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El búho y la calandria

Organizado por la Universidad Nacional de San Juan, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca del Congreso, del 9 al 12 de julio pasado tuvo lugar en la ciudad de San Juan el Segundo Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía, bajo el lema: “El proyecto humano y su futuro: alternativas”. Irreductible a una articulación mecánica entre pensamiento y acción, abierto a todos los posicionamientos, el Congreso se vio sin embargo vertebrado por la postulación de una radicalización de la democracia y el rescate del pensamiento latinoamericano.

Alrededor de cuatro mil personas, entre ellas una alta proporción de jóvenes estudiantes, circularon entre el 9 y el 12 de julio pasados por las distintas sedes de la ciudad de San Juan donde se desarrolló el Segundo Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía. El Congreso sesionó a través de conferencias, mesas redondas, ponencias, foros, cuyo carácter heterogéneo y diverso desafía cualquier intento de síntesis. Sin embargo, cabe asumir el otorgamiento de títulos honoris causa a Marilena Souza de Chaui por la Universidad Nacional de San Juan, y a Arturo Andrés Roig por la Universidad venezolana de Zulia, como una orientación sobre el sentido a dar al Congreso. Marilena Souza Chaui es doctora en filosofía en la Universidad de San Pablo, militante feminista por décadas y una de las fundadoras del Partido de los Trabajadores (PT) hoy en el gobierno en su país. Arturo Roig es un pensador argentino destacado por sus trabajos como historiador de las ideas en Argentina y América Latina, inspirador de la disciplina de Historia de las Ideas en distintos países latinoamericanos, y con puntos de contacto con la denominada filosofía de la liberación, cuyo referente principal es Enrique Dussel, argentino residente en México desde que tuvo que huir del país en 1975. Es conocida la definición de Roig según la cual esa filosofía "es un filosofar que no se ocupa del ser sino del modo de ser de un hombre determinado, en relación con sus modos de objetivación y afirmación histórica".

Después de la modernidad

La paradoja de un Congreso de Filosofía sobre "El proyecto humano y su futuro", es que el futuro no es objeto de la filosofía en la tradición filosófica. Se ocupó de recordarlo el conferencista francés François Laruelle, quien se presentó como miembro del grupo "Causa No Filosófica" al disertar sobre "Nuevas categorías del futuro", para asignar el futuro a la ciencia-ficción o a una filo-ficción. Al mismo tiempo, el conferencista italiano Evandro Agazzi, en su exposición sobre "¿Cuál puede ser hoy el sentido de un proyecto humano?" afirmaba: "Para que se pueda hablar honesta y no retóricamente de un proyecto humano tiene que haber un espacio específico y reconocido para la libertad. Y encontrar esa libertad es una tarea específicamente filosófica...". Planteo con el que confluía la defensa del libre albedrío, "concepto radical de la modernidad", emprendida por el conferencista alemán Otfried Höffe, en polémica con la neurofisiología, que pretende que "los procesos cerebrales inconscientes controlan nuestra conciencia... no hacemos lo que queremos, queremos lo que hacemos". "El libre albedrío, refutó Höffe, no se decide en el laboratorio sino en el seminario académico; no en el experimento, sino en su interpretación...".

La pregunta por un lugar para la filosofía en un mundo que se debate en la alienación tecnológica se perfiló en una de las mesas inaugurales del Congreso con la exposición de Lucía Piossek Prebisch, profesora emérita de la Universidad Nacional de Tucumán, al actualizar la pregunta de Jean Beaufret a Martin Heidegger: "¿Cómo devolver sentido al término humanismo?". Lo hizo a través de la respuesta a la Carta sobre el humanismo con que Heidegger respondió a su vez a Beaufret en 1946, elaborada por Peter Sloterdijk en su polémica Regla para el parque humano, de 1999.

