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La libertad se conquista

Militar de profesión, Thomas Sankara lideró la revolución de 1983 en Burkina Faso y fue presidente de ese país africano hasta su asesinato, el 15 de octubre de 1987. En el poder, entendió la revolución como una ruptura en todos los ámbitos: transformación de la administración, redistribución de la riqueza, liberación de la mujer, movilización de la juventud y reforma de las Fuerzas Armadas. Reproducimos extractos de su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 4 de octubre de 1984 1.

(...) Es necesario, es urgente que nuestros dirigentes y nuestros trabajadores de la pluma aprendan que no existen escritos inocentes. En estos tiempos de tempestades, no podemos dejarles sólo a nuestros enemigos de ayer y de hoy el monopolio del pensamiento, de la imaginación y de la creatividad.

Es necesario que antes de que sea demasiado tarde -porque ya es tarde- esas elites, esos hombres del África, del Tercer Mundo, vuelvan a ser ellos mismos -es decir, vuelvan a su sociedad, a la miseria que hemos heredado- para comprender no solamente que la batalla por un pensamiento al servicio de las masas desheredadas no es en vano, sino que la única manera de hacerse creíbles internacionalmente es inventando realmente, es decir, dando de sus pueblos una imagen fiel, una imagen que les permita realizar cambios profundos en la situación social y política, que puedan arrancarnos de la dominación y la explotación extranjeras que dejan a nuestros Estados con la única perspectiva del fracaso.

Es lo que nosotros hemos percibido, nosotros el pueblo de Burkina Faso (...). Era necesario que diéramos un sentido a las ruidosas rebeliones de las masas urbanas desocupadas, frustradas y fatigadas de ver circular las limusinas de las elites alienadas que se sucedían a la cabeza del Estado y que no les ofrecían nada más que las falsas soluciones pensadas y concebidas por los cerebros de otros. Teníamos que darle una conciencia ideológica a las justas luchas de nuestras masas populares movilizadas contra el imperialismo monstruoso.

(...) Querríamos que nuestra palabra llegara a todos aquellos que sufren en su propia carne. A todos los que son escarnecidos en su dignidad por una minoría de hombres o por un sistema que los aplasta. (...) No hablo sólo en nombre de mi muy amado Burkina Faso, sino también en nombre de todos aquellos que sufren en cualquier lado.

Hablo en nombre de esos millones de seres que están en ghettos porque tienen la piel negra o porque son de culturas diferentes, y que gozan de una condición apenas superior a la de un animal. (...) Hablo en nombre de los desempleados de un sistema estructuralmente injusto y coyunturalmente desequilibrado, reducidos a no percibir de la vida más que el reflejo de los más pudientes.

Hablo en nombre de las mujeres del mundo entero, que sufren un sistema de explotación impuesto por los varones. En lo que nos concierne, estamos dispuestos a recibir todas las sugerencias del mundo entero que nos permitan lograr el desarrollo total de la mujer burkinesa. Como devolución, compartiremos con todos los países la positiva experiencia que llevamos a cabo con las mujeres, presentes ahora en todos los niveles del aparato del Estado y de la vida social de Burkina Faso. (...) Sólo la lucha libera, y llamamos a todas nuestras hermanas de todas las razas para que se lancen a tomar por asalto la conquista de sus derechos.

Hablo en nombre de las madres de nuestros países despojados, que ven morir a sus hijos de paludismo o de diarrea, ignorando que para salvarlos existen medios simples que la ciencia de las multinacionales no les ofrece, ya que prefieren invertir en laboratorios de cosméticos y en cirugía estética para el capricho de algunas mujeres u hombres cuya coquetería se ve amenazada por los excesos de calorías de sus comidas demasiado ricas. (...)

Hablo también en nombre de los niños. De los hijos de los pobres que tienen hambre y que miran furtivamente la abundancia amontonada en las tiendas para ricos. (...)

Hablo en nombre de los artistas -poetas, pintores, escultores, músicos, actores-, hombres de bien que ven cómo su arte se prostituye por la alquimia de los prestidigitadores del show-business. Grito en nombre de los periodistas que están reducidos al silencio o a la mentira para no sufrir las duras leyes del desempleo. Protesto en nombre de los deportistas del mundo entero cuyos músculos son explotados por los sistemas políticos o los negociantes de la esclavitud moderna. (...)

Mis pensamientos van hacia todos aquellos afectados por la destrucción de la naturaleza y a esos treinta millones de hombres que van a morir, como todos los años, abatidos por la temible arma del hambre. Como militar, no puedo olvidar a ese soldado obediente a las órdenes, con el dedo sobre el gatillo y que sabe que la bala que saldrá sólo lleva el mensaje de la muerte. (...)

Nuestra revolución, en Burkina Faso, está abierta a las desgracias de todos los pueblos. Se inspira también en todas las experiencias de los hombres desde el primer aliento de la humanidad. Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del Tercer Mundo. (...)

Abiertos a todos los vientos de la voluntad de los pueblos y de sus revoluciones, que también nos instruyen sobre algunos fracasos terribles que han llevado a trágicos atentados a los derechos humanos, sólo queremos conservar de cada revolución el núcleo de pureza que nos prohíbe alienarnos con las realidades de otros, aun cuando con el pensamiento nos encontremos en una comunidad de intereses. (...)

Ya no hay engaño posible. El nuevo orden económico mundial por el cual luchamos y seguiremos luchando sólo puede realizarse si logramos destruir el antiguo orden que nos ignora; si imponemos el lugar que nos corresponde en la organización política del mundo; si, tomando conciencia de nuestra importancia en el mundo, obtenemos el derecho a observar y a decidir sobre los mecanismos que rigen el comercio, la economía y la moneda a escala planetaria.

El nuevo orden económico internacional se inscribe, muy simplemente, al lado de todos los demás derechos de los pueblos -derecho a la independencia, a la libre elección de las formas y estructuras de gobierno- como así también el derecho al desarrollo. Y como todos los derechos de los pueblos, se rescata en la lucha y por la lucha de los pueblos. Nunca será resultado de un acto de generosidad de alguna potencia. (...)

He recorrido miles de kilómetros. He venido aquí para pedirle a cada uno de ustedes que juntos pongamos nuestro esfuerzo para que cese la altanería de quienes no tienen razón, para que se elimine el triste espectáculo de los niños muertos de hambre, para que desaparezca la ignorancia, para que triunfe la rebelión legítima de los pueblos, para que se acalle el ruido de las armas (...).

  1. Extraído de Thomas Sankara parle. La révolution au Burkina Faso, 1983-1987, Pathfinder, París, 2007.
Autor/es Thomas Sankara
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 100 - Octubre 2007
Páginas:28
Traducción Lucía Vera
Temas Movimientos de Liberación, Derechos Humanos, Estado (Política)
Países Burkina Faso