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Recuadros:

Apatía electoral en Argelia

Abdelaziz Buteflika anunció el 22 de febrero que será candidato a la reelección como Presidente el próximo 8 de abril. No recibió el apoyo del ejército, pero obtuvo el respaldo de la Alianza Nacional Democrática dirigida por el primer ministro Ahmed Ouyahia, del Movimiento de la Sociedad por la Paz (islamismo moderado) y de una fracción minoritaria del Frente de Liberación Nacional. Una sociedad empobrecida.

Domingo 8 de febrero de 2003. Casi toda Argelia se encuentra sentada frente al televisor siguiendo el partido de cuartos de final de la Copa de África de Naciones (CAN) en el que la selección nacional de fútbol se enfrenta en Sfax, Túnez, con la de Marruecos. A seis minutos del final, los argelinos abren el marcador; la clasificación es prácticamente un hecho. Sin esperar el silbato final, millones de personas toman por asalto las calles en todas la ciudades del país. De Tlemcen a Annaba, de Argel a Tamanrasset, estalla una inmensa explosión de alegría. "No se veía semejante espectáculo desde 1990, cuando Argelia ganó la CAN de local. Incluso la gente a la que habitualmente no le interesa el fútbol estaba entusiasmada", cuenta el arquitecto argelino Hamid Mokrani.

Lamentablemente, a pocos segundos del final los marroquíes empatan y se imponen durante el alargue. Argelia es eliminada. "Abatidos, nos pusimos a llorar de rabia -continúa Hamid-. A mi alrededor, hubo crisis de nervios, insultos e incluso peleas entre personas que cinco minutos antes se abrazaban. Teníamos realmente ganas de ser felices, y una vez más se daba una nueva cita con la decepción."

La historia no termina aquí. Al día siguiente, un rumor anuncia finalmente la victoria de Argelia, tras la descalificación del equipo marroquí por doping. La falsa noticia recorre el país a la velocidad de un rayo. Provoca nuevas manifestaciones de euforia, aun más intensas que las del día anterior. A pesar de las reiteradas desmentidas de los medios de comunicación locales, durarán varias horas. "Era una locura. Las mujeres gritaban, los automovilistas tocaban bocina. Todo el mundo afirmaba que la información era oficial y que incluso Al Jazeera y Eurosport la habían confirmado. ¡Qué tbahdila (vergüenza)!", suspira Aziz Chellig, de 38 años, comerciante de Orán. "Yo también lo creí -agrega Hamid Mokrani-. A pesar de que una vocecita me había dicho que el mismo rumor había corrido tras la derrota de Argelia en la Copa del Mundo de 1982, quería creerlo. Era hasta ingenuo pensar que podía clasificarse... Cuando nada sale bien, ¡nada sale bien!"

Nostalgia de los años ‘70 

La derrota ante el hermano/enemigo marroquí, la humillación y la sensación de ridículo experimentadas tras la desaparición del rumor, pero también los bastonazos de la policía tunecina a los simpatizantes argelinos (alrededor de 60 heridos según un informe oficial, 200 según fuentes diplomáticas), pusieron repentinamente en evidencia la sorda depresión que afecta a la sociedad argelina desde fines de los años 1990. Una sociedad duramente golpeada, tal como explica un ex ministro del presidente Houari Bumedien, "que en absoluto cerró sus heridas y que espera desesperadamente una buena noticia; una ocasión para poder reír abiertamente olvidando años de desgracia, terrorismo y catástrofes".

