiosos se agolpa delante de un cordón de seguridad, ese tipo de cinta que circunscribe en un lugar la irrupción de lo insólito: un accidentado tendido en el suelo, un edificio que amenaza derrumbarse... Nada de eso. Nada, excepto un restaurante firmemente instalado entre los escombros. El salón fue saqueado. Unas sombras sollozan. ¿Cómo es que el establecimiento se mantiene aún en pie en este barrio completamente devastado? Probablemente por accidente. Entonces las autoridades no se equivocaron cuando mantuvieron lejos a los curiosos mediante esas cintas rojas y blancas que por lo general indican lo que está en el suelo, derribado, pero aquí lo que todavía está en pie. Una anciana atestigua: "Esta mañana muy temprano vinieron unos hombres. Rompieron todo: las sillas, las mesas, la vajilla, las vidrieras. Atacaron al cocinero. El propietario no quiere irse, dado que desde que aceptó vender su restaurante, el municipio redujo a la mitad las indemnizaciones prometidas". ¿Pero qué puede hacer? Los que intentan permanecer en las casas que ocupan desde hace cuatro generaciones sufren cortes premeditados de agua y electricidad. Si son empleados públicos pueden perder su trabajo, ser molestados por extraños granujas ataviados con quepis que circulan de día. "Los promotores inmobiliarios tienen que pagar a la policía horas suplementarias. Mi hija tuvo que mudarse a veinte kilómetros de aquí. Desde entonces ya no tiene trabajo. Repartía diarios ¿Qué va a ser de ella?"

La escena transcurre a orillas del río Suzhu, no lejos de la estación de Zhabei, barrio proletario situado al norte de Shanghai. Allí, con fondo de industrias textiles, aparecieron los primeros sindicatos obreros entre 1924 y 1927 1. Malraux escribía en La Condición Humana: "¡En Zhabei se declaró la huelga general!". En medio del silbido de las locomotoras los comunistas ingerían cianuro para escapar de los nacionalistas. Hoy, el ruido de las excavadoras cubre la voz de los expropiados.

De prestación social a bien comercial

De los quince millones de habitantes permanentes de esta ciudad-provincia (más específicamente, de la decena de millones que ocupan los diez distritos urbanos del centro de la ciudad), ya se habría expropiado a 2,5 millones desde los años 1990 2.

Aquí, en la orilla norte, la más codiciada por estar bien orientada hacia el sur frente al río, las autoridades izaron un banderín: "¡Protejamos a nuestro pueblo! ¡Hace ochenta años que el Partido lleva adelante con éxito la misma política!". Un segundo indica: "¡Mejoremos nuestras vidas! ¡Mejoremos nuestros barrios!". Se convocó a la televisión para mostrar la insalubridad anárquica de este hábitat popular tan denso. Una joven mujer prestó testimonio ante las cámaras: "¡Nuestras casas están podridas! Prefiero vivir en una torre y ver el sol cada mañana. Además hay agua corriente. ¡Se acabó la incómoda tarea de vaciar las bacinillas!".

Después, desde el agente inmobiliario hasta el agente administrativo, cada cual vino a denunciar la vetustez de las viviendas. Casi avergonzados, los habitantes fueron invitados a firmar la cesión de sus casas como contrapartida de una indemnización global o de un nuevo alojamiento administrativo en calidad de locatario o proprietario -el espacio habitable se calcula según la naturaleza de la vivienda destruida- en esas inmensas torres que invaden la periferia como erupciones cutáneas.

Hasta la década de 1980 la vivienda, atribuida a los asalariados gratuitamente o mediante el pago simbólico de un alquiler, formaba parte de la política social del Estado. Este sistema -suprimido en 1998- permitía a las empresas del Estado compensar los bajos salarios que pagaban. Pero esta ventaja en especie tenía su contracara: los ingresos por alquiler no podían absorber las cargas de mantenimiento de los inmuebles. Al escasear las fuentes de ingresos, numerosas empresas del Estado frenaban su política de renovación; en 1979 la superficie habitable descendía a 4 metros cuadrados por persona. La hora de las reestructuraciones señalaba el fin de las inversiones no rentables.

