Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El partido más poderoso de Brasil

Sin una arraigada conformación de partidos políticos, el multimedio Globo –de la familia Marinho–, cuyo noticiero televisivo es la principal fuente de información para 180 millones de brasileños, ha asumido en Brasil la representación de los intereses y de la ideología liberal-conservadora, sobre todo luego de las victorias de Luiz Inácio “Lula” Da Silva y ante el actual desconcierto de las fuerzas de derechas.

Las obsequiosas crónicas y editoriales dedicadas por los diversos medios del grupo Globo a la muerte del cacique conservador Antonio Carlos Magalhães, el 20 de julio pasado, son piezas de estudio invalorables: en ellas quedó expuesta la nostalgia de la dinastía Marinho -propietaria de Globo, el mayor imperio mediático brasileño- por los tiempos idos, cuando al abrigo de la dictadura militar (1964-1985) las oligarquías políticas y periodísticas ejercieron el poder absoluto, sin las restricciones formales o reales que supone un régimen democrático.

Ex gobernador del Estado de Bahía, Magalhães encarnaba mejor que nadie al arquetipo de los "coroneles" nordestinos, verdaderos señores feudales, generalmente terratenientes, para quienes la res publica era un bien patrimonial y, por tanto, hereditario. Con Magalhães desapareció un personaje anacrónico, emergente del Brasil de finales de la segunda mitad del siglo pasado, cuando el país iniciaba su proceso de industrialización y urbanización.

El fallecimiento del cacique bahiano agudizó la acefalía que campeaba entre los partidos conservadores, dijo entre lágrimas el actual senador y ex miembro de la policía política del régimen militar (el temible Departamento de Orden Político y Social, DOPS) Romeo Tuma, análisis compartido integralmente por el columnista Nerval Pereira, de Globo.

En rigor es la derecha brasileña, que comprende a los "coroneles" premodernos y los globalizados socialdemócratas del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), la que enfrenta una crisis de gran calado, circunstancia que está dejando sin representación confiable a la alta burguesía financiera e industrial. Convertidas en un archipiélago de facciones y desgastadas tras la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva el año pasado, esas fuerzas políticas parecen haber cedido su dirección estratégica a la gran prensa en general y al grupo Globo en particular, que se ha tornado una suerte de intelectual orgánico del bloque de poder dominante. 

Desideologización 

De ese modo el fin del "coronelismo" de provincia abrió paso a otro fenómeno, de alcance nacional, más sofisticado y altamente tecnificado aunque no menos populista y antirrepublicano que aquél: el "coronelismo electrónico" de los nuevos amos de la (des)información y la cultura.

La competencia y penetración de Globo, con una red de 108 repetidoras de televisión diseminadas en un país-continente de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, 20.000 empleados y unos ingresos anuales de más de 2.000 millones de dólares, contrasta con la precariedad de un sistema partidario caracterizado por su escasa representatividad y desgastado por su endémica corrupción.

En la perspectiva de Venicio de Lima -profesor e investigador de la Universidad de Brasilia- "por su rol central en la vida política, no sólo en períodos electorales" el conglomerado Globo ya es, de facto, un "verdadero partido", posiblemente el más poderoso de Brasil. "Muchas veces Globo cumple con más competencia que los partidos tradicionales funciones que eran propias de éstos, como construir la agenda, generar y transmitir informaciones políticas, fiscalizar las acciones del gobierno y criticar las políticas públicas", postula el catedrático 1.

Prima facie la irrupción de Globo como partido del poder en Brasil se presenta como un caso más dentro de una tendencia a la concentración mediática y al uso político de ese formidable poder de influencia, de la que no escapa la mayoría de los países latinoamericanos. Venicio de Lima advierte que esa percepción de conjunto es correcta, pero no basta para entender la especificidad del caso brasileño: "La influencia de Globo es más grave aquí que la que tienen los grandes medios en otros países de características semejantes al nuestro, porque nosotros no tenemos una tradición partidaria como la existente, por ejemplo, en  Colombia, Uruguay o Argentina" 2.

El "partido" Globo no está sujeto al escrutinio de las urnas, y su proselitismo atraviesa, como un pensamiento único, todos los segmentos de su programación: con incitaciones al consumismo infantil en las mañanas de Xuxa, la "reina de los bajitos", o al nacionalismo xenófobo del relator de fútbol Galvao Bueno. Se trata de un partido de nuevo tipo, que degrada al ciudadano a la condición de televidente, descalifica a la política como práctica colectiva que trascienda y predica la desideologización como ideología.