Doce años después de la anulación de la victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS, disuelto) en la primera vuelta de las elecciones legislativas y del comienzo de la "noche argelina", la gente exhibe una tristeza apenas velada. "Hay mucha emotividad. Se llora por un sí, por un no. Un ejemplo llamativo es el de la celebración de matrimonios. Ya no existe el mismo entusiasmo que antes, la gente da la impresión de aburrirse. Durante los años duros del terrorismo querían, en cambio, desahogarse a cualquier precio. La mínima ocasión para divertirse era bienvenida. La sociedad argelina tal vez esté renaciendo, pero lo hace con una máscara gris en el rostro", lamenta Yasmina T., funcionaria graduada en la École nationale d'administration (ENA). Al igual que ella, varios sociólogos señalan que nunca ha sido tan fuerte la nostalgia de los años 1970-1990, tal como lo demuestra la gran cantidad de público que convoca la difusión de películas o encuentros deportivos de esa época.

"Es una tristeza que afecta sobre todo a los adultos, aquellos que conocieron ‘otra Argelia', donde era impensable desconfiar de su vecino o armarse para proteger a los suyos -matiza el ex ministro-. Sólo ahora, con la desaparición progresiva del terrorismo, se dan cuenta de los daños infligidos a la sociedad. Sufrimos una terrible regresión desde el punto de vista de los valores humanos, la curiosidad intelectual y la apertura al resto del mundo. Francamente, con el retroceso, nos damos cuenta con asombro de la dimensión de la pesadilla vivida; pienso especialmente en las masacres ocurridas entre 1996 y 1998." El trauma es tan profundo que afecta a todas las generaciones.

Es el caso, por ejemplo, de la que los argelinos llaman a veces "vieja Francia". Habitualmente adepta a un estricto código de indumentaria heredado del período colonial (higiene impecable; cara afeitada los siete días de la semana; corbata obligatoria y zapatos siempre lustrados a pesar del polvo de las calles), este sector de la población ha sido ganado por el abandono y actualmente se confunde en su apariencia con el aspecto poco cuidado de los más jóvenes.

"Hay algo más grave -señala un prestigioso médico clínico de Argel-. Entre quienes construyeron la Argelia independiente y fueron poco a poco marginados por el sistema desde los años 1990, una gran cantidad de personas ya no se preocupa por su salud. Renunciaron a luchar y visiblemente esperan partir." A esta renuncia, se suma otra realidad igualmente preocupante que expresa también el nuevo mal argelino. Según la Asociación de Psiquiatras Privados, que organizó un seminario en Argel en febrero de 2003, "desde hace cuatro a cinco años, los suicidios y los intentos de suicidio aumentan constantemente". Las cifras oficiales dan cuenta de 2 a 5 suicidios y 34 intentos por cada 100.000 habitantes.

Una proporción entre quince y veinte veces inferior a la de los países europeos, que no impide a los psiquiatras llamar la atención al respecto, ya que consideran que las estadísticas oficiales están por debajo de la realidad. Es también la opinión del profesor de psiquiatría y jefe de servicio del hospital de Annaba, Mohammed Boudef. Todos denuncian la ausencia de políticas de prevención. De hecho, Argelia cuenta con un solo centro de ayuda y prevención para suicidas, justamente en Annaba. Una gota de agua en el océano de angustias y temores generados por diez años de violencia. "Sin siquiera hablar de la falta de respuestas a la cuestión de la impunidad de los asesinos o del destino de los ‘desaparecidos', el poder es incapaz de implementar una política sanitaria coherente para atenuar las consecuencias psíquicas e incluso físicas de todos estos años de enfrentamientos", continúa el médico de Argel, quien menciona esta cifra aterradora: un millón de jóvenes de menos de quince años habrían sido víctimas directas o testigos de la violencia terrorista, y sólo una ínfima parte de ellos recibiría asistencia psicológica.

Ocaso de la oposición radical 

En lugar de reconocer la importancia del trauma, los dirigentes argelinos prefieren insistir en su capacidad para cerrar el capítulo de la violencia. En 2003, según un informe extraoficial del Ministerio del Interior, los enfrentamientos vinculados al terrorismo habrían causado menos de 1.500 muertos, entre ellos aproximadamente 450 islamitas armados. Una cifra inferior, según este informe, al número anual de víctimas de accidentes de tránsito (4.000 en promedio) y en nada comparable con el balance de la "década negra": entre 100.000 y 200.000 muertos.