¿Pero cómo convertir una prestación social en bien comercial capaz de atraer a los inversores privados? "Con el impulso de Deng Xiao-Ping, en la década de 1980 la reforma económica transforma el valor de los bienes raíces en ingresos diferenciales -explica Zhang Liang, arquitecto y urbanista- 3. En adelante el precio del metro cuadrado dependerá de múltiples criterios: geográficos (centro, periferia, proximidad de una boca de subterráneo...), económicos (según su destino: oficinas, viviendas o espacios verdes), sociales (barrios valorizados o no)..."

"¡Bu po bu li! - ¡Sin destrucción no hay construcción!" La especulación inmobiliaria retoma en su favor la fórmula de Mao durante la Revolución Cultural. "La política de tabla rasa permite erigir torres y aumentar la superficie de las viviendas densificando al mismo tiempo la edificación", prosigue Zhang. Construcciones aun más rentables cuando las indemnizaciones de expropiación las fijan las autoridades locales y las pagan promotores poco preocupados por respetar las leyes. Muchas sociedades inmobiliarias no tienen por accionistas a dirigentes locales...

"¿300.000 yuans por familia? 4. ¿Una indemnización que permite la compra de un departamento de 90 metros cuadrados más allá de la tercera periferia?" Liu sonríe con amargura ante el discurso oficial. Sólo recibió 120.000 yuans -40.000 yuans por persona, sobre la base máxima de tres miembros por familia- en compensación de la casita que poseía a orillas del Suzhu y que ya fue destruida. Un monto no negociable que sin embargo prefirió al alojamiento que se le reservaba: "Un suburbio con malos servicios de comunicación y sin escuela para mi única hija. La indemnización me permite pagar un alquiler en casa de amigos que aún viven en el barrio y conservar mi empleo de agente de seguridad en el Servicio de Correos Central de Suzhu. Es imposible comprar aquí: el precio del metro cuadrado ronda los 5.000 yuans".

Liu sabe que a veces las compensaciones son menos equitativas. Así sucede con ese habitante tan pobremente indemnizado (100.000 yuans) porque su parcela -de una superficie que duplicaba la de Liu- estaba destinada a la creación de un espacio verde. Como vegetación... un jardincito que conduce a un nuevo centro de negocios. Una reclasificación que no dio lugar a ninguna compensación suplementaria, a pesar de que el promotor revendió el metro cuadrado tres veces más caro y no para uno, sino para treinta pisos.

"El municipio sabe destruir con habilidad la solidaridad que podría crear vínculos entre los expropiados -explica Liu-. Los que aceptan inmediatamente la compensación en especie pueden elegir entre distintos alojamientos menos distantes del centro". Para los otros, el procedimiento es de público conocimiento: advertencias, acosos, amenazas, expulsiones. Y como sanción a su resistencia, una injusticia mayor aun: "Vean esos techos en ruinas, allí. El promotor quebró y el municipio no tiene los recursos para indemnizar o dar una vivienda decente a esos habitantes, a pesar de haber hecho derribar sus casas. Ya hace dos años que viven en medio de los escombros, detrás del muro que el municipio hizo levantar para no espantar a los clientes de los hoteles vecinos o a los futuros proprietarios de las residencias por construir".

Derechos avasallados

A lo largo del río Suzhu las ciudades residenciales brotan con la velocidad del bambú. Los nombres tienen consonancia anglosajona: "Brilliant city", "Rhine city". En el preciso lugar en que el río forma un amplio recodo -una topografía considerada propicia para los negocios, dado que su redondez evoca la panza de Buda- se destacan dos inmensas torres.

"¡Por un solo yuan! ¡Observe la riqueza!" El hombre, un obrero desempleado, intercepta a los viandantes ofreciéndoles un par de prismáticos. "¡Mire!" Una sociedad inmobiliaria de Hong Kong construyó dos torres. Treinta y dos pisos proponen, en cien metros de altura, doscientos ocho departamentos amueblados de 120 a 165 metros cuadrados con cocina equipada, varios baños, salones en dúplex, toilettes de inmaculada blancura. El edificio posee espacios colectivos propios: jardincitos, piscina, gimnasio. Entre 7.000 y 17.000 yuans el precio del metro cuadrado, según el piso.

Los departamentos fueron vendidos en menos de un año. Los compradores provienen en general de Hong Kong, son extranjeros -desde agosto de 2001 tienen derecho de comprar a su nombre- o nuevos ricos de provincia, en especial de Wenzhu (en el Zhejiang). Otros prefieren alquilar: término medio, de 10.000 a 13.000 yuans mensuales. Precios exorbitantes comparados con los 1.000 a 2.000 yuans por un departamento tipo o con los 50 a 100 yuans de alquiler mensual reclamados por las miles de casitas condenadas a ser destruidas en torno al Riverside.

