Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Elecciones

Octubre de 1999; octubre de 2007. Elecciones presidenciales en Argentina; 100 números de Le Monde diplomatique edición Cono Sur. Hechos de muy disímil importancia y significación, naturalmente. Pero puesto que el Dipló es una tribuna periodística internacional que no sólo pretende informar a la sociedad, sino contribuir a transformarla y participar de su evolución, nos pareció oportuno proponer a nuestros lectores el ejercicio de comparar algunos datos centrales de la realidad actual con la de ocho años atrás; al menos tal como nosotros la vemos e intentamos compartirla.

En octubre de 1999 el espejismo de la "convertibilidad" se esfumaba y todas las llagas de lo que se conoció como "menemismo" -en realidad una de las caras, la más recurrente, que el peronismo ha mostrado a lo largo de su historia- estaban a la luz. La sociedad había empezado a sentir el rigor de la crisis y se aprestaba a elegir presidente a Fernando de la Rúa y a apoyar la propuesta de centroizquierdas de una coalición política, la Alianza.

Nuestra mirada sobre el país, contenida en un dossier con varias firmas que llevaba por título "República o país mafioso", se resumía en la introducción:

"La democracia argentina asume este mes su cuarta elección general desde el fin de la dictadura. Sin embargo, oscuros nubarrones se ciernen sobre la República: una sociedad escéptica y desencantada ante la crisis económica, la corrupción en los tres poderes del Estado, las fuerzas de seguridad y la clase política; la creciente desigualdad y el desmantelamiento de una estructura social que supo estar a la altura de los países desarrollados. La ‘transición democrática' ha tomado un peligroso rumbo, que debería ser corregido por el próximo gobierno para evitar una crisis grave".

El dossier incluía un artículo de Silvia Chejter, "Difícil progresión de las mujeres: más diputadas; no más logros"; Guillermo Jaim Etcheverry, "La decadencia de la educación: ni factoría, ni Nación"; Bernardo Kliksberg, "La desigualdad, enemiga cabal del crecimiento", y por último de Leonardo Bleger, "Las pequeñas y medianas empresas: un terreno fértil, pero arrasado". En esta columna, bajo el subtítulo "Responsabilidad social", decíamos:

"La alternativa del próximo gobierno será entonces recuperar las instituciones de la República y diseñar un proyecto económico abierto al mundo pero autocentrado y justo, o seguir resbalando por la pendiente de una institucionalidad de fachada y el desaliento de ciudadanos sometidos a la pobreza, ignorancia e inseguridad. La sociedad deberá salir de su marasmo actual y asumir sus responsabilidades. En 1978, en plena dictadura, una mayoría de argentinos se mostró triunfalista durante el mundial de fútbol y aprobó la consigna militar ‘somos derechos y humanos'; en 1982 no vaciló en embanderarse otra vez con la dictadura detrás de la insensata invasión a las islas Malvinas; en 1990 asumió el disparatado y presuntuoso slogan de Carlos Menem: ‘pertenecemos al primer mundo'; en 1995 reeligió a una de las administraciones más corruptas y desvergonzadas de la historia del país.

Una sociedad tan sensible a los cantos de sirena tarde o temprano se estrella con la realidad y acaba por merecer lo que le ocurre. Después de todo, funcionarios y dirigentes políticos son sólo el reflejo de la sociedad que los sustenta. Serán incultos, ineptos y muchas veces venales, pero ante las elecciones saben interpretar a la mayoría. Por eso el debate actual no incluye temas como el funcionamiento del Congreso, el financiamiento de los partidos, la corrupción generalizada, la deuda, el dinero en el exterior, la soberanía, las verdaderas causas del desempleo (...) A pesar de algunos logros, el rumbo de la ‘transición democrática' se ha tornado errático, peligroso. Estas elecciones definen la próxima oportunidad, quizá la última, para la democracia argentina, antes de que la decadencia resulte irreversible por varias generaciones o suene la hora de los depredadores del caos".

Pues bien, el gobierno de la Alianza no asumió la alternativa de "recuperar las instituciones de la República y diseñar un proyecto económico abierto al mundo pero autocentrado y justo" y el país continuó por lo tanto "resbalando por la pendiente de una institucionalidad de fachada y el desaliento de ciudadanos sometidos a la pobreza, ignorancia e inseguridad".

Pero el sistema estaba agotado y la sociedad dio un vuelco. La crisis de diciembre de 2001 la despertó tan espantada como el capitán Acab, de Moby Dick, que salía de sus pesadillas en busca de la ballena "como quien huye de una cama incendiada". La consigna "que se vayan todos" vino acompañada, en el fervor de la revuelta, de una serie de iniciativas libertarias pronto evaporadas -las asambleas populares- pero otras, como la toma de fábricas o empresas por sus trabajadores, sentaron un mojón.