Signo del ocaso de la oposición islamita radical, la cartografía de los grupos armados ha cambiado. Según el Estado Mayor del Ejército, se habrían "atomizado", al modo del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), durante mucho tiempo la organización mejor estructurada, que pretendía derrocar al régimen por las armas para construir una república islámica. Rechazado por sus propios hombres, el ex "emir" Hassan Hattab se encontraría aislado en Cabilia, mientras que el nuevo emir Nabil Sahraoui, llamado Abou Ibrahim, habría desplazado hacia el este, cerca de la frontera, al grueso de los 500 hombres que integraban el GSPC a comienzos de 2003. En cuanto al sanguinario Grupo Islámico Armado (GIA), contaría sólo con una treintena de elementos acantonados en Mitidja, la llanura agrícola que bordea a Argel. Finalmente, varios otros grupos disidentes, entre ellos Haoumet Daâwa Salafia (HDS, defensores de la predicación salafista), permanecen activos en las zonas rurales del oeste del país.

"Los tiempos en que el GIA podía formar varias katibates (compañías) de cien hombres cada una quedaron atrás -explica manteniendo el anonimato un especialista en cuestiones de seguridad-. En las ciudades, las redes de apoyo fueron en su mayoría desmanteladas, y en los montes las intensas operaciones del ejército pudieron más que las grandes estructuras. Grupos con efectivos reducidos, pero muy móviles, se mantienen sin embargo activos. Endurecidos, buenos conocedores del terreno, pueden seguir haciendo estragos durante años. Podrían incluso representar una amenaza seria si en algún momento la situación política se deteriora nuevamente o si, por ejemplo, el islamismo político renace de sus cenizas."

Esta es una perspectiva que la población no ignora, pero que relega a un segundo plano en sus preocupaciones. Desde hace algunos años la gente intenta retomar una vida normal, aunque el país permanezca sumido en el estado de emergencia establecido el 9 de febrero de 1992. Las portadas de la prensa independiente confirman la idea de que se ha dado una vuelta de página al terrorismo y de que el terror al toque de queda, el fantasma de las falsas barreras en las carreteras o incluso los secuestros nocturnos llevados a cabo por desconocidos vestidos con uniformes de las fuerzas del orden quedaron en el olvido.

"Se respira. Tengo menos miedo que antes -reconoce, aunque sin sonreír, Fayçal R., un ingeniero de 40 años que vive en la ciudad de Ain Naadja, en los suburbios del sudeste de la capital-. Hubo una época en que prácticamente no dormía. Me quedaba escuchando los ruidos de la noche, adivinando de dónde provenía el eco de los fusilamientos, sobresaltándome ante el menor crujido en el hueco de la escalera. Ahora duermo mejor, pero sigo teniendo un poco de aprensión antes de salir de mi casa a la mañana. En 1996, descubrí una cabeza colocada sobre el automóvil de un vecino. Nunca se supo a quién pertenecía."

Los miembros de los partidos de la oposición reconocen de buen grado que la violencia disminuyó, pero previenen contra todo triunfalismo. "La gente indudablemente tiene menos miedo. La mayoría acepta la idea de que los grupos armados han sido derrotados -asegura un cuadro dirigente del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS, oposición favorable a un diálogo con los islamitas)-. Pero esto no debe llevar a pensar que la violencia desapareció por completo. De hecho, si bien en las grandes ciudades no se producen atentados, la situación es más confusa en las zonas rurales. Las rutas, especialmente en el oeste y el centro, continúan siendo peligrosas, y las aldeas aisladas siguen siendo presa de asesinos nocturnos."