El río Suzhu, por su parte, se desindustrializa. Se descontaminan sus aguas para felicidad de inversores y futuros residentes. "Es cierto, el barrio mejora -admite Liu-, pero nosotros no nos beneficiaremos. Se nos echa debido a nuestros bajos ingresos. Y no podemos hacer valer nuestros derechos".

Una injusticia que se siente con mayor dureza aun, puesto que la corrupción está a la altura del dinamismo inmobiliario. De una vitalidad sin igual, "dado el efecto de recuperación que se combinó con la presión del aumento de la población -equivalente a una Francia más cada cinco años- para luchar contra el formidable subdesarrollo de las viviendas y de la infraestructura inmobiliaria heredada de Mao", comenta el economista Jean-François Huchet 5. El diario pequinés China Business señalaba recientemente que el 88% de las 479 ventas de propiedades realizadas en Shanghai entre 2001 y 2003 se había efectuado sin la subasta pública que exige la ley 6.

"Es verdad que legalidad y equidad raramente van de la mano. La ley -explica un jurista chino parafraseando a Voltaire- se convirtió en un puro artificio que sirve exclusivamente al interés de los poderosos". Pocos son los abogados que defienden los derechos de los desalojados. Bajo pretexto de hacer prevalecer la utilidad pública sobre los intereses privados, los tribunales desestiman sistemáticamente las demandas de los denunciantes, aun cuando sólo reclaman la aplicación de la ley. Como aquella que obliga al promotor a reconstruir en el suburbio, para las familias desplazadas, el doble de los metros cuadrados demolidos en el centro, disposición que pocas veces es respetada.

El asunto "Zheng Enchong" es bastante revelador de esta atmósfera nociva. Zheng Enchong es un abogado de Shanghai de 54 años a quien, después de haber defendido los derechos de aproximadamente quinientas familias expropiadas sin nunca haber ganado un solo caso, se le retiró la licencia. Peor aun, en junio de 2003 se lo detuvo por divulgación de secretos de Estado a una organización extranjera que no es otra que Human Rights in China 7. Entre los muchos secretos ilegalmente transmitidos está el relato de una huelga que estalló en una fábrica de productos alimenticios de Shanghai.

Los dirigentes habían anunciado el despido de la mayoría de los obreros con una indemnización global de 30.000 yuans en todo concepto. Protestas, manifestaciones, dispersión, represalias. La unidad especial de investigación de la Oficina de Seguridad Pública de Shanghai se apresuró a realizar el análisis grafológico de una frase que apareció escrita dentro de la fábrica: "Ya no tengo nada que comer, quiero esparcir veneno". Por haber enviado esta información por fax, el 29 de octubre de 2003, este abogado fue condenado a tres años de prisión. Es cierto que en China el concepto de secreto de Estado siempre fue muy elástico, una plasticidad particularmente capaz de impedir la actuación de un abogado popular, batallador y molesto.

En efecto, para defender a las familias ilegalmente expropiadas, Zheng Enchong no dudó en denunciar las prácticas fraudulentas de un promotor muy importante: Zhu Zhengyi, undécima fortuna china según la revista Forbes (2002). Este personaje es amigo de Huang Ju, miembro del Comité Permanente del Buró Político, órgano supremo del Partido. Un nombramiento que Huang debe a Jiang Zemin, ex secretario general del Partido Comunista Chino (y ex alcalde de Shanghai), que se había encargado de infiltrar el Comité -nombrando a cinco de nueve miembros- antes de ceder su cargo a su rival, el actual secretario del PC y presidente de la República, Hu Jintao.

Algunos expropiados intentaron el recurso jerárquico "subiendo a Pekín" con el fin de llevar directamente su petición a Hu Jintao, no sin antes haber eludido la Seguridad Pública de Shanghai, enviada por las autoridades locales a la estación de Zhabei o a la llegada del tren a Pekín. Algunos de los desposeídos no vacilaron en inmolarse con fuego en la plaza del Pueblo 8. Una imagen desastrosa para el régimen.

