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Ineficaces maniobras contra Irán

En momentos en que se abría la posibilidad de una verdadera cooperación entre Irán y Estados Unidos respecto de Irak y Afganistán, una nueva directiva emitida por la administración Bush a fines de abril de 2007 autorizó la intensificación de las operaciones clandestinas destinadas a desestabilizar a la República Islámica. Estos esfuerzos, sumados a las presiones económicas, produjeron reacciones adversas.

En el seno de la administración Bush dos bandos se enfrentan por la política hacia Irán. Por un lado, el vicepresidente Richard Cheney, sus aliados del Pentágono y del Congreso -aguijoneados por el American-Israel Public Affairs Committee (AIPAC)- proponen bombardear no sólo la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz sino también los sitios militares iraníes situados cerca de la frontera con Irak. Del otro lado, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, desea continuar la vía diplomática, reforzando y ampliando las negociaciones con Teherán iniciadas en mayo en Bagdad, sobre la estabilización de Irak. Pero para obtener el aplazamiento de una decisión sobre la opción militar, Rice aceptó un compromiso peligroso: una intensificación de las operaciones clandestinas destinadas a desestabilizar la República islámica, que fueron confirmadas por una directiva presidencial a fines de abril de 2007 1.

Esas operaciones empezaron hace unos diez años, pero a falta de cobertura oficial, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) actuó sólo a través de intermediarios. Pakistán e Israel, por ejemplo, suministraron armas y dinero a grupos rebeldes en el sudeste y en el noroeste de Irán, donde las minorías baluchs y kurdas -sunnitas- luchan desde hace tiempo contra el poder central persa y chiita. La autorización presidencial de abril permite intensificar las operaciones "no letales" dirigidas directamente por agencias estadounidenses. Además de una intensificación en la difusión de propaganda, de una campaña de desinformación y de la captación de exiliados en Europa y en Estados Unidos para estimular la disidencia política, el nuevo programa impulsa la guerra económica, particularmente la manipulación de las tasas de cambio y otras medidas destinadas a perturbar las actividades bancarias y comerciales internacionales de Irán.

Estrategias de desestabilización

El contenido de la nueva directiva fue develado luego de ser comunicado a las comisiones de información de ambas cámaras del Congreso, como lo exige la ley. En Teherán, ese incidente está en el centro de todas las conversaciones. De manera sorprendente, conservadores y reformadores están de acuerdo en afirmar que ese documento cayó muy mal en momentos en que se abría la posibilidad de una verdadera cooperación entre ambos países respecto de Irak y Afganistán. La estabilización de esos dos Estados interesa a Teherán, estiman altos responsables del Ministerio de Relaciones Exteriores, del Consejo Nacional de Seguridad, de la oficina del presidente Mahmud Ahmadinejad y de varios think tanks iraníes. La cooperación con Estados Unidos es posible, aprecian, pero únicamente a cambio de una progresiva normalización de las relaciones entre ambos países, lo que supone que Estados Unidos abandone su estrategia de "cambio de régimen".

En Irak, "Estados Unidos es como un zorro que cayó en una trampa. ¿Debemos liberar al zorro que quiere devorarnos? Si Estados Unidos modifica su política, la cooperación sería posible", explica Amir Mohiebian, jefe de redacción del diario conservador Reselaat. En el otro extremo del espectro periodístico, Mohammed Adrianfar, jefe de redacción de Hammihan, órgano cercano al ex presidente Akbar Hashemi Rafsandjani, elegido a principios de septiembre de 2007 a la cabeza de la Asamblea de expertos 2, afirma: "Aquí, el ambiente es favorable a las negociaciones y al establecimiento de relaciones. La gente quiere estabilidad. El slogan ‘muerte a Estados Unidos' ya no funciona, y nuestros dirigentes lo saben. Resulta paradójico comprobar que dos gobiernos enemigos tienen intereses comunes en Irak y en Afganistán".