Lo más inquietante es el aumento de la criminalidad. La prensa informa regularmente sobre asesinatos infames, asaltos a mano armada. Los propios empresarios privados reconocieron la necesidad de prevenirse contra esta violencia común. Tewfik B., de 35 años, es un ex militar. Tras su expulsión, no le resultó difícil dedicarse a la protección de personalidades privadas. "Es un trabajo no declarado -explica- pero bien pago. Cuando un comerciante de la altiplanicie debe ‘subir' a Argel con grandes sumas de dinero, me llama a mí y no es raro que vaya acompañado por dos o tres ex colegas que necesitan mejorar sus ingresos."

En mayo de 2003, el Consejo Nacional Económico y Social (CNES) publicó un informe detallado sobre el agravamiento de la criminalidad y la delincuencia. El documento señala el surgimiento de organizaciones criminales estructuradas que se especializan en la extorsión, el tráfico de drogas y la prostitución. Una voz de alarma reforzada por las estadísticas que publica la gendarmería. Según estas cifras, durante el primer trimestre de 2003 se habrían cometido alrededor de 5.000 delitos, 407 de los cuales son crímenes sangrientos (no vinculados al terrorismo), lo que implica un claro aumento con respecto a 2002 (+35%). Más grave aun: las autoridades prevén un aumento de la criminalidad mayor al 100% para 2004 y 2005. "Es un mar de fondo difícil de encausar", reconoce un miembro del CNES, quien precisa que Argel y Orán se ubican a la cabeza entre las ciudades más peligrosas.

La inseguridad, por sí sola, no explica el abatimiento de la sociedad argelina. "La tristeza es sólo un síntoma -advierte Rachid B., sindicalista del centro industrial de Rouiba-. Los argelinos son conscientes de ello: aun cuando se haya derrotado al terrorismo, lo fundamental no ha sido resuelto. Muchos piensan que todo podría recomenzar."

Nuevos presagios de violencia

El clima político deletéreo en vísperas de la elección presidencial no es ajeno a este pesimismo. Desde el verano de 2003 el país tiene la sensación de revivir un nuevo período de incertidumbre que presagia violencia.

La liberación de los dos antiguos líderes del FIS, Abassi Madani y Ali Benhadj, abrió viejas heridas, demostrando que la cuestión del lugar del islamismo político no estaba resuelta. "Los barbudos todavía están allí -lamenta una periodista de El Watan-. Se trate de arrepentidos o de antiguos dirigentes y militantes del FIS, todos levantan cabeza." El 15 de enero de 2004, en Doha (Qatar), Madani recordó la voluntad del ex FIS de volver a la escena política. Durante una conferencia de prensa, el dirigente islamita, quien se había comprometido sin embargo ante las autoridades a no hablar públicamente antes de abandonar el país para recibir asistencia médica en Malasia, anunció una "iniciativa de paz" proponiendo la postergación de la elección presidencial y una amnistía general para todos los protagonistas de "la prueba".

Pero lo que más inquietó a los adversarios del islamismo político es que Madani retomó claramente su discurso de comienzos de los años 1990: exigió "la elección de una nueva Asamblea constitucional soberana para la redacción de la Constitución de una nueva República" y una nueva República que garantice "todas las libertades en el marco de los principios islámicos". Motivo bastante para indignar a las feministas (ver recuadro), que deploran este resurgimiento del islamismo en una coyuntura marcada por la indecisión de quienes detentan verdaderamente el poder.

"La gente está preocupada porque el ejército, paradójicamente, da la impresión de no querer tomar partido en la batalla que enfrenta a (Abdelaziz) Buteflika con sus rivales", explica el editorialista del Quotidien d'Oran, Saadoune al-Maqari. Una duda interpretada como una confesión de debilidad que podría conducir a un nuevo estallido de violencia. "Lo peor es que la situación política es incomprensible para el hombre común", continúa el editorialista aludiendo a la dura batalla en torno al control del Frente de Liberación Nacional (FLN).

