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Extranjerización y pérdida de autonomía

La caída del Muro de Berlín, hace quince años, coincidió (y no por azar) con la firma del Consenso de Washington, abriendo la vía para el fortalecimiento del proyecto neoliberal, nacido en los ‘80. En esa corriente, los gobiernos de América Latina aplicaron políticas de desregulación, apertura comercial y financiera y privatización que transformaron radicalmente la estructura económica e institucional de los países de la región.

El poder económico se concentró, al mismo tiempo que las burguesías nacionales perdieron terreno ante el avance de las empresas transnacionales, especialmente en las actividades de servicios y las finanzas. Así, las decisiones sobre cuestiones fundamentales de las economías nacionales se toman cada vez más de acuerdo a los intereses y las estrategias globales de los grandes conglomerados. Paralelamente, la liberalización de los flujos de capital aumentó la vulnerabilidad de las economías a los vaivenes de esos flujos y a los juicios de organismos financieros y bancos de inversión. Como consecuencia de la concentración y extranjerización del poder económico, las privatizaciones y la apertura financiera, los Estados perdieron capacidad de negociación y de regulación de las economías nacionales. Este problema se agudiza en los países con deuda externa elevada. Es decir que el viejo término "dependencia", en boga en los '70, adquirió en los '90 más relevancia que nunca.

Desnacionalización

Durante los '90, hasta el estallido de la crisis asiática, la inversión externa en América Latina creció sustancialmente y llegó a representar el 31% del PBI, un porcentaje similar al de los países de la Unión Europea (UE). El auge inversor produjo un aumento en la extranjerización, principalmente en los servicios y el sistema bancario. Una estadística de la CEPAL sobre las 100 principales empresas de América Latina muestra este fenómeno:

 La participación de las empresas extranjeras en las actividades de servicios pasó del 10% en el período 1990-1994 al 38% en 2000-2002;

 En la manufactura la participación se mantuvo estable: el 55%. Las empresas transnacionales realizan más de la mitad de la producción industrial latinoamericana;

 En el mismo período la participación de las extranjeras en las exportaciones de las 200 mayores exportadoras pasó del 25% al 41%. Este avance se explica por el incremento de la actividad automotriz y electrónica en México (maquilas) y la de vestimenta y electrónica en América Central.

En Argentina, el gobierno de Carlos Menem aplicó en los '90 un programa de apertura comercial, financiera y a las inversiones que profundizó la extranjerización de la economía. En esa década el stock de Inversión Externa Directa (IDE) pasó del 8% del PBI al 22%. La mayor parte de esa inversión (37%) se empleó en compras y fusiones de empresas ya existentes. El 33% se dedicó a la ampliación de plantas y sólo el 18% a instalación de nuevas empresas. El 12% restante se empleó en las privatizaciones, es decir en compra de empresas también existentes 1.

Una comparación internacional con datos de la UNCTAD y la OCDE para 1997 muestra que la extranjerización de la economía argentina es mayor que la de países considerados abiertos al capital externo y al comercio:

 Ese año, la participación de las empresas transnacionales en las ventas llegó al 57%, porcentaje mayor que el de Brasil (50%) y que el de Malasia o Hong Kong. En el Reino Unido o Francia el porcentaje era del 30% y en Alemania del 13%;

 También en 1997, la participación de las transnacionales en el valor agregado llegó al 79%, una porción superior a la de países como Irlanda, Singapur, Malasia, Hong Kong y Brasil (50%);

 Las multinacionales realizaron ese año la mitad de las exportaciones. En Brasil el porcentaje fue algo mayor pero en Malasia, uno de los nuevos tigres exportadores, la participación de empresas extranjeras en las exportaciones fue menor.

Durante los noventa varios países latinoamericanos, en particular México, experimentaron una extranjerización de sus sistemas financieros. Una evaluación de la CEPAL sobre los 100 mayores bancos muestra que los privados extranjeros pasaron de tener el 5% de los activos en 1990-1994, a tener el 35% en 1999-2003. En apenas una década, los bancos extranjeros pasaron de tener una posición modesta a controlar la tercera parte del sistema de recolección de depósitos y asignación de crédito bancario en la región. El control de los flujos financieros internos y externos por financieros extranjeros es aun mayor si se suma la aparición de sistemas de jubilación privados en Chile, Argentina, México y otros países.

