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Una prensa libre, pero amenazada

Las próximas elecciones constituyen una esperanza para el castigado periodismo argelino, el “más libre”, no obstante, del mundo árabe. La lucha contra el islamismo radical obligó de algún modo a tomar partido, pero al precio de informar parcialmente y terminar ocultando, de manera objetiva, las violaciones del gobierno y el ejército a los derechos humanos. Los medios siguen dependiendo del Estado.

"Esperamos ansiosos las elecciones presidenciales de abril, para que terminen las persecuciones", exclama Khadija Chuit, secretario de redacción del diario Le Matin. Desde hace más de seis meses ese periódico multiplica sus ataques al presidente Abdelaziz Buteflika: costumbres corruptas, arreglos con los islamistas, incompetencia en la gestión de los asuntos públicos, creciente autoritarismo... Por su parte, el jefe de Estado le devuelve esas gentilezas: el director del diario, Mohamed Benchicu, está bajo control de la justicia desde hace seis meses y debe enfrentar varios juicios, mientras que el jefe de redacción, Yucef Rezzug, fue condenado a dos meses de prisión en suspenso por manifestar frente a una comisaría de Argel.

Le Matin no es el único blanco de la ira presidencial. En este país, que ocupa el puesto Nº 108 (sobre 166) en la clasificación mundial de la libertad de prensa establecida por Reporteros Sin Fronteras (RSF), el gobierno adoptó desde el verano pasado una estrategia de hostigamiento sistemático contra la prensa privada: repetidas citaciones, detenciones, condenas a penas de cárcel en suspenso y cuantiosas multas. A la virulencia de los ataques de la prensa "libre", el gobierno responde con medios desproporcionados: luego de la enmienda introducida al Código Penal en 2001, en caso de "insulto, ultraje o difamación" al Presidente, al Parlamento o a las Fuerzas Armadas los responsables pueden ser castigados con penas de 3 a 12 meses de cárcel y multas de 50.000 a 250.000 dinares (600 a 3.000 euros).

"Última línea de defensa contra la dictadura", según la expresión de Fayçal Métaui, jefe del servicio político del diario El Watan, la prensa argelina cumple una función esencial al someter a los gobernantes a su evaluación crítica. "Si Buteflika, que participó en todos los golpes de Estado desde 1962, es reelecto, será una catástrofe, pues tendrá cinco años más para aplicar sus ideas de autócrata", se indigna Benchicu. Pero los excesos de ciertas publicaciones -excesos que seguramente desaparecerán luego de las elecciones de abril- perjudican a la prensa privada, e incluso ofrecen al gobierno la oportunidad de una justificación democrática fácil.

"Hoy en día, cualquiera ataca al presidente Buteflika y se cree muy audaz por eso", comenta con acidez un ex periodista del Quotidien d'Oran. Menos comprometido en la campaña que los otros medios, y por ello calificado de "pro Buteflika", este diario regional que alcanzó una dimensión nacional es el periódico en francés de mayor difusión del país (190.000 ejemplares), muy por delante de Liberté (150.000), Le Matin (100.000) o El Watan (60.000). Lo que podría significar que los lectores argelinos están hartos de las invectivas electorales... De hecho, la focalización sobre el enfrentamiento electoral oculta otras cuestiones importantes. "En cierta medida, la prensa quedó atrapada por el conflicto entre Buteflika y Alí Benflis 1. Y el clima así creado nos impide plantear los verdaderos interrogantes", estima Fayçal Métaui. Esa situación quizá se explique por las circunstancias en que surgió esta joven prensa en Argelia.

Transición única, cuestionada

"Heredera de la prensa colonial, la prensa argelina nació, como el ejército, de la política", explica Reduan Budjema, profesor del Instituto de Ciencias de la Información y de la Comunicación (ISIC) de la universidad de Argel y ex periodista. Históricamente, el periodista argelino fue manipulado -al menos en el discurso- por los diferentes gobiernos: militó por el socialismo durante la independencia, luego en favor del Frente de Liberación Nacional (FLN) bajo la presidencia de Huari Bumedien, para convertirse finalmente a la lucha contra el "peligro verde" 2.