Políticamente, la sociedad empezó a dar muestras claras de abandonar las fidelidades personales y partidarias por una libertad de movimientos sorprendente. En el número anterior se analizó aquí ese fenómeno, que dio en que el peronismo se divida, tanto en la cúpula como en el electorado; que el radicalismo presente a un candidato de origen peronista y un sector del peronismo a otro de origen radical; que el socialismo haya ganado una gobernación muy importante por primera vez en la historia y que dos mujeres encabecen la lista de las preferencias entre los candidatos presidenciales (Chiarotti, pág. 4).

Sobre los gobiernos surgidos de aquella crisis, el de Eduardo Duhalde y el de Néstor Kirchner -los anteriores a Duhalde sólo fueron expresión de la crisis- se pueden decir muchas cosas, se han dicho aquí, pero no es honesto negarles el crédito de haber asumido poner el rumbo hacia alguna parte cuando el país estaba al garete. El de Kirchner representó sin dudas un salto cualitativo en materia económica (Sevares, pág. 6), de derechos humanos, reforma de la Corte Suprema de Justicia y también, aunque escasos, avances sociales. Pero su gestión sigue bajo estricta observación social, como quedó en evidencia en sus varias derrotas electorales.

Es interesante observar que si en octubre de 1999 podíamos decir que "el debate actual no incluye temas como el funcionamiento del Congreso, el financiamiento de los partidos, la corrupción generalizada, la deuda, el dinero en el exterior, la soberanía, las verdaderas causas del desempleo", la situación actual es diferente. No porque estos temas estén siendo realmente debatidos (los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en eso), sino porque los reclamos sociales, la presión de la realidad social, de algún modo los van instalando. Ha habido verdaderas rebeliones en algunas provincias para impedir que algunos caudillos se perpetuaran a la vieja usanza. El voto socialista en Santa fe no es producto de una súbita efervescencia izquierdista, sino de un hecho evidente: los socialistas llevan veinte años administrando admirablemente bien la ciudad de Rosario.

Así, el tema de la institucionalidad, de la buena gestión, se ha instalado en el discurso de los candidatos. Pero ¿puede o no decirse ahora, como en octubre de 1999, que "estas elecciones definen la próxima oportunidad, quizá la última, para la democracia argentina, antes de que la decadencia resulte irreversible por varias generaciones o suene la hora de los depredadores del caos"?

La verdad es que salvo el final, que suena bastante tremendista porque ese peligro se ha alejado, el resto parece pertinente. Con todo lo bueno que ha hecho, este gobierno no ha alterado un ápice los modos y costumbres de la política repudiada por la sociedad en diciembre de 2001. Tiene el crédito de que había demasiado por hacer e hizo algunas cosas. Pero todo ese deteriorado andamiaje está trabando las posibilidades del país y a las primeras de cambio va a volver a sufrir la presión social.

A fines de septiembre, un mes antes de las elecciones, ocurrieron dos hechos representativos de todo aquello con lo que es imperativo acabar y de lo que costará hacerlo. Ante un proyecto de instalar el permiso de conducir por puntos (un sistema estricto de penalidades a los infractores), los sindicatos de taxistas, colectivos y camioneros amenazaron con paros nacionales. Los principales usuarios e infractores 1 de tránsito, se negaban a ser controlados. Algo similar ocurrió con los trabajadores de la Aduana, que pararon en solidaridad con unos compañeros incriminados en asuntos de corrupción; una mezcla de corporativismo mafioso y aparente reflejo de disputas entre políticos y policías 2.

Nada más que dos ejemplos recientes. Pero hay una relación de necesidad tan estrecha entre la situación nacional y la internacional; entre la institucionalidad y el desarrollo económico y entre todo esto y la paz social, que no habrá más remedio que comenzar a aplicar métodos de cirugía mayor. El próximo gobierno no será de transición entre el caos o un mínimo de cordura. No herederá una crisis, sino una situación medianamente saneada, con buenas perspectivas y muchos peligros a la vista. Políticamente, y aun con buenos resultados, sólo expresará a poco más de las expectativas de media sociedad, con un alto componente de dubitativos. Por lo tanto, recibirá exigencias inmediatas, tanto de parte de una oposición fuerte como de su propia base social.

El dato, la mirada optimista, si se quiere, es que las presiones sociales están empezando a influir positivamente sobre la realidad nacional. Habría tanto para decir desde una mirada más sombría... Pero el de un moderado optimismo no es un observatorio en las nubes; la sociedad argentina da señales de haber encontrado un cable a tierra. Es cuestión de seguir tirando de ahí. De olvidar a la Ballena Blanca y enderezar el barco hacia la realidad y el futuro.

  1. "Los camiones, un peligro: participan en el 30% de los accidentes
    graves", Clarín, Buenos Aires, 27-9-07.
  2. "Una interna inocultable entre la Aduana y la Policía de Seguridad Aeroportuaria", Clarín, Buenos Aires, 24-9-07.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007
Páginas:3
Temas Estado (Política)
Países Argentina