Los responsables no quisieron responder directamente si Teherán apoya a las organizaciones chiitas en Irak. Pero Alaeddin Borudjeri, presidente de la comisión de relaciones exteriores del Majlis (Parlamento), criticó a Washington por la protección que brinda a los baasistas y a otros elementos sunnitas, y declaró sin rodeos que para Irán, la aceptación de una preponderancia chiita en Bagdad es necesaria para la estabilización, y como paso previo a cualquier cooperación entre Washington y Teherán.

Según esos periodistas y varios interlocutores oficiales, un gesto importante de la Casa Blanca consistiría en desmantelar la milicia instalada en Irak: los Mujaidines del Pueblo (MEK), que apoyaron a Saddam Hussein en su guerra contra Irán (1980-1988). Sus 3.600 combatientes fueron desarmados luego de la invasión estadounidense, pero siguen estando reagrupados en bases. Los servicios secretos estadounidenses los utilizan en misiones de espionaje y de sabotaje en Irán y para interrogar a iraníes acusados de ayudar a las milicias chiitas en Irak. Hasta hace muy poco poseían emisoras de radio y de televisión en Irak, pero a raíz de las presiones de Teherán sobre Bagdad, esas instalaciones fueron transferidas a Londres. Sin embargo, cuando el moderado Mohammed Khatami fue electo presidente de Irán en 1997, el Departamento de Estado incluyó a los Mujaidines en la lista de organizaciones terroristas culpables de violaciones a los derechos humanos en gran escala... en la cual aún figuran.

Desmantelar las fuerzas paramilitares sería un gesto importante, explica Abbas Maleki, asesor del Consejo Nacional de Seguridad. Pero Alireza Jaffarzadeh, presidente de la vitrina política de los Mujaidines, el Consejo Nacional de Resistencia de Irán, aparece frecuentemente en las emisiones de la cadena televisiva conservadora Fox News. Jaffarzadeh juega un papel comparable al de Ahmad Chalabi durante la preparación de la invasión a Irak, tratando de obtener el apoyo del Congreso a una acción militar contra Irán.

La designación de los Mujaidines como organización terrorista mostró la voluntad de diálogo con Teherán de la administración Clinton. Cuando Newton Gingrich, por entonces presidente republicano de la Cámara de representantes, logró hacer votar un crédito de 18 millones de dólares para acciones clandestinas "no letales" destinadas a "provocar el reemplazo del actual régimen en Irán", la Casa Blanca impuso prudencia a la CIA. Pero la administración Bush cambió rápidamente de rumbo: Cheney comparte los puntos de vista de Gingrich, y logró convencer a los pocos escépticos de que las presiones sobre Teherán darían ventajas a Washington en sus negociaciones para detener el programa de enriquecimiento de uranio de Irán.

La nueva administración comenzó por reactivar y ampliar el proyecto congelado de intervenciones "no letales"; luego, en febrero de 2006, hizo votar por el Congreso créditos por 75 millones de dólares para "promover la libertad de palabra y de movimientos del pueblo iraní". Por último, se dedicó a buscar medios clandestinos para hostigar militarmente al régimen.