Seguramente única en el mundo, la vía argelina de transición de una prensa de Estado a una prensa pluralista rompería ese esquema: en 1990, los periodistas-funcionarios recibieron tres años de salario y el usufructo de los locales operativos para poder crear diarios independientes. Lamentablemente, "la prensa privada sigue prisionera de las luchas palaciegas de los diversos clanes" (fundamentalmente entre generales), estima Reduan Budjema. En su mayoría, los actuales dueños de los medios -antiguos responsables de la prensa oficial- siguen ligados a los círculos del poder. Esas personas, con domicilio en el Club des Pins, residencia de los privilegiados del régimen, viven entre Argel y París, y en general gozan de un nivel de vida muy superior al de la enorme mayoría de sus conciudadanos y al de los periodistas que trabajan para ellos.

Iniciada con la euforia que despierta cualquier cambio prometedor, la transición fue objeto de pocos cuestionamientos, como reconoce un ex columnista de Le Matin, Sid Ahmed Semian (SAS): "Pensábamos que realmente podíamos crear una prensa libre y nos zambullimos de cabeza sin hacernos demasiadas preguntas". Pero en algunos aspectos el cambio de sistema se produjo dentro de una cierta continuidad, como subraya Mohamed Benchicu: "El ochenta por ciento de las publicaciones de la prensa argelina vive gracias al dinero del Estado".

La compra de espacios publicitarios en los diarios está centralizada por un organismo público, la Agencia Nacional de la Edición y la Publicidad (Anep). (Le Matin rompió su contrato con la Anep en 2000, precisa Yucef Rezzug). Exceptuando las rotativas de El Watan y de El Khabar (el diario de mayor tirada nacional: 350.000 ejemplares), todas las imprentas son propiedad del Estado. Por otra parte, para lanzar al mercado una nueva publicación es necesaria una autorización del gobierno. Por lo tanto, la mayor parte de la prensa privada sigue dependiendo del poder en términos económicos y administrativos.

Pero la prensa privada nació también en medio de una guerra civil de una violencia inaudita. Muy pronto se vio conminada a optar entre un bando u otro. Ese imperativo maniqueo la llevó a silenciar los crímenes -comprobados o supuestos- imputables a los generales, para así poder atacar más libremente a los integristas. El argumento utilizado -bien ajustado y repetido hasta el cansancio- puede resumirse en una frase: "Los generales salvaron al país del fascismo en 1992, por lo cual nos negamos a atacarlos". Según un ex periodista, precisamente "el fracaso de la prensa comenzó cuando creyó que su misión no era informar, sino salvar al país". En tales circunstancias, se entiende que el presidente Buteflika, de quien se sospecha haber pactado con los islamistas, se haya convertido en su blanco principal.

La conjunción de esa cultura muy politizada, la cercanía de los editores con el poder e intereses financieros (poco conocidos), desemboca en una "censura estructural" de la prensa, según las palabras de Adlène Meddi, periodista de El Watan. Entre la larga lista de temas tabú se cuentan el levantamiento del estado de emergencia (vigente desde 1992), la tortura, el accionar de los servicios secretos, la corrupción de los generales, las ejecuciones extrajudiciales, el destino de los desaparecidos 3, la utilización de los colosales ingresos fiscales originados en la explotación petrolera, las opciones para alcanzar el desarrollo nacional y... la fortuna de los empresarios periodísticos.

Hecho sintomático, las violaciones a los derechos humanos son "cubiertas" según los intereses del momento. El presidente de la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos (LADDH), Abdenur Ali Yahia, lo lamenta amargamente: "La prensa de izquierda defiende las libertades fundamentales, como la libertad de expresión, pero ante todo defiende a su gente. Debería hacer un esfuerzo para apoyar a quienes luchan por los derechos humanos y por la libertad de expresión. Hassan Buras no fue bien defendido por su corporación".

Acusado de difamación, Hassan Buras, corresponsal de los diarios El Djazaïri y El Youm, fue condenado a dos años de cárcel y cinco años de prohibición para ejercer la profesión el 7 de noviembre de 2003. Buras había acusado al fiscal general de El Bayadh de estar involucrado en casos de corrupción. Ocurre que la presión de personalidades y de empresarios locales sobre los corresponsales constituye actualmente uno de los más graves atentados al ejercicio del periodismo en Argelia, indica RSF. Más aun teniendo en cuenta que esos corresponsales a menudo no cuentan con el apoyo necesario de los periodistas de la capital.

Además, Hassan Buras era miembro de la LADDH, que algunos consideran "islamista" por haber denunciado las violaciones a los derechos humanos cometidas contra militantes de esa orientación. Tanto es así que ningún diario dedicó un título en su portada "al caso más grave registrado en el terreno de la prensa desde la época de la desaparición de los periodistas" 4, se lamenta Robert Menard, secretario general de RSF. Sin embargo, gracias a la obstinación de un grupo de periodistas argelinos se organizó una petición para alertar a los medios internacionales sobre la detención de Buras y conseguir la revisión del fallo en apelación.