No obstante, estas injusticias se viven sin tanto fatalismo, dado que el espectro de las personas expoliadas incluye tanto a gente humilde como a compradores conscientes de sus derechos y dispuestos a todo para defender su nuevo status de proprietarios y el valor económico de su adquisición; no dudaron en organizarse en asociaciones para defender sus intereses colectivos, generadas no ya por la pertenencia "a una misma clase sino a un mismo lugar" 9.

Moralizar los negocios

Golpe de efecto: el 19 de diciembre de 2003 la Cámara de Apelaciones anuló la sentencia que condenaba a Zheng. ¿Debe verse en este fallo la influencia de Hu Jintao, quien pretende socavar la autoridad de Jiang Zemin, el influyente rival y actual presidente de la Comisión Militar Central? ¿O acaso la común voluntad de las más altas instancias de empezar a moralizar los negocios, prueba de la estabilidad social y del crecimiento económico para el cual el sector inmobiliario constituye uno de los fermentos esenciales? Lo que no invalida la enmienda que a fines de 2003 la dirección del Partido propuso al Congreso, destinada a incluir el derecho al respeto de la propiedad privada en la Constitución del país. Una primicia después de cincuenta y cinco años, que la nueva agencia de prensa oficial Nueva China redactó así: "La propiedad privada obtenida legalmente no podrá ser violada". Confirmando así el proverbio chino que quiere que las leyes se impongan cuando la virtud de los gobernadores cesa... o se confunde con su nueva legitimidad: mantener el crecimiento.

Después de veinticinco años de reformas económicas, el paso exitoso a una economía de mercado ya no puede ignorar algunos de sus engranajes, como el respeto a la propiedad privada. Por otra parte, los millones de pequeños empresarios privados, esos "contrarrevolucionarios" de antaño, pasaron a ser, después del 16º Congreso del PC chino, celebrado en noviembre de 2002, "fuerzas productivas de avanzada".

Mientras tanto "la planificación urbana ahondó la brecha social, a causa del contraste cada vez más marcado entre el centro y la periferia. Hay cada vez menos mezcla social en estas ciudades que se uniforman a fuerza de esquemas directivos reproducidos de manera idéntica", concluye el urbanista-arquitecto Zhang Liang. Urbanización intensiva, estallido progresivo de la estructura familiar, empobrecimiento no compensado por la solidaridad familiar, ¿cómo reaccionarán mañana esas grandes urbanizaciones sin identidad?

  1. Los sindicatos obreros fueron aplastados por Chang Kai-shek, apoyado por el gang de la Mano Verde y la poderosa burguesía de Shanghai. Véase Marie-Claire Bergère, Histoire de Shangai, Fayard, París, 2002.
  2. Shanghai designa al mismo tiempo a una ciudad-provincia urbana y rural de 6.340 km2 y al centro de la ciudad con diez distritos urbanos: Yangpku, Hongku, Zhabei, Putuo, Changning, Jing'an, Huangpu, Xuhui, Luwan, Nanshi. A sus 15 millones de residentes hay que agregar tres millones de trabajadores migratorios sin permiso de residencia, pero también incluidos en las expulsiones.
  3. Zhang Liang, La Naissance du concept de patrimoine en Chine, Editions Recherches Ipraus, (lugar de publicación), 2003. Hay que distinguir el derecho a la propiedad, cuyo único titular es el Estado chino desde 1949, del derecho al uso del suelo, que puede ser cedido. La ley de 1987 transfirió a los municipios la iniciativa y los beneficios de cesión en arrendamiento -de 30 a 90 años- de los derechos de uso de la tierra.
  4. 8,28 yuans RMB equivalen a un dólar.
  5. "Vingt cinq ans de réforme en Chine!: Révolution économique, conservatisme politique!", Esprit, París, febrero de 2004.
  6. David J. Lynch, "China's urban renewal brings protests, police", USA Today, (lugar de publicación), 14-11-03.
  7. Véase Luigi Tomba, "Creating an Urban Middle-class: Social engineering in Beijing", The China Journal, (lugar de publicación), N° 51, enero de 2004.
  8. Se registraron tres tentativas de ese tipo en cinco semanas (agosto y septiembre de 2003).
  9. Ver Luigi Tomba, op. cit.
Autor/es Philippe Pataud Célérier
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:24,25
Traducción Teresa Garufi
Temas Corrupción, Estado (Política), Desempleo