Aunque no esté expresada en un programa y una plataforma electoral, como es de práctica en las formaciones partidarias convencionales, los canales de televisión, radios y diarios del conglomerado fundado por Roberto Marinho en 1965 se ajustan a una matriz liberal-conservadora, apenas disimulada por su autoproclamada "objetividad e imparcialidad".

Con todo, en las elecciones presidenciales de octubre de 2006 la "vieja dama" de la televisión verdeamarela dejó de lado cualquier simulacro de neutralidad y se aplicó a una denodada batalla para impedir la reelección del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva, valiéndose, entre otros recursos, de la incontestable penetración de sus noticieros, la principal fuente de información para el grueso de los 188 millones de ciudadanos que raramente lee diarios: los 3 principales matutinos nacionales, Folha de San Pablo, O Globo y Estado de San Pablo, alcanzan una tirada conjunta, en días de semana, que ronda el millón de ejemplares.

Desde hace 36 años el "Jornal Nacional", transmitido de lunes a sábado en horario central (20.15 horas), con un rating que quintuplica al de todos los informativos de la competencia, goza de una capacidad de implantar la agenda pública no igualada por ningún otro actor político o social. "Quince días de Jornal Nacional en contra son suficientes para hacer que el gobierno sea inviable nacional e internacionalmente", confesó un asesor de prensa de Lula 3.

Ese capital simbólico fue aplicado en los primeros meses de 2006 -cuando aún no había comenzado el calendario electoral oficial- en denigrar informativamente al gobierno del presidente-candidato Lula, ya corroído por la secuela de escándalos de corrupción políticos -algunos reales, todo hay que decirlo- que enlodaron su primer mandato, sobre todo el de un hombre clave del gabinete, el ministro jefe de la Casa Civil, José Dirceu, quien debió renunciar acusado de montar un sistema de pagos ilegales en el Congreso.

El proselitismo del "Partido Globo" rozó lo panfletario en el último tramo de la campaña. Los estrategas de la emisora carioca redoblaron su apuesta cuando se sintieron desairados por Lula, quien faltó a un debate en el estudio del canal y optó por participar de un acto en San Bernardo do Campo, cordón industrial de San Pablo, reducto histórico del PT. 

Latifundio mediático 

"Globo, este triunfo es para ti", se leía en una cartel escrito a las corridas, a mano alzada, exhibido por un militante del PT a los automovilistas en la tarde del domingo 29 de octubre, cuando Lula ganó los comicios con 58 millones de votos, una diferencia de casi 20 millones sobre su rival Geraldo Alckmin, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña.

Había algo de cierto en aquella cartulina improvisada con que se paseaba el joven por la avenida Paulista, principal arteria de San Pablo, dado que la victoria de Lula fue, en buena medida, una derrota para el partido mediático.

El ministro de Comunicación Social del gobierno petista, Franklin Martins, postula que por primera vez desde el restablecimiento de la democracia en Brasil la opinión pública le dio la espalda al gran hermano mediático. En su opinión, por debajo de esa conducta electoral, existen dos fenómenos de naturaleza sociológica y política.

De un lado la identificación de las masas con el primer Presidente de extracción popular, un ex tornero mecánico que "habla con la voz ronca del pueblo", y que durante sus primeros cuatro años en la presidencia tuvo como premisa viajar permanentemente por todo el país para establecer una comunicación directa con la población. A lo anterior se suma un relativo deterioro del contrato entre el "gran público" y la televisión, gracias al cual los ciudadanos se comportaban como electores dóciles al proselitismo catódico.

Diversos mecanismos de construcción emocional del consenso, especialmente a través de la ficción, habían sido aplicados por Globo para descalificar la imagen de Lula en otras elecciones, como las de 1989, cuando el candidato petista fue derrotado por Fernando Collor de Mello, el preferido del "Doctor Roberto" (fallecido en 2003), patriarca del clan Marinho. En los meses previos a aquellos comicios comenzó a ser emitida la telenovela "Salvador de la Patria", cuyo personaje principal era Sassá Mutema, alguien que, como Lula, no tenía formación universitaria, era de origen humilde y se postulaba a la alcaldía de su pueblo. Una vez electo Sassá Mutema no resistió a las tentaciones del poder, se corrompió, y traicionó a su pueblo...