Otro ejemplo revelador: el de Sid Ahmed Semian, que actualmente vive en París. Su condena -en rebeldía- a seis meses de cárcel, dictada el pasado 4 de noviembre, sólo motivó un artículo en el Quotidien d'Oran; unas pocas líneas en Le Matin, diario en el que trabajaba, y algunas alusiones en El Watan, con la firma de un comentarista. En un comunicado fechado el 13 de noviembre, RSF estimó que esa falta de movilización "revela un malestar en el seno de la prensa privada argelina" que posiblemente se explique porque la condena del periodista fue producto "de una denuncia proveniente del ejército y no del clan presidencial".

En ese contexto, uno de los mayores enemigos del periodista argelino es... su propia jerarquía. La libertad de expresión se conquista paso a paso, en los márgenes: una alusión hoy, un artículo mañana, un comentario otro día. Por ejemplo: en una crónica sin demasiada importancia sobre las visitas familiares con motivo de la festividad religiosa del Aid, Adlene Meddi relató la historia de un conocido que fue secuestrado y torturado durante doce días por hombres de la seguridad militar (designados vagamente -prudencia obliga- como "personas"). Ese es el camino elegido por los más combativos o por los menos pesimistas, aunque tomando las debidas precauciones: "Cuando uno se acerca al poder o a la mafia, hay que tener cuidado. Hay que buscar pruebas, rodearse de personas de confianza y tener buenas relaciones con los jueces", afirma un joven periodista de El Khabar.

Hartos de esos combates diarios, algunos periodistas se convirtieron en colaboradores independientes, otros ya acumulan varias renuncias sucesivas, abandonaron la profesión o se exiliaron. Pues muchos consideran que no se puede hacer gran cosa: "El gobierno, la prensa y la oposición, son todos responsables del caos actual", opina un periodista que decidió tirar la toalla. Otros parecen menos desesperados. Ghania Hammadu, miembro fundadora de Le Matin, recuerda que "la causa primera y central de las debilidades y de los excesos de la prensa argelina es su juventud", y añade que, sin embargo, "el pluralismo en sí mismo ya constituye, en una primera etapa, un gran progreso en la libertad de expresión".

A falta de lanzar nuevas publicaciones, desafío imposible, se podría avanzar creando un verdadero estatuto del periodista: redactar un código de deontología, crear un verdadero sindicato profesional, reforzar los medios con que cuenta el Instituto de Ciencias de la Información y de la Comunicación (que recibe una cantidad de estudiantes diez veces superior a su capacidad teórica), organizar cursos de perfeccionamiento...

Vale la pena citar el caso excepcional de Fayçal Métaui, quien con quince años en la profesión se declara incluso "optimista": "Nuestra razón de ser es darle la palabra a quienes no la tienen. Por otra parte, si a la movilización de los periodistas se le suma la presión de la prensa internacional, el gobierno a menudo da marcha atrás". Así, como resultado de una petición firmada por periodistas de diferentes publicaciones, Hassan Buras fue liberado luego de un mes de detención, a la espera el resultado de la apelación.

Tal es la situación sumamente paradójica de la prensa argelina, sin dudas la más libre de todo el mundo árabe, pero también la más (auto)censurada. Son sus periodistas y no sus periódicos quienes aseguran su vitalidad y su futuro.

  1. Ex jefe de Gobierno de Abdelaziz Buteflika, actual secretario general del Frente de Liberación Nacional (FLN) y candidato opositor al actual presidente en las próximas elecciones.
  2. Reduan Budjema, "La identidad del periodista en Argelia a través del discurso oficial, desde 1962 a 1968" (en árabe), Revue algérienne des sciences de l'information et de la communication, N°16, 1999, Universidad de Argel.
  3. Se trata de personas desaparecidas luego de haber sido detenidas por miembros de la policía, del ejército o de las milicias armadas por el gobierno. Según la Liga Argelina por la Defensa de los Derechos Humanos (LADDH), su número alcanza a 7.200.
  4. En la década de 1990 desaparecieron cinco periodistas argelinos (y unos sesenta fueron asesinados). Reporteros Sin Fronteras lamenta que las investigaciones sobre esas desapariciones prácticamente no registren ningún progreso.
Autor/es Bárbara Vignaux
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:30,31
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Comunicación, Derechos Humanos, Estado (Política), Islamismo
Países Argelia