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Más de una década de crímenes

¿Qué se sabe realmente, a doce años de iniciada la guerra civil en Argelia, de ese conflicto sangriento que dejó cerca de 150.000 muertos? Una docena de libros publicados en Francia –prohibidos de facto en Argelia– aportan nueva luz sobre los mecanismos de la contrainsurgencia desarrollada por el ejército para combatir a la guerrilla islamista.

AEsos testimonios, a pesar de ser fragmentarios y de evocar hechos a veces difíciles de comprobar 1, permitieron conocer la otra cara de una guerra sucia cuyo funcionamiento resultó durante mucho tiempo indescifrable y en la que los servicios secretos argelinos tuvieron un rol protagónico.

Con el golpe autoritario de enero de 1992, que puso fin a un proceso electoral favorable al Frente Islámico de Salvación (FIS), el ejército argelino se apoyó en una parte de la sociedad civil y en un sector de los partidos políticos para tomar el control del país. La instauración del estado de emergencia y la posterior prohibición del FIS serían la señal de inicio de una gran campaña de detenciones. Miles de militantes y de simpatizantes islamistas o de "sospechosos" fueron detenidos, deportados al Sahara o enviados a la cárcel sin juicio 2. Los que lograron escapar a esa ola represiva pasaron a la clandestinidad, otros se sumaron a grupos radicales que tomaron las armas luego de la detención de los principales dirigentes de su partido en junio de 1991 3.

Esa estrategia de represión a gran escala, destinada a desmantelar el movimiento islamista en unos pocos meses, resultó un fracaso. Apoyada en las redes del FIS, la guerrilla se desplegó de manera durable en el norte del país. El terrorismo urbano surgió brutalmente en la vida diaria de los argelinos, con su cortejo de ejecuciones y bombas, a la vez que la población rural quedó a merced de las facciones islamistas. El ejército regular, incapaz de hacer frente a esa avalancha de violencia, instaló progresivamente una maquinaria de guerra compleja, que dependía en parte del Departamento de Informaciones y Seguridad (DRS). A partir de 1992, ese servicio secreto se convirtió en la piedra angular del sistema antiterrorista instaurado para luchar contra el Grupo Islamista Armado (GIA) 4.

Semejante engranaje de violencia acabaría triturando a decenas de miles de argelinos. Desde el comienzo de la confrontación las exacciones contra los civiles fueron en aumento, principalmente en el centro del país y en la llanura de Mitidja, donde el GIA estaba sólidamente implantado.

Un habitante de la región, Nasroullah Yous, relataría detalladamente ese avance ineluctable hacia el terror, describiendo de qué manera los habitantes del pueblo de Bentalha, a pocos kilómetros de la capital, fueron víctimas de la violencia de los diferentes protagonistas: islamistas, militares o milicianos. La vida diaria de los habitantes estuvo marcada por ejecuciones, secuestros, atentados y razzias hasta septiembre de 1997, cuando un grupo armado masacró a más de 400 personas en una sola noche. Ese testimonio, aunque no establecía la responsabilidad del ejército en la matanza, contradijo las tesis oficiales que atribuyen únicamente a los islamistas los actos de violencia contra la población. El autor de esas declaraciones sería "linchado" por la prensa argelina, en una operación organizada 5.

Mentiras constantes

Desde los primeros meses del conflicto, el gobierno argelino impuso su poder sobre todos los medios independientes, a la vez que trató de canalizar el trabajo de los medios extranjeros y de las ONG defensoras de los derechos humanos. Mohamed Samraoui, un antiguo cuadro del contraespionaje, afirma que los "servicios" se valieron de periodistas, de partidos políticos "amigos", de abogados y de intelectuales en su tarea de propaganda destinada a inclinar a la población en favor de un sistema "totalmente securitario". Las técnicas de desinformación y de manipulación llegarían incluso a difundir falsas "listas negras", atribuidas a los islamistas, amenazando de muerte a los intelectuales, o a propagar falsos comunicados del GIA, fabricados por la DRS y destinados a desatar rivalidades entre fracciones islamistas 6.

Este oficial, que durante mucho tiempo colaboró con los principales jefes de los servicios de informaciones, sostiene otra tesis: la de la infiltración del GIA "al más alto nivel" y la instrumentalización de la violencia islamista. Según su versión, la DRS habría creado falsos grupos armados encargados de contrarrestar a la guerrilla y habría utilizado militares que, afirmando haber desertado, se infiltraban en las redes terroristas. Esa estrategia, que exigía un secreto total y una perfecta coordinación entre los distintos servicios de la DRS, fracasó rápidamente, pues algunos de esos grupos quedaron totalmente fuera de control 7.

En el plano militar, las unidades operacionales dirigidas por el Estado Mayor que intervenían en la lucha contra la guerrilla se apoyaban fundamentalmente en las "delegaciones locales" de los servicios secretos. Abdelkader Tigha, ex miembro de uno de esos centros de contrainsurgencia en la llanura de Mitidja, explicó claramente su misión: "interrogar, torturar y ejecutar a civiles sospechosos de actividades terroristas". A partir de 1993, con la creación de una jurisdicción especial y la promulgación de una ley antiterrorista, esos grupos habrían recibido instrucciones precisas de parte de su jerarquía a fin de evitar "que los casos lleguen a los tribunales" 8.