La posible relación de la filosofía con el futuro se replanteó en uno de los momentos más brillantes y esperados del Congreso: la conferencia de la pensadora húngara Ágnes Heller, discípula de Georg Lukács, "Reflexiones sobre el dicho de Hegel ‘Aquí es Rodas, aquí el salto'". Durante 45 minutos Heller se entregó a una talentosa ejecución de variaciones sobre el Hic Rhodus, hic saltus que Hegel introduce en el Prefacio de la Filosofía del Derecho, "traduciéndolo" como "Aquí está la rosa, aquí bailamos". Donde Rodas es el presente, la modernidad interpretada por Hegel, que ni el individuo ni la filosofía pueden saltear, y la rosa lo que es preciso levantar de la cruz, lo eterno que es actual, la sustancia inmanente a reconocer en la apariencia de lo temporario y transitorio.

Pero Heller encontró además en el mismo Hegel alguna contradicción que le permitiera encarar la potencialidad de previsión del futuro sobre la base de los elementos del presente; despejó malentendidos sobre el sentido del "fin de la historia", y se permitió discrepar con Hegel al considerar a la historia como contingente y no necesaria.

Pensamiento de la liberación

La imagen hegeliana de la Filosofía como el búho de Minerva que alza vuelo al crepúsculo (esto es, que "siempre llega tarde", cuando la época a la que interpreta ya se ha consumado), se contrapuso, se diluyó y por momentos coexistió durante el desarrollo del Congreso con la de la calandria, el ave argentina de canto mañanero que precisamente Arturo Roig erigió en símbolo de la filosofía latinoamericana de la liberación, que además de interpretar la actualidad se da como tarea un saber que funde una praxis transformadora.

En efecto, Enrique Dussel concibe a la modernidad como "un fenómeno europeo constituido en relación dialéctica con una alteridad no europea (...) La modernidad incluye un concepto racional de emancipación que afirmamos y asumimos. Pero al mismo tiempo desarrolla un mito irracional, una justificación de la violencia genocida (...) Criticamos a la razón moderna por el mito irracional que disimula (...) (Postulamos) la necesidad de la negación y trascendencia de la comprensión de la modernidad en este segundo sentido". Ese trascender es hacia la "transmodernidad": "La realización de la modernidad descansa en una transmodernidad, en la cual modernidad y alteridad negada correalizan un proceso de mutua fertilización creativa"; proceso para el cual "la otra cara" negada de la modernidad ha de reconocerse a sí misma... 1.

"La filosofía latinoamericana de la liberación, siguiendo los pasos de Hegel en su lectura filosófica de la realidad histórica latinoamericana (...) intenta pensar la actualidad histórica no sólo en su crepúsculo (...) sino también en su aurora (...) en los gérmenes de futuro que se dan en lo actual y en las posibilidades reales emergentes que se están dando seminalmente en ella como desafíos a nuestra libertad...", expuso Juan Carlos Scannone en la mesa redonda sobre "La memoria y el proyecto humano: responsabilidad ética de la filosofía". Para Scannone, además de pensar la actualidad histórica, la filosofía "contribuye a su transformación". Entre los elementos seminales, y esto fue una idea recurrente en las mesas y ponencias donde se hizo presente la filosofía de la liberación, se cuentan los movimientos sociales emergentes, un nuevo paradigma relacional, no fundado en el dominio, una noción de construcción del poder, que Rubén Dri, en una de las mesas inaugurales, había hecho remontar a las jornadas argentinas del 19 y 20 de diciembre de 2001, entendido no como algo que hay que tomar (como si tuviera una sede fija y exterior) ni como algo a demonizar, sino como "la creación de un habitat donde es posible el reconocimiento mutuo y la realización de los sujetos".