El ex partido único es reivindicado así por dos clanes. Por un lado, los "legitimistas", reunidos en torno al ex primer ministro Ali Benflis, candidato también en las presidenciales, y, por otro, los "justicieros", partidarios del Presidente saliente, que pretenden retomar el control de un partido cuyas actividades han sido suspendidas por el tribunal de Argel desde el 30 de diciembre de 2003. Un Clochemerle 1 farsesco con resabios regionalistas -Buteflika es oriundo del Oeste, Benflis del Este- que no hace la menor gracia a los argelinos, a tal punto es representativo de una vida política en plena descomposición. A esto se suma una tension muy pronunciada en Cabilia, donde los archs -consejos de tribus- decidieron boicotear la elección. Los adversarios de Buteflika amenazan además con hacer lo mismo. A menos que el ejército decida finalmente imponer el aplazamiento de la elección...

"La politiquería no me interesa. De todos modos, el resultado ya se sabe", asegura Nawal, de 25 años, traductora. En el océano de morosidad en que está inmersa Argelia, Nawal forma parte de una generación que incita al optimismo a numerosos observadores. Ex empleada del banco Khalifa, consiguió un empleo "declarado a medias" en una empresa importadora privada, luego de la quiebra de la entidad bancaria. "Khalifa -el dueño del banco- intentó hacer cosas. Todos los jóvenes sueñan con ser como él. Nunca debió hacer política", afirma, resumiendo perfectamente el sentimiento de la juventud con respecto al millonario venido a menos. Sin renunciar a su empleo, va "de entrevista en entrevista" con el fin de encontrar algo mejor. "Por mil dinares más, cambio de trabajo. Son las reglas del juego -agrega, descartando la idea de irse del país-. Si algún día tengo que irme, será con experiencia y ahorros. No tengo ganas de ir a pasar miseria como todos los harragas (indocumentados)."

Los padres de Nawal, funcionarios, confiesan su desconcierto. "Es una generación que no pide: toma", analiza su padre. "Nawal tenía diez años cuando estallaron los tumultos de octubre de 1988. Toda su adolescencia estuvo marcada por la violencia. Sus puntos de referencia no son los mismos que los nuestros." La prensa misma no es ajena al fenómeno, tal como explica Saadoune al-Maqari. "Los jóvenes periodistas independientes se comportan a veces como verdaderos mercenarios. No se hacen preguntas."

Esta dinámica, denunciada por los sindicatos y los partidos de izquierda que acusan al poder de institucionalizar la precariedad, responde a la influencia de los grupos privados, que no se sienten para nada ligados a la herencia "socialista". Adeptos a un liberalismo total, cercenan poco a poco un contrato social ya maltratado por las reformas económicas de los años 1990. "A falta de compromiso en el terreno de los partidos o sindicatos, esta juventud no tiene conciencia política o sindical", señala el economista Ali Chouarbia. "Los próximos años serán determinantes para el nuevo modelo económico. Si los actores sociopolíticos se mantienen pasivos, el país entrará poco a poco en una era de ‘dejar hacer' que incrementará las desigualdades."

Pobreza galopante

La situación social confirma este temor. En 2003, Argelia acumuló más de 24.000 millones de dólares de ingresos del exterior y sus reservas de divisas alcanzaron el récord de 30.000 millones de dólares. Algo nunca visto desde 1962, pero que poco beneficia a la mitad de la población que vive por debajo de la línea de pobreza. Jubilados, empleados del sector público, desempleados, sólo sobreviven gracias a la solidaridad familiar. "Mi salario contribuye a mantener a veinte personas, según mis cálculos. El doble que hace diez años", confiesa un ingeniero de Sonatrach, la poderosa compañía petrolera. Además de sus dos hijos, de 28 y 30 años, ambos desempleados, se ve obligado a mantener a una de sus hermanas con sus cuatro hijos, así como a varios parientes de la aldea, que no sobrevivirían sin sus giros.