Lo más fácil era obtener que Pakistán e Israel armasen y financiasen grupos rebeldes ya activos en las regiones baluchs y kurdas. Los servicios secretos paquistaníes (ISI) suministraron armas y dinero a los disidentes del Jundullah (Los Soldados de Dios), un grupo armado en Baluchistán que causó graves pérdidas a unidades de los Guardianes de la Revolución en 2005 y 2006, durante una serie de ataques a Zahedan y en el sudeste del país. El 2-4-07, la Voz de América difundió una entrevista al dirigente de ese movimiento, Abdolmalek Rigi, presentado como "jefe de la resistencia popular en Irán". Por su parte, los contactos del Mossad con los kurdos de Irán y de Irak existen desde hace cincuenta años. Lo que tiende a acreditar una información aportada por el periodista estadounidense Seymour Hersh, según la cual los servicios secretos israelíes suministrarían al Partido para una vida libre en Kurdistán (PJAK, Irán) 3 "entrenamiento y equipamientos", a pesar de que el PJAK está vinculado con el Partido de los trabajadores del Kurdistán turco (PKK), al que Washington y Ankara califican de organización terrorista. En una entrevista concedida a Lee Anderson, un alto funcionario kurdo declaró que el PJAK utilizaba bases situadas en el Kurdistán iraquí para lanzar ataques contra Irán, "secretamente apoyado por Estados Unidos" 4. En represalia, Teherán efectuó varios bombardeos contra bases en el Kurdistán iraquí, lo que generó una protesta de Bagdad.

Apoyos externos

Desde el punto de vista económico, Teherán se enfrenta a la amenaza separatista potencialmente más seria en la provincia de Khuzestán, situada en el sudoeste del país, región que produce el 80% de su petróleo bruto. Los chiitas árabes de esa provincia comparten con los que viven en Irak, en la otra orilla del Chatt-el-Arab, la misma identidad étnica y religiosa. Ahwaz, capital de Khuzestán, se halla apenas a 120 kilómetros de Basora, base de las tropas de ocupación británicas, las que sin embargo deberían transferir este otoño a los iraquíes el control de esa ciudad y de la provincia.

Teniendo en cuenta la historia de la región, no es sorprendente que Teherán acuse a los servicios secretos británicos instalados en Basora de fomentar disturbios. En 1897 los príncipes árabes del Khuzestán, con el apoyo de militares y de petroleros ingleses, habían hecho secesión de Persia para crear un protectorado por control por Londres, "el Arabistán", que sólo volvió a estar en poder de Persia en 1925. Hasta ahora, las facciones separatistas dispersas en la provincia no fueron capaces de crear una fuerza militar unificada como el Jundullah en Baluchistán, y nada indica que reciban ayuda del exterior. Pero regularmente organizan ataques contra las fuerzas de seguridad gubernamentales y dinamitan las instalaciones petrolíferas. Varias de esas facciones realizan emisiones de propaganda en árabe a partir de equipos instalados en el exterior. El Movimiento de Liberación Nacional de Ahwaz, partidario de la independencia, posee un canal satelital, Ahwaz TV, que exhibe en pantalla un número de fax de California 5. Otro canal satelital, Al-Ahwaz TV, también de exiliados iraníes en California, está vinculado a la British-Ahwaz Friendship Society, que reclama la autonomía regional para la provincia en el marco de un Irán federal 6.

Cerca de la mitad de los 75 millones de dólares concedidos por Washington en 2006 está reservada a la Voz de América, a Radio Farda y a otras emisoras a cargo de exiliados iraníes. Veinte millones van a activistas no gubernamentales de derechos de la persona en Irán y en Estados Unidos. Enviar esos fondos directamente a Irán "es algo muy difícil", admitió el subsecretario de Estado Nicholas Burns, por lo tanto "trabajamos con organizaciones árabes y europeas para apoyar grupos democráticos en el interior del país" 7. Un iraní que el año pasado participó en un taller organizado por Estados Unidos en Dubai declaró al periodista irano-estadounidense Negar Azimi que "era un campo de entrenamiento para revolucionarios al estilo James Bond" 8.