Globo es un actor político que además de narrar y moldear los conflictos en la esfera pública también participa de su resolución al actuar, en la esfera privada, como un factor de presión. En 1988, cuando fue aprobada la Constitución brasileña, el bahiano Antonio Carlos Magalhães, entonces ministro de Comunicaciones, y el carioca Roberto Marinho, urdieron una exitosa operación de lobby materializada en los artículos 220 a 224 de la Carta Magna, en los que se consagra una concepción patrimonialista de un bien público como es el espectro radioeléctrico. Dicho articulado estipula que las concesiones de licencias de radio, 10 años, y televisión, 15 años, son renovables automática e indefinidamente. Y lo que es más grave: la extinción de una licencia sólo es posible con el respaldo de 2/5 de las Cámaras de Diputados y Senadores, en votación nominal 4.

En último análisis aquella normativa obstruye cualquier iniciativa de un gobierno electo por el voto popular que acote la concentración de la propiedad de los medios, sin la cual es impensable una política de democratización de las comunicaciones.

La intempestiva reacción de Globo y sus operadores en la Cámara de Senadores ante el presidente venezolano Hugo Chávez por no haber renovado la licencia a los titulares de la televisora RCTV, a fines de mayo pasado, fue también una velada señal hacia Lula, quien reconoció la "legalidad" de la medida adoptada por Caracas. Con ese ataque preventivo la corporación mediática, en la que Globo cuenta con el respaldo de la Asociación Brasileña de Radio y Televisión (ABERT), advertía que respondería con munición pesada a cualquier revisión de sus privilegios en materia de autorización para explotar el espectro radioeléctrico.

En 4 años y medio de gobierno, el Presidente se ha mostrado concesivo frente a las presiones de barones de la prensa. Aunque no liberó fondos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social para financiar la deuda de Globo, estimada en más de 1.500 millones de dólares, desistió del proyecto del Consejo Federal de Periodismo, que proponía un código de ética para fiscalizar los atropellos en el manejo de la información y lo mismo hizo con la Agencia Nacional de Cine y Audiovisual (ANCINAV), de promoción a la producción independiente.

Lula designó al frente del Ministerio de Comunicaciones a Hélio Costa, un ex periodista de Globo que no reniega de su fidelidad hacia sus antiguos patrones. Fue Costa el responsable de la elección del sistema japonés de televisión digital, un sistema que, por sus características, que priorizan la alta calidad de imagen, restringe la participación de canales independientes sin capacidad económica. "La opción de Costa y Globo no fue una decisión tecnológica, sino política, al escoger el sistema japonés se buscó, deliberadamente, excluir de la digitalización la posibilidad de que pueda haber otros emisores; fue un golpe a la democratización", denuncia Venicio de Lima 5.

Derrotado en las urnas por Lula da Silva, el partido mediático no ha perdido capacidad de presión y chantaje para abortar las transformaciones necesarias en el campo de la comunicación e imprescindibles para la democracia brasileña. En suma, y tomando un concepto del profesor Canelas Rubim: la misión de Globo es abolir el derecho a la información de la sociedad, haciendo de la esfera pública un latifundio donde impera la voluntad de los "coroneles electrónicos" y consagrando un orden informativo propio de la "edad media" 6.

  1. Venicio de Lima, entrevista con el autor, Brasilia, 15-08-07. De Lima ha publicado varios libros sobre comunicación y poder, el último de ellos es Medios, política y crisis en Brasil, Editorial Perceu Abramo, San Pablo, 2006.
  2. Venicio de Lima, op. cit.
  3. Afirmación de José Tiburcio, miembro del equipo de comunicación de la campaña presidencial de 2002, citada por Marcelo Salles, en "Primer Lugar", publicado en "La derecha brasileña", edición especial de la revista Caros Amigos, San Pablo, 2006. 
  4. Murilo César Ramos, "La fuerza de un aparato privado de hegemonía", en Valerio Cruz Britos y César Ricardo Siquiera Bolaño (comp.), Red Globo, 40 años de hegemonía, Editorial Paulus, San Pablo, 2005.
  5. Venicio de Lima, op. cit.
  6. Antonio Albino Canelas Rubim, "De Fernando a Fernando: poder e imagen 1989-1994", en Rocha Filho y otros (comp.), El sentido y la época, Facultad de Comunicación, Universidad Federal de Bahía, 1995.
Autor/es Darío Pignotti
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 99 - Septiembre 2007
Páginas:36,37
Temas Comunicación, Televisión, Monopolios
Países Brasil