La profesora de la Universidad Nacional de Cuyo Norma Foscolo confrontó, en una de las ponencias correspondientes a la Comisión Filosofía Política, la noción de vida en los pensadores de la biopolítica europeos (Foucault, Agamben, Negri) y en los de la filosofía latinoamericana de liberación. Donde "la afirmación de la vida, ontológicamente anterior a toda praxis, es la base de la legitimidad de la vida institucional". A diferencia de Agamben, por ejemplo, la crítica a las instituciones actuales no impide a Dussel o a Roig postular la necesidad de una nueva institucionalidad.

La utopía democrática

La posible anticipación del porvenir cobró en la conferencia de Marilena de Souza Chaui "¿El fin de la utopía?", la forma de una defensa de la utopía (contra la reiterada idea, que también circuló en el Congreso, del carácter nefasto de las utopías, presuntas responsables de las matanzas del siglo XX, desde los campos de exterminio de Hitler a los de Pol Pot): "Ahora la utopía es deducida de teorías sociales y científicas. Su llegada es posible porque la marcha de la historia y el conocimiento de sus leyes universales hace legible el progreso, del cual ella es la expresión más alta. Deja de ser el mito de la espera escatológica, deja de ser obra literaria, para volverse práctica organizada, deseo de emancipación de toda la humanidad, y por eso mismo es vista por los poderes establecidos como peligro real y es censurada como locura...". Para Chaui "en nuestro continente el proyecto utópico es el proyecto democrático". Chaui ya había definido a la sociedad democrática como "aquella que se define esencialmente por la creación de nuevos derechos y por el aumento expansivo de las potencialidades humanas". Precisamente en el acto de clausura, cuando invocó a Spinoza para oponer libertad a tolerancia, su ardiente alegato por una democracia cuyo corazón es el conflicto, y no el conflicto un mal a tolerar, como es para el liberalismo, encendió el entusiasmo del público, que se puso de pie para ovacionarla reiteradamente.

El silencio sepulcral que los medios guardaron sobre la exposición de Marilena Chaui en la clausura del Congreso, proporcional a la voluntad difamatoria con que se ocuparon de otros de sus aspectos, tiene su explicación en la implacable requisitoria de Chaui contra el rol de los grandes medios de comunicación en las sociedades latinoamericanas, acosadas por la globalización neoliberal, a los que definió como "el principal vehículo antidemocrático": usurpan a la opinión pública, convertidos en voceros de "intereses privados y secretos". "Nos invalidan, ocupan nuestro lugar (...) privatizan el espacio público mediante intereses y hacen público el espacio privado por exposición...".

En su solemne inauguración, el Congreso había sido puesto bajo la advocación del Congreso de Filosofía de 1949 en Mendoza, en cuya oportunidad el entonces presidente argentino Juan D. Perón expuso su doctrina de la Tercera Posición, entre socialismo y capitalismo, y del I Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía celebrado en Córdoba en 1987, en plena restauración de la democracia, bajo el nombre de "Hombre, naturaleza e historia".

En la ceremonia de clausura, la senadora Cristina Fernández de Kirchner trazó un contrapunto entre el mundo de la posguerra, escenario del Congreso de 1949, dividido entre socialismo y liberalismo, dos utopías que presentaban la perspectiva de "un mundo perfecto con final feliz", y el mundo despojado de certezas, pero estimulante en sus desafíos, de comienzos del siglo XXI. Reivindicó la concepción de Hegel de "la filosofía como una época captada desde el pensamiento", para fundar su defensa de una posible articulación entre pensamiento y acción; y postuló la emergencia de un bloque sudamericano de naciones que afronte su propia complejidad y diversidad, no en choque sino en complementariedad de culturas. Aunado además en las categorías de derechos humanos, lucha contra las desigualdades y la cuestión democrática, tal como la acababa de definir Chaui.

  1. Véase Enrique Dussel, "Eurocentrismo y modernidad", en Capitalismo y geopolítica del conocimiento, compilación de Walter Mignolo, Ediciones del Signo, Buenos Aires, 2001.
Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 98 - Agosto 2007
Páginas:44,45
Temas Filosofía