Resultados inesperados

Los esfuerzos destinados a desestabilizar a la República islámica, así como las presiones económicas para que abandone su programa nuclear, son contrarios al objetivo pretendido por al menos cuatro razones. En primer lugar, dieron un pretexto a los partidarios de la línea dura para hostigar tanto a los iraníes que trabajan en el país por una liberalización del régimen, como a los intelectuales de visita que poseen la doble nacionalidad irano-estadounidense, como por ejemplo a Haleh Esfandiari, de la Woodrow Wilson International Center for Scholars, que pasó tres meses en la cárcel a raíz de vagas acusaciones de espionaje. En segundo lugar, al ayudar a minorías étnicas rebeldes -constituyen cerca del 44% de la población-Washington permitió que el presidente Ahmadinejad se presentara como el defensor de la mayoría persa. En tercer lugar, Ahmadinejad responsabiliza a las presiones externas por los problemas económicos, debidos esencialmente a sus propios errores de gestión. Por último, sería perfectamente posible negociar compromisos para la estabilización de Irak y de Afganistán, pero a condición -precisamente- de abandonar los esfuerzos de subversión y de que el presidente George W. Bush no ponga en ejecución la amenaza que lanzó el 28 de agosto pasado: "responder a las actividades asesinas de Teherán" en Irak.

Pero aunque se logre disminuir la presión, un compromiso sobre la cuestión nuclear sería poco probable, a falta de una modificación de la postura militar de Estados Unidos en el Golfo. Sin embargo, podría obtenerse una suspensión de las actividades de enriquecimiento de Natanz si Israel aceptara congelar simultáneamente su reactor de Dimona 9. "¿Cómo podríamos negociar nosotros una desnuclearización cuando tenemos razones para suponer que los portaaviones que nos envían al Golfo Pérsico están equipados con armas nucleares tácticas? ¿Y cómo se puede pretender que negociemos cuando hay una negativa total de discutir sobre Dimona?", se interroga Alireza Akbari, que fuera ministro de Defensa adjunto en el gobierno del presidente Khatami.

Lejos de haber hecho vacilar al régimen, las presiones estadounidenses exasperaron a los iraníes de todas las tendencias. Sin duda, las sanciones económicas son más eficaces que la ayuda secreta dada a los rebeldes. Pero sobre cuarenta bancos europeos y asiáticos que realizan operaciones con Irán, sólo siete renunciaron a mantener relaciones con ese país a pedido de Washington. Irán negocia cada vez más sus operaciones internacionales por medio de cuatrocientas instituciones financieras basadas en Dubai, la mayoría de ellas árabes.

Este año, el comercio entre Irán y los emiratos árabes se acerca a los 11.000 millones de dólares. Es por eso que el subsecretario del Tesoro estadounidense, Stuart Levey, no hace más que inútiles gesticulaciones cuando amenaza con represalias a las empresas que comercien con Irán (en un discurso pronunciado en Dubai el 7 de marzo pasado). La administración instauró recientemente medidas más precisas contra las empresas que tratan con los Guardianes de la Revolución y con las bonyads -fundaciones manejadas por los clérigos- pero hasta ahora sus resultados son muy modestos.

Cono señaló un embajador europeo muy respetado que cumplió funciones en Teherán: "¿De qué sirve todo eso? ¿Para qué seguir agitando el trapo rojo? Eso pone furioso al toro pero no logra matarlo".

  1. "Tempêtes sur l'Iran ", Manière de voir, París, junio-julio de 2007, www.mondediplomatique.fr/mav/93/
  2. Organismo compuesto de religiosos, encargado de designar al Guía Supremo y de supervisar su acción.
  3. "The Next Act ", The New Yorker, 27-11-06.
  4. "Mr. Big", The New Yorker, 5-2-07.
  5. BBC World Media Monitoring, 4-1-06.
  6. Al-Ahwaz News, British-Ahwaz Friendship Society, 11-2-06.
  7. Council on Foreign Relations, Nueva York, 11-10-06.
  8. "The Hard Realities of Soft Power ", The New York Times Magazine, 24-6-07.
  9. Para una discusión más amplia del compromiso nuclear con Irán véase "The Forgotten Bargain ", World Policy Journal, Washington, invierno boreal de 2006.
Autor/es Selig S. Harrison
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007
Páginas:20,21
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Geopolítica, Islamismo, Política internacional
Países Estados Unidos, Irak, Afganistán, Irán