En Argentina, según el Banco Central, en 1990 los bancos privados extranjeros tenían el 15% de los depósitos. A fines de la década manejaban el 52%. México es, por su parte, un caso extremo de extranjerización financiera. A comienzos de la década pasada, el NAFTA abrió el sistema bancario a la penetración extranjera. Luego de la crisis de 1995 una legislación permitió la compra de bancos locales por extranjeros, con excepción de los tres principales. En 1998 se removieron todas las restricciones para la participación en bancos locales y los extranjeros dieron el gran salto, hasta obtener el 80% de los activos. Los principales conquistadores del mercado fueron los españoles Bilbao Vizcaya y Santander 2.

Concesiones y deterioro

En esa década, los países industriales incluyeron en la agenda de negociaciones comerciales temas no comerciales, como la liberalización de los regímenes de inversiones, la apertura del sistema de compras gubernamentales y el reconocimiento de los derechos de propiedad intelectual.

Argentina adoptó estas políticas unilateralmente, reduciendo la capacidad de regulación estatal y perdiendo capacidad negociadora en los foros comerciales: ya no tiene nada para entregar a cambio de concesiones arancelarias o acceso a mercados (Sosa, pág. 6). Chile siguió el mismo camino, en forma general o a través de los acuerdos firmados con Estados Unidos y la UE. Esos acuerdos le impiden incluso volver a utilizar los controles de capital especulativo, que en los '90 le sirvieron para impedir una valorización indeseada del peso.

El decálogo del Consenso de Washington recomendaba apertura comercial, desregulación y privatización de las economías, pero no apertura financiera. No obstante los países avanzaron en mayor o menor medida, exponiendo a sus economías a un mercado financiero volátil e impredecible. Según la CEPAL, "aunque los ciclos del comercio y de los términos de intercambio internacionales siguen jugando un papel importante, la exposición a la volatilidad y el contagio asociado a las nuevas modalidades de financiamiento externo se ha transformado en la principal fuente de vulnerabilidad externa de las economías de la región." 3.

Las economías más abiertas son más vulnerables, porque tienen menos capacidad para regular los flujos comerciales o financieros a través de medidas arancelarias o controles cambiarios. En estas condiciones los Estados pierden capacidad de regulación macroeconómica, especialmente en cuestiones como el tipo de cambio o el grado de liquidez.

En el conjunto de la periferia, los países latinoamericanos son, a su vez, más vulnerables por su dependencia extrema del financiamiento externo: a diferencia de los países asiáticos, tienen un déficit persistente de cuenta corriente aun en momentos de bajo crecimiento económico y su deuda externa es de plazo más corto.

Las transformaciones de la ola neoliberal deterioraron las condiciones del trabajo y el ingreso de las poblaciones. Según un trabajo de la Universidad de Princeton 4, en la época de la sustitución de importaciones el empleo formal aumentó, mientras que en la época del dominio neoliberal se redujo por la caída de industrias y por la pérdida de empleos públicos causada por las privatizaciones. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en los '90 el empleo informal pasó del 44% de la Población Económicamente Activa (PEA) al 48%. La pequeña burguesía desplazada del empleo público se reubicó en trabajos por cuenta propia y en pequeños emprendimientos. Respecto de los ingresos, los autores concluyen: "a) con la excepción de Chile, el ingreso medio de la fuerza de trabajo urbana latinoamericana se mantuvo estancado o disminuyó en términos reales durante los años del ajuste neoliberal; b) el ingreso medio de todas las clases subordinadas, incluso la pequeña burguesía urbana, también disminuyó; c) el ingreso de las clases dominantes aumentó más fuertemente que el promedio en todos los países, con excepción de Chile; d) en consecuencia, la relación entre el ingreso recibido por estas clases en comparación con las clases proletarias aumentó durante este período, profundizándose así lo que ya era un abismo en la condición económica y en el nivel de vida de los ricos y los pobres. Más que nunca se reafirmó el hecho de que en América Latina no es necesario ser un desocupado para ser pobre. 

  1. D. Chudnovsky y A. López, La transnacionalización de la economía argentina, Eudeba-Cenit, Buenos Aires, 2001.
  2. Claudia Maya, Banca extranjera en México, en Economía financiera contemporánea, Eugenia Correa y Alicia Girón coordinadoras, M.A. Porrúa, México, 2004.
  3. CEPAL, "La inversión extranjera en América Latina y el Caribe", 2003.
  4. Alejandro Portes y Kelly Hoffman, "La estructura de clases en América Latina: composición y cambios durante la era neoliberal", Desarrollo Económico, N° 171, Buenos Aires, octubre-diciembre 2003.
Autor/es Julio Sevares
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 66 - Diciembre 2004
Páginas:5,6
Temas Neoliberalismo, Estado (Política)