Otros tienen menos suerte. Desde hace algunos años, Argelia descubrió que también tiene personas sin techo. En la capital y las grandes ciudades, familias enteras vagan por las calles en busca de comida. "La Argelia de los grandes ideales ya no existe. Se ha instalado definitivamente la realidad de una sociedad con diversas categorías", lamenta el ex ministro de Bumedien, que concluye: "Esta pobreza galopante podría favorecer en el corto plazo el resurgimiento de la violencia terrorista".

  1. Clochemerle es el título de un relato de Gabriel Chevallier (1895-1969) que data de 1934; una sátira del enfrentamiento entre un alcalde socialista y las fuerzas eclesiásticas en una aldea de Beaujolais.

Statu quo para las mujeres

Si Zoubir, Lyes

Zohra M., de 42 años, auxiliar de laboratorio, es soltera, como el 20% de las argelinas que viven en los centros urbanos (en 2010, alcanzarían el 30%). Vive sola en un edificio del centro de Argel, donde manos anónimas escriben regularmente estupideces en su buzón o su puerta. “El razonamiento de estos imbéciles es simple –suspira–. Si vivo sola, significa que soy una mujer de costumbres ligeras. Gracias a Dios, tengo un hermano que viene a verme regularmente. Los que tengan intenciones de agredirme saben que hay un hombre en mi familia”.
Zohra M. se siente sin embargo obligada a ser discreta y ni siquiera imagina invitar amigos a su casa y mucho menos a un eventual pretendiente. “Sería condenarme”, afirma, con el rostro impenetrable, recordando que las agresiones a mujeres solteras se multiplicaron desde hace algunos años sin que las autoridades públicas se inmutaran. Todo lo contrario. Los autores de los ataques salvajes contra mujeres solteras, en julio de 2001, en Hassi Messaoud, prácticamente no fueron condenados, y ciudades y pueblos de Argelia son regularmente escenario de expediciones contra mujeres cuyo único delito consiste en vivir solas, llevadas a cabo la mayoría de las veces por religiosos en nombre de las buenas costumbres.
“El aumento del número de mujeres solteras es una realidad, que obliga al poder a reaccionar rápidamente, si no quiere que la sociedad descargue su violencia sobre ellas”, advierte una jueza, quien considera que debe revisarse urgentemente el Código de Familia en su totalidad. Este texto jurídico tristemente célebre (autoriza especialmente la poligamia y convierte a las argelinas en seres bajo tutela masculina de por vida) cumplirá pronto veinte años: lo aprobaron los diputados del entonces partido único Frente de Liberación Nacional (FLN) el 9 de junio de 1984.
Este aniversario moviliza a las asociaciones femeninas argelinas que, bajo la consigna de “¡20 años, barakat!” (20 años bastan), exigen la derogación lisa y llana de ese Código. “La derrota del terrorismo no cambió nada, la situación de las mujeres sigue siendo la misma –se indigna Nadia, periodista–. Este poder nos utilizó para encontrar apoyo en el exterior, pero ahora no quiere arriesgar nada que pueda hacer reaccionar a los islamitas.”
Conscientes de la importancia del voto islamita, deseosos de obtener el apoyo de los partidos religiosos “presentables”, entre ellos el Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP, ex Hamas), los candidatos a la elección presidencial prefieren mantenerse imprecisos respecto de los derechos de la mujer. Ninguno de ellos se ha atrevido todavía a mencionar no ya la derogación; ni siquiera la reforma del Código de Familia. El presidente Buteflika había dado a entender, en la primavera de 2003, que modificaría ese texto a través de ordenanzas, pero desde entonces se mantiene cauto: en esta cuestión, Argelia desempeña actualmente el papel de mal alumno magrebí, desde que el rey Mohammed VI decidió reformar la Moudawana, el Código de Familia marroquí.


Autor/es Lyes Si Zoubir
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:28,29,30
Traducción Gustavo Recalde
Temas Estado (Política)
Países Argelia