Paralelamente, el ejército argelino trató de quebrar el apoyo popular al GIA fomentando la creación de milicias paramilitares, en lo que constituyó una operación riesgosa. Esos civiles, oficialmente encargados de garantizar la seguridad en zonas rurales en el marco de una "política de autodefensa", en realidad quedaron en primera línea durante las operaciones contra los grupos armados. Esa "privatización de la guerra" logró efectivamente hacer retroceder al terrorismo, pero al precio de una sangrienta batalla para recuperar el control de las zonas campesinas. Algunos milicianos quedaron fuera de todo control, cometieron impunemente masacres en represalia de atentados y desataron numerosas venganzas. Los comunicados oficiales difundidos por la prensa invariablemente afirmaban la tesis de enfrentamientos internos entre grupos rivales o de atentados islamistas 9.

En medio de ese caos aparecieron los "escuadrones de la muerte", dirigidos, según la expresión del presidente Liamine Zeroual, por "poderosos centros de interés" que no dependen de las "estructuras oficiales" 10. Según Mohamed Samraoui, se trataría de unidades clandestinas de los servicios secretos, encargadas de realizar expediciones punitivas y "golpes sucios". Ese ciclo infernal de exacciones y de extrema violencia desembocó en las grandes masacres de 1997, que dejaron miles de muertos y cuyos entretelones aún se desconocen. El mismo año, bajo presión internacional, Argel abrió sus puertas a las ONG de defensa de los derechos humanos, uno de cuyos representantes dijo que entonces existía en el país una "permanente impresión de disimulación y de mentira" 11.

Paradójicamente, es en medio de ese clima de terror que los servicios secretos negociaron con el Ejército Islámico de Salvación (AIS). El brazo armado del FIS anunció una tregua unilateral en octubre de 1997, en momentos en que pueblos enteros eran aniquilados y las matanzas proseguían a un ritmo infernal. Los términos del arreglo acordado entre las partes nunca fueron hechos públicos, pero unos 6.000 guerrilleros, algunos de ellos responsables de sangrientos crímenes, fueron amnistiados. Si bien algo de luz se hizo sobre los primeros años del conflicto, etapas enteras de esa guerra siguen aún en las sombras, como los casos de desapariciones forzadas y de torturas, o la descomposición tan rápida como inexplicable del GIA inmediatamente después de ese acuerdo y de las masacres a gran escala.

  1. Tres de los testimonios publicados en Francia y en Europa provienen de ex miembros de los servicios secretos que mantenían lazos con el Movimiento Argelino de los Oficiales Libres (MAOL), una controvertida organización de disidentes.
  2. Lyes Laribi, Dans les geôles de Nezzar, Paris-Méditerranée, París, 2002.
  3. Los principales dirigentes del FIS fueron detenidos luego de una huelga general, en junio de 1991.
  4. Habib Souidia, La Sale guerre, La Découverte, París, 2001.
  5. Nesroulah Yous, Qui a tué à Bentalha?, La Découverte, París, 2000. Entre otras cosas, la prensa acusó al autor de haber participado en la organización de la masacre.
  6. Mohamed Samraoui, Chronique des années de sang, Denoël, París, 2003.
  7. El ex ministro de Defensa, Khaled Nezzar, explicó ese punto durante el juicio que se le inició al autor de La Sale guerre, Habib Souidia, en París. Frente a Samraoui afirmó: "En todos lados había gente infiltrada y golpes traicioneros", pero desmintió que el GIA fuera un "producto de los servicios".
  8. "Algérie: les révélations d'un déserteur de la SM", Nord-Sud Export, París, N° 427, septiembre de 2001. Según esta revista, las autoridades argelinas habrían pedido -infructuosamente- la extradición y la expulsión de Abdelkader Tigha, refugiado en Tailandia y luego en Jordania, antes de su llegada a Europa en 2003.
  9. Salaheddine Sidhoum, militante de los derechos humanos, elaboró en 2003 dos informes detallados sobre ese tema: "La máquina de la muerte" y "Las milicias en la nueva guerra argelina", publicados por la organización Algeria Watch. Allí contabiliza, sólo en la ciudad oriental de Relizan, 131 casos documentados de desapariciones forzadas y de ejecuciones extrajudiciales imputables a la milicia dirigida por el alcalde de la ciudad.
  10. El presidente argelino respondía a una pregunta de la dirigente del Partido de los Trabajadores, Louisa Hanoune, quien dio a conocer esas declaraciones en diciembre de 2001.
  11. Le procès de "La sale guerre", La Découverte, París, 2002.
Autor/es Djamel Benramdane
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 57 - Marzo 2004
Páginas:32
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Salud
Países Argelia